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viernes, 29 de mayo de 2026

THE MANDALORIAN AND GROGU



Resulta difícil valorar y explicar la enorme repercusión e influencia que, tanto para la industria del cine como para sus millones de espectadores y aficionados, supone la saga de “Star Wars” creada bajo la mano de George Lucas. Tras las primera y segunda trilogías (Episodios IV, V, y VI -de 1977 a 1983- y Episodios I, II, y III -de 1999 a 2005-), el devenir de los personajes y sus aventuras se multiplicaron y, en cierta medida, se desnaturalizaron. A mi juicio, el punto de inflexión se produjo cuando Lucas vendió en 2012 a “The Walt Disney Company” su productora, “Lucas Film”, incluyendo los derechos de “Star Wars” e “Indiana Jones”. 
A partir de ese momento, la explotación comercial se llevó al extremo, y la creación artística perdió parte de su esencia. En cualquier caso, la evolución se diversificó, tanto en la gran pantalla como en las series de televisión y en las plataformas. Se rodaron cinco películas más: otra trilogía (Episodios VII, VIII y IX -entre 2015 y 2019-) y dos “spin-off” (“Rogue One: una historia de Star Wars” -2016- y “Han Solo: una historia de Star Wars” -2018-). En formato de serie, se torna prácticamente imposible seguir tal proliferación de producciones entre animación e imagen real. Aun así, obtuvo una notable repercusión “The Mandalorian”, que ha estrenado hasta la fecha tres temporadas y que ahora se traslada de la pequeña pantalla a las salas de proyección.
“The Mandalorian and Grogu” se aprovecha de la historia genérica de “Star Wars”, si bien con personajes diferentes a los ya vistos en las trilogías cinematográficas. Dotada de ritmo y atractivo visual, logra entretener, aunque a ese público fiel de los primeros episodios le parecerá una propuesta más desangelada y sin el gancho de aquellos actores y sus tramas legendarias.  
El director y también intérprete Jon Favreau, responsable como cineasta tanto de la serie en la que se basa el film como de franquicias como “Iron Man”, o de la versión en imagen no animada de “El rey león”, domina el espectáculo de las imágenes y la cadencia narrativa, si bien, en mi opinión, desatiende un tanto los personajes y el guion. Ello implica que, a buen seguro, gustará a los seguidores de la serie estrenada en “Disney +” y a los amantes del género de acción. Cumple con creces, desde la estricta pretensión del pasatiempo y a través de una cuidada recreación técnica. Sin embargo, no puede competir con las aventuras que le precedieron desde finales de la década de los setenta en adelante, incluso a partir del cambio de siglo.
En esta continuación de "The Mandalorian" como largometraje, el Imperio ha caído y los señores de la guerra continúan dispersos por toda la galaxia. Mientras, la incipiente Nueva República trabaja para proteger todo por lo que luchó la Rebelión, reclutando la ayuda del legendario caza recompensas mandaloriano Din Djarin y su joven aprendiz Grogu.
Dentro del elenco figura Pedro Pascal, muy de moda tras la innecesaria segunda parte de “Gladiator” y el desilusionante desembarco en la industria norteamericana de Celine Song con “Materialistas”. Ya protagonizó la versión televisiva y está acostumbrado a este tipo de franquicias, habiendo participado en “Los 4 Fantásticos: Primeros pasos” o en “Juego de tronos”. Le acompañan Sigourney Weaver (la legendaria teniente Ripley de la saga “Alien”, tres veces nominada al Oscar por sus actuaciones en “Gorilas en la niebla”, “Armas de mujer” y “Aliens, el regreso”) y Jeremy Allen White (The Bear). Asimismo, poniendo su voz sin aparecer en imagen, interviene el magnífico realizador Martin Scorsese. 



