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viernes, 24 de julio de 2026

LA ODISEA (The Odyssey)



Christopher Nolan se ha convertido en el cineasta moderno más influyente de este siglo. Más allá de su excelente capacidad narrativa, su meticulosidad técnica y su habilidad para sorprender visualmente y provocar un torbellino de sensaciones en los espectadores, el repaso a su filmografía es, posiblemente, el mejor manual de aprendizaje para quienes deseen adentrarse en el universo de la cinematografía. Virtuoso y versátil, se interna en el género de acción, en la ciencia ficción, en el drama o en la fantasía con naturalidad y, sobre todo, con eficacia. Tan pronto aborda la biografía de un físico célebre como se impulsa hacia el espacio sideral. Oscar al mejor director por la impecable “Oppenheimer” y responsable de dos joyas como “Interstellar” y “Origen”, así como de la más destacada trilogía sobre un superhéroe jamás filmada (la de Batman), incluso sus obras menos populares (“Memento”, “El truco final”) presentan unos sorprendentes niveles de entretenimiento, originalidad y calidad.

Ahora ha decidido recrear el clásico de Homero “La Odisea”. A título personal, la mitología griega no me atrae en exceso, de modo que observo con bastante distancia sus monstruos, deidades y alegorías. En consecuencia, me asombra la exquisitez técnica de una considerable parte del metraje, pero no me basta para involucrarme en esa trama dominada por las leyendas y las fábulas mágicas.  Sin embargo, sí reconozco que representa a la perfección la vanidad, la estupidez y la mediocridad de los seres humanos, a quienes acompañan unos dioses caprichosos, arbitrarios e incomprensibles.

No obstante, y a medida que avanza la proyección, las piezas encajan y se percibe de manera óptima la ingente cantidad de metáforas y lecciones vitales vigentes en pleno siglo XXI, y se concluye que aquellos poemas cantados en el siglo VIII antes de Cristo servían también entonces para evidenciar la mezquindad humana y la incoherencia divina. Pasan los siglos, pero las esencias no cambian, de tal manera que la cinta, trascendiendo a sus logros artísticos, es de visión obligada en atención a sus clases prácticas de humanismo. Su última frase resulta, en ese sentido, lapidaria: la civilización decae, pero olvidamos nuestros errores.

Tras la guerra de Troya, el legendario Odiseo emprende el largo y peligroso regreso a su hogar en Ítaca, donde su esposa Penélope y su hijo Telémaco lo esperan desde hace mucho tiempo mientras protegen su reino de los numerosos pretendientes que acechan el trono. Ese camino de vuelta se convertirá en una epopeya legendaria en la que deberá enfrentarse a dioses hostiles y criaturas mitológicas que pondrán a prueba, no sólo su ingenio y valentía, sino también su propia humanidad.

Con una fotografía imponente y una dirección artística portentosa, la narración aguanta con firmeza sus casi tres horas de duración. Se nota la devoción y la implicación personal de Nolan por esta historia, transformada en un proyecto complejo y valiente que resiste a base de brillantez y competencia. Sin alcanzar la cima de mis largometrajes favoritos del realizador, acrecienta su mito y ese sello intransferible que le hace formar parte del olimpo de cineastas que han marcado y siguen marcando la historia del Séptimo Arte. Posee varias secuencias que pasarán a la historia del cine.

Encabeza el majestuoso equipo actoral Matt Damon (protagonista de la saga “Bourne” y con excelentes interpretaciones en “El talento de Mr. Ripley”, “Ford v Ferrari”, “El indomable Will Hunting” o “Más allá de la vida”), acompañado por Anne Hathaway (“Los miserables”, “El diablo viste de Prada”), Charlize Theron (“Las normas de la casa de la sidra”, “Monster”), Zendaya (“Dune Parte 2”, “The Drama”), Robert Pattinson (“Crepúsculo”, “La ciudad perdida de Z”), Tom Holland (“Lo imposible”, “Spiderman”), John Leguizamo (“Moulin Rouge”, “Atrapado por su pasado”), Mia Goth (“Frankenstein” de Guillermo del Toro), Lupita Nyong'o (“12 años de esclavitud”, “Black Panther”) y Samantha Morton (“Minority Report”, “Elizabeth: la edad de oro”). Todos ellos realizan su labor con corrección, si bien desearía destacar la inolvidable actuación de Damon y la forma en la que Zendaya logra cautivar sobremanera a través de la pantalla en cada uno de sus planos.




miércoles, 15 de julio de 2026

PREESTRENO DE "LA ODISEA" (The Odyssey)



El estreno oficial en cines de "La Odisea" -la nueva película de Christopher Nolan- tendrá lugar el  próximo 17 de julio, aunque algunas salas ya han llevado a cabo un preestreno especial en formato IMAX. 

