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viernes, 2 de mayo de 2025

EL CONTABLE 2 (The Accountant 2)



En 2016 se estrenó “El contable”, película de cierto éxito que pretendía desmarcarse de otras cintas similares dotando a la trama de una leve carga trágica y simbólica. Con un presupuesto de cuarenta y cuatro millones de euros, logró recaudar ochenta y seis en la taquilla estadounidense. Presentaba a su protagonista como a una persona con una extraordinaria habilidad para los números, pero que arrastraba severos problemas desde la infancia: aquejado de autismo, abandonado por su madre y educado por un padre militar, partidario de la violencia como forma de defensa. Todo ese tinte melodramático quedaba opacado al preferir optar el director y los guionistas por una desproporción de peleas, tiros y muerte, bastante más habituales del género al que pertenece el filme. No obstante, y una vez combinados los diversos factores, el resultado final no se consideró malo. Quizás tampoco bueno, pero con unos atisbos de originalidad y dosis de intensidad narrativa que salvaban los muebles. 
“El contable” contó posteriormente con una vida adicional en las plataformas que le permitió incrementar visionados y ganar adeptos, por lo que sucedió lo que suele pasar en estos casos: la génesis de una segunda parte que ni estaba prevista ni resultaba necesaria.  Y el problema de las segundas partes suele ser siempre el mismo. Ante la necesidad de mantener activa la maquinaria de la rentabilidad, se suele recurrir a reiterar fórmulas ya manidas, en lugar de arriesgar con narraciones y personajes novedosos, aunque sin saber la respuesta que provocarán en el público. Salvo escasas excepciones, tales continuaciones artificiales no mejoran a sus antecesoras cuando llegan a las salas de proyección.
Sea como fuere, no faltarán espectadores encantados de rendirse a esta loa de desproporción desorbitada de secuencias de acción, pero a mi juicio se torna imprescindible un mínimo de realismo y rigor, dado que tal descontrol de enfrentamientos me desconecta por completo del relato.  A menudo contemplo las luchas como coreografías de bailes de salón, y las exhibiciones prolongadas de armas y detonaciones como un intento vano de maquillar con fuegos artificiales la ausencia de ideas. Y, si bien reconozco aquí algunos de los aciertos que sirvieron para sustentar la primera entrega, no causan el mismo efecto en esta prolongación.  
Un contable, con un don extraordinario para resolver cuestiones matemáticas complejas, lleva una vida solitaria, sin relaciones sociales convencionales. Dichas capacidades conducen a que sus servicios sean requeridos por organizaciones criminales y clientes poco recomendables que desean reflejar legalmente en sus contabilidades sus ingresos por negocios al margen de la ley.  Cuando asesinan brutalmente a un viejo conocido, abandona su monótona existencia para descubrir qué hay tras esa muerte.  
Se hace cargo de la realización Gavin O'Connor, productor y ocasional director de algunos episodios de la excelente serie televisiva “The Americans”. En la pantalla grande destacó con “Warrior” (2011) y se asoció también con el propio Affleck en el rodaje de “The Way Back”. 
Responsable de grandes obras como “Argo”, “The Town: Ciudad de ladrones” y “Adiós pequeña, adiós”, en su faceta de irregular actor ha perpetrado actuaciones insufribles en producciones prescindibles (“Una relación peligrosa”, “Las fuerzas de la naturaleza”). En “El contable 2”, en cuya producción participa, trata de conservar el listón de su predecesora, objetivo que logra sólo a medias.  Ganador de dos Oscars (uno como productor y otro como guionista), cada nueva propuesta que aborda constituye una incógnita. 
Le acompañan Jon Bernthal (“El lobo del Wall Street”), J.K. Simmons (estatuilla dorada por “Whiplash”), Cynthia Addai-Robinson (“Colombiana”) o Daniella Pineda (“Jurassic World: Dominion”).



viernes, 14 de abril de 2023

AIR



Ya los títulos de crédito iniciales de “Air” suponen, además de una introducción, un nostálgico homenaje a la década de los ochenta. El cine, la música, la política y la información del año 1984 sirven como prólogo al relato de la empresa Nike, que por aquel entonces no dominaba aún el mercado de las zapatillas deportivas en el ámbito del baloncesto, pero que logró convencer a la joven promesa Michael Jordan para que firmase un contrato de patrocinio con ella. Los hechos narrados dieron origen a una de las operaciones comerciales más importantes de finales del siglo XX. Las denominadas “Air Jordan” situaron a Nike como líder indiscutible del mercado y convirtieron al astro de la canasta en una de las más millonarias estrellas del deporte.