viernes, 22 de noviembre de 2024

GLADIATOR II



Cuando, hace ya bastante tiempo, me enteré de que se pretendía rodar una segunda parte de “Gladiator”, mi intuición me llevó a pensar de inmediato que se trataba de una mala idea. Existen largometrajes que, debido a su elevado nivel, así como al desarrollo y desenlace de sus historias, deberían darse por completos y zanjados. Ese deseo de alargar sus tramas o de dar inicio a una saga, resulta más propio de ávidos productores sedientos de mayores éxitos que de la necesidad de extender unos argumentos claramente concluidos. “Gladiator” es una gran cinta que ganó cinco Oscars (entre ellos, los de mejor película y actor protagonista) y fue elegida la mejor del año, tanto en la ceremonia de entrega de los BAFTA como en la de los Globos de Oro. Yo la he visto en numerosas ocasiones y, lejos de saturarme con cada nuevo visionado, le encuentro un interés cada vez superior.
Mejorar o, siquiera, mantener el listón, entrañaba pues una notable complejidad. Pero, con independencia de lograr rebasar a su predecesora, “Gladiator 2” desprende un claro tufillo a prolongación artificial. Creo que, conscientes de ello, los responsables del proyecto han apostado por la grandilocuencia como forma de superación, lo cual no siempre funciona. Peleas más sangrientas, animales más inmensos y pseudomitológicos (en algunos casos, incluso increíbles, en el sentido literal del término) y decorados más pomposos, pero sin poder desprenderse de dos hándicaps que actúan como lastre continuo durante las casi dos horas y media de proyección: la fatalidad de la inevitable comparación con el título estrenado en el año 2000 y la falta del carisma y magnetismo del personaje de Maximus Decimus Meridius, cuyo recuerdo planea en todo momento. 
Al margen de lo expuesto, y a consecuencia de ese intento del “más difícil todavía”, se traspasa la línea que separa la brillantez del esperpento. No sé a quién se le ocurrió la idea de un Coliseo romano acuático con tiburones, pero sospecho que se debió fumar algo en mal estado. Tan es así que no se sabe si el mensaje transmitido corresponde a una parodia o a una secuela. En definitiva, se confirma el hecho de que sólo se aspira a repetir el antiguo éxito, pretensión hueca ante la escasez de enjundia en los personajes y en el guión. 
Vaya por delante mi plena admiración por Ridley Scott, a mi juicio uno de los realizadores imprescindibles de la Historia del cine, autor de no pocos trabajos que me encantan y que revisiono a menudo. Sin embargo, en esta ocasión, el Scott productor y el Scott realizador no se han entendido. 
La acción se sitúa años después de la muerte del gladiador encarnado por Russell Crowe. Lucio, interpretado entonces por el niño Spencer Treat Clark y ahora por Paul Mescal (Aftersun), ha crecido y se ve forzado a entrar en el Coliseo tras ser testigo de la conquista de su hogar por parte de los tiránicos emperadores que dirigen Roma con puño de hierro. Repleto de furia y con el futuro del Imperio en juego, deberá rememorar su pasado en busca de la fuerza y el honor que devuelvan al pueblo la gloria perdida de Roma.
Ni que decir tiene que los logrados aspectos técnicos y visuales sobresalen y que algunas escenas reflejan una intensidad notable, pero el regusto final conduce a la sensación de haber presenciado un videojuego más que una película. 
Repiten en el reparto Connie Nielsen (Hippolyta en las sagas “Wonder Woman” y “La Liga de la Justicia”, “Basic”, “Retratos de una obsesión”) y Derek Jacobi (veteranísimo actor de variada filmografía -“Enrique V”, “Gosford Park”…-,  que destacó principalmente en la magnífica serie televisiva “Yo, Claudio”). Como novedad, figura  Denzel Washington, cuya excelente trayectoria profesional no necesita presentación, y que se esfuerza enormemente por impulsar esta propuesta, hasta el punto de ser lo mejor de ella. Les acompañan Pedro Pascal (“The Mandalorian”, “Juego de tronos”) y Joseph Quinn (“Un lugar tranquilo: Día 1”).


viernes, 22 de marzo de 2019

TRIPLE FRONTERA (Triple Frontier)

