viernes, 2 de mayo de 2025
EL CONTABLE 2 (The Accountant 2)
viernes, 14 de abril de 2023
AIR
Ya
los títulos de crédito iniciales de “Air” suponen, además de una introducción,
un nostálgico homenaje a la década de los ochenta. El cine, la música, la
política y la información del año 1984 sirven como prólogo al relato de la
empresa Nike, que por aquel entonces no dominaba aún el mercado de las zapatillas
deportivas en el ámbito del baloncesto, pero que logró convencer a la joven
promesa Michael Jordan para que firmase un contrato de patrocinio con ella. Los
hechos narrados dieron origen a una de las operaciones comerciales más
importantes de finales del siglo XX. Las denominadas “Air Jordan” situaron a
Nike como líder indiscutible del mercado y convirtieron al astro de la canasta
en una de las más millonarias estrellas del deporte.
La
dirección del film corre a cargo de Ben Affleck, limitado intérprete aunque
interesante cineasta, capaz de lo mejor y de lo peor, y cuya carrera
profesional resulta irregular y desconcertante. Sus trabajos en la realización
de títulos como “Adiós pequeña, adiós”, “The Town, ciudad de ladrones” y “Argo”
han acreditado una solvencia y unos niveles de calidad destacados. Con dos
Oscars en su haber (uno por el guion de “El indomable Will Hunting” y otro por
la producción de “Argo”), sin duda se ha ganado un lugar en la industria del
Séptimo Arte. Por el contrario, en su faceta interpretativa, salvo cuando se
contiene y se centra en los personajes, suele pecar de excesivo y reiterativo,
a causa de sus forzadas gesticulaciones. En este caso concreto, naufraga de
nuevo como actor, pero mantiene cierto pulso tras la cámara, firmando una cinta
amena y divertida aunque, en demasiados aspectos, edulcorada y artificial, en
su afán de alabar el sueño americano y mostrar su cara agradable y bonachona. Bien
es cierto que en diversas secuencias obtiene las sonrisas del público, incluso
las risas, dejándose llevar por el disfrute de una propuesta agradable y
bienintencionada.
Se
trata de un pasatiempo con tintes de moraleja y de loa a esa clase media norteamericana
que alcanza el triunfo a base de tesón e ideales, si bien basta empezar a
rascar un poco para encontrar numerosos errores y objeciones. Sin embargo, el tono gracioso de la narración favorece la
benevolencia de unos espectadores que se limitan a regocijarse. Cabe reconocer
su energía contagiosa y el motor nostálgico de quienes vivimos aquella
prodigiosa etapa, por lo que no procede manifestar severidad alguna.
Basada
en hechos reales, la estructura de la cinta transmite veracidad y en sus
títulos de crédito finales se intercalan fotos de figuras conocidas y videos
del propio Jordan. Aun así, se aleja de los grandes trabajos de Affleck como
director. No posee la intensidad, la profundidad de los perfiles, ni el ritmo
de sus mejores obras, pero resulta simpática y plena de empatía.
La
estrecha amistad personal y el fructífero vínculo artístico entre Ben Affleck y
Matt Damon son públicos y notorios. Ambos han colaborado reiteradamente como
escritores, actores y productores, y se aprecia su sintonía y complicidad.
Damon, superior interpretativamente a su compañero, lleva el peso actoral del
largometraje. Además de la estatuilla conjunta por el guion de “El indomable
Will Hunting”, cuenta en su filmografía con notables actuaciones en “Rounders”,
“El talento de Mr. Ripley”, “Syriana” o la saga de Jason Bourne. En “Air”
combina humor y emotividad con aparente facilidad.
Con
papeles secundarios les acompañan Jason Bateman (“Juno”, “La sombra del
reino”), Chris Tucker (“El lado bueno de las cosas”, “El quinto elemento”) y Gustaf
Skarsgård (visto en la serie televisiva “Vikingos”, hijo de Stellan Skarsgård y
hermano de Alexander Skarsgård). Figura asimismo Viola Davis, Oscar a la mejor
actriz por “Fences” y con una amplia experiencia dando vida a progenitoras negras
con carácter. En este caso encarna a la madre de Jordan, corresponsable al
parecer de la firma de su hijo con Nike.