La dirección del film corre a cargo de Ben Affleck, limitado intérprete aunque interesante cineasta, capaz de lo mejor y de lo peor, y cuya carrera profesional resulta irregular y desconcertante. Sus trabajos en la realización de títulos como “Adiós pequeña, adiós”, “The Town, ciudad de ladrones” y “Argo” han acreditado una solvencia y unos niveles de calidad destacados. Con dos Oscars en su haber (uno por el guion de “El indomable Will Hunting” y otro por la producción de “Argo”), sin duda se ha ganado un lugar en la industria del Séptimo Arte. Por el contrario, en su faceta interpretativa, salvo cuando se contiene y se centra en los personajes, suele pecar de excesivo y reiterativo, a causa de sus forzadas gesticulaciones. En este caso concreto, naufraga de nuevo como actor, pero mantiene cierto pulso tras la cámara, firmando una cinta amena y divertida aunque, en demasiados aspectos, edulcorada y artificial, en su afán de alabar el sueño americano y mostrar su cara agradable y bonachona. Bien es cierto que en diversas secuencias obtiene las sonrisas del público, incluso las risas, dejándose llevar por el disfrute de una propuesta agradable y bienintencionada.

Se trata de un pasatiempo con tintes de moraleja y de loa a esa clase media norteamericana que alcanza el triunfo a base de tesón e ideales, si bien basta empezar a rascar un poco para encontrar numerosos errores y objeciones. Sin embargo,  el tono gracioso de la narración favorece la benevolencia de unos espectadores que se limitan a regocijarse. Cabe reconocer su energía contagiosa y el motor nostálgico de quienes vivimos aquella prodigiosa etapa, por lo que no procede manifestar severidad alguna.

Basada en hechos reales, la estructura de la cinta transmite veracidad y en sus títulos de crédito finales se intercalan fotos de figuras conocidas y videos del propio Jordan. Aun así, se aleja de los grandes trabajos de Affleck como director. No posee la intensidad, la profundidad de los perfiles, ni el ritmo de sus mejores obras, pero resulta simpática y plena de empatía.

La estrecha amistad personal y el fructífero vínculo artístico entre Ben Affleck y Matt Damon son públicos y notorios. Ambos han colaborado reiteradamente como escritores, actores y productores, y se aprecia su sintonía y complicidad. Damon, superior interpretativamente a su compañero, lleva el peso actoral del largometraje. Además de la estatuilla conjunta por el guion de “El indomable Will Hunting”, cuenta en su filmografía con notables actuaciones en “Rounders”, “El talento de Mr. Ripley”, “Syriana” o la saga de Jason Bourne. En “Air” combina humor y emotividad con aparente facilidad.

Con papeles secundarios les acompañan Jason Bateman (“Juno”, “La sombra del reino”), Chris Tucker (“El lado bueno de las cosas”, “El quinto elemento”) y Gustaf Skarsgård (visto en la serie televisiva “Vikingos”, hijo de Stellan Skarsgård y hermano de Alexander Skarsgård). Figura asimismo Viola Davis, Oscar a la mejor actriz por “Fences” y con una amplia experiencia dando vida a progenitoras negras con carácter. En este caso encarna a la madre de Jordan, corresponsable al parecer de la firma de su hijo con Nike.



viernes, 25 de marzo de 2022

AGUAS PROFUNDAS (Deep Water)



Para comenzar, reconoceré que me gusta “Flashdance”, muestra de ese tipo de largometrajes que, sin atesorar especiales logros ni grandes valores, consiguen enganchar a los espectadores. Además de al mérito de sus buenas canciones, probablemente mi interés se deba a que la vi por primera vez en una etapa de mi vida muy propicia para dejarme engatusar por el estilo de narración de la historia. De hecho, es la cinta de Adrian Lyne que he visionado en más ocasiones, ya que el resto de su filmografía me resulta bastante indiferente y anodina. Alguna virtud debe poseer también “Atracción fatal”, aunque nunca he podido entender que estuviera nominada al Oscar a la mejor película. Su enorme repercusión en taquilla se trasladó, a mi juicio injustificadamente, a aquella gala de entrega de premios de la Academia de Hollywood. Circunstancia similar ocurre con “Infiel”, en la que Diane Lane desempeña una notable interpretación y cuya banda sonora de Jan A.P. Kaczmarek resulta maravillosa, pero donde el tono general se torna repetitivo e, incluso, plomizo. Y por último figuran sus restantes filmes, que califico directamente como bodrios insustanciales, artificiales y forzados, y con una falsaria intención de provocación sexual.

