viernes, 1 de mayo de 2026

DEPREDADOR DOMINANTE (Apex)



Se acaba de estrenar en la plataforma Netflix “Depredador dominante”, dirigida por el islandés Baltasar Kormákur, quien se dio a conocer en 2005 con “Verdades ocultas” y que posteriormente logró que su film “The Deep” fuese seleccionado para representar a su país en la categoría de mejor film de habla no inglesa en la 85º edición de los Oscar de Hollywood. A partir de ese momento, logró cierta fama con títulos como “Contraband”, protagonizado por Mark Wahlberg; “2 Guns”, de nuevo con Wahlberg y Denzel Washington; “Everest”, con Jason Clarke y Jake Gyllenhaal; o “A la deriva”, con Shailene Woodley. Su estilo está marcado por la acción y, en gran medida, por la recreación de experiencias extremas en parajes naturales. Tanto en las citadas “The Deep”, “Everest” y “A la deriva” como en la actual “Depredador dominante”, la hostilidad que alberga la naturaleza juega como un personaje más.

A través de una larga introducción que refleja sus penurias, una pareja trata de escalar un elevado risco en condiciones muy adversas para, a continuación, adentrarse en unos enclaves australianos en los que la protagonista se enfrentará también a la dificultad y a la hostilidad de ríos y montañas, haciendo frente además a un maníaco decidido a darle caza. Al final, como escribiría Thomas Hobbes en su obra “Leviatán” (1651), «el hombre es un lobo para el hombre», siendo aún más salvaje que los más inhóspitos mares y selvas.

La filmación resulta correcta, así como el esfuerzo por recrear la intensidad de las intrigas y tormentos que sufre el personaje principal, aunque nunca llega alcanzar un nivel realmente brillante. Aceptable como pasatiempo, en modo alguno supone una propuesta destacada en cuanto a su originalidad y fuerza.  Con una ajustada duración de apenas hora y media, logra mantener un ritmo constante durante toda la proyección. No obstante, denota cierto tufillo a telefilme de sobremesa, intuyéndose las herramientas para manipular al espectador con el fin de generarle angustia.

Sasha, una mujer intrépida y amante de las aventuras, trata de superar una tragedia personal adentrándose en el ecosistema de Australia para encontrar la paz interior. Le gusta superar sus propios límites, por lo que inicia una expedición extrema a lo largo de un río y de unas montañas salvajes. Sin embargo, su iniciativa pronto se convierte en una lucha desesperada por sobrevivir, cuando descubre que un peligroso y despiadado asesino la acecha tras haberla elegido como presa.

La cinta entretiene, pero sus expectativas se cumplen sólo en parte. En el fondo, su trama repetitiva no ofrece novedades ni sorpresas, desarrollándose de manera amena, pero previsible.  

Charlize Theron encarna a la intrépida sufridora. Ganadora de una estatuilla dorada por “Monster” (primera sudafricana en recibirlo), ha intervenido de forma notable en “Las normas de la casa de la sidra”, “El escándalo (Bombshell)”, “Tully” o “La leyenda de Bagger Vance”. En “Depredador dominante” cumple tanto con el reto físico como con el interpretativo, si bien no aparecerá en el listado de sus mejores trabajos.

Le acompaña Taron Egerton, que personificó al cantante Elton John en el biopic “Rocketman” (2019), valiéndole el Globo de Oro como actor en comedia o musical. A cargo de un papel secundario figura asimismo Eric Bana (“Black Hawk Down”, “Hulk”, “Múnich”).




miércoles, 29 de abril de 2026

RYÜICHI SAKAMOTO



Ryūichi Sakamoto nació en Tokio el 17 de enero de 1952 y falleció en la misma ciudad el 28 de marzo de 2023. Compositor, productor, pianista, cantante, escritor y actor japonés, compuso la banda sonora de "Feliz Navidad, Mr. Lawrence" (1983), que le reportó el BAFTA a la mejor música original, así como en la de “El último emperador” (1987), con la que consiguió un Oscar junto a sus compañeros David Byrne y Cong Su. 