“Triple frontera” se presenta como una muestra del género de acción y ciertamente lo es, aunque esconde en los vericuetos de sus escenas y en los pliegues de su trama una naturaleza diferente. Los personajes parecen estar conectados con los vaqueros de un “western” crepuscular y la historia pretende empujar al espectador hacia una moraleja ética para terminar haciéndole chocar con ella. Mientras visionaba el largometraje, me venía en cierta medida a la cabeza el notable film de Sam Raimi “Un plan sencillo”, donde una gran fortuna en metálico se convertía para los protagonistas en una especie de maldición que los perseguiría irremediablemente, convirtiendo aquellas primeras ilusiones y planes de quien se sabe millonario en un espejismo que daba paso a una pesadilla real y macabra. Resulta innegable que la estética y la envergadura militar de sus protagonistas, los combates con armas contundentes y precisas, y las huidas y los asaltos recubren el metraje con el envoltorio del ritmo ágil, de la tensión latente y de las persecuciones, luchas y explosiones propias del género de acción. Sin embargo, a poco que se profundice, se percibe que en el interior subyace algo más que un mero exceso de disparos, muertes, peleas y ajustes de cuentas. 
El principal problema estriba en algunas partes del guion, que cuenta con significativos déficits y con alguna sonora incongruencia. Se quiere mimar de tal manera el rigor de los papeles estelares, la enjundia del mensaje y la parte dramática de la obra que, al recrear los momentos más combativos y electrizantes, se cae torpemente en algunas trampas. Cierto es que, ante una cinta de acción, somos más permisivos en cuanto a la credibilidad de lo que se nos cuenta que cuando optamos por un drama convencional. Aun así, cabe indicar que algunos aspectos de “Triple frontera” sonrojan, como tragarse que los héroes huyan durante una semana con un pesado y aparatoso botín atravesando la dura cordillera de los Andes sin comida ni bebida. O como aceptar que el narcotraficante más rico y peligroso permanezca sin apenas protección en su casa porque es un día festivo y todos acuden a misa, permitiendo sin apenas dificultad el acceso a lo que se supone un fortín inexpugnable. En definitiva, si se hace la “vista gorda” sobre estos puntos es porque, en conjunto, la obra es interesante y está bien narrada. 
El realizador, J.C. Chandor, me entusiasmó sobremanera gracias a su infravalorada y poco conocida “El año más violento”, en mi opinión uno de los mejores títulos de 2014. Ha estrenado únicamente cuatro trabajos y todos presentan cualidades interesantes. Debutó en 2011 con “Margin Call”, recibiendo una nominación al Oscar al mejor guion original. Continuó en 2013 rodando “Cuando todo está perdido”, con un Robert Redford sufriendo en alta mar. “El año más violento”, su techo profesional hasta la fecha, le proporcionó a la magnífica Jessica Chastain una candidatura a la estatuilla dorada de Hollywood. De hecho, la National Board of Review la eligió mejor película del año y a su pareja protagonista (la citada Chastain y Oscar Isaac) los mejores actores. Ahora estrena “Triple frontera” que, aunque algún peldaño por debajo de su habitual nivel, supone una sugestiva opción de entretenimiento. 
Cinco veteranos profesionales de las Fuerzas Especiales se dan cita en una zona escasamente poblada de Sudamérica, la triple frontera entre Paraguay, Argentina y Brasil. Por primera vez a lo largo de sus prestigiosas carreras, estos héroes olvidados emprenden una peligrosa misión en beneficio de ellos mismos, y no de su país. Robarán y ajustarán cuentas con un capo local que maneja a su antojo el tráfico de drogas. En principio, todo sale bien y se hacen con más de cien millones de dólares en efectivo. Pero, precisamente, el peso y las dimensiones de semejante tesoro dificulta su escapada. Ante las dificultades sobrevenidas, deberán variar el plan previsto y enfrentarse a difíciles decisiones personales y vitales en aras de su supervivencia. 
“Triple frontera” recaló en la plataforma “Netflix” el pasado 13 de marzo y cuenta de nuevo con Oscar Isaac (al que hemos visto en “El año más violento”, “Ex machina”, “A propósito de Llewyn Davis “ y la última entrega de “Star Wars”) para dar vida al líder de este peculiar grupo. Le acompañan Ben Affleck (director de las muy recomendables “Argo”, “The Town. Ciudad de ladrones” y también actor aunque menos brillante), Charlie Hunnam (“Z, la ciudad perdida”, “Cold Mountain”) y Pedro Pascal (“El blues de Beale Street“). En un papel secundario encontramos a Adria Arjona (“Pacific Rim: Insurrección y la serie “True Detective”), a la postre, la más lista de todos.

