viernes, 17 de abril de 2026

INCONTROLABLE (I Swear)



En la última edición de los premios BAFTA, otorgados por la Academia de Cine Británico, “Incontrolable” (cuyo título original es “I Swear”) se alzó con dos galardones: mejor actor protagonista y mejor casting. Comencé a verla sabiendo que se basa en una historia real y que su trama se centra en un personaje que sufre el denominado Síndrome de Tourette, trastorno neurológico caracterizado por movimientos repetitivos y sonidos indeseados que no se pueden controlar. Por ello, los afectados generan tics involuntarios y emiten ruidos o palabras ofensivas sin control alguno. De entrada, este tipo de producciones me causan cierto reparo, pues se exponen a caer en una sensiblería empalagosa –incluso, manipuladora- o en una dramatización que supere la propia capacidad del espectador. No obstante, la película transita con soltura y hasta encanto por esta tragedia personal.

No parece adecuado tildar de comedia a este largometraje, si bien los recursos humorísticos y cómicos funcionan como un motor más de la narración. De hecho, en algunos momentos conmueve de un modo espontáneo, provocando una sensación placentera que constituye, a mi juicio, el principal mérito del film. Más allá de la posible labor divulgativa sobre esta enfermedad (que no todo el mundo considera como tal) y de la peligrosa deriva dramática sobre la que estos relatos tienden a deambular, la proyección mantiene unos niveles de ritmo y emoción sostenida que agradan.

Se trata de una propuesta acerca de los buenos sentimientos y del esfuerzo por superar las adversidades que, afortunadamente, no subraya con insistencia ninguna moraleja ni pretende manipular al público para llevarlo a su terreno. Refleja, además, ese regusto clásico que responde en gran medida a las señas de identidad del cine británico.

Kirk Jones asume la dirección y la elaboración del guión. Debutó como cineasta en 1998 con la comedia un tanto extravagante “Despertando a Ned”, para posteriormente rodar “La niñera mágica” (2005), “Todos están bien” (2008) y la segunda parte de “Mi gran boda griega” (2016). Con “Incontrolable” firma su mejor obra.

Cuenta la vida de John Davidson, una existencia marcada por el rechazo, la lucha y el afán de superación. Diagnosticado con el Síndrome de Tourette a los 15 años, sufrió el estigma y el repudio de sus compañeros, que lo tachaban de loco por culpa de un trastorno poco conocido en aquellos tiempos. Ya de adulto, transformó su sufrimiento en batalla para cambiar la percepción sobre las víctimas como él, dedicándose a visibilizar su padecimiento y a concienciar al resto de la sociedad.

Con una duración cercana a las dos horas, la cinta no resulta larga y, sobre todo, contagia optimismo, vitalidad y humanidad. Lástima que, al salir de la sala, esas emociones se evaporen al contemplar en los informativos la penosa deriva de nuestro planeta.  

El joven actor Robert Aramayo, protagonista absoluto, y responsable gracias a su magnífica interpretación de sostener este complejo trabajo, ha recibido, además del citado BAFTA, los reconocimientos del British Independent Film Awards y del London Critics Circle Film Awards. Le acompañan Maxine Peake (“La teoría del todo”) y Shirley Henderson (“Un gran día para ellas”).




miércoles, 15 de abril de 2026

FESTIVAL DE CINE DE CANNES 2026


El Festival de Cannes se celebrará del 12 al 23 de mayo de 2026. Las películas que competirán en su Sección Oficial son las siguientes:

  • Minotaur, de Andrey Zvyagintsev
  • El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen
  • The Man I Love, de Ira Sachs
  • Fatherland (1949), de Pawel Pawlikowski
  • Moulin, de Laszlo Nemes
  • Fjord, de Cristian Mungiu
  • Histoire de la nuit, de Léa Mysius
  • Notre salut, de Emmanuel Marre
  • Gentle Monster, de Marie Kreutzer
  • Hope, de Na Hong-Jin
  • The Unknown, Arthur Harari
  • Sudden, de Ryusuke Hamaguchi
  • Sheep in the Box, de Irokazu Kore-eda
  • Coward, de Lukas Dhont
  • Garance, de Jeanne Herry
  • Nagi Notes, de Hiroshi Fukada
  • La bola negra, de Los Javis
  • The Dreamed Adventure, de Valeska Grisebach
  • A Woman’s Life, de Charline Bourgeois-Taquet
  • Parallel Tales, de Asghar Farhadi
  • Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar


viernes, 10 de abril de 2026

LA GRAZIA


Paolo Sorrentino es un director y guionista italiano con estilo propio. A día de hoy, probablemente sea el cineasta más relevante de Italia. Su cinta “La gran belleza” ganó el Oscar y el BAFTA a la mejor película de habla no inglesa y también ha cosechado premios en los Festivales de Cine de Cannes y Venecia. En su filmografía, además del ya citado, se hallan títulos como “La juventud” (2015), “Silvio (y los otros)” (2018) o, más recientemente, “Parthenope” (2024). Este napolitano ha dotado a sus trabajos de un sello muy característico, centrado sobre todo en las reflexiones sobre el paso del tiempo y la melancolía, con historias que mezclan delicadeza y profundidad con cierto toque de cinismo y descaro. Tal vez su mayor cualidad estribe en hablar de temas cotidianos y relevantes con una visión totalmente personal y una estética altamente cuidada. Desde el punto de vista visual resulta atrayente y, por lo que se refiere al aspecto narrativo, interesante. Con independencia de que algunos de sus filmes gusten más que otros, sus propuestas siempre se revisten de elegancia y se construyen sobre ideas firmes. En definitiva, disfrutar de sus obras equivale a adentrarse en un museo donde el visitante se va a sentir sin duda interpelado.

Ahora presenta “La grazia” (estrenada con su título original), que obtuvo varios galardones en la última Mostra veneciana, junto a dos nominaciones a los Premios del Cine Europeo (actor y guion). Se trata de un largometraje político, pero más optimista de lo que el panorama real depara a través de los líderes mundiales y de esa denominada “geopolítica” que nos deprimen a diario en los informativos. La narrativa continúa presidida por el refinamiento y por ese particular sentido del humor que engancha. A ratos poética y a ratos intensa, supone una oferta sumamente interesante.

Mariano De Santis, presidente ficticio de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y católico que, de repente, comienza a dudar sobre la adopción de determinadas decisiones, en especial sobre vetar o no una ley de eutanasia que le genera un profundo dilema moral.

Pese a sus casi dos horas y cuarto de duración, “La grazia” no se percibe como larga y logra mantener un ritmo adecuado durante todo el metraje. Se experimenta con claridad la exquisitez en los planos, la distinción en la puesta en escena, la sensibilidad en los temas tratados y una pizca de sorna que inevitablemente mueve a la reflexión. Se trata de una de las grandes obras de Sorrentino, al punto de que, si mantiene esta línea, habrá que esperar con ansiedad su siguiente trabajo. El nombre define a la perfección el estado del realizador, de gracia, y perpetúa su habilidad para aderezar cada encuadre de cámara con una imagen hermosa y, casi cada diálogo, con un detalle certero. No he visto “Father Mother Sister Brother”, de Jim Jarmusch (ganadora del reciente León de Oro) pero, si superó a la propuesta de Sorrentino, me afanaré por visionarla.

Sea como fuere, y más allá de sus aciertos cinematográficos, “La grazia” constituye una llamada de atención sobre la inmensa distancia que existe entre la gobernanza y la realidad. Acostumbrado a la mezquindad, la mediocridad y el histrionismo que reflejan la mayoría de los medios de comunicación, esta mirada me reconforta y alecciona acerca de los problemas y las responsabilidades asociados a la utilización y al ejercicio del poder. 

Se sitúa al frente del reparto el actor Toni Servillo, habitual en el cine de Paolo Sorrentino (“Las consecuencias del amor”, “La gran belleza”, “Fue la mano de Dios”, “Silvio (y los otros)”. Ha actuado igualmente en “Gomorra” o “Una vida tranquila”. Desempeña aquí una labor solvente sobre la que se sostiene el grueso de la acción.