Otros filmes en los que Sakamoto se encargó de la música fueron "The Sheltering Sky" (1990), de Bernardo Bertolucci (premiada por la Asociación de Críticos de Los Ángeles); "Tacones lejanos" (1991), de Pedro Almodóvar; "Pequeño Buda" (1993), también de Bertolucci; "Wild Palms" (1993), de Oliver Stone; "Love is the Devil: Study for a Portrait of Francis Bacon" (1998), de John Maybury; "Snake Eyes" (1998) y "Femme Fatale" (2002), de Brian De Palma; "Gohatto" (1999), de Oshima; una canción para "Dhobi Ghat" (2011), de Kiran Rao; "Hara-kiri: Muerte de un samurai" (2011), de Takashi Miike; "El renacido" (2005), de Alejandro González Iñárritu; "El fotógrafo de Minamata" (2020), de Andrew Levitas; y "Monstruo" (2023), de Hirokazu Koreeda. 

Fue también el responsable musical de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, evento transmitido a más de mil millones de espectadores.

Feliz Navidad, Mr. Lawrence

El último emperador



The Sheltering Sky


viernes, 24 de abril de 2026

OUTCOME



Jonah Hill es un conocido intérprete norteamericano que ha destacado principalmente en el género de la comedia. Incluso cuando las películas en las que interviene reflejan una vertiente dramática, sus personajes constituyen una vía de escape para que el público acabe sonriendo. Nominado a dos Oscars como mejor actor de reparto por “Moneyball: Rompiendo las reglas” y “El lobo de Wall Street”, cabe mencionar entre sus títulos más destacados “No mires arriba” y “Juego de armas”, a los que se unen otras propuestas más prescindibles que le foguearon como cómico, entre ellas “Infiltrados en clase” y su continuación, “Infiltrados en la Universidad”.

En su faceta como director, sin embargo, ha contado con peor fortuna. Tras rodar algunos documentales, episodios de series de televisión y videoclips musicales, debutó en la pantalla grande en 2018 con el largometraje de ficción “En los 90”. Ahora estrena en la plataforma Apple TV su segundo trabajo, “Outcome”, pretendida reflexión sobre la fama construida desde la parodia, aunque con ciertos toques propios de la intriga. A mi juicio, tal combinación resulta fallida, pese a que secuencias puntuales capten algo de atención en virtud de la figura que aparezca en escena. El estilo cómico deviene demasiado basto, simplón y, para mi particular sentido del humor, muy poco divertido, arrastrando al resto de la trama cuando aspira a introducir alguna pincelada más propia del “thriller”.     

Reef Hawk, una gran celebridad de Hollywood, ve peligrar su carrera tras la aparición de un misterioso vídeo con el que quieren chantajearle. Con ayuda de sus amigos y de su abogado, trata de descubrir al responsable, mientras reflexiona y afronta sus errores del pasado. En este laberinto, a medio camino entre la investigación y la redención, se replantea su culpa, la reparación del daño causado y su verdadera personalidad, lo que puede terminar por destruir o por salvar su imagen pública.

Hill busca engatusar a los espectadores ofreciéndoles un elenco de celebridades. Sin embargo, el guion flojea y la capacidad narrativa queda en evidencia, incluso hasta dar un poco de vergüenza ajena. No descarto que haya quienes rían con naturalidad ante las situaciones supuestamente hilarantes que propone el realizador, habida cuenta de que el humor un aspecto tan sumamente personal. Pero, por lo que a mí respecta, califico su ofrecimiento como tontería sin gracia. Además, tampoco atina con el cambio aleatorio de registro entre el drama y el enredo.    

Keanu Reeves da vida a la estrella de cine en apuros. Mantiene una sólida posición en la industria, ganada a pulso desde hace décadas gracias a sus participaciones en “Le llaman Bodhi”, “Drácula de Bram Stoker”, “Speed” o las sagas de “Matrix” y “John Wick”. Aquí actúa con corrección, pero la endeblez de su papel le impide un mayor lucimiento. Además del propio Jonah Hill, le acompañan de modo secundario Cameron Diaz (“La boda de mi mejor amigo”, “Gangs of New York”), el célebre director Martin Scorsese -quien ya había intervenido en “Quiz Show”, “El dilema” o “Los sueños de Akira Kurosawa”)-, Matt Bomer (“In Time”) o Ivy Wolk (“Anora”, “Si pudiera, te daría una patada”).

Tal vez la secuencia que mejor resume el film sea la de Reeves pidiendo perdón a Scorsese y soportando el sermón de este sobre cómo se siente ante los desplantes que ha sufrido. El impacto de ver a dos pesos pesados del Séptimo Arte tan dispares interactuando llama la atención. Incluso se percibe el esfuerzo de ambos por sacar adelante la escena de manera óptima. Lástima que los diálogos y la narración se manifiesten postizos y sin alma. Y ese problema, desde luego, no es atribuible a ninguno de ellos.