A sus ochenta años, Adrian Lyne continúa obsesionado con su pertinaz pretensión de excitar al público y, para ello, recurre a una serie de fantasías recurrentes y, en el fondo, pueriles. Ni los personajes ni las situaciones reflejan la más mínima credibilidad, presentando la trama como un permanente  videoclip musical plagado de anzuelos. Ahora estrena “Aguas profundas” que, por mucho que se publicite como la adaptación de una novela de Patricia Highsmith, reposa sobre un guion plano y hueco. No he leído el libro de la célebre escritora norteamericana, pero apuesto a que atesora un nivel de enjundia y de matices por completo ausentes en esta propuesta recién llegada a la gran pantalla.

Un matrimonio aparentemente convencional y acomodado proyecta de cara a la galería una difuminada imagen de la felicidad que, de puertas para adentro, se transforma en ambigua frialdad. Como respectivas válvulas de escape, a ella le da por la bebida y por acumular amantes, y a él por la violencia y por atrincherarse emocionalmente. Ese aparente equilibrio no durará demasiado  tiempo, pues los crímenes, los celos y las desgracias terminarán por aflorar.

Lyne flirtea habitualmente y, además, de modo muy torpe, con el thriller y el erotismo. A la postre, sus supuestas intrigas criminales nunca terminan de dar los frutos deseados, mientras que la sensualidad utilizada para tal fin no deja de suponer un señuelo para adolescentes. Lo más sorprendente es que, tras tantos títulos recurriendo a las mismas fórmulas, no haya aprendido de los errores, ni demuestre si quiera una cierta evolución. Por el contrario, se constata el estancamiento en sus propuestas y la complacencia en sus fantasías sexuales.

Formando parte del equipo artístico interviene Ana de Armas, quien cumple sobradamente con las sencillísimas exigencias del guion. Se trata de una actriz atractiva que encandila a la cámara con su belleza. No obstante, debería evitar determinados encasillamientos susceptibles de entorpecer su crecimiento como intérprete. Si bien mostró algunas de sus cualidades en “Puñales por la espalda”, “Sergio”, “Blade Runner 2049” y “La red avispa”, estas “Aguas profundas” desde luego no van a contribuir a consolidar su carrera profesional. Le da la réplica Ben Affleck, un extraño fenómeno capaz de dirigir y actuar en “Argo” o “The Town: ciudad de ladrones” y, al mismo tiempo, de interpretar papeles como los de “Una relación peligrosa” o “El último duelo”. ¿Es posible que nos hallemos ante la misma persona? Pues sí. Así es él. Representante de lo mejor y de lo peor. Impredecible y temerario. Tan cerca de rozar la brillantez como de caer en el ridículo. De ganar una estatuilla dorada como de acumular Razzie Awards. Completan el reparto Tracy Letts (“Le Mans´66”, “Los archivos del Pentágono”, “Lady Bird”, “La gran apuesta” o la fantástica serie de televisión “Homeland”), Brendan Miller (“In Time”), Dash Mihok (“El lado bueno de las cosas”) y Lil Rel Howery (“Déjame salir”).



viernes, 14 de enero de 2022

THE TENDER BAR



Hace ya varios años leí la novela “El bar de las grandes esperanzas” y me encantó. Pasó a formar parte de mis libros de referencia y su autor, J. R. Moehringer, se convirtió en un nombre reconocible. Su título original es “The Tender Bar”, se publicó en 2005 y alcanzó un gran éxito de ventas. En ella el autor describe sus recuerdos de infancia y juventud con cercanía y sorprendente ternura, sobre todo porque refleja las numerosas facetas de una realidad familiar desestructurada y repleta de carencias. Supongo que se trata de uno de esos ejemplos del sueño americano por los que una persona de origen humilde, infancia problemática y situación económica precaria termina triunfando pese a todo. Porque J. R. Moehringer ganó el prestigioso premio Pulitzer de Periodismo, escribió para el “The New York Times” y ha continuado cosechando relevantes triunfos editoriales con, por ejemplo, “Open, mi historia”, la biografía del tenista estadounidense Andre Agassi.

