viernes, 5 de abril de 2024

GODZILLA Y KONG: EL NUEVO IMPERIO (Godzilla x Kong: The New Empire)



Desde un punto de vista cinematográfico, siempre me ha interesado más King Kong que Godzilla y, pese a no situarse entre mis películas preferidas, algunas versiones sobre el gran gorila (las de 1933 de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, la de 1976 de John Guillermin y la de 2005 de Peter Jackson) reunían varios aspectos destacados y alguna secuencia memorable. La famosa creación nipona, sin embargo, nunca me llamó la atención y no recuerdo ninguna adaptación para la pantalla grande que haya despertado mi curiosidad, ni siquiera una concreta escena. Esta deriva que afecta en los últimos tiempos a una parte de la industria del cine, y que se traduce en la máxima circense del más difícil todavía, recurre a la fórmula de unir dos monstruos que han desarrollado carreras por separado, con la esperanza de ofrecer un plus a los espectadores. Sin embargo, el Séptimo Arte no opera como una ciencia exacta y la forma de hacer buen cine no se asemeja a una operación matemática, por lo que en el universo del celuloide las sumas, en ocasiones, restan y aquí nos damos de bruces con una muestra de ello.  

No es la primera vez que King Kong y Godzilla se reúnen. Ni siquiera es la primera vez que se apuesta por esa adición de criaturas terroríficas para llenar las salas de proyección. Me viene a la cabeza la nefasta “Alien vs. Predator”, que perpetró en 2004 Paul W. S. Anderson, o la manifiestamente innecesaria “Freddy contra Jason”, siendo responsable de semejante crimen el hongkonés Ronny Yu en 2003. En todos esos casos, la ocurrencia de acumular engendros se reveló como un despropósito. No hay duda de que “Alien” supuso una importante aportación al ámbito de la ciencia ficción, y tanto la versión de Ridley Scott de 1979 como la de James Cameron de 1986, merecen observación. Incluso la visión ochentera de “Depredador”, dirigida por John McTiernan, ha envejecido bien. Pero, cuando se acumulan sus criaturas, el conjunto resulta ridículo, forzado y gratuito.

Acaba de estrenarse “Godzilla y Kong: El nuevo imperio”, de Adam Wingard, cuya “The Guest” (2014), con Maika Monroe y Dan Stevens, me interesó, por más que no haya vuelto a rodar nada más que yo considere aceptable. En 2021 realizó la anterior “Godzilla vs. Kong” que, como la actual, se alza como un prodigio de efectos especiales y corrección técnica aunque, ya tan avanzado el primer cuarto del siglo XXI, no debería ser condición suficiente.

Quizás algún niño se sienta hipnotizado y entretenido ante determinadas imágenes, pero dudo mucho que suceda lo mismo en la franja de jóvenes y adultos. En mi caso particular, el objetivo no se logró. Los personajes  (humanos o no) no despertaron mi interés, y su trama sobre los problemas de la Humanidad, tampoco. Hasta me dio cierta lástima la figura de Kong que, tras su momento de gloria, ha pasado a exhibirse como, en su día, el “hombre elefante”. Me quedo con su fotograma cayendo desde lo alto del Empire State Building para, a continuación, presenciar aquel diálogo memorable entre el protagonista y uno de los policías. El primero, al ver a la bestia muerta en el suelo, pregunta qué ha pasado, y recibe como respuesta que los aviones le habían abatido. Y, a continuación, rebate al agente con la mítica frase “no fueron los aviones, la belleza mató a la bestia” (“It wasn't the airplanes. It was beauty killed the beast).

En el reparto se encuentra  Rebecca Hall, singular actriz que cuenta en su filmografía con varios títulos destacados, como “El truco final (El prestigio)”, del recientemente oscarizado Christopher Nolan; “El desafío - Frost contra Nixon”, de Ron Howard; o “The Town: Ciudad de ladrones”, de Ben Affleck. Sus dos recientes apariciones en esta saga creada para King Kong y Godzilla no le permiten mostrar su talento, llevando a cabo interpretaciones olvidables.

La acompaña Dan Stevens, visto en la mencionada “The Guest”; “Colossal”, de Nacho Vigalondo; o “La llamada de lo salvaje”, de Chris Sanders. También integran el elenco Brian Tyree Henry (“Viudas”, de Steve McQueen; “El blues de Beale Street”, de Barry Jenkins; “Bullet Train”, de David Leitch) y Alex Ferns (“The Batman”, de Matt Reeves).