"La Odisea" (The Odyssey) es una cinta épica de acción británica-estadounidense, escrita, dirigida y producida por Nolan, que se basa en el poema griego homónimo de Homero y en la que el actor Matt Damon da vida a Odiseo, el rey griego de Ítaca. 

El film narra su largo y peligroso viaje de regreso a casa después de la Guerra de Troya, así como sus encuentros con seres míticos mientras intenta reunirse con su esposa, Penélope, interpretada por Anne Hathaway. 

El reparto coral incluye a Tom Holland, Robert Pattinson, Lupita Nyong'o, Samantha Morton, Zendaya y Charlize Theron, entre otros. 

Nolan y su esposa, Emma Thomas, asumen también la producción a través de su compañía Syncopy Inc.


Entrevista con Christopher Nolan


Entrevista con Matt Damon


Premier 



viernes, 5 de junio de 2026

THE DRAMA



“The Drama” (estrenada en España con su título original) me ha sorprendido, lo que ya es mucho más de lo que me suele suceder con la inmensa mayoría de las películas que veo. Incluso en buena parte de su metraje, tal sorpresa me resultó agradable. Hasta en sus momentos menos atrayentes, me convenció el tono general de descaro y originalidad. Desde luego constituye una propuesta diferente, todo un logro en estos tiempos de evidente reiteración, y su trama demuestra un atrevimiento que el director aprovecha para adentrarse en zonas incómodas y proponer alternativas interesantes.

Se trata del realizador y guionista noruego Kristoffer Borgli, de quien carecía de referencias hasta la fecha, pero que, sin duda, ha arriesgado con este trabajo al redefinir el modelo clásico de comedia romántica para darle la vuelta completamente.

El largometraje se construye sobre la base de un par de figuras emergentes, muy exitosas entre el público juvenil, pero, a la par, se percibe un empeño de provocación valiéndose de una pizca de inteligencia y un gran cinismo, lo que termina por descolocar al espectador.

He de confesar que no se insertará en mi listado de cintas preferidas, ni tampoco la revisaré una y otra vez, como hago con las obras maestras o las que, sencillamente, me tocan el corazón. Pero, aun así, valoro sus méritos y la labor de sus intérpretes.  

A pocos días de su boda, una joven pareja debe enfrentarse a una crisis inesperada, cuando algunos secretos ocultos salen a la luz. Lo que parecía un amor inquebrantable se tambalea, al descubrir que no se conocen tanto como creían. Mientras lidian con dudas, miedos y revelaciones que amenazan con separarlos, tendrán que decidir si su amor alberga la fuerza suficiente como para resistir a la verdad o si su historia sentimental acabará antes de iniciarse. A caballo entre la incertidumbre y la esperanza, cada elección personal podría cambiarlo todo.

A cargo de la productora “A24” y con un presupuesto de unos veintiocho millones de dólares, lleva recaudados más de ciento veinte a nivel mundial. Todavía mantiene el cartel de “productora independiente” y, a decir verdad, se expone y se compromete con un tipo de cine que, sea o no comercial, marca diferencias. “Midsommar”, de Ari Aster; “Enemy”, de Denis Villeneuve; “The Witch”, de Robert Eggers; “The Florida Project”, de Sean Baker; “Minari”, de Lee Isaac Chung; “Moonlight”, de Barry Jenkins; “El año más violento”, de J.C. Chandor; “Ex Machina”, de Alex Garland; “Past Lives”, de Celine Song o “Lady Bird”, de Greta Gerwig ejemplifican las apuestas de “A24” y, con independencia de que otros de sus proyectos me horroricen, se trata de una compañía a la que agradezco su tendencia de ir a contracorriente. El grueso del film reposa sobre los hombros de sus dos protagonistas: Zendaya y Robert Pattinson. Ella, ya una estrella antes de verla yo por vez primera en “El gran Showman”, me llamó realmente la atención en “Malcolm & Marie”. Ha encarnado a la novia de Spiderman e intervenido en la saga “Dune”, de Denis Villeneuve. Habiendo triunfado asimismo en la serie televisiva “Euphoria”, la considero una actriz notable que, de conducir su carrera profesional con acierto, llegará lejos.