El siempre polifacético George Clooney ha decidido dirigir la adaptación cinematográfica, reflejando correctamente esa ternura de la versión literaria, así como la curiosa y atrayente historia que une a su protagonista con la literatura y con el bar de su tío. En esta ocasión también me he dejado atrapar por el modo en que se describen los vacíos del padre ausente, los dramas en el seno del hogar y la compensación de todo ello con lecturas y conversaciones en la barra de un pub. No obstante, se evidencia cierta falta de garra en el ritmo narrativo y en la puesta en escena, que quedan muy lejos de la excelencia de “Los idus de marzo” o de la profundidad de “Buenas noches, y buena suerte”, si bien Clooney consigue aquí remontar el traspié cometido con “Cielo de medianoche”.

Entrelazando momentos de las épocas infantil y juvenil del personaje principal, construye un relato agradable, creíble y honesto que se desarrolla durante un comedido metraje, que apenas supera la hora y media de proyección. Tal vez resulte demasiado edulcorado, pues hasta los momentos más dolorosos en la vida del escritor se reflejan a través de algunas escenas delicadas y con un marcado tono sensible pero, en todo caso, nos sitúa ante una historia interesante, bien contada y con méritos más que suficientes para disfrutar de esos recuerdos que se esfuerzan por resultar afectivos. Puede que ese grado de afabilidad del largometraje lo haga resultar un tanto endeble para parte de los espectadores, habida cuenta que no incluye una trama de gran intensidad ni una recreación potente de la historia de una generación. Supone, sencilla y llanamente, una reconfortante y amable radiografía interior que pretende, con toda la intención, acariciar y nunca golpear.

A cargo de un acertado acompañamiento musical, el film se centra en la importancia de la familia y en la capacidad de madurar de las personas durante ese complicado tránsito de la niñez a la edad adulta, a menudo marcado por circunstancias involuntarias o aleatorias. Esta no es la primera relación de J.R. Moehringer con el cine. En 2007 se estrenó “El último asalto”, cinta dirigida por Rod Lurie y protagonizada por Samuel L. Jackson y Josh Hartnett, basada en un artículo suyo para “Los Angeles Times Magazine” que versaba sobre la figura y la carrera del boxeador profesional Bob Satterfield.

La nominación de Ben Affleck como mejor actor secundario ha sido la única candidatura a los Globos de Oro para “The Tender Bar”. Acreditado como buen director, tal y como lo demuestran “Argo”, “The Town. Ciudad de ladrones” y “Adiós pequeña, adiós”, puede también ser un intérprete notable cuando se le controla con tino. Y, aunque suele tender a la exageración y a la caricaturización de sus personajes, de vez en cuando ofrece una actuación como la que realiza aquí, efectiva y certera. Daniel Ranieri debuta encarnando a Moehringer de niño, mientras que Tye Sheridan (“Mud”,“El contador de cartas”, “Ready Player One”) lo representa de joven. Completan el reparto un envejecido Christopher Lloyd (el mítico Dr. Emmett Brown de “Regreso al futuro”) y Lily Rabe (“Sin reservas”, “Todas las cosas buenas”).



viernes, 5 de noviembre de 2021

EL ÚLTIMO DUELO (The Last Duel)


Siento una enorme admiración, casi veneración, por Ridley Scott. Sus aportaciones al Séptimo Arte le hacen merecedor de un lugar entre los directores más destacados de la Historia del cine. Considero obras maestras algunos de sus títulos, como “Alien, el octavo pasajero” (1979), “Blade Runner” (1982), “Thelma & Louise” (1991), “Gladiator” (2000) o “Black Hawk derribado” (2001). Y, un peldaño por debajo, pero todavía siendo grandes cintas, figuran “American Gangster” (2007) o “Red de mentiras” (2008). Su filmografía podría servir como un idóneo manual para aprender a narrar y a filmar. En definitiva, se trata de uno de los grandes. Pese a ello, no puedo incluir “El último duelo” en esa selección de largometrajes ilustres ya que, aun sin ser malo, no alcanza el nivel de las mejores obras del mítico cineasta británico.