No quiero ni pensar qué será lo próximo. ¿Una propuesta que encadene a Drácula con Jabba el Hutt, de la “Guerra de las Galaxias”? ¿A Frankenstein con Lord Voldemort, de Harry Potter? ¿O quizás a “Tiburón” con “Anaconda” o “Pirañas”? Pronunciado en voz alta parece absurdo, pero tampoco sería la primera vez que una absurdez terminara convirtiéndose en realidad.



viernes, 29 de marzo de 2024

SHIRLEY



Determinados proyectos cinematográficos evidencian un propósito educativo y reivindicativo. Su puesta en marcha y su realización están presididos por un objetivo pedagógico y por un afán de protesta que desean difundir. No se trata en modo alguno de un demérito, si bien se les debería añadir algunos rasgos más creativos y artísticos y, sobre todo, una visión narrativa más acorde con el lenguaje del cine. Desde su primera secuencia, “Shirley” no esconde un tono rebelde y de propaganda que impregnará el resto de la proyección. Ya sea como clase de Historia, como elemento divulgativo o, incluso, como desahogo de un descontento ante los despropósitos del pasado y del presente, puede servir. Sin embargo, como muestra del Séptimo Arte y como apuesta para el entretenimiento del público, flaquea más.

John Ridley, ganador de un Oscar por el guion adaptado de “12 años de esclavitud”, se sitúa detrás de la cámara. Tras una extensa carrera como escritor para series televisivas (“El príncipe de Bel-Air”, “Turno de guardia”) y para la gran pantalla (“Giro al infierno” de Oliver Stone, “Tres reyes” de David O. Russell, “Ben-Hur” de Timur Bekmambetov), debuta ahora como cineasta y demuestra, al mismo tiempo, una corrección técnica y una falta de intensidad que se contrarrestan entre sí. Le falta carga de profundidad en el desarrollo de los personajes y mayor credibilidad en la forma de contar una historia basada en hechos reales, pero cuyo permanente barniz didáctico y aleccionador le resta verosimilitud.

Se trata de la biografía de Shirley Chisholm, quien en 1968 se convirtió en la primera mujer afroamericana elegida para el Congreso de los Estados Unidos, representando a uno de los distritos del Estado de Nueva York en la Cámara de Representantes. Durante siete mandatos (de 1969 a 1983) se mantuvo en el Poder Legislativo norteamericano.  Tras las elecciones de 1972, Chisholm se alzó como la primera candidata negra de uno de los principales partidos en aspirar a la presidencia de los EE.UU. Finalmente, el Partido Demócrata eligió a George McGovern, que terminó perdiendo frente a Richard Nixon. También fue la primera mujer de la Historia en postularse a la presidencia de la nación por la citada formación partidista.

La ambientación y la recreación de la época se plasman con corrección, al igual que numerosos aspectos  técnicos del largometraje. Juega a su favor el hecho de que la trama resulta interesante y, para los aficionados al género político, aborda no pocos temas relevantes. Aun así, el visionado completo se torna algo pesado por ese intento reiterado de insertar la moraleja. Su empeño en subrayar lo obvio se revela innecesario y, además, carece de superiores dosis de audacia y valentía a la hora de llevar a imágenes un buen relato como este. Porque realmente merece la pena conocer a Shirley Chisholm. Elegida para formar parte del National Women's Hall of Fame en 1982, el presidente Barack Obama le concedió en 2015 a título póstumo la Medalla Presidencial de la Libertad, considerada el más alto honor civil de los Estados Unidos. Uno de sus eslóganes era “Unbought and unbossed” (algo así como “ni se me compra ni se me ordena”).

