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viernes, 22 de noviembre de 2024

GLADIATOR II



Cuando, hace ya bastante tiempo, me enteré de que se pretendía rodar una segunda parte de “Gladiator”, mi intuición me llevó a pensar de inmediato que se trataba de una mala idea. Existen largometrajes que, debido a su elevado nivel, así como al desarrollo y desenlace de sus historias, deberían darse por completos y zanjados. Ese deseo de alargar sus tramas o de dar inicio a una saga, resulta más propio de ávidos productores sedientos de mayores éxitos que de la necesidad de extender unos argumentos claramente concluidos. “Gladiator” es una gran cinta que ganó cinco Oscars (entre ellos, los de mejor película y actor protagonista) y fue elegida la mejor del año, tanto en la ceremonia de entrega de los BAFTA como en la de los Globos de Oro. Yo la he visto en numerosas ocasiones y, lejos de saturarme con cada nuevo visionado, le encuentro un interés cada vez superior.
Mejorar o, siquiera, mantener el listón, entrañaba pues una notable complejidad. Pero, con independencia de lograr rebasar a su predecesora, “Gladiator 2” desprende un claro tufillo a prolongación artificial. Creo que, conscientes de ello, los responsables del proyecto han apostado por la grandilocuencia como forma de superación, lo cual no siempre funciona. Peleas más sangrientas, animales más inmensos y pseudomitológicos (en algunos casos, incluso increíbles, en el sentido literal del término) y decorados más pomposos, pero sin poder desprenderse de dos hándicaps que actúan como lastre continuo durante las casi dos horas y media de proyección: la fatalidad de la inevitable comparación con el título estrenado en el año 2000 y la falta del carisma y magnetismo del personaje de Maximus Decimus Meridius, cuyo recuerdo planea en todo momento. 
Al margen de lo expuesto, y a consecuencia de ese intento del “más difícil todavía”, se traspasa la línea que separa la brillantez del esperpento. No sé a quién se le ocurrió la idea de un Coliseo romano acuático con tiburones, pero sospecho que se debió fumar algo en mal estado. Tan es así que no se sabe si el mensaje transmitido corresponde a una parodia o a una secuela. En definitiva, se confirma el hecho de que sólo se aspira a repetir el antiguo éxito, pretensión hueca ante la escasez de enjundia en los personajes y en el guión. 
Vaya por delante mi plena admiración por Ridley Scott, a mi juicio uno de los realizadores imprescindibles de la Historia del cine, autor de no pocos trabajos que me encantan y que revisiono a menudo. Sin embargo, en esta ocasión, el Scott productor y el Scott realizador no se han entendido. 
La acción se sitúa años después de la muerte del gladiador encarnado por Russell Crowe. Lucio, interpretado entonces por el niño Spencer Treat Clark y ahora por Paul Mescal (Aftersun), ha crecido y se ve forzado a entrar en el Coliseo tras ser testigo de la conquista de su hogar por parte de los tiránicos emperadores que dirigen Roma con puño de hierro. Repleto de furia y con el futuro del Imperio en juego, deberá rememorar su pasado en busca de la fuerza y el honor que devuelvan al pueblo la gloria perdida de Roma.
Ni que decir tiene que los logrados aspectos técnicos y visuales sobresalen y que algunas escenas reflejan una intensidad notable, pero el regusto final conduce a la sensación de haber presenciado un videojuego más que una película. 
Repiten en el reparto Connie Nielsen (Hippolyta en las sagas “Wonder Woman” y “La Liga de la Justicia”, “Basic”, “Retratos de una obsesión”) y Derek Jacobi (veteranísimo actor de variada filmografía -“Enrique V”, “Gosford Park”…-,  que destacó principalmente en la magnífica serie televisiva “Yo, Claudio”). Como novedad, figura  Denzel Washington, cuya excelente trayectoria profesional no necesita presentación, y que se esfuerza enormemente por impulsar esta propuesta, hasta el punto de ser lo mejor de ella. Les acompañan Pedro Pascal (“The Mandalorian”, “Juego de tronos”) y Joseph Quinn (“Un lugar tranquilo: Día 1”).