Ambientada en la Edad Media, presenta en las actuaciones y en los diálogos cierto tufillo a modernidad que desentona. Su excesivo metraje, unido a la apuesta de contar un mismo hecho desde tres perspectivas distintas, implica (salvo algún matiz interesante) demasiadas redundancias innecesarias. El guion, algo errático y descontrolado, se precipita en los primeros minutos, abarcando sucesos deslavazados durante más de quince años para, posteriormente, desubicarse combinando rasgos narrativos contemporáneos con una escenografía arcaica. Algo hay en el modo de contar el relato que le resta credibilidad, centrando todas sus opciones en la magnitud de la épica.

No se puede evitar la comparación con “Gladiator” ni con “Rashōmon”, de Akira Kurosawa. Con el primero, por tratarse del otro emblema histórico de Ridley Scott, y con el segundo, por su similitud en el tema y la trama. Frente a ambos casos, la actual versión, quizá más vanguardista de lo deseable, sale perdiendo. El rigor del guion, el cuidado de los personajes y la coherencia narrativa de aquellos impide salir victoriosa a esta nueva aventura del realizador. No obstante, “El último duelo” también cuenta con notables aciertos. La ambientación, la fotografía, el realismo de varias secuencias y la intensidad de algunos planos merecen destacarse, si bien no optará a ocupar el podio en el currículo de Scott.

Basada libremente en hechos reales, traslada a imágenes el duelo entre Jean de Carrouges y Jacques Le Gris, dos amigos que, con el paso de los años, se convirtieron en enemigos por un motivo muy poderoso. En la Francia del siglo XIV, Marguerite de Carrouges, esposa de Jean, acusa a Le Gris de haberla violado, apelando entonces su marido ante el rey Carlos VI para que autorice un duelo a muerte entre ambos hombres.

La propuesta contiene potencia y épica a raudales, constituyendo sin duda el mayor valor de la filmación. Sin embargo, su pulcritud técnica y su esmerado detallismo acaban emborronados por diálogos un tanto fallidos e interpretaciones bastante desacompasadas, en especial la llevada a cabo por Ben Affleck. Su valía detrás de las cámaras está fuera de toda duda, tal y como atestiguan sus credenciales en “Argo”, “The Town (Ciudad de ladrones)” o “Adiós, pequeña, adiós”. Incluso cuando es capaz de controlar sus excesos interpretativos ofrece actuaciones aceptables. Lástima que, por regla general, resulten torpes y artificiales. Aquí da vida a un noble medieval con la misma sistemática que emplearía para representar al macarra de un videoclip de reggaetón. Su pelo teñido de rubio y su perilla recortada, su permanente copa de vino en la mano (amanezca, atardezca o anochezca, es lo de menos), sus exhibiciones sexuales y su extrema gestualidad perjudican la veracidad de su representado, arruinando de paso el clímax creado por el resto de los actores.

Matt Damon, más sobrio y efectivo, eleva el listón. Pero quien supera a todo el elenco es Adam Driver, que demuestra una facilidad pasmosa para encandilar al objetivo y trasladar su imponente presencia a la pantalla. Sin ser ni mucho menos su actuación más brillante, sobresale sin discusión dentro del casting. Jodie Comer, actriz a la que conocí en la tan interesante como extraña serie televisiva “Killing Eve”, completa el trío protagonista, cumpliendo con su misión.

En mi opinión, pues, el punto débil de “El último duelo” reside en el guion, escrito conjuntamente por Nicole Holofcener, Matt Damon y Ben Affleck. Ella realizó una aceptable labor en “¿Podrás perdonarme algún día?” y ellos, aunque obtuvieron un Oscar por el texto de “El indomable Will Hunting” (menuda paradoja), es obvio que destacan más en otros ámbitos. Y es que el guion es una cosa muy seria.



viernes, 26 de marzo de 2021

LA LIGA DE LA JUSTICIA DE ZACK SNYDER (Zack Snyder's Justice League)



Me resulta complicado realizar la crítica de la nueva versión de “La Liga de la Justicia” dirigida por Zack Snyder, que acaba de estrenarse en la plataforma HBO. Su trabajo acumula tantos aciertos y méritos como defectos y lastres, generando así una mezcla de sensaciones favorables y desfavorables difíciles de explicar. Vaya por delante que se trata de una propuesta apta exclusivamente para los aficionados al cómic. Para los demás espectadores puede suponer una sobredosis de ficción bastante perjudicial para su salud. No obstante, como quienes nos sentimos atraídos por el extraño universo alternativo proveniente de estas historias somos legión, es posible acercarse al proyecto en cuestión con considerables expectativas, muchas de las cuales sin duda se verán cumplidas.