Él, por su parte, debutó con “Harry Potter”, aunque obtuvo su mayor éxito gracias a la saga “Crepúsculo”. Ha participado en “La ciudad perdida de Z”, de James Gray; “Tenet”, de Christopher Nolan y “The Batman”, de Matt Reeves. Pese a contar con menor desparpajo y soltura que su compañera de reparto, resiste a su empuje. Les acompañan en papeles secundarios Alana Haim (“Licorice Pizza” y “Una batalla tras otra”, ambas de Paul Thomas Anderson) y Mamoudou Athie (“Jurassic World: Dominion”).




viernes, 21 de noviembre de 2025

DIE MY LOVE



El mundo de las artes es mágico e inexplicable. Las razones por las que una canción, un libro, una película, un cuadro o una escultura llegan a lo más profundo de algunas personas y pasan desapercibidas para otras demuestran que no hay explicación posible. Se trata de la subjetividad en su máxima expresión. Tal cúmulo de sentimientos, experiencias y caracteres a menudo no encajan en el parámetro de unos argumentos motivados.  La industria del Séptimo Arte genera proyectos audiovisuales que agradan al público porque les entretienen, les divierten o les tocan esa fibra sensible, si bien no funcionan con todos los espectadores. En mi caso concreto, veo en no pocas ocasiones películas cuya pulcritud técnica, solvente producción y trabajadas interpretaciones valoro, pero, pese a ello, asisto a su visionado con distancia y sin implicación clara entre las obras y yo. Aun así, estoy convencido de que habrá quienes disfrutarán de esa singular y especial conexión, y que las considerarán redondas y plenas. 
Con “Die My Love” (enésimo ejemplo de cinta estrenada en España sin traducción en el título) viví una situación similar a la ya relatada en el párrafo anterior. Aprecio la implicación y el mérito de los actores, la corrección en los recursos y la buena mano narrativa, pero me falta todo lo demás. Probablemente no sea el film más adecuado para el divertimento, por lo que esa implicación misteriosa entre mis ojos y la proyección no se produjo. Y no digo que este hecho deba atribuirse ni a un defecto del largometraje ni a mi propia culpa. Tan sólo digo que no se produjo. En ningún momento me situé ante una historia pura, sino ante la transmisión de una determinada consigna que quería subrayarse e imponerse a toda costa, con la artificialidad y falta de credibilidad que esa apuesta conlleva. Que una trama se relate con espontaneidad, franqueza y verosimilitud y que, como consecuencia, dé lugar a una moraleja, nada tiene que ver con la percepción inicial de un guion escrito de forma trucada y un tanto forzada en torno al mensaje. En los tiempos que corren cuesta diferenciar lo creíble de lo no creíble. A veces, un capítulo de “Los Simpson” demuestra más rigor que la realidad que se nos traslada a través de los telediarios.  La actualidad parece impregnada de una capa de ridiculez incompatible con la autenticidad, pero así está el mundo. Sin embargo, al entrar en una sala de cine, uno es dueño absoluto de lo que está dispuesto a creer y lo que no. Y, por desgracia, lo que yo visioné en numerosos tramos del metraje no lo califico como creíble ni como natural.  
Una pareja joven y enamorada se muda de Nueva York a una casa heredada situada en el campo. Ella, con un nuevo bebé, intenta adaptarse a ese entorno aislado, tan diferente al bullicio de la gran ciudad. En el proceso, se desmorona y se recompone de manera algo errática hasta que, finalmente, se redescubre como un ser alejado de la debilidad y cargado de imaginación, fortaleza y una impresionante e indómita vitalidad.
Reconozco la originalidad de la propuesta, sin duda una gran virtud en el presente panorama cinematográfico, plagado de reiteraciones y repeticiones. Detrás de la cámara se sitúa Lynne Ramsay, extraña cineasta responsable de las complejas “Tenemos que hablar de Kevin” y “En realidad, nunca estuviste aquí”. 
Encarnan a la pareja protagonista Jennifer Lawrence (ganadora del Oscar por “El lado bueno de las cosas” y con excelentes interpretaciones en “Joy”, “La gran estafa americana” o “Winter's Bone), y Robert Pattinson (“Crepúsculo”, “Tenet”). A cargo de papeles secundarios figuran también algunos “pesos pesados” como Sissy Spacek (premiada igualmente con la estatuilla dorada de Hollywood por su actuación en “Quiero ser libre”) o Nick Nolte (“El príncipe de las mareas”, “La delgada línea roja”).



