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viernes, 15 de mayo de 2026

CRIATURAS LUMINOSAS (Remarkably Bright Creatures)



Se ha estrenado en la plataforma Netflix “Criaturas luminosas”, adaptación cinematográfica de la novela homónima y, desde el primer minuto, ya presagiaba que iba a tratarse de un melodrama tierno y bienintencionado. Dicho así, no debería sonar peyorativo en absoluto. Sin embargo, la línea que le acerca a la cursilería y al empalago queda tan próxima que casi la cruza en cada escena, dando lugar a un estilo que aletarga y, a ratos, aburre.  Todo resulta suave, liviano y benévolo, incluso cuando se pretende transmitir tristeza o amargura, provocando una sensación uniforme, ya sea en una secuencia romántica, entrañable, triste o melancólica.

Su directora, Olivia Newman, me agradó con su anterior largometraje, “La chica salvaje”, otra adaptación literaria con bastante más enjundia y contenido. En este nuevo trabajo se deja llevar por unos personajes previsibles y planos, pero, sobre todo, por una dinámica muy blanda en la forma y en el fondo que, aunque le permite avanzar en la trama, nunca logra que despegue realmente y que ofrezca nada interesante. 

Una viuda anciana entabla una insólita amistad con un pulpo gigante que vive en el acuario donde ella trabaja. Poco a poco, comienza también a relacionarse y a ayudar a un nuevo empleado, joven y desorientado. Sus vidas parecen atascadas, pero, contra todo pronóstico, será el animal el que termine convirtiéndose en el elemento que las cambiará para siempre.

Esta especie de versión octópoda de “Liberad a Willy” contiene todos los elementos del más tópico telefilme de sobremesa, apto para hacer la digestión entre cabezada y cabezada entre planos tiernos y sentimentales. Se digiere fácil, pero no deja una especial huella. Si le añadiéramos nieve, adornos y luces de colores, podría asimilarse perfectamente a uno de esos títulos navideños que inundan las televisiones en época invernal.

No cabe duda de que contará con su público, pero, en mi opinión, representa una propuesta excesivamente almidonada y de escaso ritmo.   Desde la música hasta la fotografía, pasando por los perfiles y los diálogos, la ternura rezuma de tal manera que no es creíble ni interesante.

Sin embargo, destaca el elenco de actores encabezado por Sally Field, veterana actriz de Hollywood ganadora de dos Oscars por sus actuaciones en “Norma Rae” y “En un lugar del corazón”. Ha participado asimismo en destacadas cintas como “Ausencia de malicia”, “Magnolias de acero”, “Forrest Gump” o “Lincoln”. Nominada once veces a los Globos de Oro y con dos de ellos en su haber, encarna a uno de los rostros más amables del cine de las cinco últimas décadas. Sostiene el peso de la acción y compone un papel absolutamente bondadoso.

Otras figuras afamadas y de experimentadas trayectorias son el todo terreno Colm Meaney (uno de los secundarios más prolíficos del Séptimo Arte, visto en “Dublineses”, “Dick Tracy”, “La jungla 2”, “The Commitments”, “Un horizonte muy lejano”, “El último mohicano”, “Alerta máxima” o “El inglés que subió una colina, pero bajó una montaña”) y Kathy Baker, poco conocida por su nombre, pero que ha intervenido en numerosos largometrajes como “Elegidos para la gloria”, “Eduardo Manostijeras”, “Jennifer 8”, “Las normas de la casa de la sidra”, “Cold Mountain” o “El secreto de Adeline”, entre otros.

Entre los más jóvenes se encuentran Lewis Pullman (“Top Gun: Maverick”, “Malos tiempos en El Royale”) y Sofia Black-D'Elia (“Ben-Hur”, versión de 2016).




viernes, 1 de mayo de 2026

DEPREDADOR DOMINANTE (Apex)



Se acaba de estrenar en la plataforma Netflix “Depredador dominante”, dirigida por el islandés Baltasar Kormákur, quien se dio a conocer en 2005 con “Verdades ocultas” y que posteriormente logró que su film “The Deep” fuese seleccionado para representar a su país en la categoría de mejor film de habla no inglesa en la 85º edición de los Oscar de Hollywood. A partir de ese momento, logró cierta fama con títulos como “Contraband”, protagonizado por Mark Wahlberg; “2 Guns”, de nuevo con Wahlberg y Denzel Washington; “Everest”, con Jason Clarke y Jake Gyllenhaal; o “A la deriva”, con Shailene Woodley. Su estilo está marcado por la acción y, en gran medida, por la recreación de experiencias extremas en parajes naturales. Tanto en las citadas “The Deep”, “Everest” y “A la deriva” como en la actual “Depredador dominante”, la hostilidad que alberga la naturaleza juega como un personaje más.

A través de una larga introducción que refleja sus penurias, una pareja trata de escalar un elevado risco en condiciones muy adversas para, a continuación, adentrarse en unos enclaves australianos en los que la protagonista se enfrentará también a la dificultad y a la hostilidad de ríos y montañas, haciendo frente además a un maníaco decidido a darle caza. Al final, como escribiría Thomas Hobbes en su obra “Leviatán” (1651), «el hombre es un lobo para el hombre», siendo aún más salvaje que los más inhóspitos mares y selvas.

La filmación resulta correcta, así como el esfuerzo por recrear la intensidad de las intrigas y tormentos que sufre el personaje principal, aunque nunca llega alcanzar un nivel realmente brillante. Aceptable como pasatiempo, en modo alguno supone una propuesta destacada en cuanto a su originalidad y fuerza.  Con una ajustada duración de apenas hora y media, logra mantener un ritmo constante durante toda la proyección. No obstante, denota cierto tufillo a telefilme de sobremesa, intuyéndose las herramientas para manipular al espectador con el fin de generarle angustia.

Sasha, una mujer intrépida y amante de las aventuras, trata de superar una tragedia personal adentrándose en el ecosistema de Australia para encontrar la paz interior. Le gusta superar sus propios límites, por lo que inicia una expedición extrema a lo largo de un río y de unas montañas salvajes. Sin embargo, su iniciativa pronto se convierte en una lucha desesperada por sobrevivir, cuando descubre que un peligroso y despiadado asesino la acecha tras haberla elegido como presa.

La cinta entretiene, pero sus expectativas se cumplen sólo en parte. En el fondo, su trama repetitiva no ofrece novedades ni sorpresas, desarrollándose de manera amena, pero previsible.  

Charlize Theron encarna a la intrépida sufridora. Ganadora de una estatuilla dorada por “Monster” (primera sudafricana en recibirlo), ha intervenido de forma notable en “Las normas de la casa de la sidra”, “El escándalo (Bombshell)”, “Tully” o “La leyenda de Bagger Vance”. En “Depredador dominante” cumple tanto con el reto físico como con el interpretativo, si bien no aparecerá en el listado de sus mejores trabajos.

Le acompaña Taron Egerton, que personificó al cantante Elton John en el biopic “Rocketman” (2019), valiéndole el Globo de Oro como actor en comedia o musical. A cargo de un papel secundario figura asimismo Eric Bana (“Black Hawk Down”, “Hulk”, “Múnich”).




viernes, 21 de marzo de 2025

ESTADO ELÉCTRICO (The Electric State)



Dentro del género de la ciencia ficción, la relación entre máquinas y humanos ha dado grandes títulos a la Historia del cine. En mi opinión, la cúspide sobre esta temática la ocupa “Blade Runner”, visionaria y embriagadora propuesta que, desde su banda sonora a su estética visual y desde sus personajes a sus diálogos, me fascina por completo. Pero, al margen de la mítica obra de Ridley Scott, las muestras resultan muy variopintas, como sucede con “Teminator 2”, de James Cameron, donde la acción adquiere también gran importancia. Asimismo, la saga de “Star Wars” refleja a la perfección ese paradójico vínculo entre robots y personas. Partiendo de la clásica y casi centenaria “Metrópolis”, de Fritz Lang y llegando a “Inteligencia artificial”, de Steven Spielberg o “Ex Machina”, de Alex Garland, el Séptimo Arte se ha sentido profundamente interesado por un ámbito que, a estas alturas del milenio, quizá ya no debería calificarse como ciencia ficción.  