Comencemos por la parte positiva. La película es claramente superior a “Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia” de 2016 y a la adaptación de “La Liga de la Justicia” de 2017. Snyder posee una gran habilidad para encandilar visualmente al público. Numerosos planos y encuadres se han reflejado con exquisitez y su deseo de trascender en casi cada secuencia no deja lugar a dudas. El realizador se sabe manejar a la hora de dotar de profundidad a los personajes, establecer complejidades en la trama y oscurecer el relato, virtudes que ya evidenció en “Watchmen” (2009). Además, el elenco de actores conforma una pasarela sobre la que desfilan los nombres más deslumbrantes de Hollywood, apareciendo y desapareciendo a modo de destellos, y se aprecia margen más que suficiente para ofrecer una buena producción.

Sin embargo, no se debe obviar la parte negativa. La duración del metraje, a todas luces innecesaria, se extiende hasta las cerca de cuatro horas durante las que el cineasta abusa de la cámara lenta y carece de mesura controlando sus excesos. Algunas batallas y peleas resultan demasiado reiterativas y los villanos, de tan desproporcionados, pecan de cierto grado de ridiculez. El relato, distribuido en seis partes y un epílogo, acaba por desbordar y saturar, y varios de los “flashbacks” no hallan un encaje correcto. Además, el formato cuadriculado de cuatro por tres en el que se ha rodado se aleja de la habitual visión panorámica, a mi juicio más adecuada para espectáculos cinematográficos de esta índole.

La narración prosigue tras la muerte de Superman. Afectado por este hecho, Bruce Wayne desarrolla una fe ilógica en la Humanidad y decide reclutar a nuevos aliados dotados de habilidades extraordinarias. Su objetivo es crear “La Liga de la Justicia”, un equipo de superhéroes que luchen contra los enemigos del planeta Tierra. Con la ayuda de Wonder Woman, Cyborg, Aquaman y Flash formará un frente común contra la amenaza alienígena y pronto se verán desbordados por el poder de este adversario sobrevenido, habiendo de plantearse la resurrección del mismísimo Superman para optar a la victoria.

El director firma una obra más oscura que la de sus competidores de la factoría Marvel. A través de una espectacular puesta en escena y con un claro objetivo centrado en el entretenimiento, apabulla en el aspecto visual. Lástima que, al final, la redundancia y el agotamiento pesen, aun disponiendo de la calidad del material y el enorme talento del equipo artístico y técnico.

Mencionar aquí a cada uno de los intérpretes que aparecen en pantalla alargaría en exceso esta crítica. No obstante, más allá del equipo de superhéroes (Ben Affleck como Batman y Bruce Wayne; Henry Cavill como Superman y Clark Kent; Gal Gadot como Wonder Woman y Diana Prince; Jason Momoa como Aquaman y Arthur Curry; Ezra Miller como Flash y Barry Allen; y Ray Fisher      como Cyborg y Victor Stone) intervienen también Amy Adams, Willem Dafoe, Jesse Eisenberg, Jeremy Irons, Diane Lane, Connie Nielsen o J.K. Simmons, por citar sólo a algunos de ellos. Una nómina tan extensa y fastuosa como esta película, que se pierde y se encuentra en su propia grandiosidad.



jueves, 3 de diciembre de 2020

THE WAY BACK



Ben Affleck es un extraño espécimen dentro del mundo del cine que ya ha demostrado su habilidad y capacidad como director. “Adiós pequeña, adiós”, “Argo”, y “The Town, ciudad de ladrones” componen un tridente potente y brillante que rebosa autenticidad y calidad. Aunque como actor resulta más errático, también se ha acostumbrado a destacar en papeles de “perdedor con talento”. No obstante, fuera de esas interpretaciones, sus apariciones delante de la cámara se tornan más bien mediocres y tienden a tambalearse. En todo caso, se ha ganado el respeto y la consideración de la industria, así como de buena parte de los aficionados.

