A
mi juicio, son numerosos los aspectos positivos a señalar en la última película
de Steven Spielberg. También cabe alguno negativo, pero prefiero comenzar esta
crítica resaltando el placer que me produjo revivir sensaciones de antaño
cuando acudía a las salas de proyección a ver sus largometrajes, cuya diversión
y entretenimiento me saciaban en aquella bendita década de los ochenta. Con “El
día de la revelación” parece concluir una trilogía no oficial, tras “Encuentros
en la tercera fase” y “E.T. El extraterrestre” y con un cierto aroma a la
famosa serie televisiva “Expediente X”, otra de las ofertas que me atraparon en
mi juventud.
El
sello del cineasta, del que sobran las presentaciones, se reconoce completamente.
Por todos conocido, yo lo asocio a mi propio crecimiento vital, pues su obra me
ha acompañado desde la infancia hasta el día de hoy. La utilización de la luz
en las imágenes, el movimiento de la cámara, el ritmo ágil (entre divertido e
intenso) y, sobre todo, el aire infantil, bienintencionado, jovial y distendido
que impregna, sobre todo, sus obras iniciales, me ha devuelto a otra época. Y
he disfrutado de nuevo con ese divertimento aventurero, imaginativo y un punto
iluso con el que asocio a aquellos tiempos. La fotografía de Janusz Kaminski y la
música de John Williams (que escucho de fondo mientras escribo estas líneas)
también contribuyen a dejarse llevar por esta iniciativa que aborda temas
relevantes, aunque por medio de un estilo desenfadado y excitante que convierte
en livianas las dos horas y media de proyección.
Como
apunte tal vez un tanto desfavorable, se evidencian en el guion diversos
recursos forzados y hasta pueriles que, cuando menos, chocan. El modo en el que
los “buenos” escapan de los “malos” tras persecuciones y encerronas
espectaculares se me antoja, en ocasiones, ridículo. Incluso la sorprendente
transición de algún protagonista, caracterizado al inicio como villano, hacia
el lado del bien, se torna demasiado utópica. Quizás ahí radique la parte más
infantil de la propuesta y lo que puede afear su resultado final.
Aun
así, Steven Spielberg, que cumplirá ochenta años en este 2026, sigue
desarrollando su manera de cine a través de ese toque ingenuo con el que rodó “E.T.
El Extraterrestre”, donde el espíritu candoroso encajaba como un guante,
permitiendo conectarnos a todos con ese niño interior que llevamos dentro.
Abundando en tal idea, el personaje encarnado por una monja le dice a una de las
protagonistas, que fue novicia y se salió del convento: “El problema no es que
perdieses la fe en Dios, es que perdiste la fe en la humanidad”. Se nota que Spielberg
no ha perdido la fe en la humanidad. Personalmente, me gustaría ser como él en
muchas cosas. También en esta.
El
empleado de una corporación que trabaja para el Gobierno de los Estados Unidos
ocultando la existencia de vida extraterrestre, decide fugarse con las pruebas
para sacarlas a la luz. Los máximos responsables de esa conspiración le persiguen
para evitarlo. Mientras tanto, la presentadora del tiempo de una cadena
televisiva comienza a experimentar una serie de poderes y capacidades que no
logra entender. Sin saberlo, el ex trabajador y la periodista acabarán
conectados en la aventura, decididos a comunicar la verdad.
Para
disfrutar de la proyección se requiere, como mínimo, interés por la ciencia
ficción y afición por los universos alienígenas. En la ya mencionada “Expediente X”, el agente
del F.B.I. Fox Mulder tenía en su despacho un cartel con la imagen de un ovni y
la frase “I Want to Believe” (Quiero creer). De lo contrario, la obra resulte
incluso pesada. Si no, el regocijo queda garantizado.
Integran
el reparto Emily Blunt (“Oppenheimer”, “El diablo viste de Prada”, “Destino
oculto”), Colin Firth (“El discurso del rey”, “Un hombre soltero”, “El diario
de Bridget Jones”), Colman Domingo (“Las vidas de Sing Sing”, “Selma”) y Josh
O'Connor (“Rivales”).