Ahora se estrena en la plataforma Netflix “Estado eléctrico”, cinta que, comparada con las anteriormente citadas, se torna una historia insulsa y puerilmente contada. Pienso que, incluso para el público infantil, adolece de gracia y alicientes. Me vienen a la memoria otros ejemplos dirigidos a espectadores de corta edad, como el de “Acero puro”, protagonizado por Hugh Jackman y centrado en los combates de boxeo mixtos, pero con un nivel de entretenimiento superior y una construcción narrativa más elaborada, y concluyo que este “Estado eléctrico” queda en un punto indefinido por lo que respecta al tipo de destinatario y, más aún, manifiesta carencias en el guion, en la dirección y hasta en la interpretación.

En un futuro distópico donde los avances tecnológicos y la Inteligencia Artificial han alcanzado cotas preocupantes, una joven y un robot viajan al Oeste de los Estados Unidos, atravesando un país devastado por la crisis y por el conflicto generado por las máquinas, con el objetivo de hallar al hermano de la chica, desaparecido hace tiempo.

Al parecer, se trata del largometraje más caro rodado por Netflix, superando los trescientos millones de dólares, sin duda una apuesta tremendamente ambiciosa por parte de esta popular productora. En cualquier caso, de ser así, supone toda una decepción. Ignoro el éxito que obtendrá y la vía para rentabilizar semejante gasto pero, en su afán por apostar sobre seguro, el aluvión de millones destinados a efectos especiales y a recreación de androides, autómatas y demás artilugios sorprendentes ha derivado en un producto infantiloide y sin emoción.

Millie Bobby Brown encabeza el reparto. Famosa por la serie “Stranger Things”, recientemente ha dado vida a “Damsel” en el film del realizador canario Juan Carlos Fresnadillo, convertido en el más visto de la citada plataforma en 2024. Le acompaña Chris Pratt, curtido en fórmulas triunfadoras como las de “Guardianes de la galaxia” o “Jurassic World”. Ha participado igualmente en las más destacadas “Moneyball: Rompiendo las reglas” y “La noche más oscura”. Completan el elenco algunos secundarios de lujo, como Stanley Tucci (“The Lovely Bones”, “Spotlight”, “El diablo viste de Prada”) o Holly Hunter (Oscar a la mejor actriz por “El piano” y nominada por “Al filo de la noticia”, “La tapadera” y “Thirteen”). Aportando su voz, colaboran Woody Harrelson (“Tres anuncios a las afueras”, “El escándalo de Larry Flynt”) y Ke Huy Quan (aquel niño de “Los Goonies” e “Indiana Jones y el templo maldito” que intervino en 2022 en la increíblemente oscarizada “Todo a la vez en todas partes”).

En definitiva, ni la inversión realizada ni la categoría del equipo artístico se reflejan en el resultado final: un relato plano y previsible que sobresale más por sus vacíos que por su ingenio. 




viernes, 12 de julio de 2024

SUPERDETECTIVE EN HOLLYWOOD: AXEL F. (Beverly Hills Cop: Axel F)



Hace cuarenta años, en aquel 1984 en el que se estrenaron títulos como “Amadeus”, “Los cazafantasmas”, “Footloose”, “Cootton Club” o “Indiana Jones y el templo maldito”, también llegó a las pantallas una propuesta cómica que obtuvo gran éxito: “Superdetective en Hollywood”. Con una música pegadiza de Harold Faltermeyer, Eddie Murphy explotó su vertiente humorística y descarada en un largometraje divertido y desenfadado. Recaudó más de trescientos millones de dólares en todo el mundo (para aquella época, todo un logro) y catapultó a la figura del detective Axel Foley a ser una de las más recordadas de la década de los ochenta. Por supuesto, se rodó una segunda parte en 1987 (siendo el film más taquillero de entonces en los Estados Unidos) y una tercera en 1994 (en esta ocasión, con un fracaso de recaudación muy notable).

La saga parecía olvidada, más allá de sus reposiciones en televisión en las que, sobre todo la primera, sigue conservando su gancho, en especial para aquella generación que vivió entonces su juventud y que sigue aún hoy emocionándose con aquellas cintas. Ahora, en pleno 2024 y con un sesentón Eddie Murphy, alguien pensó que sería buena idea volver a hacer patrullar las calles a un ya veterano Foley, repescar sus chistes e, incluso, rodar algunas escenas parodiando las originales.

Desconozco si ha sido la nostalgia el motor de esta cuarta entrega, pero mejor hubiera sido saciar esa sed de añoranza volviendo a visionar las aventuras anteriores del simpático detective, porque aquellas antiguas secuencias todavía provocan sonrisas y hasta risas. Por el contrario, esos personajes que conocimos antaño (y no sólo el protagonista, sino Billy Rosewood, John Taggart o Serge) generan una sensación más bien negativa, en la que la melancolía da paso a la tristeza, y no por el paso del tiempo, sino por la degeneración de la saga.

La trama, más que similar, parece calcada a las de sus predecesoras: misma música, misma canción y mismos planos. A lo sumo, presenta escenas más aparatosas, pero el público no dejará de asociar lo filmado en esta última parte con lo filmado en la inicial: persecuciones con camiones, disparos, buenos, malos, el lujo de Beverly Hills y el peculiar estilo guasón de Axel.

Confieso que me apetece más volver a ver la primera parte que esta cuarta. A base de insistencia, se proyecta el mismo perfil de Murphy cuatro décadas atrás, con un aroma desenfadado que resulta atrayente. A la larga, sin embargo, todo se percibe forzado. Y, pese a superar a la tercera entrega (un auténtico horror de película), apenas sirve para pasar un rato.

El director Mark Molloy debuta detrás de la cámara con “Superdetective en Hollywood: Axel F.”. Jerry Bruckheimer,  peso pesado en el gremio de los productores, continúa impulsando este proyecto, estrenado recientemente en Netflix. Eddie Murphy (“El príncipe de Zamunda”, “Dreamgirls”) también se sitúa nuevamente al frente del reparto  y repiten Judge Reinhold, John Ashton y Bronson Pinchot. Todos ellos han cimentado sus carreras sobre tan singular franquicia. Como novedad figura Kevin Bacon, uno de los rostros más reconocibles de la cinematografía americana gracias a “Algunos hombres buenos”, “Apolo 13”, “El hombre sin sombra” o “Mystic River”, entre otras. También participa Joseph Gordon-Levitt (“Origen”, “Looper”, “500 días juntos”, “El caballero oscuro: La leyenda renace”), mientras que Taylour Paige da vida a la hija del célebre detective.



viernes, 15 de marzo de 2024

DAMSEL


La semana pasada tuvo lugar en el Cine Víctor de Santa Cruz de Tenerife la première nacional de “Damsel”, largometraje producido por Netflix que podrá verse en la citada plataforma. Se trata de la nueva película del realizador canario Juan Carlos Fresnadillo, quien ya exhibe en su currículum una nominación al Oscar de Hollywood por su cortometraje “Esposados”, un Goya a la mejor dirección novel por su trabajo en “Intacto” y un premio especial en el Festival de Cine de Málaga de 2008 gracias a su labor en “28 semanas después”. Buen narrador visual, Fresnadillo se siente cómodo en la intriga y el thriller, su trayectoria resulta digna de atención y los títulos anteriormente mencionados merecen ser visionados y revisados cada cierto tiempo.

