En
1984, en plena efervescencia del éxito del “Superman” de Christopher Reeve
(para entonces ya se habían estrenado tres entregas de las aventuras del
célebre superhéroe), llegó a las pantallas “Supergirl”, interpretada por Helen
Slater. El resultado no respondió al previsto por sus productores, las críticas
fueron malas (o muy malas) y la recaudación en taquilla tampoco pudo maquillar dichas
impresiones, por mucho que entre los secundarios se encontraran rostros tan
populares y de indiscutible nivel como Faye Dunaway, Mia Farrow o Peter O'Toole.
A cuarenta y dos años vista, la apuesta se repite de la mano del reciente
“Superman” dirigido por James Gunn en 2025, y donde esta versión femenina de la
heroína aparece fugazmente.
Se
trata ahora de una cinta más eficaz y elaborada que su antecesora, aunque sin
llegar a despuntar en ningún momento. Refleja diversos aspectos en su
contra. De hecho, yo comencé a verla con
cierta resistencia, pues estoy muy saturado de propuestas a menudo cansinas y
reiterativas. Tal vez el problema se localicé en mí, pero en todo caso no puedo
dejar de mencionarlo.
De
otra parte, sus principales virtudes (además de la intérprete escogida, a la
que me referiré al final de esta crítica) se centran en distracciones y envoltorios
fastuosos que ocultan sus palpables carencias narrativas y de guion: un
despliegue de canciones potentes, luces de colores y desparpajo visual que no
se acompasan con una trama ni interesante ni atrayente.
El
realizador Craig Gillespie, quien llamó mi atención en “Yo, Tonya” (por cuya
actuación Margot Robbie recibió su primera nominación al Oscar), ha derivado
hacia una senda de personajes imaginarios que, a mi juicio, le ha hecho
retroceder. Dirigió “Cruella”, con Emma Stone encarnando a la malvada de Vil, y
a continuación se ha decantado por esta “Supergirl” si bien, en mi opinión, su
vertiente profesional mejora cuando se enfrenta a figuras reales.
Más
allá de cierto estilo llamativo en cuanto a la puesta en escena (desde el
vestuario a los efectos especiales), el film no supone una propuesta rigurosa
ni solvente, pese a que han dado la vuelta al personaje dotándolo de un oscuro
pasado que configura un presente más complejo. Lástima que ni la historia ni
sus compañeros de aventuras la acompañen adecuadamente.
Kara,
prima de Superman, se ha fortalecido con el transcurso del tiempo y debido
también a la caída de Krypton. Mientras viaja por diferentes lugares conoce a
Ruthye, una joven que busca venganza a causa del asesinato de su padre. Las dos
juntas inician una persecución contra un criminal enormemente peligroso,
durante la que se enfrentarán a una serie de peligros y de criaturas que
pueblan el lado más oscuro del universo. Kara deberá decidir si emplea su
fuerza para destruir o para proteger.
Desconozco
el futuro de este nuevo “spin off” de Superman ya que, en atención a su
rentabilidad económica, quizá dé lugar a un reguero de proyectos similares. Pero, si ya me parece un milagro que su metraje
alcance una duración de hora y tres cuartos, prefiero no imaginarme idéntica
situación en otros dos o tres largometrajes.
Milly
Alcock, la actriz que da vida a “Supergirl”, posee un físico distinto que le
proporciona cierto carisma en pantalla. Al igual que gran parte de los
espectadores, la conocí gracias a la serie “La casa del dragón”, como Rhaenyra
Targaryen en su época infantil (su principal trabajo a raíz de la repercusión
de la precuela de “Juego de tronos”). Lleva a cabo su labor con solvencia e intuyo
en ella capacidad artística para abordar otros retos que trasciendan a esta
heroína, por lo que convendrá seguirle la pista profesional.
Completan
el elenco David Corenswet (que repite como “Superman”), Eve Ridley (“The
Witcher”), Matthias Schoenaerts (“La chica danesa”, “De óxido y hueso”), Ferdinand
Kingsley (“Mank”) y Jason Momoa (“Aquaman”, “Dune: parte dos”).
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