viernes, 25 de marzo de 2022
AGUAS PROFUNDAS (Deep Water)
Para
comenzar, reconoceré que me gusta “Flashdance”, muestra de ese tipo de
largometrajes que, sin atesorar especiales logros ni grandes valores, consiguen
enganchar a los espectadores. Además de al mérito de sus buenas canciones,
probablemente mi interés se deba a que la vi por primera vez en una etapa de mi
vida muy propicia para dejarme engatusar por el estilo de narración de la
historia. De hecho, es la cinta de Adrian Lyne que he visionado en más
ocasiones, ya que el resto de su filmografía me resulta bastante indiferente y
anodina. Alguna virtud debe poseer también “Atracción fatal”, aunque nunca he
podido entender que estuviera nominada al Oscar a la mejor película. Su enorme
repercusión en taquilla se trasladó, a mi juicio injustificadamente, a aquella
gala de entrega de premios de la Academia de Hollywood. Circunstancia similar
ocurre con “Infiel”, en la que Diane Lane desempeña una notable interpretación
y cuya banda sonora de Jan A.P. Kaczmarek resulta maravillosa, pero donde el
tono general se torna repetitivo e, incluso, plomizo. Y por último figuran sus
restantes filmes, que califico directamente como bodrios insustanciales,
artificiales y forzados, y con una falsaria intención de provocación sexual.
A
sus ochenta años, Adrian Lyne continúa obsesionado con su pertinaz pretensión
de excitar al público y, para ello, recurre a una serie de fantasías
recurrentes y, en el fondo, pueriles. Ni los personajes ni las situaciones
reflejan la más mínima credibilidad, presentando la trama como un permanente videoclip musical plagado de anzuelos. Ahora
estrena “Aguas profundas” que, por mucho que se publicite como la adaptación de
una novela de Patricia Highsmith, reposa sobre un guion plano y hueco. No he
leído el libro de la célebre escritora norteamericana, pero apuesto a que
atesora un nivel de enjundia y de matices por completo ausentes en esta
propuesta recién llegada a la gran pantalla.
Un
matrimonio aparentemente convencional y acomodado proyecta de cara a la galería
una difuminada imagen de la felicidad que, de puertas para adentro, se
transforma en ambigua frialdad. Como respectivas válvulas de escape, a ella le
da por la bebida y por acumular amantes, y a él por la violencia y por
atrincherarse emocionalmente. Ese aparente equilibrio no durará demasiado tiempo, pues los crímenes, los celos y las
desgracias terminarán por aflorar.
Lyne
flirtea habitualmente y, además, de modo muy torpe, con el thriller y el
erotismo. A la postre, sus supuestas intrigas criminales nunca terminan de dar
los frutos deseados, mientras que la sensualidad utilizada para tal fin no deja
de suponer un señuelo para adolescentes. Lo más sorprendente es que, tras
tantos títulos recurriendo a las mismas fórmulas, no haya aprendido de los
errores, ni demuestre si quiera una cierta evolución. Por el contrario, se
constata el estancamiento en sus propuestas y la complacencia en sus fantasías
sexuales.
Formando
parte del equipo artístico interviene Ana de Armas, quien cumple sobradamente
con las sencillísimas exigencias del guion. Se trata de una actriz atractiva
que encandila a la cámara con su belleza. No obstante, debería evitar
determinados encasillamientos susceptibles de entorpecer su crecimiento como
intérprete. Si bien mostró algunas de sus cualidades en “Puñales por la
espalda”, “Sergio”, “Blade Runner 2049” y “La red avispa”, estas “Aguas profundas”
desde luego no van a contribuir a consolidar su carrera profesional. Le da la
réplica Ben Affleck, un extraño fenómeno capaz de dirigir y actuar en “Argo” o
“The Town: ciudad de ladrones” y, al mismo tiempo, de interpretar papeles como
los de “Una relación peligrosa” o “El último duelo”. ¿Es posible que nos
hallemos ante la misma persona? Pues sí. Así es él. Representante de lo mejor y
de lo peor. Impredecible y temerario. Tan cerca de rozar la brillantez como de
caer en el ridículo. De ganar una estatuilla dorada como de acumular Razzie
Awards. Completan el reparto Tracy Letts (“Le Mans´66”, “Los archivos del Pentágono”,
“Lady Bird”, “La gran apuesta” o la fantástica serie de televisión “Homeland”),
Brendan Miller (“In Time”), Dash Mihok (“El lado bueno de las cosas”) y Lil Rel
Howery (“Déjame salir”).
viernes, 14 de enero de 2022
THE TENDER BAR
Hace
ya varios años leí la novela “El bar de las grandes esperanzas” y me encantó.