No obstante, con “Damsel” cambia parcialmente de registro. Nos sitúa ante una revisión cinematográfica de los cuentos de hadas, por lo que el filme posee un inevitable regusto infantil o, al menos, un tono menos duro que el de sus proyectos precedentes. Dicho comentario no debe entenderse como un reproche sino, más bien, como una reflexión acerca de este giro de estilo. Los feudos con príncipes y cenicientas, dragones y reinas malvadas, castillos y vergeles de ensueño remiten irremediablemente a las fábulas asociadas a la niñez. Y, aunque se pretenda actualizar estas aventuras, pervive una esencia entre lo fantástico y lo irreal que modula la manera de contar la historia.

Conviene, pues, prepararse bien para asumir esta propuesta ya que, ni se le puede exigir el nivel de intensidad y tensión de “28 semanas después”, ni el rigor interpretativo de “Intacto”. Alejada de grandes pretensiones, apuesta por un entretenimiento sobre la base de unos relatos de aventuras, mágicos, irreales y con moraleja, cumpliendo así el propósito de su desafío. A ello contribuye también una dirección correcta, un metraje ajustado y un ritmo adecuado.

Tal vez, por aquello de que las comparaciones son odiosas, “Damsel” salga perdiendo en este aspecto. La memoria nos lleva inevitablemente al recuerdo de “La princesa prometida”, amparada por la aparición en pantalla de la popular actriz Robin Wright. Y, como quiera que existen infinidad de ejemplos de cintas pobladas de fieras, caballeros con espadas, matrimonios concertados, peripecias desenfadadas y mensajes educativos, “Damsel” acusa un cierto desangelamiento. Desarrolla algunas ideas interesantes y da en el clavo con la puesta en escena, si bien no termina de ofrecer secuencias memorables o diálogos que dejen huella.

Para cumplir el deseo de su padre con el fin de zanjar las penurias económicas que padece su familia, una dócil damisela acepta casarse con un apuesto heredero a quien no conoce. No tardará en descubrir los planes del novio y sus allegados para sacrificarla y saldar así una antigua deuda contraída con un dragón, a cambio de que el monstruo no destruya su reino. Arrojada a una intrincada cueva formada por numerosas grutas, la joven se niega a asumir tan cruel destino y, sirviéndose de su valentía y perspicacia, se enfrenta primero al terrible animal y después, a la despiadada estirpe de su prometido.

Al forzarse la interacción entre la peculiar bella y su bestia, hasta el extremo de comunicarse ambas en el idioma de los humanos, se incurre en cierta infantilización, de modo que cuesta remontar el vuelo cuando se centra en la parte más terrorífica e intensa. En todo caso, el resultado final supera con creces el aprobado y demuestra iniciativa e inventiva a la hora de abordar una temática nada sencilla.

Millie Bobby Brown, muy conocida por su intervención en la serie televisiva “Stranger Things”, y que en la gran pantalla ha participado en las últimas entregas de Godzilla, interpreta con acierto el papel protagonista, apuntando a una prometedora carrera de cara al futuro. Le acompañan a cargo de papeles secundarios la mencionada Robin Wright (“La princesa prometida”, “Forrest Gump”, “El protegido”), Angela Bassett (“Contact”, “Días extraños”, “Black Panther”) o Ray Winstone (“Infiltrados”, “Cold Mountain”).



viernes, 3 de noviembre de 2023

EL ASESINO (The Killer)



Si a Alfred Hitchcock le apodaron “el maestro del suspense”, creo que a David Fincher se le puede catalogar con justicia y merecimiento como “el maestro del thriller”, por más que su capacidad y versatilidad le han llevado a destacar también en otros géneros cinematográficos. Si en los años setenta un grupo de cineastas formado por Martin Scorsese, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola y George Lucas revolucionó el Séptimo Arte, y su influencia y maestría se prolongaron durante las siguientes décadas, en los noventa irrumpió otra generación de realizadores que renovó el modo de hacer cine y ascendió a la cumbre de la dirección, desplegando su creatividad y su visión personal hasta nuestros días. Confiemos, pues, en su continuidad durante un largo periodo. Fincher representa a uno de esos nuevos artistas que, junto a colegas como Christopher Nolan, Quentin Tarantino o Michael Mann, encarnan la modernización de su profesión.

Títulos como “Seven”, “La habitación del pánico” y “Zodiac” demuestran su sapiencia y autoridad dentro de su especialidad. Logra dotar a sus filmes de la intensidad, intriga y entretenimiento necesarios y, además, los reviste de una estética lúgubre que cautiva y atrapa, como ocurre con las mejores manifestaciones artísticas. Desconozco su método, pero sin duda consigue que los ambientes oscuros y las tonalidades sombrías terminen brillando y deslumbrando. Sus puestas en escena constituyen una obra de arte y, si a ellas se suman el elevado ritmo de su metraje, el interés del guion y el mimo a la hora de construir los personajes, dan como resultado la mejor receta para saborear una excelente película.

“El asesino (The Killer)” supone el retorno del realizador a la perturbación narrativa y a las lecciones magistrales sobre los asesinos en serie. No voy a perderme en disquisiciones sobre si supera o no a “Seven” o “Zodiac”, dos obras maestras imprescindibles. Tan sólo diré que añade otro capítulo al particular manual de su autor sobre la intriga, que debe ser visionado por todo espectador que desee disfrutar con el mundo de la imagen y aprender de un incuestionable maestro del rodaje.

Un solitario y anónimo asesino a sueldo lleva una larga trayectoria cumpliendo con siniestros encargos para diferentes clientes. Su profesionalidad y efectividad resultan apabullantes. Sin embargo, empieza a manifestar algunos signos de agotamiento debido a su estilo de vida. Tal vez por ello, durante su último trabajo comete un error y falla en el objetivo. Desde ese momento, se produce un giro en los acontecimientos y pasa de perseguidor a perseguido, convirtiéndose en víctima de una cacería que trata de asimilar con solvencia. Una dirección precisa, meticulosa y artística, unida a una duración ajustada propiciaron en mí una suerte de emoción y satisfacción por haber rescatado sensaciones que no había percibido en la gran pantalla desde hacía tiempo. Sin duda, “The Killer” hará las delicias de los aficionados al género, pero incluso los menos simpatizantes reconocerán una trama bien armada, contada con destreza y a cargo de una estética envolvente, que esconde una reflexión más allá de la historia que cuenta y que refleja una solvente descripción sobre determinadas miserias de nuestro mundo.

Al frente del reparto se coloca Michael Fassbender, magnífico intérprete que ya ha mostrado su valía en cintas como “Shame”, “Macbeth” de Justin Kurzel, “Jane Eyre” de Cary Joji Fukunaga y “Un método peligroso”, entre otras. Se ajusta a este papel como un guante, ofreciendo al público un verdadero regalo. Dándole la réplica figuran los actores Tilda Swinton (ganadora de un Oscar por su actuación en “Michael Clayton”), Charles Parnel (“Top Gun: Maverick”) y Arliss Howard (“Moneyball: Rompiendo las reglas”).



viernes, 23 de junio de 2023

TYLER RAKE 2 (Extraction II)



En el fatídico año 2020 se estrenó en Netflix la cinta de acción protagonizada por Chris Hemsworth “Tyler Rake” (de título original, “Extraction”), con la que pretendía seguir un línea profesional marcada por los filmes de superhéroes y personajes musculados. Contenía algunas secuencias bien rodadas que otorgaban un clímax de tensión del agrado de los aficionados al género, si bien los límites entre lo creíble y lo increíble, de por sí muy desdibujados cinematográficamente hablando, se traspasaban con frecuencia sin rubor.  Sin embargo, el éxito acompañó a la propuesta. Y ya se sabe qué ocurre cuando un largometraje de estas características supera las previsiones: se impone rodar una segunda parte lo más similar posible.  