viernes, 14 de marzo de 2025

MICKEY 17




El hecho de que las manifestaciones artísticas conecten con la esencia más profunda de determinadas personas, mientras que para otras supongan unas aportaciones carentes de interés y significado, resulta en ocasiones difícil de explicar (y también de entender). Pertenece, por decirlo de alguna manera, a la magia de las Artes. Así, existen letras de canciones que cobran pleno sentido para unos oyentes, mientras que para otros se tornan absurdas rimas. O lienzos que, a ojos de unos espectadores, transmiten hondos mensajes por medio de atractivos colores, mientras que el resto percibe sólo trazos incomprensibles, como si su autoría correspondiera a un niño pequeño. Sucede lo mismo con las películas. Si un director se decanta por un estilo narrativo poco convencional, cercano a la ausencia de lógica y a la parodia grotesca, habrá quien califique su obra como un sublime ejercicio de creatividad que expresa a la perfección la crítica más mordaz de nuestra sociedad. Pero, igualmente, habrá quien la juzgue como una absurdez sin pies ni cabeza, una suma de ocurrencias estrambóticas. 
Visionando “Mickey 17” me uní al grupo de atónitos ante una propuesta, al parecer, intencionadamente descabellada, que recurre a una serie de incoherencias e irracionalidades como vehículo para el entretenimiento y la crítica social. En cualquier caso, no pude pasar de la constatación del disparate visual y la comicidad alocada, sin llegar en ningún momento a sentirme concernido por la pretensión de encarnar la quintaesencia de la parodia. En mí, el objetivo de hacer reír no se alcanzó. Tampoco el de entretener. Si, por el contrario, su primer propósito se centraba en criticar ácidamente al mundo moderno, tan sutil ejercicio de cinismo me pasó desapercibido de igual modo. 
Se dice que la belleza reside en el ojo que mira, no en el objeto o el sujeto observados. Quizás el problema se halle en mi visión, que no supo captar las mismas percepciones de los demás. En mi opinión, “Mickey 17” deja atrás la originalidad para abrazar la extravagancia, un giro totalmente insuficiente para sostener dos hora y cuarto de proyección. 
El realizador Bong Joon Ho es, sin duda, un cineasta muy particular y, si bien “Parásitos” me gustó (este trabajo le reportó nada menos que tres Oscars), otras de sus propuestas bordean, a mi juicio, el ridículo más que la brillantez. 
Cabe definir a Mickey 17 como un "prescindible", un empleado al que su empresario puede desechar a su antojo y sustituir por un clon. Integrante de una expedición humana para colonizar un mundo helado y lejano, cuando llega el momento dicho plan no se ejecuta según lo previsto, ya que Mickey 17 se niega a permitir que su alter ego, Mickey 18, ocupe su lugar. 
Una ambientación futurista enmarcada en el género de la ciencia ficción facilita al público la asimilación de imágenes con una mente abierta, sin los rigores realistas de un drama convencional. No obstante, cuando el sinsentido roza niveles inasumibles, el ansia de provocar humor deriva en un caos y el empeño por aportar una pizca de originalidad visual se torna artificial. 
Protagoniza la cinta el actor Robert Pattinson, quien lleva a cabo un esfuerzo evidente por interpretar su papel con eficacia. En realidad, los fallos del film no deben atribuirse a su actuación, sino al guión y a la dirección.  Célebre por la saga “Crepúsculo” y por asumir el rol de nuevo Batman, hace aquí lo que puede. También participan Mark Ruffalo (cuatro veces candidato a la estatuilla dorada de Hollywood por “Pobres criaturas”, “Spotlight”, “Foxcatcher” y “Los chicos están bien”), Steven Yeun (nominado a su vez por “Minari. Historia de mi familia”) y Patsy Ferran (“Living”). 



