Se
ha estrenado en la plataforma Netflix “Criaturas luminosas”, adaptación
cinematográfica de la novela homónima y, desde el primer minuto, ya presagiaba
que iba a tratarse de un melodrama tierno y bienintencionado. Dicho así, no debería
sonar peyorativo en absoluto. Sin embargo, la línea que le acerca a la cursilería
y al empalago queda tan próxima que casi la cruza en cada escena, dando lugar a
un estilo que aletarga y, a ratos, aburre. Todo resulta suave, liviano y benévolo,
incluso cuando se pretende transmitir tristeza o amargura, provocando una
sensación uniforme, ya sea en una secuencia romántica, entrañable, triste o
melancólica.
Su
directora, Olivia Newman, me agradó con su anterior largometraje, “La chica
salvaje”, otra adaptación literaria con bastante más enjundia y contenido. En
este nuevo trabajo se deja llevar por unos personajes previsibles y planos,
pero, sobre todo, por una dinámica muy blanda en la forma y en el fondo que, aunque
le permite avanzar en la trama, nunca logra que despegue realmente y que
ofrezca nada interesante.
Una
viuda anciana entabla una insólita amistad con un pulpo gigante que vive en el
acuario donde ella trabaja. Poco a poco, comienza también a relacionarse y a
ayudar a un nuevo empleado, joven y desorientado. Sus vidas parecen atascadas,
pero, contra todo pronóstico, será el animal el que termine convirtiéndose en
el elemento que las cambiará para siempre.
Esta
especie de versión octópoda de “Liberad a Willy” contiene todos los elementos
del más tópico telefilme de sobremesa, apto para hacer la digestión entre
cabezada y cabezada entre planos tiernos y sentimentales. Se digiere fácil,
pero no deja una especial huella. Si le añadiéramos nieve, adornos y luces de
colores, podría asimilarse perfectamente a uno de esos títulos navideños que
inundan las televisiones en época invernal.
No
cabe duda de que contará con su público, pero, en mi opinión, representa una
propuesta excesivamente almidonada y de escaso ritmo. Desde
la música hasta la fotografía, pasando por los perfiles y los diálogos, la
ternura rezuma de tal manera que no es creíble ni interesante.
Sin
embargo, destaca el elenco de actores encabezado por Sally Field, veterana
actriz de Hollywood ganadora de dos Oscars por sus actuaciones en “Norma Rae” y
“En un lugar del corazón”. Ha participado asimismo en destacadas cintas como
“Ausencia de malicia”, “Magnolias de acero”, “Forrest Gump” o “Lincoln”. Nominada
once veces a los Globos de Oro y con dos de ellos en su haber, encarna a uno de
los rostros más amables del cine de las cinco últimas décadas. Sostiene el peso
de la acción y compone un papel absolutamente bondadoso.
Otras
figuras afamadas y de experimentadas trayectorias son el todo terreno Colm
Meaney (uno de los secundarios más prolíficos del Séptimo Arte, visto en “Dublineses”,
“Dick Tracy”, “La jungla 2”, “The Commitments”, “Un horizonte muy lejano”, “El
último mohicano”, “Alerta máxima” o “El inglés que subió una colina, pero bajó
una montaña”) y Kathy Baker, poco conocida por su nombre, pero que ha
intervenido en numerosos largometrajes como “Elegidos para la gloria”, “Eduardo
Manostijeras”, “Jennifer 8”, “Las normas de la casa de la sidra”, “Cold
Mountain” o “El secreto de Adeline”, entre otros.
Entre
los más jóvenes se encuentran Lewis Pullman (“Top Gun: Maverick”, “Malos
tiempos en El Royale”) y Sofia Black-D'Elia (“Ben-Hur”, versión de 2016).