El
director, productor y guionista norteamericano David Ayer cuenta con una
filmografía muy marcada por el suspense y la violencia. Se dio a conocer en su
faceta de escritor de guiones gracias a títulos como “Día de entrenamiento” o
la primera entrega de “The Fast and the Furious”, allá por 2011. Ambos trabajos
ayudan a entender el tipo de cine que escogió para su salto detrás de la
cámara. Debutó como realizador en 2005 con uno de los largometrajes más
desconocidos de Christian Bale (“Vidas al límite”) para, posteriormente, seguir
rodando acerca de la virulencia callejera y policial, así como sobre la
corrupción, en “Dueños de la calle” (con Keanu Reeves) o “Sin tregua” (de la
mano de Jake Gyllenhaal). Después llegó su primera colaboración con Brad Pitt
en la cinta bélica “Corazones de acero” y, tras un breve ínterin en el que
coqueteó desafortunadamente con el cómic y el género fantástico, rodó dos films
bastante prescindibles protagonizados por Jason Statham. Obviamente, lo suyo no
es la comedia, habida cuenta de que la acción intensa y la fuerza bruta marcan
gran parte de su estilo narrativo y su trayectoria.
Ahora
repite con Pitt a través de “En el corazón de la bestia”, a mi juicio su mejor
obra. Si bien mantiene la intensidad e, incluso, la primacía de la potencia
física, las refleja por medio de un formato y una pretensión muy diferentes. Se
trata de un relato de aventuras en el sentido más clásico del término,
recurriendo a un modelo narrativo convencional que beneficia al conjunto de la
trama y al objetivo del entretenimiento. Mostrando hermosos paisajes y
convirtiendo a la propia naturaleza en otro personaje de la historia, Ayer se
adentra en el espíritu de Jack London y ofrece en poco más de hora y media una
narración vehemente y emotiva.
Tras
sobrevivir a un brutal accidente aéreo, un ex soldado de las Fuerzas Especiales
permanece perdido en Alaska junto a su fiel perro. Heridos, solos y perseguidos
por los peligros naturales, ambos deberán confiar en su entrenamiento, su
vínculo inquebrantable y su instinto de supervivencia para superar desafíos
extremos y encontrar el camino de regreso a casa. A cada paso, el frío, la
soledad y los viejos fantasmas del pasado pondrán a prueba su resistencia.
Si
bien algunas escenas me remitían a “Hacia rutas salvajes”, el drama dirigido
por Sean Penn, o a “El renacido”, de Alejandro González Iñárritu, la
preeminencia de la acción y del ritmo convierte a esta “En el corazón de la
bestia” en una propuesta más aventurera, donde la supervivencia y la lealtad
entre animal y amo constituyen su motor central. Entretiene y hasta conmueve, circunstancia
totalmente novedosa en la producción de David Ayer.
Presentándola
en el reciente Festival de Cine de San Sebastián, Brad Pitt concitó la máxima
expectación. Excelente actor, acreedor ya de dos estatuillas doradas (una, como
productor de “12 años de esclavitud” y otra, como intérprete en “Érase una vez
en… Hollywood”), resultó nominado por primera vez en 1997 merced a su actuación
en “12 monos” y atesora papeles memorables como los de “Moneyball”, “El curioso
caso de Benjamin Button”, “Seven” o “El club de la lucha”. Se nota que en esta
ocasión se ha entregado a su labor, dotando a su perfil de verdad y autenticidad.
Aunque
no sea lo habitual, dedicaré una merecida mención al perro, un pastor alemán
llamado realmente Uber y cuyo entrenamiento como rescatador y policía le permitió
realizar las secuencias de acción sin mayores complicaciones. La conexión entre
ambos se transmite en todo momento.
Completan el exiguo reparto J.K. Simmons (Oscar por “Whiplash” y célebre por sus apariciones como secundario en “La, La, Land”, “Juno”, “Up in the Air” o la saga de Spiderman de Sam Raimi) y Anna Lambe (vista en una temporada de la serie televisiva “True Detective”).