En estos casos, el único plan trazado para preparar la secuela consiste en apostar por la exageración, agrandando el producto y su resultado. Más presupuesto, más explosiones, más armas descomunales, más peleas coreografiadas y más situaciones extremas. Un más y más constante. El problema radica en que, para alcanzar su objetivo, la aludida credibilidad (rebasada, por otra parte, en su primera entrega), queda definitivamente atrás, en un horizonte muy lejano, pasando de la acción a la fantasía y, en virtud de las imágenes, incluso a la ciencia ficción. A partir de ahí, cada espectador decidirá el grado de despropósito capaz de asumir. Un célebre anuncio televisivo emitido hace décadas nos proponía, a modo de parodia, aceptar o no el pulpo como animal de compañía. Quienes lo hagan, disfrutarán de un espectáculo visual repleto de enfrentamientos, luchas cuerpo a cuerpo, disparos por doquier e infinidad de vehículos destruidos, desde trenes hasta helicópteros (obviamente, la típica persecución de coches ya resulta a estas alturas demasiado trillada y menor).

Tras sobrevivir milagrosamente a sus anteriores vicisitudes, el valiente mercenario Tyler Rake regresa a las operaciones encubiertas y a las misiones suicidas. En principio, estaba dispuesto a retirarse a una alejada y solitaria cabaña, pero un misterioso hombre que dice hablar en nombre de su ex mujer le solicita colaboración para rescatar a su cuñada y sus sobrinos de una cárcel controlada por un grupo paramilitar georgiano.

Según la circense regla del “más difícil todavía”, se podría afirmar que supera a su predecesora. Desde un punto de vista cinematográfico, en absoluto. Personalmente, me resultó muy artificial el reiterado y cuasi cansino empeño de ofrecer el combate más grandilocuente y el tiroteo más duradero. Mi nivel de saturación se desbordó y hubo un momento en el que perdí el interés por la narración. Además, la pretensión por parte del director de entrelazar planos emotivos y dramáticos da lugar a un rotundo fracaso. En otras palabras, un cambio excesivamente brusco que deriva en un injerto postizo entre tanta sangre y detonación.

Chris Hemsworth lleva a cabo una correcta labor. Encaja en el perfil de ex soldado físicamente portentoso que continúa combatiendo por encargo y, en cierta medida, sostiene con sus músculos la película. Popular gracias al personaje de “Thor” en las franquicias de la factoría Marvel, a veces se ha alejado del estereotipo de rudo hombre de acción, como ocurrió en “En el corazón del mar” o “Rush”, ambas a las órdenes de Ron Howard. El desenlace de “Tyler Rake 2” presagia una tercera parte, así que volveremos a verle en tesituras semejantes, aunque sería deseable que apostara también por otro tipo de proyectos.

Junto a él forma parte del elenco la interesante Golshifteh Farahani, cuya rica y variada filmografía incluye la destacada “Red de mentiras”, de Ridley Scott, si bien ha demostrado asimismo su versatilidad y potencial en títulos como “Paterson”, de Jim Jarmusch o “A propósito de Elly”, del oscarizado “Asghar Farhadi”. Actualmente interviene a través de la plataforma Filmin en “Asuntos familiares”, junto a Marion Cotillard.  Les acompañan de modo secundario Olga Kurylenko (“Quantum of Solace”, “La muerte de Stalin”) e Idris Elba (“Molly's Game”, “Beasts of No Nation”).



viernes, 29 de julio de 2022

EL AGENTE INVISIBLE (The Gray Man)



Algunas películas son un insulto a la inteligencia y a este grupo pertenece “El agente invisible”. El problema no estriba en visionar cosas imposibles, ya que el Séptimo Arte permite a menudo traspasar los férreos límites de la lógica y superar los estrictos parámetros de la realidad. La cuestión radica en rodar una cinta de acción cayendo continuamente en el ridículo. Cada género cinematográfico posee sus reglas y márgenes más o menos definidos. En “E.T. el extraterrestre”, encaja que la bicicleta del protagonista vuele por encima de los coches de la policía. Sin embargo, tal ocurrencia rechinaría en un drama convencional. En función del tipo de relato, los recursos del narrador son unos u otros, y se puede jugar con ellos. Pero si se pretende filmar una historia de espías y agentes secretos sin derivarla a la ciencia ficción o a la parodia cómica surrealista, se ha de procurar que las escenas no constituyan un permanente despropósito.

La manifiesta carencia de ideas acarrea un intento de sustituir la originalidad por la grandilocuencia y de cambiar un guion bien trabajado por una fastuosidad visual. “El agente invisible” supone en su práctica totalidad una copia de la saga de 007 (en su caso, con la variación mínima de numerar al agente con el 6). Y, habiendo poco más que aportar, se echa en brazos de la desproporción, el colorido ostentoso y la opulencia, aunque desentonen más que complementen. Una de sus primeras escenas da buena prueba de ello, recurriendo al lanzamiento de fuegos artificiales y a la aparatosidad de las imágenes para disimular la endeblez de la propuesta y la falta de credibilidad de la trama. Para colmo, las peleas cuerpo a cuerpo se presentan como ensayadas coreografías, anulando así cualquier posibilidad de transmitir tensión.

Obviamente, en esta clase de filmes marcados por la infalibilidad (diríase, inmortalidad) del protagonista, ya se ha visto casi de todo. Pero ese empeño de los directores en ofrecer al público el más difícil todavía les condena a una ridiculez que produce vergüenza ajena. Recuerdo que en “Eraser” (1996),  Arnold Schwarzenegger saltaba de un avión sin paracaídas, pasando junto a la turbina de la nave y aterrizando sin rasguño alguno. Pues bien, dicha secuencia puede considerarse una loa al realismo en comparación con la del “El agente invisible” lanzándose igualmente en pleno vuelo sin ninguna protección ni pertenencia y que, ya en suelo turco, termina hablando por el móvil para, a continuación, aparecer en Viena con la ropa limpia y planchada.

Los hermanos Anthony y Joe Russo, responsables de un par de entregas de “Capitán América” y de otras dos de “Los Vengadores”, se sitúan detrás de las cámaras. Para la plataforma Netflix filmaron “Extracción”, con Chris Hemsworth al frente del reparto, dando así la medida de su manera de entender el cine, contra la que, por cierto, nada cabe objetar. Ahora bien, con “El agente invisible” han rebasado las líneas de la cordura para firmar un despropósito tan intencionado como ridículo, un verdadero desprecio a los espectadores.

Un agente de la CIA, alias Sierra Seis, es excarcelado con el fin de eliminar a un peligrosísimo objetivo. Durante su misión se percata de que quizá se trate de una trama corrupta para ocultar las fechorías de sus superiores, de modo que desobedece las órdenes y se aparta de los protocolos. Desde ese instante, Sierra Seis pasa a convertirse en otra diana para cuya aniquilación han de recurrir a un nuevo sicario.

Integran el equipo artístico numerosos rostros conocidos. Da vida al agente “bueno” Ryan Gosling, interesante y curtido intérprete que ha demostrado sus cualidades en “La, la, land”, “Drive”, “Blue Valentine” o “Los idus de marzo”. Aunque hace lo que puede, no evita un desastre para nada imputable a él. Chris Evans, famoso gracias al citado “Capitán América” y con una pequeña incursión en la dirección titulada “Antes de que te vayas”, encarna a un forzado y caricaturizado agente “malo” . En cuanto a Ana de Armas, repite su perfil de “chica Bond” desplegado en “Sin tiempo para morir” pero, si dispusiera de oportunidades, podría dar mucho más de sí desde el punto de vista profesional. Les acompaña en un papel secundario el polifacético Billy Bob Thornton (“El otro lado de la vida”, “Un plan sencillo”).



viernes, 22 de julio de 2022

PERSUASIÓN (Persuasion)



Pocas escritoras como Jane Austen mantienen una relación tan estrecha y popular entre sus novelas y las adaptaciones cinematográficas de las mismas. No sólo se han convertido en brillantes películas que han merecido el éxito del público y el reconocimiento de la crítica (baste recordar “Orgullo y prejuicio”, de Joe Wright o “Sentido y sensibilidad”, de Ang Lee), sino que los libros de su autora cuentan con un mayor número de versiones. De “Emma”, por ejemplo, existen al menos diez proyectos, entre series de televisión, telefilmes y largometrajes. Se alza, pues, como una fuente inagotable que atrae a los espectadores, por mucho que hayan leído y visto una y otra vez idénticas tramas e historias.

