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viernes, 3 de abril de 2026

PROYECTO SALVACIÓN (Project Hail Mary)


En mi opinión, dentro del género de la ciencia ficción, el subgénero espacial vivió un antes y un después en 2014, tras el estreno de “Interstellar”. Esta obra maestra de Christopher Nolan reúne infinidad de méritos cinematográficos de primera magnitud, además de hallarse envuelta en un halo de credibilidad y rigor científico pocas veces logrado. Obviamente, la recién estrenada “Proyecto Salvación” ni siquiera se acerca (probablemente, tampoco lo pretende) a los niveles de la película protagonizada por Matthew McConaughey, pero sí alcanza una cota de entretenimiento bastante aceptable, si bien desde una perspectiva más cómica y liviana. Ambas propuestas se han abordado desde planos muy diferentes. La primera, desde el drama y la docta pulcritud. La segunda, desde la comedia sin pretensiones eruditas. En todo caso, atendiendo a los parámetros de diversión y distracción, tanto una como otra llegan a metas similares por diferentes caminos.

Se podría afirmar que “Proyecto Salvación” se alza como un producto de visión infantil o, mejor aún, ingenua, que dota a la narración de un estilo desenfadado y hasta optimista. Sus directores, Phil Lord y Christopher Miller, han sido también guionistas y productores de títulos como “La LEGO película”, “Infiltrados en la Universidad” e “Infiltrados en clase”, de un tono cómico y ligero, y con aciertos y desaciertos. En este nuevo trabajo tratan de mantener esa dinámica jovial y graciosa que contagia al público de cierto entusiasmo. En ese sentido, el visionado resulta sencillo y agradable.

El problema radica en su excesiva duración, superior a las dos horas y media, ya que mantener un listón elevado durante tanto tiempo entraña gran dificultad. Por ello se torna predecible y un tanto cansina, cayendo en ocasiones en la tontería más que en el candor. No obstante, en conjunto, constituye una opción correcta como pasatiempo. A ratos, vivaz y placentera. Simpática, aunque con un punto de insustancial.  

Un profesor de Ciencias despierta dentro de una nave espacial, a años luz de su hogar y sin entender cómo ha llegado hasta allí. A medida que recupera la memoria, se dispone a descubrir su misión: resolver el enigma de la misteriosa sustancia que provoca la extinción del Sol. Deberá recurrir a sus conocimientos científicos y a sus ideas poco ortodoxas para salvar cuanto hay en la Tierra y evitar que el planeta sufra el mismo destino que el astro rey. En ese camino encontrará a un curioso aliado con el que entablará una amistad inesperada.

A cargo de un elevado presupuesto de más de doscientos millones de dólares, ha obtenido una considerable taquilla durante el fin de semana de su estreno en Estados Unidos, logrando recaudar más de ciento sesenta millones de dólares en tres días. Todo apunta a que acreditará cifras sobresalientes y tendrá buena acogida por parte de los espectadores, sustentadas en gran medida por el carisma de su estrella principal y por su cuidado aspecto visual.

Encabeza el reparto y soporta el peso del filme Ryan Gosling, quien actúa y, además, produce la cinta. Tres veces nominado al Oscar, cuenta en su haber con cintas tan destacadas como “La, La, Land”, “Los idus de marzo”, “Drive”, “Blue Valentine” o “La gran apuesta”. Se trata de un actor versátil y eficaz que aquí desempeña con solvencia su papel.

Le acompañan Sandra Hüller (“Anatomía de una caída”, “La zona de interés”), Lionel Boyce (de la serie “The Bear”), Milana Vayntrub (de la televisiva “This is Us”) o Ken Leung (famoso por su participación en “Perdidos”).




viernes, 29 de julio de 2022

EL AGENTE INVISIBLE (The Gray Man)



Algunas películas son un insulto a la inteligencia y a este grupo pertenece “El agente invisible”. El problema no estriba en visionar cosas imposibles, ya que el Séptimo Arte permite a menudo traspasar los férreos límites de la lógica y superar los estrictos parámetros de la realidad. La cuestión radica en rodar una cinta de acción cayendo continuamente en el ridículo. Cada género cinematográfico posee sus reglas y márgenes más o menos definidos. En “E.T. el extraterrestre”, encaja que la bicicleta del protagonista vuele por encima de los coches de la policía. Sin embargo, tal ocurrencia rechinaría en un drama convencional. En función del tipo de relato, los recursos del narrador son unos u otros, y se puede jugar con ellos. Pero si se pretende filmar una historia de espías y agentes secretos sin derivarla a la ciencia ficción o a la parodia cómica surrealista, se ha de procurar que las escenas no constituyan un permanente despropósito.