viernes, 1 de diciembre de 2023

NAPOLEÓN



Ridley Scott es el responsable de numerosas películas que he visionado una y otra vez, desde “Alien, el octavo pasajero” a “Blade Runner” y “Thelma & Louise”, pasando por “Gladiator”, “Black Hawk derribado” o “Red de mentiras”. Se trata de un británico todo terreno con sobrada capacidad para rodar buen cine. Cuestión distinta es que no siempre dé en el clavo. En ocasiones, desconcierta por completo con títulos como “La teniente O'Neil”, o provoca los peores presagios anunciando una segunda entrega de “Gladiator”. Aun así, su valía queda fuera de toda duda. Por ello, ya se ha ganado en virtud de sus sobrados méritos alcanzar el olimpo de los cineastas. Dicho lo cual, “Napoleón” pertenecerá a ese grupo de cintas que yo revise periódicamente.

Gran parte del trabajo de Scott se halla marcado por la épica, de modo que no me sorprendió su interés hacia el perfil del célebre emperador francés. Y, si bien la grandilocuencia marca la proyección de este film, refleja una pomposidad sin alma. No pocos castillos, vestuarios recargados, enormes batallas y gigantescos egos se alían en una trama cuyo hilo argumental, sin embargo, resulta inconexo, falto de garra e, incluso, aburrido. Más allá de los saltos temporales entre escenas, existen diversas secuencias que no encajan dentro de la narración.

Por momentos peca de una falta de originalidad impropia en un proyecto de esta magnitud. No alcanzo a entender cómo en determinados planos se introducen temas musicales compuestos por Dario Marianelli para “Orgullo y prejuicio” (2005), de Joe Wright, cuando es Martin Phipps quien firma el resto de la banda sonora. Para colmo, el tono romántico de la exquisita melodía de Marianelli no casa en absoluto con las imágenes a las que aquí acompaña, dando lugar al rechinar de elementos sobre los que se desarrolla el relato. Más allá de las críticas vertidas por los historiadores, que acusan al largometraje de falta de rigor en ciertos tramos del guion, queda patente la pretensión de que la magnitud del personaje sirva para captar la atención del espectador. Y durante un tiempo lo consigue pero, ante un metraje de dos horas y media, tendría que haber existido más mimo en la recreación y en la construcción de las demás personas que aparecen en pantalla, pues la concatenación de batallas y el subrayado de la vanidad de los protagonistas no bastan. En “Gladiator”, los diferentes papeles, trabajados con mayor profundidad, disponían de diálogos memorables dentro de un argumento mucho más sugestivo. En “Napoleón”, por el contrario, se abusa de las posiciones rígidas y de las miradas distantes.

Joaquin Phoenix, ganador de un Oscar por su actuación en “Joker” y nominado gracias a su participación en “Gladiator”, “En la cuerda floja” y “The Master”, da vida al controvertido emperador galo. Ejecuta una correcta labor, generando de nuevo la duda sobre el verdadero grado de dificultad que le supone cada interpretación, teniendo en cuenta la perturbación y el desequilibrio que muestra públicamente en la vida real. Continúa apuntalando su leyenda con otro personaje excéntrico, aunque a mi juicio recurre en exceso a recursos y tics muy manidos. Vanessa Kirby (candidata a la estatuilla por “Fragmentos de una mujer”), encarna a Josephine Bonaparte y cumple también con solvencia.

Para concluir, una última mención al Cine Víctor, donde fui a ver la película. Abrieron la taquilla a la misma hora marcada para el comienzo del pase, con lo que se retrasó el inicio de la proyección e impusieron un precio superior al de la entrada normal “debido a la excesiva duración de la cinta”, como si cuando fuese más corta lo rebajasen. Desde luego, son los propios exhibidores que se quejan del auge de las plataformas a las que los espectadores recurren desde sus domicilios los que a veces no demuestran la profesionalidad necesaria para honrar al Séptimo Arte.



martes, 5 de julio de 2022

CUARENTA ANIVERSARIO DEL ESTRENO DE "BLADE RUNNER"


Estos días se cumplen cuarenta años del estreno de “Blade Runner”, cinta estadounidense de ciencia ficción dirigida por Ridley Scott. Pese a su fría acogida cuando llegó a las salas de proyección, está considerada actualmente una película de culto y una de las obras más emblemáticas del Séptimo Arte.