Se acaba de estrenar en la plataforma Netflix una nueva versión de “Persuasión”. Recuerdo otra, más fiel a la letra y al espíritu de la novelista, dirigida en 1995 por Roger Michell y protagonizada por Amanda Root y Ciarán Hinds. Esta propuesta de 2022, en cambio, pretende ofrecer una visión moderna y rompedora, pese a recurrir al vestuario clásico y a la ambientación propia de principios del siglo XIX. Sin embargo, esa mezcla de estilos distorsiona en gran medida el mensaje y la narración. Se abusa en exceso de la técnica de hablar los actores a la cámara, como si esta fuera el propio espectador. Asimismo, se lleva a cabo una inclusión forzada de la mentalidad actual dentro de un relato que cobra más sentido desde la realidad de hace doscientos años.

Cuando era más joven, Anne Elliot sucumbió a las presiones de su familia y renunció al amor, debido a la diferencia de clase con su pareja. No obstante, la ruptura fue meramente física, nunca sentimental, y permaneció encadenada a aquellos recuerdos. Con el paso del tiempo, obligada ya luchar con su fama de solterona, se reencuentra de nuevo con su amado, abriéndose las puertas a una segunda oportunidad no exenta de complicaciones.

Determinados pasajes de la acción logran captar en buena medida la esencia cautivadora de los personajes austenianos, pero la manera de hilvanar las tomas y el estilo narrativo desarrollado hacen rechinar la obra en su conjunto. Carrie Cracknell,  directora teatral británica, se sitúa detrás de la cámara y, si bien ese toque escénico no lastra la filmación cinematográfica, el principal inconveniente radica en el modo errático (a mi juicio, poco apropiado) de abordar la narración, teniendo en cuenta el libreto original en el que se basa. Paradójicamente, la persuasión que se refleja es muy escasa, comparada con una pretendida reinvención actualizada que no termina de enganchar con el guion.

Encabeza el reparto Dakota Johnson, famosa por su participación en la artificial trilogía de “Cincuenta sombras de Grey”, y conocida ya desde la cuna por ser hija de los mediáticos Melanie Griffith y Don Johnson. Intervino en la muy recomendable “La red social” y la hemos visto recientemente en “La hija oscura”. Ha enlazado varios trabajos en 2022, entre ellos “Bailando por la vida” (disponible en Apple TV+) y “Am I OK?”. En mi opinión, no es ella quien desentona en “Persuasión”, sino que los problemas son otros. Cosmo Jarvis (uno de los intérpretes de “Lady Macbeth”) da vida a su pareja. En el grupo de secundarios figura el versátil Richard E. Grant (nominado al Oscar por su actuación en “¿Podrás perdonarme algún día?” y participante en “Star Wars: El ascenso de Skywalker”, “Gosford Park”, “La edad de la inocencia” o “Drácula de Bram Stoker”). Les acompañan Yolanda Kettle (de las series televisivas “The Crown” y “Regreso a Howards End”), Henry Golding (“Crazy Rich Asians”, “Last Christmas”) y Nikki Amuka-Bird (“El destino de Júpiter”, “Tiempo”).



viernes, 8 de julio de 2022

BEAUTY



A lo largo de la Historia del cine han circulado numerosas historias sobre las disputas existentes entre los productores y los directores de las películas. Por un lado, quienes buscan el dinero para la inversión de los rodajes y se encargan después de rentabilizarlo. Y por otro, los que se encargan de la vertiente artística y crean las obras. Incluso algunos realizadores que también llevan a cabo la labor de producción han confesado luchas internas con ellos mismos a la hora de compaginar ambas facetas. En todo caso, en esta particular pugna la faceta empresarial gana cada vez más terreno y poderío frente a la creadora. Con mayor nitidez y frecuencia se percibe el ejercicio cinematográfico como un bien de consumo más. Se realizan estudios de mercado, se analizan las preferencias de la gente y se da el salto a la comercialización en lo que viene a ser otra variante de la ley de la oferta y la demanda. Si la población se encuentra sensibilizada con determinado problema, se pone de moda un concreto tema o, simplemente, se acerca la celebración de una festividad o fecha asociada a un colectivo, la industria se afana en atender a dicha ciudadanía y garantizarle las propuestas.

Obviamente, se trata de una práctica legítima y hasta comprensible, y que no comento sólo a modo de crítica, dado que responde a las reglas de la lógica. No obstante, considero que la progresiva pérdida del concepto de autoría (en el sentido de visión personal, auténtica e incluso íntima de un cineasta) dentro del sector es alarmante. Lo más llamativo de “Beauty”, recientemente estrenada en Netflix, estriba en que pretende poner el dedo en la llaga sobre tales cuestiones, pese a que, en mi opinión, su mero estreno constituye una reafirmación de lo que aspira a criticar. 

“Beauty” presenta el relato de una joven y talentosa cantante negra a la que una discográfica ofrece la oportunidad de convertirse en una estrella. Sin embargo, ese camino se hallará plagado de concesiones y variaciones respecto de lo que ella quiere cantar y expresar. Así, se enreda en constantes desencuentros con los agentes, los representantes, sus familiares y su círculo más estrecho, empeñada en seguir siendo ella misma y no un producto fabricado artificialmente para agradar a los consumidores. Una canción para los de raza blanca, otra para los de raza negra, otra para la clase media, otra para la familia tradicional, otra para las menos tradicionales… Ya lo decía Woody Allen con extraordinaria certeza: “No sé cuál es el camino del éxito, pero sí sé cuál es el camino del fracaso: intentar contentar a todo el mundo”.

Esta clase de producciones de “Netflix” es a otras cintas estrenadas en las salas de proyección lo que una marca blanca de un supermercado a la marca originaria. La citada plataforma, si bien ya suma notables aportaciones al Séptimo Arte, se caracteriza por inundar su particular cartelera con proyectos de consumo rápido y exclusivo para alcanzar al mayor número de telespectadores. Brinda una marca blanca (y blanda) para que cada persona encuentre su producto. Pero, en este caso, a mí nada de lo que cuenta me interesa lo más mínimo, habida cuenta de que en ningún momento me he creído lo que se me propone.

Se basa en una narración excesivamente artificial, forzada y previsible. Casi cada diálogo y escena están ideados para complacer las más variopintas necesidades señaladas por el estudio de mercado. Un peligroso camino por el que, al menos a mí, me va a resultar muy complicado disfrutar de un largometraje.

La protagonista del film es la actriz Gracie Marie Bradley, en su primer papel relevante, y entre los secundarios figuran Giancarlo Esposito (“Haz lo que debas”, “Sospechosos habituales”) y Sharon Stone, nominada al Oscar por “Casino”, de Martin Scorsese y que en su momento explotó (o fue explotada) como reclamo sexual.



viernes, 10 de diciembre de 2021

EL PODER DEL PERRO (The Power of the Dog)



“El poder del perro” es una buena película. Sin embargo, su visionado se convierte en una desagradable experiencia. Tanto los temas que aborda como la técnica utilizada para narrarlos la conducen de forma irremediable a una atmósfera desabrida y áspera en la que los elementos narrativos se conjuran para transmitir una sensación turbadora y desapacible a lo largo de todo el metraje. La banda sonora golpea a los oídos y las imágenes inquietan a los ojos. Por eso es complicado calificar o analizar este largometraje. Aunque sobrado de méritos y con notables habilidades, apuesta por crear un clima de inquietud e incomodidad que termina por disgustar.

