Christopher
Nolan se ha convertido en el cineasta moderno más influyente de este siglo. Más
allá de su excelente capacidad narrativa, su meticulosidad técnica y su
habilidad para sorprender visualmente y provocar un torbellino de sensaciones
en los espectadores, el repaso a su filmografía es, posiblemente, el mejor manual
de aprendizaje para quienes deseen adentrarse en el universo de la
cinematografía. Virtuoso y versátil, se interna en el género de acción, en la
ciencia ficción, en el drama o en la fantasía con naturalidad y, sobre todo,
con eficacia. Tan pronto aborda la biografía de un físico célebre como se
impulsa hacia el espacio sideral. Oscar al mejor director por la impecable “Oppenheimer”
y responsable de dos joyas como “Interstellar” y “Origen”, así como de la más
destacada trilogía sobre un superhéroe jamás filmada (la de Batman), incluso sus
obras menos populares (“Memento”, “El truco final”) presentan unos
sorprendentes niveles de entretenimiento, originalidad y calidad.
Ahora
ha decidido recrear el clásico de Homero “La Odisea”. A título personal, la
mitología griega no me atrae en exceso, de modo que observo con bastante
distancia sus monstruos, deidades y alegorías. En consecuencia, me asombra la
exquisitez técnica de una considerable parte del metraje, pero no me basta para
involucrarme en esa trama dominada por las leyendas y las fábulas mágicas. Sin embargo, sí reconozco que representa a la
perfección la vanidad, la estupidez y la mediocridad de los seres humanos, a
quienes acompañan unos dioses caprichosos, arbitrarios e incomprensibles.
No
obstante, y a medida que avanza la proyección, las piezas encajan y se percibe
de manera óptima la ingente cantidad de metáforas y lecciones vitales vigentes
en pleno siglo XXI, y se concluye que aquellos poemas cantados en el siglo VIII
antes de Cristo servían también entonces para evidenciar la mezquindad humana y
la incoherencia divina. Pasan los siglos, pero las esencias no cambian, de tal
manera que la cinta, trascendiendo a sus logros artísticos, es de visión
obligada en atención a sus clases prácticas de humanismo. Su última frase
resulta, en ese sentido, lapidaria: la civilización decae, pero olvidamos
nuestros errores.
Tras
la guerra de Troya, el legendario Odiseo emprende el largo y peligroso regreso
a su hogar en Ítaca, donde su esposa Penélope y su hijo Telémaco lo esperan
desde hace mucho tiempo mientras protegen su reino de los numerosos
pretendientes que acechan el trono. Ese camino de vuelta se convertirá en una
epopeya legendaria en la que deberá enfrentarse a dioses hostiles y criaturas
mitológicas que pondrán a prueba, no sólo su ingenio y valentía, sino también
su propia humanidad.
Con
una fotografía imponente y una dirección artística portentosa, la narración
aguanta con firmeza sus casi tres horas de duración. Se nota la devoción y la
implicación personal de Nolan por esta historia, transformada en un proyecto
complejo y valiente que resiste a base de brillantez y competencia. Sin
alcanzar la cima de mis largometrajes favoritos del realizador, acrecienta su
mito y ese sello intransferible que le hace formar parte del olimpo de
cineastas que han marcado y siguen marcando la historia del Séptimo Arte. Posee
varias secuencias que pasarán a la historia del cine.
Encabeza
el majestuoso equipo actoral Matt Damon (protagonista de la saga “Bourne” y con
excelentes interpretaciones en “El talento de Mr. Ripley”, “Ford v Ferrari”,
“El indomable Will Hunting” o “Más allá de la vida”), acompañado por Anne
Hathaway (“Los miserables”, “El diablo viste de Prada”), Charlize Theron (“Las
normas de la casa de la sidra”, “Monster”), Zendaya (“Dune Parte 2”, “The
Drama”), Robert Pattinson (“Crepúsculo”, “La ciudad perdida de Z”), Tom Holland
(“Lo imposible”, “Spiderman”), John Leguizamo (“Moulin Rouge”, “Atrapado por su
pasado”), Mia Goth (“Frankenstein” de Guillermo del Toro), Lupita Nyong'o (“12
años de esclavitud”, “Black Panther”) y Samantha Morton (“Minority Report”, “Elizabeth:
la edad de oro”). Todos ellos realizan su labor con corrección, si bien
desearía destacar la inolvidable actuación de Damon y la forma en la que
Zendaya logra cautivar sobremanera a través de la pantalla en cada uno de sus
planos.
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