Pasó a formar parte de mis libros de referencia y su autor, J. R. Moehringer, se
convirtió en un nombre reconocible. Su título original es “The Tender Bar”, se
publicó en 2005 y alcanzó un gran éxito de ventas. En ella el autor describe
sus recuerdos de infancia y juventud con cercanía y sorprendente ternura, sobre
todo porque refleja las numerosas facetas de una realidad familiar
desestructurada y repleta de carencias. Supongo que se trata de uno de esos
ejemplos del sueño americano por los que una persona de origen humilde,
infancia problemática y situación económica precaria termina triunfando pese a
todo. Porque J. R. Moehringer ganó el prestigioso premio Pulitzer de
Periodismo, escribió para el “The New York Times” y ha continuado cosechando
relevantes triunfos editoriales con, por ejemplo, “Open, mi historia”, la
biografía del
tenista estadounidense Andre Agassi.
El
siempre polifacético George Clooney ha decidido dirigir la adaptación
cinematográfica, reflejando correctamente esa ternura de la versión literaria,
así como la curiosa y atrayente historia que une a su protagonista con la
literatura y con el bar de su tío. En esta ocasión también me he dejado atrapar
por el modo en que se describen los vacíos del padre ausente, los dramas en el
seno del hogar y la compensación de todo ello con lecturas y conversaciones en
la barra de un pub. No obstante, se evidencia cierta falta de garra en el ritmo
narrativo y en la puesta en escena, que quedan muy lejos de la excelencia de “Los
idus de marzo” o de la profundidad de “Buenas noches, y buena suerte”, si bien Clooney
consigue aquí remontar el traspié cometido con “Cielo de medianoche”.
Entrelazando
momentos de las épocas infantil y juvenil del personaje principal, construye un
relato agradable, creíble y honesto que se desarrolla durante un comedido
metraje, que apenas supera la hora y media de proyección. Tal vez resulte
demasiado edulcorado, pues hasta los momentos más dolorosos en la vida del
escritor se reflejan a través de algunas escenas delicadas y con un marcado
tono sensible pero, en todo caso, nos sitúa ante una historia interesante, bien
contada y con méritos más que suficientes para disfrutar de esos recuerdos que
se esfuerzan por resultar afectivos. Puede que ese grado de afabilidad del
largometraje lo haga resultar un tanto endeble para parte de los espectadores,
habida cuenta que no incluye una trama de gran intensidad ni una recreación
potente de la historia de una generación. Supone, sencilla y llanamente, una
reconfortante y amable radiografía interior que pretende, con toda la
intención, acariciar y nunca golpear.
A
cargo de un acertado acompañamiento musical, el film se centra en la
importancia de la familia y en la capacidad de madurar de las personas durante
ese complicado tránsito de la niñez a la edad adulta, a menudo marcado por circunstancias
involuntarias o aleatorias. Esta no es la primera relación de J.R. Moehringer
con el cine. En 2007 se estrenó “El último asalto”, cinta dirigida por Rod
Lurie y protagonizada por Samuel L. Jackson y Josh Hartnett, basada en un
artículo suyo para “Los Angeles Times Magazine” que versaba sobre la figura y
la carrera del boxeador profesional Bob Satterfield.
La
nominación de Ben Affleck como mejor actor secundario ha sido la única
candidatura a los Globos de Oro para “The Tender Bar”. Acreditado como buen
director, tal y como lo demuestran “Argo”, “The Town. Ciudad de ladrones” y
“Adiós pequeña, adiós”, puede también ser un intérprete notable cuando se le
controla con tino. Y, aunque suele tender a la exageración y a la
caricaturización de sus personajes, de vez en cuando ofrece una actuación como
la que realiza aquí, efectiva y certera. Daniel Ranieri debuta encarnando a Moehringer
de niño, mientras que Tye Sheridan (“Mud”,“El contador de cartas”, “Ready
Player One”) lo representa de joven. Completan el reparto un envejecido Christopher
Lloyd (el mítico Dr. Emmett Brown de “Regreso al futuro”) y Lily Rabe (“Sin
reservas”, “Todas las cosas buenas”).