viernes, 11 de marzo de 2022

THE BATMAN



A estas alturas de la Historia del Séptimo Arte, suponía un reto arriesgado abordar una nueva película sobre el personaje de Batman. La enorme proliferación de títulos con el hombre murciélago como protagonista, unida a la reciente y aclamada trilogía de Christopher Nolan encabezada por el actor Christian Bale, convertían tal propósito en una empresa difícil. Por ello, asumí con recelo la noticia del presente proyecto. Sin embargo, he de decir que el resultado final es, en términos generales, aceptable e, incluso, destacado en algún aspectos, si bien sigo anclando los tres largometrajes de Nolan en la cúspide de los filmes dedicados al célebre superhéroe de la factoría “DC Comics”. Su ritmo narrativo, su realización técnica y artística, su elenco y sus interpretaciones, así como la sólida combinación entre humor y acción, convierten a esas tres cintas en líderes indiscutibles, pero la propuesta de “The Batman” resulta cuando menos novedosa.

Cambia por completo las visiones de sus predecesoras y se sumerge en un universo lúgubre y pesimista en grado sumo. Desde su estética hasta su discurso, la propuesta se torna más siniestra. En este caso, la tristeza y la pesadumbre del héroe enmascarado, a las que se unen la plasmación de la corrupción y de la maldad generalizada, no dan opción a la gracia ni al divertimento ligero. Las tonalidades de la fotografía, la intensidad de la propia acción, las actuaciones de los actores y el contenido del guion se ponen al servicio de una trama oscura, tenebrosa y deprimente. Y en verdad se trata de un giro indispensable ya que, de lo contrario, nos hallaríamos ante una reiteración sin sentido. Se perciben sin disimulo ciertas influencias externas. Numerosas secuencias recuerdan a “Seven”, la magnífica obra de David Fincher o, dentro de su mismo género, a “Watchmen”. Obviamente, la gran obra protagonizada por Brad Pitt y Morgan Freeman se alza muy por encima de “The Batman”, pero refleja perfectamente el tono que se le ha querido dar a esta propuesta actual.

Entre sus fallos cabe señalar la duración claramente excesiva del metraje, que lastra parte de la tensión e intriga que recibe el espectador. Ese es un error grave. Asimismo, determinadas fases del relato avanzan con torpeza y algunos personajes no acaban de perfilarse con acierto. Aun así, y habida cuenta el riesgo asumido, merece cierta consideración por su apuesta visual.

Detrás de la cámara se sitúa Matt Reeves, de quien tuve conocimiento como realizador de la serie televisiva  “Felicity” y que, en su paso a la pantalla grande, se volvió bastante más retorcido, apostando por el terror de “Déjame entrar” (la versión interpretada por el nominado al Oscar por “El poder del perro” Kodi Smit-McPhee, y Chloë Grace Moretz) o por la ciencia ficción de “La guerra del planeta de los simios” y “El amanecer del planeta de los simios”. Posee una habilidad incuestionable para el rodaje de escenas que, como vía para subrayar el guion, dotan de la máxima rentabilidad a la escenografía y a la ambientación.

Y es que, aunque parezca una simplificación, el cine mayormente se dedica a contar dos tipos de historias (de amor o de lucha entre el bien y el mal) y en las segundas abundan cada vez más las que recalcan su matiz desesperanzador. Ciertamente, existen pocas razones para ser optimista en este mundo y, por ello, tendemos a evocar a un superhéroe justiciero que castigue a los malvados de un modo rápido e implacable. La novedad de “The Batman” estriba en que aquí el vengador deambula más deprimido que nunca ante el escaso éxito en su pugna por que triunfe el bien y parece que esa batalla sí se ha perdido.

Da vida al hombre murciélago Robert Pattinson, célebre por la saga de “Crepúsculo” y con participaciones en otros títulos de interés como “Z, la ciudad perdida” o “El faro”. Aunque no desentona como Batman, sí lo hace como Bruce Wayne. Le acompañan Zöe Kravitz (“Mad Max: Furia en la carretera”, “Divergente”), Paul Dano -que acrecienta su lista de perfiles estrambóticos y lunáticos (“Looper”, “Pequeña Miss Sunshine”, “Prisioneros” “Pozos de ambición”)-, Colin Farrell (“Al encuentro de Mr. Banks”, “Corrupción en Miami”), Jeffrey Wright (“Los idus de marzo”, “Casino Royale”, “Syriana”), Peter Sarsgaard (“El caso Fischer”, “An Education”) y John Turturro (“Quiz Show”, “Barton Fink”).