Optó al Oscar a los efectos visuales y a la dirección artística. En la ceremonia de los Globos de Oro fue Vangelis -compositor de su banda sonora- quien obtuvo una nominación por su excelente trabajo. Con el tiempo, el film se ha visto encumbrado a la categoría de título imprescindible, figurando en el listado del American Film Intitute entre los diez mejores largometrajes de la Historia del cine dentro del género de la “ciencia ficción”.

Su guión se basa en la novela de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, publicada en el año 1968, y fue escrito por Hampton Fancher y David Webb Peoples. El reparto se encuentra formado por los actores Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, M. Emmet Walsh, Daryl Hannah, William Sanderson, Brion James, Joe Turkel y Joanna Cassidy.

El relato describe un futuro en el que, mediante la ingeniería genética, se fabrican humanos artificiales a los que se denomina «replicantes», que se hallan empleados en trabajos peligrosos y como esclavos en las «colonias exteriores» terrestres. Dichos replicantes son fabricados por Tyrell Corporation con la intención de que resulten «más humanos que los humanos», especialmente los modelos «Nexus-6». Se asemejan físicamente a aquellos, aunque poseen una mayor agilidad y fuerza física. Sin embargo, carecen de empatía y de similar respuesta emocional.

Acaban siendo declarados ilegales en la Tierra tras un sangriento motín ocurrido en Marte, donde trabajaban sometidos a la esclavitud. Un cuerpo especial de la Policía, denominado “Blade Runners”, deberá encargarse de identificar, rastrear y matar («retirar», en el vocabulario interno) a los fugitivos que todavía se encuentran en nuestro planeta.



viernes, 3 de diciembre de 2021

LA CASA GUCCI (House of Gucci)



Cuando una película me gusta mucho, la reviso de forma constante a lo largo del tiempo. Pero para que eso ocurra, además de una corrección formal y artística, tiene que existir alguna conexión entre el largometraje y yo. A menudo, y sin posibilidad de explicar el motivo, se produce ese enlace mágico entre obra y espectador, agrandando así el disfrute del visionado y elevando la categoría del propio filme. Por el contrario, aunque a veces la propuesta sea impecable, la ambientación resulte exquisita y las interpretaciones gocen de un  nivel considerable, asisto a la proyección con frialdad y distancia. En esas ocasiones reconozco los méritos y valoro el esfuerzo, pero no se convierten en títulos que me acompañen de por vida, con las repeticiones y reincidencias propias de mis producciones cinematográficas favoritas.

“La Casa Gucci” presenta una dirección artística muy atrayente, excelentes actuaciones y una narración bien llevada. Por lo tanto, reúne logros evidentes. Consigue embriagar con su atmósfera de lujo, la sucesión de traiciones familiares y un reparto rebosante de estrellas. Sin embargo, el argumento me generó cierto desapego. Quizá se deba a que no me interese demasiado el mundo de la moda, con sus marcas y diseñadores, pero lo cierto es que el metraje me pareció largo y apenas logré conectar con la proyección. Pese a sus opciones legítimas y evidentes de cosechar numerosas nominaciones en los próximos certámenes, dudo que vuelva a verla en el futuro.

Con motivo del reciente estreno de “El último duelo”, ensalcé sobradamente en mi crítica la trayectoria de Ridley Scott como director. Dicha propuesta, guionizada y producida por Ben Affleck y Matt Damon, no me gustó. De hecho, creo que “La Casa Gucci” es mejor en bastantes aspectos, con unos personajes más trabajados, una producción más coherente y unas interpretaciones más acompasadas. Aun así, opino que el veteranísimo (y venerado por mí) cineasta británico muestra ya varios signos de agotamiento pero, aunque sus obras van perdiendo magnetismo y simbología, conserva todavía el rigor técnico y la habilidad narrativa que le caracterizan.  