viernes, 5 de noviembre de 2021
EL ÚLTIMO DUELO (The Last Duel)
Ambientada
en la Edad Media, presenta en las actuaciones y en los diálogos cierto tufillo
a modernidad que desentona. Su excesivo metraje, unido a la apuesta de contar
un mismo hecho desde tres perspectivas distintas, implica (salvo algún matiz
interesante) demasiadas redundancias innecesarias. El guion, algo errático y
descontrolado, se precipita en los primeros minutos, abarcando sucesos deslavazados
durante más de quince años para, posteriormente, desubicarse combinando rasgos
narrativos contemporáneos con una escenografía arcaica. Algo hay en el modo de
contar el relato que le resta credibilidad, centrando todas sus opciones en la
magnitud de la épica.
No
se puede evitar la comparación con “Gladiator” ni con “Rashōmon”, de Akira
Kurosawa. Con el primero, por tratarse del otro emblema histórico de Ridley
Scott, y con el segundo, por su similitud en el tema y la trama. Frente a ambos
casos, la actual versión, quizá más vanguardista de lo deseable, sale perdiendo.
El rigor del guion, el cuidado de los personajes y la coherencia narrativa de
aquellos impide salir victoriosa a esta nueva aventura del realizador. No
obstante, “El último duelo” también cuenta con notables aciertos. La
ambientación, la fotografía, el realismo de varias secuencias y la intensidad
de algunos planos merecen destacarse, si bien no optará a ocupar el podio en el
currículo de Scott.
Basada
libremente en hechos reales, traslada a imágenes el duelo entre Jean de
Carrouges y Jacques Le Gris, dos amigos que, con el paso de los años, se
convirtieron en enemigos por un motivo muy poderoso. En la Francia del siglo
XIV, Marguerite de Carrouges, esposa de Jean, acusa a Le Gris de haberla
violado, apelando entonces su marido ante el rey Carlos VI para que autorice un
duelo a muerte entre ambos hombres.
La
propuesta contiene potencia y épica a raudales, constituyendo sin duda el mayor
valor de la filmación. Sin embargo, su pulcritud técnica y su esmerado
detallismo acaban emborronados por diálogos un tanto fallidos e
interpretaciones bastante desacompasadas, en especial la llevada a cabo por Ben
Affleck. Su valía detrás de las cámaras está fuera de toda duda, tal y como
atestiguan sus credenciales en “Argo”, “The Town (Ciudad de ladrones)” o
“Adiós, pequeña, adiós”. Incluso cuando es capaz de controlar sus excesos
interpretativos ofrece actuaciones aceptables. Lástima que, por regla general,
resulten torpes y artificiales. Aquí da vida a un noble medieval con la misma
sistemática que emplearía para representar al macarra de un videoclip de
reggaetón. Su pelo teñido de rubio y su perilla recortada, su permanente copa
de vino en la mano (amanezca, atardezca o anochezca, es lo de menos), sus exhibiciones
sexuales y su extrema gestualidad perjudican la veracidad de su representado,
arruinando de paso el clímax creado por el resto de los actores.
Matt
Damon, más sobrio y efectivo, eleva el listón. Pero quien supera a todo el
elenco es Adam Driver, que demuestra una facilidad pasmosa para encandilar al
objetivo y trasladar su imponente presencia a la pantalla. Sin ser ni mucho
menos su actuación más brillante, sobresale sin discusión dentro del casting. Jodie
Comer, actriz a la que conocí en la tan interesante como extraña serie
televisiva “Killing Eve”, completa el trío protagonista, cumpliendo con su
misión.
En
mi opinión, pues, el punto débil de “El último duelo” reside en el guion,
escrito conjuntamente por Nicole Holofcener, Matt Damon y Ben Affleck. Ella
realizó una aceptable labor en “¿Podrás perdonarme algún día?” y ellos, aunque
obtuvieron un Oscar por el texto de “El indomable Will Hunting” (menuda
paradoja), es obvio que destacan más en otros ámbitos. Y es que el guion es una
cosa muy seria.
viernes, 26 de marzo de 2021
LA LIGA DE LA JUSTICIA DE ZACK SNYDER (Zack Snyder's Justice League)
Me
resulta complicado realizar la crítica de la nueva versión de “La Liga de la Justicia”
dirigida por Zack Snyder, que acaba de estrenarse en la plataforma HBO. Su
trabajo acumula tantos aciertos y méritos como defectos y lastres, generando
así una mezcla de sensaciones favorables y desfavorables difíciles de explicar.