Regina King protagoniza totalmente el film. Ganadora de una estatuilla como mejor actriz secundaria en 2019 por “El blues de Beale Street” y, asimismo, productora del presente proyecto, ha actuado en la pequeña pantalla (“24”, “American Crime”, “Watchmen”) y en títulos como “Ray”, “Enemigo público” o “Jerry Maguire”. Realiza una buena labor, destacando sobre sus compañeros de reparto, integrado por el ya fallecido Lance Reddick (“John Wick”, “Asalto al poder”), Terrence Howard (“Crash”, “Iron Man”, “Cuatro hermanos”) -nominado al Oscar como mejor actor principal por “Hustle & Flow”-, Lucas Hedges (“Manchester frente al mar”, “Lady Bird”, “Tres anuncios a las afueras”), Reina King (“Los fantasmas atacan al jefe”) o Ken Strunk (“Carol”). Desde el pasado 22 de marzo se exhibe a través de la plataforma “Netflix”, igualmente encargada de la producción.



viernes, 22 de marzo de 2024

AMERICAN FICTION



En el ámbito de la industria cinematográfica destinado a la comercialización y distribución de las cintas suceden a veces paradojas difíciles de explicar. En principio, existe la regla no escrita según la cual los largometrajes reiteradamente nominados a los grandes premios disfrutan de una salida comercial más sencilla, y llegan al público y a las salas de exhibición con mayor facilidad. Sin embargo, toda regla posee sus excepciones. “American Fiction” ganó el Oscar al mejor guion adaptado y recibió otras cuatro nominaciones (entre ellas, las de mejor película y actor principal). Optó también en los Globos de Oro al galardón a mejor película en la categoría de comedia o musical, y fue considerado por el American Film Institute como uno los diez mejores filmes de 2023. Y, pese a todo ello, no se ha estrenado en las salas de Canarias ni ha tenido distribución en el resto de España. Ha llegado directamente a las plataformas y actualmente se puede ver en Amazon Prime. Me gustaría poder explicar el porqué, pero lo desconozco. En todo este asunto hay algo que se me escapa.

“American Fiction” constituye una sátira incisiva sobre las hipocresías y debilidades de la sociedad moderna en general, y de la norteamericana en particular, aunque tampoco resulta muy difícil extrapolar su ironía y su crítica a otras. A través del humor y la sorna, pone el dedo en la llaga sobre numerosas miserias intelectuales y corrientes de opinión mayoritarias basadas en endebles premisas y modas populares. En ese sentido, se alza como una de las apuestas más interesantes que he visto en mucho tiempo. Su director y también guionista, Cord Jefferson, se estrena en la pantalla grande con este trabajo, dando lugar a uno de los debuts más celebrados de los últimos años. Apenas lo conocíamos como escritor de la serie televisiva “Watchmen” y, de repente, acaba de recibir una estatuilla de la Academia de Hollywood que le augura un futuro prometedor.

Un escritor negro, consagrado pero frustrado, imparte clases en un instituto de la Costa Oeste estadounidense. Tras varios roces con los alumnos y con sus compañeros docentes a cuenta de cómo debe enseñarse la literatura en las aulas, termina cogiendo unas vacaciones forzadas para visitar a su familia, con la que mantiene igualmente una relación distante. A todo ese caos se suma su peculiar guerra con el mundo editorial, pues considera que se promocionan novelas mediocres que luego derivan en éxitos de venta. En una especie de arrebato, termina por escribir él mismo un texto donde ridiculiza la figura de los negros en la sociedad americana, pretendiendo demostrar de ese modo lo ridículo de los estereotipos que triunfan en las esferas literaria y artística. Enviado a las editoriales bajo seudónimo, se convierte para su sorpresa en el libro del año y en el objeto de deseo de varios estudios de Hollywood. Y así, sin pretenderlo, se ve inmerso en esa maquinaria comercial que tanto detesta, mientras trata de recomponer su maltrecha vida personal y familiar.

Bien narrada e interpretada, “American Fiction” representa mi estilo favorito de comedia, la que consigue hacer reír aunque se construya sobre una base dramática sólida y recurra más al sarcasmo y a la ironía que al chiste fácil. Pese a que en algún tramo de la proyección el ritmo y la intensidad decaen ligeramente, el resultado final supera el notable, conformando una muy recomendable obra que logra divertir, entretener y reflexionar.

Desempeñando una solvente actuación, se sitúa al frente del reparto el meritorio actor Jeffrey Wright, a quien hemos visto en títulos tan interesantes como “Los idus de marzo”, “Siriana” o “Presunto inocente” (su primera aparición en cine). Ha participado asimismo en varias entregas de las sagas de James Bond o “Los juegos del hambre”. Le acompañan John Ortiz (“El lado bueno de las cosas”, “American Gangster”), Sterling K. Brown (“Waves”, “Black Panther”) y Erika Alexander (“Déjame salir”).