La manifiesta carencia de ideas acarrea un intento de sustituir la originalidad por la grandilocuencia y de cambiar un guion bien trabajado por una fastuosidad visual. “El agente invisible” supone en su práctica totalidad una copia de la saga de 007 (en su caso, con la variación mínima de numerar al agente con el 6). Y, habiendo poco más que aportar, se echa en brazos de la desproporción, el colorido ostentoso y la opulencia, aunque desentonen más que complementen. Una de sus primeras escenas da buena prueba de ello, recurriendo al lanzamiento de fuegos artificiales y a la aparatosidad de las imágenes para disimular la endeblez de la propuesta y la falta de credibilidad de la trama. Para colmo, las peleas cuerpo a cuerpo se presentan como ensayadas coreografías, anulando así cualquier posibilidad de transmitir tensión.

Obviamente, en esta clase de filmes marcados por la infalibilidad (diríase, inmortalidad) del protagonista, ya se ha visto casi de todo. Pero ese empeño de los directores en ofrecer al público el más difícil todavía les condena a una ridiculez que produce vergüenza ajena. Recuerdo que en “Eraser” (1996),  Arnold Schwarzenegger saltaba de un avión sin paracaídas, pasando junto a la turbina de la nave y aterrizando sin rasguño alguno. Pues bien, dicha secuencia puede considerarse una loa al realismo en comparación con la del “El agente invisible” lanzándose igualmente en pleno vuelo sin ninguna protección ni pertenencia y que, ya en suelo turco, termina hablando por el móvil para, a continuación, aparecer en Viena con la ropa limpia y planchada.

Los hermanos Anthony y Joe Russo, responsables de un par de entregas de “Capitán América” y de otras dos de “Los Vengadores”, se sitúan detrás de las cámaras. Para la plataforma Netflix filmaron “Extracción”, con Chris Hemsworth al frente del reparto, dando así la medida de su manera de entender el cine, contra la que, por cierto, nada cabe objetar. Ahora bien, con “El agente invisible” han rebasado las líneas de la cordura para firmar un despropósito tan intencionado como ridículo, un verdadero desprecio a los espectadores.

Un agente de la CIA, alias Sierra Seis, es excarcelado con el fin de eliminar a un peligrosísimo objetivo. Durante su misión se percata de que quizá se trate de una trama corrupta para ocultar las fechorías de sus superiores, de modo que desobedece las órdenes y se aparta de los protocolos. Desde ese instante, Sierra Seis pasa a convertirse en otra diana para cuya aniquilación han de recurrir a un nuevo sicario.

Integran el equipo artístico numerosos rostros conocidos. Da vida al agente “bueno” Ryan Gosling, interesante y curtido intérprete que ha demostrado sus cualidades en “La, la, land”, “Drive”, “Blue Valentine” o “Los idus de marzo”. Aunque hace lo que puede, no evita un desastre para nada imputable a él. Chris Evans, famoso gracias al citado “Capitán América” y con una pequeña incursión en la dirección titulada “Antes de que te vayas”, encarna a un forzado y caricaturizado agente “malo” . En cuanto a Ana de Armas, repite su perfil de “chica Bond” desplegado en “Sin tiempo para morir” pero, si dispusiera de oportunidades, podría dar mucho más de sí desde el punto de vista profesional. Les acompaña en un papel secundario el polifacético Billy Bob Thornton (“El otro lado de la vida”, “Un plan sencillo”).



viernes, 12 de octubre de 2018

EL PRIMER HOMBRE (First Man)