Su directora, Jane Campion, maravilló en 1993 con “El piano”, sin duda su mejor obra, que le proporcionó uno de los tres Oscars recibidos y numerosos premios en multitud de certámenes, como el prestigioso Festival de Cannes. A diferencia de lo que sucede con “El poder del perro”, aquel drama intenso sobrecogía, pero el público recibía la sacudida emocional como si fuera una caricia, gracias a su tono romántico y un acompañamiento musical pleno de belleza y delicadeza. Por el contrario, la crudeza de la profesión de ganadero, la rudeza de unos hombres curtidos en los malos modos y la soledad de un rancho en mitad de la nada, se trasladan aquí de una forma descarnada y abrupta, si bien esta apreciación no debe entenderse como un reproche. La labor de la cineasta neozelandesa resulta apropiada, las interpretaciones, destacables y el relato, contundente y coherente, por más que varias de sus piezas queden sin colocar y los espectadores se vean abocados a intuir o a interpretar aspectos esenciales de la historia. De ahí mi decisión de valorarla como buena película pero como desagradable experiencia, muy alejada de las vividas con la ya citada “El piano”, “Retrato de una dama” o “Bright Star”.

Dos hermanos, socios también de un rancho de Montana, componen un antagónico dúo. La diferencia de caracteres de ambos les une y les separa al mismo tiempo. Uno es un músico rudo, desaseado, hablador, cínico e hiriente. El otro, un tipo callado, patoso, elegante, cariñoso y educado. El primero disfruta ridiculizando e incomodando a las demás personas, mientras que el segundo apacigua los ánimos que aquel enciende. Cuando se casa con una viuda que aporta al matrimonio un desgarbado y excéntrico hijo, el cuñado ve en la mujer y en el joven a las víctimas perfectas para desatar su ira y su crueldad. Pese a ello, la relación con el muchacho va evolucionando, generándose entre ellos una extraña conexión.

A la espera de conocer las nominaciones a los premios cinematográficos más importantes del año, el film ya cuenta con un sinfín de reconocimientos. En el Festival de Cine de Venecia se alzó con el premio a la mejor dirección. En los Satellite suma doce candidaturas, entre ellas las de mejor película, dirección, guion adaptado, actor protagonista y actor y actriz de reparto. En los “Hollywood Critics Association” opta igualmente a mejor película, dirección, actor principal y guion adaptado. Y la Asociación de Críticos de Nueva York le acaba de otorgar tres galardones (mejor dirección, actor principal y actor secundario). Asimismo, la National Board of Review la ha incluido entre los diez mejores filmes del año, por lo que constituye un título a tener muy en cuenta, aunque conviene ir preparado.

Disponible en la plataforma Netflix, Benedict Cumberbatch encabeza su reparto y este magnífico trabajo le ha situado en cabeza de los trofeos más codiciados. Se trata de un gran actor británico, de los más destacados intérpretes de nuestro tiempo, y que ha demostrado su valía en “The Imitation Game (Descifrando Enigma)”, “Agosto”, “El espía inglés” o “1917”, por citar algunos ejemplos. Aquí compone un acertado y efectivo retrato de un ser despiadado. Le acompañan Kirsten Dunst (“Spiderman”, “Melancolía”, “Elizabethtown”, “Entrevista con el vampiro”), Kodi Smit-McPhee (“La carretera”, “Déjame entrar”) y Jesse Plemons (“El irlandés”, “Los archivos del Pentágono”, “El puente de los espías”), desempeñando unas actuaciones de primer nivel.



viernes, 19 de noviembre de 2021

CLAROSCURO (Passing)



Los premios “Gotham” son unos galardones que entrega anualmente una asociación estadounidense de realizadores del denominado “cine independiente” y suelen inaugurar el calendario de ceremonias de distinciones del año en curso. En esta edición, la película “Claroscuro” (“Passing”) se coló entre las favoritas al recibir nominaciones en las categorías de mejor película, guion, dirección novel, interpretación protagonista y secundaria, y donde debuta como directora y guionista Rebecca Hall, a quien hemos visto en las interesantes “El truco final”, “El desafío: Frost contra Nixon” o “The Town. Ciudad de ladrones”. La actriz británica ha dado el salto detrás de las cámaras con este proyecto complejo, rodado en blanco y negro, y colmado de miradas y silencios más reveladores que las palabras pronunciadas. Se trata de un reto que, desde luego, supera con holgura y que desde el pasado 10 de noviembre puede verse en la plataforma “Netflix”.

Ambientada en los Estados Unidos de los años veinte del pasado siglo, cuenta la relación entre dos mujeres: Clare, una mulata que se hace pasar por blanca, incluso ante su propio marido, para beneficiarse del estatus social y económico que les era negado a los negros en aquella época, e Irene, que ni oculta ni reniega de su raza, y que desarrolla su vida dentro de una comunidad de personas de color. Amigas en la infancia, vuelven a cruzarse después de un largo período y ese reencuentro genera en ambas un gran impacto que altera irremediablemente su existencia. Y todo ello con el trasfondo de una etapa marcada por el Jazz, el barrio de Harlem y el comienzo de la Gran Depresión. 

Los puntos fuertes de esta propuesta cinematográfica residen en su valentía y honestidad que, unidas a unas buenas interpretaciones, dan como resultado que el público se interese por unos perfiles marcados por el factor racial y plenos de  metáforas, insinuaciones, planos pausados y matices nada subrayados. En definitiva, un compendio de secretos y mentiras disfrazados para poder sobrevivir en una sociedad marcada por excesivos prejuicios. Propuesta arriesgada para estos tiempos que corren, sobresale principalmente por constituir una obra muy diferente a la mayoría de los títulos que llegan a nuestra cartelera.

No obstante, se aprecia alguna carencia nada reprochable, máxime por tratarse de un debut cinematográfico. El ritmo narrativo y el pulso sosegado de la filmación tienden a generar cierta apatía, mientras que la sólida y completa construcción de los personajes principales contrasta con algún secundario más   tosco y desdibujado. Aborda, además, demasiados temas y su tendencia a sugerir y no destripar deja al espectador al albur de varios vacíos en el guion. Aun así, “Claroscuro” es una “opera prima” esperanzadora que posee el don de resultar, al mismo tiempo, elegante y desordenada, interesante y rutinaria. Tal vez le falte un grado de energía, pero lo compensa con sensibilidad y cierto magnetismo, dado que esa propensión de recurrir a los silencios como forma de expresión desconcierta y atrae a la vez.

La pareja femenina protagonista está formada por Tessa Thompson y Ruth Negga. La primera empezó a despuntar hace algunos años gracias a sus apariciones en “Selma” y “Creed: La leyenda de Rocky”, si bien en “Claroscuro” realiza su mejor trabajo y afronta su papel más complejo hasta la fecha. No me sorprendería que su destacada actuación fuese acreedora de más candidaturas en otros certámenes. La segunda estuvo nominada al Oscar en 2016 por la dramática “Loving”, una de esas historias reales que nos recuerdan lo mezquina que puede llegar a ser el alma humana y que nos muestran los complejos caminos de la Justicia. Ha intervenido asimismo en “Ad Astra” y “Guerra mundial Z”. Completan el reparto André Holland (“Moonlight”, “Selma”), Bill Camp (“12 años de esclavitud”, “Birdman o La inesperada virtud de la ignorancia”, “El vicio del poder”) y el sueco Alexander Skarsgård, quizá la figura más imprecisa y borrosa de la trama, a quien recordamos por “El día que vendrá”, “La leyenda de Tarzán” o “Melancolía”.



viernes, 18 de junio de 2021

DISOMNIA (Awake)



En el Séptimo Arte el futuro siempre ha sido apocalíptico. La visión de cineastas y guionistas sobre lo que nos aguarda ha estado marcada por el pesimismo, las catástrofes y el desorden. Parece que ese destino nos alcanza y, cada vez con más frecuencia, se ruedan películas donde el tiempo presente deviene en una realidad macabra y desoladora. Ya no consideramos las producciones sobre grandes pandemias como propias de la ciencia ficción y los acontecimientos inexplicables generan una mayor credibilidad, habida cuenta la coyuntura que nos está tocando vivir. Sea por la vía de los desastres naturales, las enfermedades, los alienígenas, los zombies o, simplemente, la Humanidad misma, la industria del cine ha apostado por que sean esas propuestas desesperanzadas las que marquen el rumbo.