Trailer 1 (versión original con subtítulos)



Trailer 2 


Datos del filme
Título original: Triple Frontier 
Año: 2019
Duración: 127 min.
País: Estados Unidos
Dirección: J.C. Chandor
Guion: Mark Boal, J.C. Chandor (Historia: Mark Boal)
Fotografía: Roman Vasyanov
Reparto: Oscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam, Pedro Pascal, Garrett Hedlund, Adria Arjona

viernes, 1 de febrero de 2019

EL BLUES DE BEALE STREET (If Beale Street Could Talk)

Barry Jenkins es un director muy poco convencional, con todo lo que ello supone de ventaja e inconveniente. En mi opinión, la parte positiva de la que puede presumir este joven norteamericano supera con creces a la negativa, aunque reconozco que sus películas resultan de visión compleja para la mayoría de los espectadores. En él se halla un artista, un autor, un cineasta independiente y libre que muestra una conexión clara con su obra, revistiéndola de una autenticidad incuestionable. Y esa cualidad, más allá de constituir un mérito, es un auténtico tesoro a la hora de desarrollar cualquier expresión artística. Su forma de contar las historias, tanto desde el punto de vista visual como narrativo, resulta original. Primero “Moonlight”, ganadora del Oscar a la mejor película en 2017, y ahora “El blues de Beale Street”, no se parecen en nada a ningún largometraje anterior, un logro indiscutible en estos tiempos de repetición, copia o reiteración de fórmulas de éxito. 
El título que nos ocupa contiene una carga romántica muy potente que no existía en “Moonlight”. Sin embargo, en ambos se refleja un peso poético, una aureola de lirismo trascendental, que convierten sus visionados en experiencias innovadoras, enriquecedoras y preciosas, con independencia de que, en ocasiones, el sentido de los recursos bucólicos no siempre sea captado por el público en toda su plenitud. Confieso que ciertas escenas me resultaron chocantes. A ratos, incluso, no estaba seguro de haber comprendido el mensaje de Jenkins en su totalidad. Sin embargo, disfruté con su creatividad y, sobre todo, con su brillante sensibilidad, que le habilita para lanzarse a ojos cerrados y con plena confianza a una piscina sin la certeza de saber si hay o no agua. 
La historia se desarrolla en el barrio neoyorkino de Harlem en la década de los setenta. Una joven pareja se ve forzada a separarse cuando él es acusado injustamente de violar a una chica. Una vez encarcelado, ella descubre que está embarazada y decide luchar a contrarreloj para demostrar la inocencia de su pareja y poder reunirse con él antes del nacimiento de su hijo. 
De nuevo los conflictos raciales y el drama se alzan como protagonistas, si bien cubiertos por una amorosa capa de bondad y armonía que le convierte en uno de los largometrajes más hermosos que he visto en los últimos años. En el film se impone la belleza y, si el espectador prescinde de prejuicios y modas para dejarse llevar, disfrutará de una vivencia sorprendente y conmovedora, aunque a veces la lentitud del relato (“marca de la casa” de Jenkins) parezca frenar el impulso de la trama. 
La cinta cuenta con tres nominaciones a los Oscar (mejor guion adaptado para el propio Jenkins, mejor actriz secundaria para Regina King y mejor banda sonora para Nicholas Britell). Resultó asimismo nominada al Globo de Oro a la mejor película dramática y opta también a dos premios BAFTA y a tres “Independent Spirit Awards”. Además, tanto el American Film Institute como la National Board of Review (las dos instituciones de crítica cinematográfica más importantes de Estados Unidos) la han elegido entre los diez mejores trabajos del año. 
El apartado interpretativo corre a cargo de Kiki Layne -en el que es su debut en la gran pantalla- y de Stephan James -al que hemos podido ver junto a Julia Roberts en la serie de televisión “Homecoming” y en “Selma”-. En cualquier caso, quien está acaparando todos los galardones es Regina King, cuya estatuilla dorada de Hollywood en la categoría de mejor actriz secundaria parece estar garantizada. Aunque ya participó en “Ray” y “Enemigo público”, con “El blues de Beale Street” alcanza su mejor registro.

Trailer en castellano



Trailer en versión original


Datos del filme

Título original: If Beale Street Could Talk
Año: 2018
Duración: 119 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Barry Jenkins
Guion: Barry Jenkins (Novela: James Baldwin)
Música: Nicholas Britell
Fotografía: James Laxton
Reparto: KiKi Layne, Stephan James, Diego Luna, Pedro Pascal, Teyonah Parris, Regina King, Colman Domingo