Vaya por delante que se trata de una propuesta apta exclusivamente para los
aficionados al cómic. Para los demás espectadores puede suponer una sobredosis
de ficción bastante perjudicial para su salud. No obstante, como quienes nos
sentimos atraídos por el extraño universo alternativo proveniente de estas
historias somos legión, es posible acercarse al proyecto en cuestión con considerables
expectativas, muchas de las cuales sin duda se verán cumplidas.
Comencemos
por la parte positiva. La película es claramente superior a “Batman v Superman:
El Amanecer de la Justicia” de 2016 y a la adaptación de “La Liga de la Justicia”
de 2017. Snyder posee una gran habilidad para encandilar visualmente al
público. Numerosos planos y encuadres se han reflejado con exquisitez y su
deseo de trascender en casi cada secuencia no deja lugar a dudas. El realizador
se sabe manejar a la hora de dotar de profundidad a los personajes, establecer
complejidades en la trama y oscurecer el relato, virtudes que ya evidenció en “Watchmen”
(2009). Además, el elenco de actores conforma una pasarela sobre la que
desfilan los nombres más deslumbrantes de Hollywood, apareciendo y
desapareciendo a modo de destellos, y se aprecia margen más que suficiente para
ofrecer una buena producción.
Sin
embargo, no se debe obviar la parte negativa. La duración del metraje, a todas
luces innecesaria, se extiende hasta las cerca de cuatro horas durante las que
el cineasta abusa de la cámara lenta y carece de mesura controlando sus
excesos. Algunas batallas y peleas resultan demasiado reiterativas y los
villanos, de tan desproporcionados, pecan de cierto grado de ridiculez. El relato,
distribuido en seis partes y un epílogo, acaba por desbordar y saturar, y
varios de los “flashbacks” no hallan un encaje correcto. Además, el formato
cuadriculado de cuatro por tres en el que se ha rodado se aleja de la habitual
visión panorámica, a mi juicio más adecuada para espectáculos cinematográficos
de esta índole.
La
narración prosigue tras la muerte de Superman. Afectado por este hecho, Bruce
Wayne desarrolla una fe ilógica en la Humanidad y decide reclutar a nuevos
aliados dotados de habilidades extraordinarias. Su objetivo es crear “La Liga
de la Justicia”, un equipo de superhéroes que luchen contra los enemigos del
planeta Tierra. Con la ayuda de Wonder Woman, Cyborg, Aquaman y Flash formará
un frente común contra la amenaza alienígena y pronto se verán desbordados por
el poder de este adversario sobrevenido, habiendo de plantearse la resurrección
del mismísimo Superman para optar a la victoria.
El
director firma una obra más oscura que la de sus competidores de la factoría
Marvel. A través de una espectacular puesta en escena y con un claro objetivo
centrado en el entretenimiento, apabulla en el aspecto visual. Lástima que, al
final, la redundancia y el agotamiento pesen, aun disponiendo de la calidad del
material y el enorme talento del equipo artístico y técnico.
Mencionar
aquí a cada uno de los intérpretes que aparecen en pantalla alargaría en exceso
esta crítica. No obstante, más allá del equipo de superhéroes (Ben Affleck como
Batman y Bruce Wayne; Henry Cavill como Superman y Clark Kent; Gal Gadot como
Wonder Woman y Diana Prince; Jason Momoa como Aquaman y Arthur Curry; Ezra
Miller como Flash y Barry Allen; y Ray Fisher como
Cyborg y Victor Stone) intervienen también Amy Adams, Willem Dafoe, Jesse
Eisenberg, Jeremy Irons, Diane Lane, Connie Nielsen o J.K. Simmons, por citar
sólo a algunos de ellos. Una nómina tan extensa y fastuosa como esta película,
que se pierde y se encuentra en su propia grandiosidad.
jueves, 3 de diciembre de 2020
THE WAY BACK
Ben
Affleck es un extraño espécimen dentro del mundo del cine que ya ha demostrado
su habilidad y capacidad como director. “Adiós pequeña, adiós”, “Argo”, y “The
Town, ciudad de ladrones” componen un tridente potente y brillante que rebosa
autenticidad y calidad. Aunque como actor resulta más errático, también se ha
acostumbrado a destacar en papeles de “perdedor con talento”. No obstante,
fuera de esas interpretaciones, sus apariciones delante de la cámara se tornan
más bien mediocres y tienden a tambalearse. En todo caso, se ha ganado el
respeto y la consideración de la industria, así como de buena parte de los
aficionados.