La cinta “Disomnia”, estrenada en la plataforma Netflix, insiste en la existencia de fenómenos extraños y al margen de cualquier lógica para lograr una intriga efectiva y un entretenimiento aceptable durante poco más de hora y media. Dirigida por Mark Raso, responsable de los singulares “Copenhague” (que ganó el Gran Premio del Jurado del Festival de Cine de Florida) y “Kodachrome”, ambos dramas originales y bien contados, cambia radicalmente de género sin evidenciar apenas carencias. Su meritorio tránsito hacia la acción demuestra su condición de artista con aptitudes, aunque al final ponga de manifiesto que echa mano de recursos muy manidos, e incluso que su trama recuerda a otras vistas anteriormente. En todo caso, aunque la originalidad y verosimilitud de sus obras más dramáticas se pierden en “Disomnia”, el ritmo narrativo y la puesta en escena se revelan eficaces para un pasatiempo que no aspirar a alcanzar unos objetivos elevados.

Una familia desestructurada y con problemas se enfrenta, junto al resto de habitantes del planeta, a un suceso global repentino e incomprensible que acaba con los dispositivos electrónicos y anula la capacidad de los seres vivos para conciliar el sueño. Semejante situación siembra el caos y saca el lado más salvaje de numerosas personas. Tan sólo Jill, una ex soldado de pasado complicado, podría hallar la clave de la cura en su propia hija, que sí consigue dormir. La sensación de enfrentarnos a una versión menor de otros títulos con un brillo superior es innegable. No obstante, algunas secuencias se pueden calificar de exitosas y su reducido metraje ayuda a mantener sin dificultad cierto nivel de distracción. Ni desentona ni destaca, por lo que constituye una opción propicia para ser vista en la comodidad del salón de casa, sin mayores pretensiones ni esfuerzos.

El productor del film, Paul Schiff, es un tipo realmente ecléctico, conocido por comedias como “Mi primo Vinny”, “Academia Rushmore” o “Sucedió en Manhattan”, melodramas como “La sonrisa de Mona Lisa”, y largometrajes de acción como “Arma joven” y su secuela. Quizá sea el nombre que más desentone dentro del proyecto. Integrando el equipo artístico figura Gina Rodríguez, habitual de numerosas series televisivas y a quien también hemos visto en “Marea negra”, junto a Mark Wahlberg o en “Aniquiliación”, en compañía de Natalie Portman. Su labor resulta correcta, aunque ni el personaje ni el guion le permitan un destacado lucimiento. La joven Ariana Greenblatt, que participó en “Vengadores: Infinity War” interpretando el papel de Zoe Saldana de niña, da vida a su hija. Entre los actores secundarios encontramos a Jennifer Jason Leigh, gran promesa de los primeros años noventa, que concatenó en sus inicios profesionales títulos como “Mujer blanca soltera busca”, “Vidas cruzadas”, “La Sra. Parker y el círculo vicioso” o “Eclipse total (Dolores Claiborne)”. Su estrellato no evolucionó como se esperaba y, pese a sus apariciones en “Camino a la perdición” o “Los odiosos ocho”, ocupa un lugar relegado entre las actrices.




viernes, 21 de mayo de 2021

LA MUJER EN LA VENTANA (The Woman in the Window)



Comenzó la película con la tradicional fanfarria de la Twentieth Century-Fox y, durante aquellos escasos segundos, todo iba bien. Pero fue terminar la vigorosa y mítica composición musical de Alfred Newman e iniciarse un declive ininterrumpido que no concluyó hasta los títulos de crédito finales. Definitivamente, “La mujer en la ventana” es una mala película. Pésima, en realidad. Configurada como una especie de homenaje al maestro Alfred Hitchcock (las referencias a sus obras, trama incluida, son continuas), toma prestadas del gran mago del suspense algunas de sus señas de identidad, aunque sin la habilidad ni el ingenio necesarios para hacer buen uso de ellas y, sobre todo, sin un guion ni unos personajes sólidos sobre quienes poner en práctica las enseñanzas de célebre cineasta británico.

Confieso que me ha resultado especialmente doloroso ver esta propuesta, pues admiro profundamente a muchos de los profesionales que participan en semejante desastre. Para empezar, su director, Joe Wright,  responsable de uno de mis largometrajes fetiche, “Expiación”, que reviso con frecuencia porque me proporciona esa clase de felicidad que sólo el arte puede dar. “Orgullo y prejuicio”, la versión de “Anna Karenina” (2012) o “El instante más oscuro” constituyen otras muestras de su capacidad. Por ello, me resulta  de todo punto incomprensible que haya rodado una cinta construida sobre una narración tan absurda y cargada de clichés fallidos. En ocasiones sucede. Basta recordar a Francis Ford Coppola con “Jack” (1996) y a Ridley Scott con “La teniente O'Neil” (1997), que sumieron al público en la perplejidad al rodar tales calamidades en pleno uso de sus facultades.

Sea como fuere, “La mujer en la ventana” se acaba de estrenar en Netflix ofreciendo un plantel de estrellas impresionante y, en consecuencia, generando unas altas expectativas que, tristemente, degeneran en un batacazo monumental. El modo en que los personajes entran en escena es chapucera y hasta irritante. Las secuencias de pretendido terror representan una mala copia de la más casposa producción de serie “B” (por no decir “Z”). Pero, por encima de todo, es el constante tufillo a medio camino entre el citado homenaje y el revisionismo hitchconiano el que termina cabreando al verdadero admirador de su legado. A Alfred Hitchcock no hay que readaptarlo al cine moderno, y en pleno siglo XXI es posible revisionar sus mejores trabajos sin que pierdan un ápice de calidad.

Una psicóloga infantil que padece agorafobia deja transcurrir el tiempo encerrada en su domicilio de Nueva York bebiendo vino, mientras ve viejas películas y espía a sus vecinos. Un día, mirando por la ventana, se convierte en testigo de un crimen cometido en la casa de enfrente, iniciándose a partir de ese momento su desesperado intento por aclarar lo sucedido.

Me decepciona que todo un Gary Oldman se haya involucrado en este proyecto, si bien entiendo que le debe al realizador su más que merecido Oscar por interpretar a Winston Churchill, por lo que se habrá visto obligado en cierto modo a darle el sí, teniendo en cuenta el agradecimiento que le profesará. Pero, que yo sepa, Amy Adams no mantiene con Wright ninguna cuenta pendiente. Esta fantástica actriz, seis veces nominada a la estatuilla dorada de Hollywood y con una filmografía plagada de brillantes actuaciones, no merecía este borrón en su trayectoria. Similar sensación provocan las participaciones de Julianne Moore (con un Oscar y dos Globos de Oro en su haber), la otrora famosa Jennifer Jason Leigh o la popular pareja de la serie “Falcon y el Soldado de Invierno”, Wyatt Russell y Anthony Mackie. Mayor singularidad entraña el caso de Tracy Letts, habitual actor secundario en films destacados como “La gran apuesta”, “Los archivos del Pentágono”, “Lady Bird” o “Le Mans '66”, y que, pese a interpretar un papel, no figura en los créditos como actor. Probablemente haya tratado de desvincularse de una catástrofe que, en gran medida, es responsabilidad suya, habida cuenta que es el autor del guion. Lo dicho: una situación incomprensible.



viernes, 30 de abril de 2021

POLIZÓN (Stowaway)



“Polizón” es una película que habla sobre los viajes espaciales, la investigación en otros planetas y la labor de los astronautas, pero no se trata de una cinta de ciencia ficción. A pesar de su envoltorio, se centra en el planteamiento de dilemas éticos a través de una narración pausada, casi contemplativa, alejándose de ese modo de las típicas propuestas de acción y aventuras asociadas al género. De hecho, el principal inconveniente tal vez radique en su tardanza a la hora de captar, a través de una trama con enjundia, el interés y la curiosidad del espectador. Su innegable corrección técnica se torna, pues, insuficiente durante la primera parte del metraje, que requiere un mayor contenido narrativo y un ritmo más intenso. Aun así, el filme va ganando enteros a medida que avanza la proyección, hasta alcanzar un final en el que las grandes disyuntivas morales, unidas a la emoción por su resolución, remontan ese inicio un tanto dubitativo.

