El
género de comedia resulta muy complicado y, para llevarlo a cabo con acierto,
debe tomarse sumamente en serio. Decía Charles Chaplin que hacer reír requiere
la misma (o superior) precisión, técnica y disciplina que el drama. Si a ello
se añade el hecho de que cada persona posee su peculiar sentido del humor,
adentrarse en la aventura de rodar una película cómica requiere de una gran
habilidad. Se acaba de estrenar en la plataforma “Apple Tv” la cinta “Dink”,
que pretende ofrecer un entretenimiento ligero valiéndose de una comicidad
amable. Logra transitar por espacios en los que provoca la sonrisa, aunque, al
menos en mi caso, no llega a alcanzar la carcajada. Su reducido metraje de
apenas hora y media ayuda a que la atención del espectador se mantenga sin
dificultad, si bien, en el fondo, la sensación final se limita a haber pasado
un rato tan grato como insustancial.
Dirige
Josh Greenbaum, quien hasta la fecha se había centrado con cierto éxito en la
televisión y los documentales. De hecho, en 2025 recibió una nominación al
BAFTA al mejor documental, y su trabajo más elogiado es, probablemente, “Becoming
Bond”, otro documental con algunas partes dramatizadas sobre la sorprendente
historia de George Lazenby, actor que obtuvo el papel de James Bond contra todo
pronóstico. Greenbaum no tampoco desenvuelve mal en el marco de la estricta
ficción, pese a manifestar algunas carencias, y firma una obra afable que puede
servir como pasatiempo en esta época estival.
Un
antiguo tenista de renombre se ve obligado a entrenar a niños malcriados en el
club de campo de su padre. Desesperado por ganarse la aprobación de su progenitor,
apoya ciegamente la campaña de éste contra el nuevo deporte de moda: el
pickleball. Pero, cuando reaparece una vieja lesión que le impide jugar al
tenis, recurre a lo impensable para recuperarse y no sólo prueba el pickleball
sino que, gracias al encanto de una nueva compañera, descubre que le gusta. Situado
de lleno entre ambos bandos irreconciliables, se enfrenta finalmente a los
fantasmas de sus fracasos deportivos de antaño, incluido su enemigo de la
infancia, Andy Roddick.
La
notable labor de los actores, unida al toque simpático y benévolo de la
narración, se alían para que el largometraje cumpla (sin alardes, pero cumpla)
el propósito del entretenimiento visual. Ciertamente, el Séptimo Arte atesora
films destacadísimos sobre el mundo del deporte entre los que no se halla “Dink”,
pero sí constituye una opción válida si se visiona al margen de expectativas y
con la mera intención de pasar unos momentos amenos y agradables.
En
la comedia americana se torna relativamente frecuente la intervención de
personajes famosos interpretándose a sí mismos. En esta ocasión, los
tenistas Andy Roddick y John McEnroe
aparecen en las imágenes, contribuyendo a la comicidad y a la conexión con el
público.
Protagoniza
la cinta Jake Johnson, fogueado en el medio televisivo y visto asimismo como
secundario en la gran pantalla (“Sin compromiso”, con Natalie Portman y Ashton
Kutcher; “Jurassic World”, junto a Chris Pratt y Bryce Dallas Howard).
Desarrolla su actuación con corrección y efectividad suficientes.
Le
dan la réplica en un segundo plano los conocidos Ed Harris (cuatro veces
candidato a la estatuilla dorada de Hollywood por “Las horas”, “Pollock”, “El
show de Truman” y “Apollo 13”), Mary Steenburgen (ganadora de dicho premio en
1982 por “Melvin and Howard” y presente en los repartos de “Philadelphia” o
“Criadas y señoras”) y Ben Stiller (“Reality Bites”, “La vida secreta de Walter
Mitty”).
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