Gavin
O'Connor, a su vez, es un cineasta intenso que ha filmado algunos trabajos
interesantes como “Warrior”, junto a Tom Hardy y Nick Nolte, además de participar
como productor y realizador en varios episodios de la fantástica serie
televisiva “The Americans”. Coincidió con Affleck en “El contable” y se aprecia
una positiva conexión entre ambos. Este 2020 se han reunido de nuevo con el
estreno de “The Way Back”, un film que, como la mayoría, ha tenido problemas de
visionado en las salas de cine a causa de la pandemia y que recurre a las plataformas
digitales para su difusión.
“The
Way Back” se alza como uno de esos largometrajes ambientados en la esfera
deportiva, con personajes curtidos en mil batallas y a cargo de derrotas y
victorias que terminan por agriar el carácter de quienes soñaban con la gloria
y el reconocimiento. Se trata de un drama bien narrado, sólidamente filmado y
correctamente interpretado, que refleja de forma creíble ese caminar sobre el
alambre que llevan a cabo las personas víctimas de la dependencia a las drogas
y de la autodestrucción, al tiempo que recrea fielmente el universo del deporte.
Una
antigua estrella del baloncesto ha sido abandonado por su esposa y su familia a
causa de sus adicciones. Dispuesto a redimirse y a variar su autoimpuesta mala
suerte, acepta un modesto trabajo como entrenador del equipo de basket de su
instituto, formado por jugadores de diferentes razas que no poseen la
suficiente coordinación para conseguir unos resultados satisfactorios. Su
labor, lejos de resultar sencilla, le servirá como aliciente para cambiar el
rumbo de su vida.
Algo
tienen estas cintas sobre superación física y trabajo de grupo que terminan por
inyectar una dosis de optimismo en el espectador, por más que en su inicio
parezcan deprimentes. De hecho, incluso cuando el relato se torna previsible,
lo hace con eficacia. El tono dramático se muestra muy sólido y la epopeya que
se va generando conforme avanza el metraje evoluciona de una manera coherente. Por
consiguiente, y sin ser en ningún caso una obra maestra, supera con nota los
objetivos marcados.
No
deja de entrañar cierta dificultad saber qué porcentaje del papel protagonista
es ficción y cuál realidad. Se han publicado tantas informaciones sobre los
problemas personales de Ben Affleck que, al contemplar su actuación, se genera
la duda al respecto. Aun así, cabe situar este trabajo entre los mejores del
intérprete californiano, que ya cuenta en su haber con dos estatuillas de
Hollywood (una, junto a Matt Damon, por el guion de “El indomable Will Hunting”
y otra como productor de “Argo”). El resto del elenco es mayoritariamente
desconocido. Le acompañan, entre otros, Janina Gavankar (de la serie “The
Morning Show”) y Matthew Glave (“Argo”, “El chico ideal”).
La
evolución profesional de Affleck continúa siendo un misterio que habrá que
desentrañar a la vista de sus próximos proyectos. En 2021 estrenará “Deep
Water”, acompañado por Ana de Armas y a las órdenes del otrora famoso y
polémico Adrian Lyne, así como “The Last Duel”, llamado a ser uno de los
grandes títulos del año entrante. Dirigido por Ridley Scott, cuenta con un
reparto estelar que compartirá nuevamente con su amigo Damon, a cuyo lado
retomará la faceta de guionista.
viernes, 22 de marzo de 2019
TRIPLE FRONTERA (Triple Frontier)
Trailer 2
Duración: 127 min.
País: Estados Unidos
Dirección: J.C. Chandor
Guion: Mark Boal, J.C. Chandor (Historia: Mark Boal)
Fotografía: Roman Vasyanov
Reparto: Oscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam, Pedro Pascal, Garrett Hedlund, Adria Arjona