Cuenta la historia de Maurizio Gucci, nieto del fundador de ese famoso imperio, desde su juventud hasta su asesinato en 1995 por encargo de su exmujer. El cúmulo de amores y traiciones dentro de la propia familia, junto al afán de reinventar una marca que parecía encasillada, se relatan durante dos horas y media a través de una notable fotografía, una música efectiva y un acertado reflejo de la ostentación.

Uno de los atractivos más relevantes radica en el equipo artístico, formado por estrellas consagradas y actores de inmenso talento, cuya lista de galardones multiplicaría la extensión de este texto. No obstante, más allá de los destellos que provoca el citado reparto, sus integrantes demuestran su valía, consolidan gracias a sus trabajos el resultado final y, pese a las extravagancias de algunos de los perfiles que aparecen en pantalla, todos resultan creíbles y dignos de aplauso.

En cabeza figura Adam Driver quien, con dos nominaciones a la estatuilla de Hollywood, ha demostrado su tremendo potencial y enorme capacidad de sugestión en títulos como “Paterson”, “Historia de un matrimonio” o “The Report”. No cabe imaginar opción más óptima para dar vida a Maurizio Gucci. Por su parte, la cantante Lady Gaga, tras convencer con su brillante intervención en la enésima versión de “Ha nacido una estrella”, despliega de nuevo una interpretación potente y rigurosa. El gran Al Pacino, el solvente Jeremy Irons y el camaleónico Jared Leto otrogan una cobertura excepcional a la pareja protagonista. Sólo entre Oscars y Globos de Oro, suman entre los tres diez premios y treinta y ocho nominaciones. Completan el elenco Jack Huston (“La gran estafa americana”), Salma Hayek (“Frida”) o Camille Cottin (“Aliados”, “Cuestión de sangre”).




viernes, 5 de noviembre de 2021

EL ÚLTIMO DUELO (The Last Duel)


Siento una enorme admiración, casi veneración, por Ridley Scott. Sus aportaciones al Séptimo Arte le hacen merecedor de un lugar entre los directores más destacados de la Historia del cine. Considero obras maestras algunos de sus títulos, como “Alien, el octavo pasajero” (1979), “Blade Runner” (1982), “Thelma & Louise” (1991), “Gladiator” (2000) o “Black Hawk derribado” (2001). Y, un peldaño por debajo, pero todavía siendo grandes cintas, figuran “American Gangster” (2007) o “Red de mentiras” (2008). Su filmografía podría servir como un idóneo manual para aprender a narrar y a filmar. En definitiva, se trata de uno de los grandes. Pese a ello, no puedo incluir “El último duelo” en esa selección de largometrajes ilustres ya que, aun sin ser malo, no alcanza el nivel de las mejores obras del mítico cineasta británico.

Ambientada en la Edad Media, presenta en las actuaciones y en los diálogos cierto tufillo a modernidad que desentona. Su excesivo metraje, unido a la apuesta de contar un mismo hecho desde tres perspectivas distintas, implica (salvo algún matiz interesante) demasiadas redundancias innecesarias. El guion, algo errático y descontrolado, se precipita en los primeros minutos, abarcando sucesos deslavazados durante más de quince años para, posteriormente, desubicarse combinando rasgos narrativos contemporáneos con una escenografía arcaica. Algo hay en el modo de contar el relato que le resta credibilidad, centrando todas sus opciones en la magnitud de la épica.

No se puede evitar la comparación con “Gladiator” ni con “Rashōmon”, de Akira Kurosawa. Con el primero, por tratarse del otro emblema histórico de Ridley Scott, y con el segundo, por su similitud en el tema y la trama. Frente a ambos casos, la actual versión, quizá más vanguardista de lo deseable, sale perdiendo. El rigor del guion, el cuidado de los personajes y la coherencia narrativa de aquellos impide salir victoriosa a esta nueva aventura del realizador. No obstante, “El último duelo” también cuenta con notables aciertos. La ambientación, la fotografía, el realismo de varias secuencias y la intensidad de algunos planos merecen destacarse, si bien no optará a ocupar el podio en el currículo de Scott.