Hace cuatro años el director Damien Chazelle nos sorprendió a todos con la sobresaliente “Whiplash”, una obra de minúsculo presupuesto (apenas tres millones de dólares) para lo que es habitual en la todopoderosa industria norteamericana. La cinta comenzó a pasearse por diversos festivales arrancando aplausos, hasta recalar en la mismísima ceremonia de los Oscar como candidata a la mejor película del año para, finalmente, lograr tres estatuillas. Sin embargo, la realización plena del “sueño americano”, como si de un cuento de hadas se tratara, se produjo dos años después gracias a “La, La, Land”, maravillosa obra de arte que arrasó en 2016 con seis premios de la Academia de Hollywood, siete Globos de Oro, cuatro BAFTA y un sinfín de reconocimientos. Pocas veces un número musical me ha emocionado tanto como esa pieza denominada “Epilogue” que cierra la película. Por lo tanto, el listón se situaba a una altura muy elevada, de tal manera que cualquier proyecto posterior de Chazelle sería inevitablemente comparado con sus espectaculares inicios. Tarea muy complicada, pues, la de mantener el mismo nivel de emoción, originalidad, magia e interpretación. 
“First Man (El primer hombre)” no alcanza, ni de lejos, la categoría de los anteriores trabajos del joven realizador, aunque ello no la convierta en una mala película. A mi juicio, muchas de sus críticas negativas la tratan injustamente, ya que contiene notables aciertos y ofrece algunas secuencias meritorias. Me temo que la explicación a estas opiniones adversas se halla más en esa desilusión por el descenso de pasión, intensidad y fuerza con respecto a “Whiplash” o “La, La, Land” que en un análisis objetivo y justo del film. En este caso, la variación resulta muy significativa, tanto en el tono como en el estilo narrativo. La alegría desenfadada del musical, la explosión emocional y la contundencia de las interpretaciones viscerales de antaño dan paso ahora a un título de planos más sobrios, estética más anodina y ritmo más pausado. En ese sentido, el cambio es brutal y puede coger al espectador en fuera de juego. El toque documental de determinadas partes del metraje, la actuación contenida y el enfoque intimista terminan por provocar cierta sensación de tedio. Sin embargo, presenta una interesante reflexión sobre la heroicidad y, a su modo, traslada un tipo de emociones muy reconocibles. 
Cuenta la vida del astronauta Neil Armstrong y aquel legendario viaje que le convirtió en el primer hombre que pisó la Luna. Se centra en el programa espacial que llevó a cabo la NASA entre los años 1961 y 1969, desde las primeras investigaciones hasta el momento en el que el protagonista finalmente viaja al espacio y aterriza en el satélite lunar con la nave Apolo 11, en una de las misiones espaciales más peligrosas jamás realizadas. 
Rodar esta película también ha supuesto para Chazelle una compleja travesía para la que ha escogido un camino poco convencional y eso me gusta. No transita por las cómodas autopistas de la acción ni por el patriotismo más exacerbado, sino que opta por la senda personal y arriesgada de la introspección y la contemplación. Es verdad que la proyección no funciona en todos los momentos, pero se constata que el cineasta continúa creciendo profesionalmente, si quiera porque demuestra que no se encasilla y que crea de forma libre sus pensamientos e ideas. 
El actor Ryan Gosling lleva a cabo una actuación correcta, más cercana a la de “Drive” que a otras interpretaciones menos sombrías, y su sobresaliente currículum le garantiza un excelente futuro artístico. Tras su éxito en la serie televisiva “The Crown”, su compañera de reparto Claire Foy también brilla. Les acompaña un efectivo Jason Clarke. Pese a su contención, todos ellos destacan.

Trailer en castellano


Trailer en versión original


Datos del film

Título original: First Man
Año: 2018
Duración: 133 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Damien Chazelle
Guion: Nicole Perlman, Josh Singer (Libro: James R. Hansen)
Música: Justin Hurwitz
Fotografía: Linus Sandgren
Reparto: Ryan Gosling, Jason Clarke, Claire Foy, Kyle Chandler, Corey Stoll, Pablo Schreiber, Lukas Haas