viernes, 4 de septiembre de 2020

TENET

Sobran argumentos para considerar a Christopher Nolan el cineasta de referencia en la actualidad. Su cine es potente. Vigoroso visualmente y denso en las tramas que refleja. La enjundia de sus propuestas sólo llega a percibirse en su magnitud después de varios visionados. Más allá de sus éxitos medibles en términos de recaudación y de sus numerosas candidaturas a los premios más prestigiosos, sus cintas resultan originales, entretenidas y rebosantes de matices. Como devoto de su arte, soy de esos aficionados que han visto varias veces la mayor parte de sus trabajos. Así, reviso una y otra vez “Batman Begins”, “Origen”, “Interstellar” o “Dunkerque”, hallando siempre sorpresas nuevas en sus planos y diálogos que en su momento me pasaron inadvertidas. Y es que se debe reconocer que en los estrenos de Nolan no se capta ni se entiende todo lo que él propone. 
Ahora llega a las carteleras “Tenet”, otra apuesta por la ciencia ficción marcada por la exquisitez visual, los efectos especiales sorprendentes, el intenso entretenimiento y, sobre todo, una historia que arrastra sin control al público a lo largo de toda la proyección. Es cierto que en varias fases del metraje los espectadores asisten perplejos a lo que ven sus ojos sin entender lo que sucede. Más allá de la acción, las persecuciones y la aparatosidad visual, el film se basa en el concepto de la inversión temporal y en un tipo de física o metafísica que sobrepasa con creces el nivel medio de un guion cinematográfico. Tan es así que describir la película en una breve sinopsis es una osadía que no voy a cometer. 
Vaya por delante que “Tenet” no me ha gustado tanto como otros films del realizador. Cualquiera de los ya mencionados, a mi juicio, le superan. Ni los personajes se encuentran tan bien perfilados ni la narración tan cuidadosamente hilvanada, pero alcanzar el nivel de sus predecesores constituía una tarea difícil. Sin embargo, pese a que no ha superado la altura del listón, ha creado una obra magna, intensa y poderosa. 
Tal vez el principal defecto de “Tenet” radique en la decepcionante impresión durante la primera hora de metraje de estar asistiendo a una muestra de acción al uso, con tiroteos y persecuciones dentro de un relato inconexo e ininteligible. El director nos introduce por tiempo excesivo en un laberinto con demasiados callejones sin salida, aunque poco a poco vamos descubriendo que los extraños e incompresibles diálogos que acompañaban al espectáculo visual del inicio comienzan a encajar, hasta descubrir que lo que parecía una absurda paranoia difícil de digerir termina por encontrar el sentido, emocionar y asombrar, si bien no se llega a comprender en su totalidad lo que la mente de Nolan pretende transmitir. De aquellas innumerables piezas iniciales, algunas quedan todavía sueltas, dejando al espectador con más preguntas que respuestas. Ideas y visiones envueltas en tantos jeroglíficos que casi requieren de los cinco sentidos, papel y boli para no perder el hilo. 
En conclusión, un nuevo paso adelante en la trayectoria de un artista visionario, original y con sello propio a cuyos filmes la etiqueta de “Blockbuster” les queda muy corta, mérito más que destacable en estos tiempos de eternas fotocopias. 
Los papeles protagonistas son interpretados por John David Washington (“Infiltrado en el KKKlan”, “The Old Man & the Gun”), Elizabeth Debicki (“El gran Gatsby”, “Viudas”), Robert Pattinson (“Crepúsculo”, “Cosmópolis”) y el errático Kenneth Branagh (cuya mejor aportación al Séptimo Arte fue su debut en “Enrique V”). Les acompaña a cargo de una breve escena el extraordinario actor Michael Caine, siempre presente en la filmografía de Nolan como imprescindible cameo. Todos ellos se ven sobrepasados por la historia y afectados por un doblaje al castellano que tampoco da la talla.

Trailer en castellano



Trailer en versión original



Datos del film
Título original: Tenet
Año: 2020
Duración: 150 min.
País: Reino Unido
Dirección: Christopher Nolan
Guion: Christopher Nolan
Música: Ludwig Göransson
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Reparto: John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh, Dimple Kapadia, Aaron Taylor-Johnson, Michael Caine