Gavin O'Connor, a su vez, es un cineasta intenso que ha filmado algunos trabajos interesantes como “Warrior”, junto a Tom Hardy y Nick Nolte, además de participar como productor y realizador en varios episodios de la fantástica serie televisiva “The Americans”. Coincidió con Affleck en “El contable” y se aprecia una positiva conexión entre ambos. Este 2020 se han reunido de nuevo con el estreno de “The Way Back”, un film que, como la mayoría, ha tenido problemas de visionado en las salas de cine a causa de la pandemia y que recurre a las plataformas digitales para su difusión.

“The Way Back” se alza como uno de esos largometrajes ambientados en la esfera deportiva, con personajes curtidos en mil batallas y a cargo de derrotas y victorias que terminan por agriar el carácter de quienes soñaban con la gloria y el reconocimiento. Se trata de un drama bien narrado, sólidamente filmado y correctamente interpretado, que refleja de forma creíble ese caminar sobre el alambre que llevan a cabo las personas víctimas de la dependencia a las drogas y de la autodestrucción, al tiempo que recrea fielmente el universo del deporte.

Una antigua estrella del baloncesto ha sido abandonado por su esposa y su familia a causa de sus adicciones. Dispuesto a redimirse y a variar su autoimpuesta mala suerte, acepta un modesto trabajo como entrenador del equipo de basket de su instituto, formado por jugadores de diferentes razas que no poseen la suficiente coordinación para conseguir unos resultados satisfactorios. Su labor, lejos de resultar sencilla, le servirá como aliciente para cambiar el rumbo de su vida.

Algo tienen estas cintas sobre superación física y trabajo de grupo que terminan por inyectar una dosis de optimismo en el espectador, por más que en su inicio parezcan deprimentes. De hecho, incluso cuando el relato se torna previsible, lo hace con eficacia. El tono dramático se muestra muy sólido y la epopeya que se va generando conforme avanza el metraje evoluciona de una manera coherente. Por consiguiente, y sin ser en ningún caso una obra maestra, supera con nota los objetivos marcados.

No deja de entrañar cierta dificultad saber qué porcentaje del papel protagonista es ficción y cuál realidad. Se han publicado tantas informaciones sobre los problemas personales de Ben Affleck que, al contemplar su actuación, se genera la duda al respecto. Aun así, cabe situar este trabajo entre los mejores del intérprete californiano, que ya cuenta en su haber con dos estatuillas de Hollywood (una, junto a Matt Damon, por el guion de “El indomable Will Hunting” y otra como productor de “Argo”). El resto del elenco es mayoritariamente desconocido. Le acompañan, entre otros, Janina Gavankar (de la serie “The Morning Show”) y Matthew Glave (“Argo”, “El chico ideal”).

La evolución profesional de Affleck continúa siendo un misterio que habrá que desentrañar a la vista de sus próximos proyectos. En 2021 estrenará “Deep Water”, acompañado por Ana de Armas y a las órdenes del otrora famoso y polémico Adrian Lyne, así como “The Last Duel”, llamado a ser uno de los grandes títulos del año entrante. Dirigido por Ridley Scott, cuenta con un reparto estelar que compartirá nuevamente con su amigo Damon, a cuyo lado retomará la faceta de guionista.




viernes, 22 de marzo de 2019

TRIPLE FRONTERA (Triple Frontier)