Producción de 2021 estrenada en la plataforma Netflix, su director es el brasileño Joe Penna quien, tras su prometedor debut con “Ártico” (2018), estrena ahora este segundo título. Se aprecia su metódica pulcritud siguiendo los buenos manuales propios de la técnica cinematográfica, si bien adolece de una pasión e intensidad elevadas en el tratamiento de los temas. No obstante, este joven -que procede del mundo de la música- se vislumbra como un cineasta a tener en cuenta y probablemente se oirá hablar de él en el futuro.

Tres científicos se embarcan en una nueva misión hacia el planeta Marte por un plazo de dos años. En un principio, parecen cumplir con el plan previsto hasta que, de pronto, se encontrarán con una sorpresa: un empleado que colaboraba en el lanzamiento de la nave aparece herido en su interior, al tiempo que varios de los sistemas de funcionamiento comienzan a fallar. Junto a los problemas mecánicos, técnicos y humanos, deberán enfrentarse además a la falta de oxígeno para cuatro personas y al aumento en la generación de dióxido de carbono. Los evidentes datos matemáticos revelan como inevitable el riesgo de que todos fallezcan. Ante tal situación, y tras la búsqueda infructuosa de alternativas, se pone sobre la mesa la opción de dejar morir al operario para salvar a los demás y continuar con la misión. Cuando la decisión parece estar tomada, una de las astronautas se rebela y decide trazar un plan a la desesperada para lograr la supervivencia del grupo al completo, pese a arriesgarse a su propia muerte y la del resto de sus compañeros.

Nos hallamos frente a una propuesta sugestiva, alejada de las tradicionales muestras sobre viajes espaciales, y que opta por un planteamiento sosegado de la historia. Pese a lo discutible de su punto de partida (la forma en la que el trabajador aparece en escena resulta poco creíble), da paso posteriormente a una plasmación objetiva, casi cerebral, que quizá desilusione a los amantes de la acción interplanetaria. En cualquier caso, “Polizón” constituye una apuesta honesta que va ganando puntos conforme se acerca a su desenlace, por más que sea inevitable compararla con la superior “Gravity”, del mejicano Alfonso Cuarón.

El equipo artístico se reduce al cuarteto protagonista, destacando en él la actriz Anna Kendrick, nominada al Oscar por la maravillosa “Up in the Air”. Partícipe de la saga “Crepúsculo”, la hemos visto asimismo en “Un pequeño favor” o “El contable”. Cumple con su papel a la perfección. Le acompañan Toni Collette (“El sexto sentido”, “Un niño grande”, “Hereditary”), Daniel Dae Kim (saga “Divergente”, “Spider-Man 2”, la serie televisiva “Perdidos”) y Shamier Anderson (“El héroe de Berlín”, “Destroyer. Una mujer herida”).




viernes, 16 de abril de 2021

I CARE A LOT



Como si de una versión adaptada a la era Trump de “Los timadores” de Stephen Frears (1990) se tratase, “I Care a Lot” (no me consta traducción para su estreno en España) es una comedia con toques de thriller que pretende dar una visión de la amoralidad sin perder el toque sarcástico y entretenido y, aunque consigue su objetivo a medias, logra encauzar una trama atractiva y ofrecer un pasatiempo más que aceptable. Pese a perder fuelle claramente a medida que se acerca el final, su valoración puede calificarse como positiva en su conjunto, por más que no llegue a entusiasmar. Algunas partes del metraje  resultan potentes y vigorosas, si bien mi impresión personal es que el guion se pierde en su propio laberinto y el desenlace no figura a la altura del resto de la obra.

Su director, guionista y productor, Jonathan Blakeson, dispone de un atrayente elenco, una fotografía colorista y una notable dosis de provocación. Este cineasta británico alcanzó cierta repercusión popular gracias a “La quinta ola” (2016), a pesar de que con “La desaparición de Alice Creed” (2009) -otro “thriller” premiado en el London Film Festival y en los British Independent Film Awards- atrajo en mayor medida la atención de la crítica. Hasta ahora, sus trabajos se habían decantado claramente por la intensidad y la intriga, pero con “I Care a Lot” ha decidido introducir elementos asociados a la comedia más socarrona, dando así un giro más adecuado a la narración, otorgándole un sabor agridulce que combina acertadamente con los personajes.

Una estafadora sin escrúpulos, especializada en engañar a personas de perfil muy vulnerable, se ha centrado durante años en aprovecharse de jubilados tras haber conseguido que la nombren su tutora legal. Para su siguiente misión elige a una anciana a la que, merced a sus dotes de persuasión, desplumar con facilidad. Sin embargo, se llevará una gran sorpresa cuando compruebe que la senil abuela no se ajusta exactamente a sus apariencias ya que, sin sospecharlo, con su plan está entorpeciendo la pretensión de un importante criminal.

Desde el punto de vista del entretenimiento, Blakeson nos brinda una propuesta solvente y, en ocasiones, inquietante. Su reflejo de la maldad, a ratos de forma divertida, a ratos de forma empática, provoca un cuestionamiento de la fronteras de la ética y la moral. En cualquier caso, se alza como una apuesta más que admisible y, pese a ser una producción de Netflix, se ha estrenado inicialmente en las salas de cine para, más tarde, exhibirse en la plataforma “Amazon Prime”.

Merece sin duda la pena centrarse en el equipo artístico. A la protagonista, Rosamund Pike, este papel le proporcionó una nominación al Globo de Oro a la mejor actriz del año en el apartado de “comedia o musical”. Especializada en dar vida a mujeres de valor y grandeza, como la científica “Madame Curie” (2019) o la reportera de guerra y una de las periodistas más afamadas a nivel mundial Marie Colvin en “La corresponsal” (2018), posee la virtud de adaptarse con desenvoltura a los más diversos géneros cinematográficos. Tan pronto participa en una cinta romántica como “Orgullo y prejuicio”, en el thriller “Perdida”, en la comedia “Nuestro último verano en Escocia”, o en la acción de “El rehén”, conformando una filmografía variopinta e interesante. Demuestra su talento interpretativo con asiduidad y también aquí realiza una actuación impecable y digna de reconocimiento. Le acompaña Peter Dinklage, un actor cuya singularidad física no le ha impedido triunfar en el cine y la televisión, logrando el aplauso unánime de espectadores y críticos. Además de su archifamoso personaje de Tyrion Lannister en la serie “Juego de tronos”, cabe resaltar su participación en “Tres anuncios en las afueras” y “The Station Agent”.

Podemos disfrutar asimismo de las intervenciones de Dianne Wiest (ganadora de dos estatuillas a la mejor actriz secundaria por “Hannah y sus hermanas” y “Balas sobre Broadway”) y Eiza González (“Baby Driver”, “Alita: Ángel de combate”).