Basada libremente en hechos reales, traslada a imágenes el duelo entre Jean de Carrouges y Jacques Le Gris, dos amigos que, con el paso de los años, se convirtieron en enemigos por un motivo muy poderoso. En la Francia del siglo XIV, Marguerite de Carrouges, esposa de Jean, acusa a Le Gris de haberla violado, apelando entonces su marido ante el rey Carlos VI para que autorice un duelo a muerte entre ambos hombres.

La propuesta contiene potencia y épica a raudales, constituyendo sin duda el mayor valor de la filmación. Sin embargo, su pulcritud técnica y su esmerado detallismo acaban emborronados por diálogos un tanto fallidos e interpretaciones bastante desacompasadas, en especial la llevada a cabo por Ben Affleck. Su valía detrás de las cámaras está fuera de toda duda, tal y como atestiguan sus credenciales en “Argo”, “The Town (Ciudad de ladrones)” o “Adiós, pequeña, adiós”. Incluso cuando es capaz de controlar sus excesos interpretativos ofrece actuaciones aceptables. Lástima que, por regla general, resulten torpes y artificiales. Aquí da vida a un noble medieval con la misma sistemática que emplearía para representar al macarra de un videoclip de reggaetón. Su pelo teñido de rubio y su perilla recortada, su permanente copa de vino en la mano (amanezca, atardezca o anochezca, es lo de menos), sus exhibiciones sexuales y su extrema gestualidad perjudican la veracidad de su representado, arruinando de paso el clímax creado por el resto de los actores.

Matt Damon, más sobrio y efectivo, eleva el listón. Pero quien supera a todo el elenco es Adam Driver, que demuestra una facilidad pasmosa para encandilar al objetivo y trasladar su imponente presencia a la pantalla. Sin ser ni mucho menos su actuación más brillante, sobresale sin discusión dentro del casting. Jodie Comer, actriz a la que conocí en la tan interesante como extraña serie televisiva “Killing Eve”, completa el trío protagonista, cumpliendo con su misión.

En mi opinión, pues, el punto débil de “El último duelo” reside en el guion, escrito conjuntamente por Nicole Holofcener, Matt Damon y Ben Affleck. Ella realizó una aceptable labor en “¿Podrás perdonarme algún día?” y ellos, aunque obtuvieron un Oscar por el texto de “El indomable Will Hunting” (menuda paradoja), es obvio que destacan más en otros ámbitos. Y es que el guion es una cosa muy seria.



miércoles, 1 de julio de 2020

20º ANIVERSARIO DEL ESTRENO DE "GLADIATOR" (20th Anniversary of the Premiere of "Gladiator")

Se cumplen veinte años del estreno de la película “Gladiator”, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Russell Crowe, Joaquin Phoenix y Connie Nielsen. 

Crowe interpreta a Máximo Décimo Meridio, un leal general hispano del ejército del Imperio romano que es traicionado por Cómodo, el ambicioso hijo del emperador Marco Aurelio, quien ha asesinado a su padre y se ha hecho con el trono. Forzado a convertirse en esclavo, Máximo triunfa como gladiador mientras anhela vengar la muerte de su familia y la del emperador. 

"Gladiator" fue un éxito tanto entre la crítica especializada como entre el público, y contribuyó al breve resurgir del cine épico ambientado en la Antigüedad Clásica. La cinta recibió numerosos premios y nominaciones, incluidos cinco Oscars (entre ellos los de mejor película y mejor actor principal). Obtuvo asimismo dos Globos de Oro  y cuatro BAFTAS (en ambos casos al de mejor película). 

Se estrenó en 2.938 salas de cine de Estados Unidos y recaudó 34,83 millones de dólares en su primer fin de semana en cartel. En apenas quince días su recaudación en la taquilla norteamericana sobrepasó los 103 millones de dólares, llegando a nivel mundial a más de 450. 

Escenas de la película