“Triple frontera” se presenta como una muestra del género de acción y ciertamente lo es, aunque esconde en los vericuetos de sus escenas y en los pliegues de su trama una naturaleza diferente. Los personajes parecen estar conectados con los vaqueros de un “western” crepuscular y la historia pretende empujar al espectador hacia una moraleja ética para terminar haciéndole chocar con ella. Mientras visionaba el largometraje, me venía en cierta medida a la cabeza el notable film de Sam Raimi “Un plan sencillo”, donde una gran fortuna en metálico se convertía para los protagonistas en una especie de maldición que los perseguiría irremediablemente, convirtiendo aquellas primeras ilusiones y planes de quien se sabe millonario en un espejismo que daba paso a una pesadilla real y macabra. Resulta innegable que la estética y la envergadura militar de sus protagonistas, los combates con armas contundentes y precisas, y las huidas y los asaltos recubren el metraje con el envoltorio del ritmo ágil, de la tensión latente y de las persecuciones, luchas y explosiones propias del género de acción. Sin embargo, a poco que se profundice, se percibe que en el interior subyace algo más que un mero exceso de disparos, muertes, peleas y ajustes de cuentas. 
El principal problema estriba en algunas partes del guion, que cuenta con significativos déficits y con alguna sonora incongruencia. Se quiere mimar de tal manera el rigor de los papeles estelares, la enjundia del mensaje y la parte dramática de la obra que, al recrear los momentos más combativos y electrizantes, se cae torpemente en algunas trampas. Cierto es que, ante una cinta de acción, somos más permisivos en cuanto a la credibilidad de lo que se nos cuenta que cuando optamos por un drama convencional. Aun así, cabe indicar que algunos aspectos de “Triple frontera” sonrojan, como tragarse que los héroes huyan durante una semana con un pesado y aparatoso botín atravesando la dura cordillera de los Andes sin comida ni bebida. O como aceptar que el narcotraficante más rico y peligroso permanezca sin apenas protección en su casa porque es un día festivo y todos acuden a misa, permitiendo sin apenas dificultad el acceso a lo que se supone un fortín inexpugnable. En definitiva, si se hace la “vista gorda” sobre estos puntos es porque, en conjunto, la obra es interesante y está bien narrada. 
El realizador, J.C. Chandor, me entusiasmó sobremanera gracias a su infravalorada y poco conocida “El año más violento”, en mi opinión uno de los mejores títulos de 2014. Ha estrenado únicamente cuatro trabajos y todos presentan cualidades interesantes. Debutó en 2011 con “Margin Call”, recibiendo una nominación al Oscar al mejor guion original. Continuó en 2013 rodando “Cuando todo está perdido”, con un Robert Redford sufriendo en alta mar. “El año más violento”, su techo profesional hasta la fecha, le proporcionó a la magnífica Jessica Chastain una candidatura a la estatuilla dorada de Hollywood. De hecho, la National Board of Review la eligió mejor película del año y a su pareja protagonista (la citada Chastain y Oscar Isaac) los mejores actores. Ahora estrena “Triple frontera” que, aunque algún peldaño por debajo de su habitual nivel, supone una sugestiva opción de entretenimiento. 
Cinco veteranos profesionales de las Fuerzas Especiales se dan cita en una zona escasamente poblada de Sudamérica, la triple frontera entre Paraguay, Argentina y Brasil. Por primera vez a lo largo de sus prestigiosas carreras, estos héroes olvidados emprenden una peligrosa misión en beneficio de ellos mismos, y no de su país. Robarán y ajustarán cuentas con un capo local que maneja a su antojo el tráfico de drogas. En principio, todo sale bien y se hacen con más de cien millones de dólares en efectivo. Pero, precisamente, el peso y las dimensiones de semejante tesoro dificulta su escapada. Ante las dificultades sobrevenidas, deberán variar el plan previsto y enfrentarse a difíciles decisiones personales y vitales en aras de su supervivencia. 
“Triple frontera” recaló en la plataforma “Netflix” el pasado 13 de marzo y cuenta de nuevo con Oscar Isaac (al que hemos visto en “El año más violento”, “Ex machina”, “A propósito de Llewyn Davis “ y la última entrega de “Star Wars”) para dar vida al líder de este peculiar grupo. Le acompañan Ben Affleck (director de las muy recomendables “Argo”, “The Town. Ciudad de ladrones” y también actor aunque menos brillante), Charlie Hunnam (“Z, la ciudad perdida”, “Cold Mountain”) y Pedro Pascal (“El blues de Beale Street“). En un papel secundario encontramos a Adria Arjona (“Pacific Rim: Insurrección y la serie “True Detective”), a la postre, la más lista de todos.

Trailer 1 (versión original con subtítulos)



Trailer 2 


Datos del filme
Título original: Triple Frontier 
Año: 2019
Duración: 127 min.
País: Estados Unidos
Dirección: J.C. Chandor
Guion: Mark Boal, J.C. Chandor (Historia: Mark Boal)
Fotografía: Roman Vasyanov
Reparto: Oscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam, Pedro Pascal, Garrett Hedlund, Adria Arjona