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viernes, 8 de diciembre de 2023

NAVIDAD EN CANDY CANE LANE (Candy Cane Lane)



De la misma forma que en Semana Santa siempre reponen películas de romanos, o en verano tienden a estrenar largometrajes de monstruosas criaturas marinas, también la Navidad arrastra su particular maldición cinematográfica. La cartelera se llena de casas con el tejado nevado, trineos, regalos y luces intermitentes para festejar dicha fiesta. Sin embargo, salvo honrosas excepciones, las cintas en cuestión suelen ser un horror, y no precisamente porque se encuadren dentro del género de terror (aunque, en ocasiones, podrían). Acaba de estrenarse “Navidad en Candy Cane Lane”, una insufrible propuesta sobre esas competiciones dirigidas a  ver quién decora y engalana su hogar de forma más recargada para celebrar tan entrañables fechas. Se trata de un fenómeno similar al que protagonizan algunos alcaldes en nuestro país al disputarse el trono de la iluminación de sus calles, pero en versión americana y desarrollándose la contienda entre los vecinos de un barrio.

El film pretende resultar cómico, navideño y entretenido e, incluso, aspira a la fantasía, pero fracasa estrepitosamente en todos y cada uno de sus objetivos. La ridiculez de la trama y la insignificancia de sus personajes impiden disfrutar de una historia excesiva y  carente de sentido. Y, aun reconociendo que mi concepto de comicidad dista notablemente del sentir mayoritario, me cuesta creer que alguien se ría con las propuestas simplonas sobre las que se asienta un guion redactado como quien enlaza ocurrencias durante una etílica tormenta de ideas.

Presentada como una propuesta familiar, dudo que semejante afirmación pueda defenderse, salvo que se reniegue de aquellos que comparten la misma sangre. Un hombre está decidido a ganar el concurso anual de decoración navideña de su localidad así que, para contar con más posibilidades de recibir el premio, decide hacer un trato con una “elfa” traviesa que, por medio de un hechizo, causará el caos en toda la ciudad. Para salvar las festividades de Navidad de semejante ruina, Chris y su familia deberán encontrar la manera de deshacer el encantamiento y enfrentarse a todo tipo de contratiempos y seres mágicos.

No procede insistir demasiado: “Navidad en Candy Cane Lane” es tan mala como indica su título y sus casi dos horas de proyección se tornan excesivas, si bien dudo de que ni siquiera funcionase como cortometraje. Tal vez en un inicio, cuando fue un germen de idea en alguna cabeza, pudo albergar cierto sentido. Sin embargo, convertida en realidad, ha demostrado ser una mala idea.

Encabeza el reparto el actor Eddie Murphy, quien a principios de los años ochenta transmitió una imagen graciosa y divertida en títulos como “Límite 48 horas” o “Superdetective en Hollywood”. Incluso su actuación en “Dreamgirls” merece en justicia ser destacada. Pero, más allá de estas excepciones, lleva demasiado tiempo exprimiendo su exagerada sonrisa y sus gestos histriónicos. Por más que en algunos de sus trabajos exhiba gancho y acierto, su balanza profesional se inclina hacia el lado negativo. Aquí da vida a otro nuevo perfil que vuelve a parecer el mismo, pero sin la frescura de antaño y, sobre todo, sin un guion solvente que lo sustente. Junto a él figura Jillian Bell, que con este papel de “elfa” insiste en su preferencia por las comedias absurdas. Sus apariciones en “La boda de mi mejor amiga”, “Fiesta de empresa”, “Pelea de profes” o “Una noche fuera de control” definen a las claras la trayectoria de esta joven actriz norteamericana. El realizador Paul Thomas Anderson la intenta rescatar de esta deriva de cuando en cuando (“The Master”, “Puro vicio”), pero no consigue enderezar el rumbo. Completan el reparto Tracee Ellis Ross (“Personal Assistant”), Thaddeus J. Mixson (“Creed III”) y Anjelah Johnson-Reyes (“Sobran las palabras”).



viernes, 9 de junio de 2023

EL PACTO (The Covenant)



Como reflexión inicial he de indicar que, para desesperación de sus admiradores pero por fortuna para mí, “El pacto (The Covenant)” no parece una película de Guy Ritchie. El director británico se había especializado hasta la fecha en largometrajes casposos en los que pretendía compaginar la acción con el humor. Sin embargo, la total falta de credibilidad en sus tramas y personajes me impedía apreciar una mínima intriga e intensidad en sus títulos, pesa a las numerosas explosiones y persecuciones que rodara. Sus chistes básicos e irreverentes tampoco me resultaban graciosos, así que desde el estreno de la aceptable “RocknRolla” en 2008, he considerado su filmografía como un compendio de burdos tópicos. En consecuencia, comencé este visionado con nulas expectativas y, tal vez por ello, me terminó gustando.

En esta ocasión, el cineasta parte de una narración más verosímil y sensata, en la que ni existe una chulería macarra y artificial ni un constante empeño por provocar la hilaridad. Ritchie se ha tomado este trabajo en serio, no tanto en el sentido de ceñirse al drama, cuanto en el de abordar la historia con rigor. En ese sentido, la mejora es evidente y supera el nivel de gran parte de su obra. Rodada como una cinta bélica (habida cuenta de que no pocas escenas reflejan los enfrentamientos en zona de conflicto entre dos bandos armados), su primera mitad se torna bastante convencional en comparación con otros filmes que recrean situaciones similares. No desentona, pero tampoco destaca. Sin embargo, conforme se acerca el desenlace, gana en potencia y emoción, terminando con un final que deja muy buen sabor de boca.

Durante una misión en Afganistán, un sargento del ejército norteamericano entabla relación con un intérprete local que ayuda a su pelotón a comunicarse con la población de la zona. El afgano es calificado de traidor por la mayoría de sus compatriotas, pues se comporta con inusitada lealtad hacia el mando estadounidense. Mientras se involucran en buscar explosivos y reductos talibanes, sufren una emboscada y todo el destacamento cae abatido, a excepción del sargento y el intérprete en cuestión. Viendo al militar herido, el lugareño realiza un esfuerzo sobrehumano por salvarle, recorriendo para ello un territorio repleto de enemigos. Cuando el combatiente recobra el sentido en un hospital de Estados Unidos, comprueba desesperado que su salvador se ha quedado en su país con su familia, buscado y amenazado por los líderes guerrilleros. Comienza entonces una cruzada para conseguirles un visado y repatriarles junto a él, debiendo retornar en persona al territorio en combate para localizarles.

Pese a no basarse en hechos reales, el guion se escribió atendiendo a las experiencias de decenas de soldados e intérpretes que padecieron aquella guerra y, sin duda, el último tramo de la proyección alcanza unas elevadas cotas de fuerza y sentimiento.

Sus protagonistas llevan a cabo unas actuaciones notables. Por un lado, Jake Gyllenhaal, nominado al Oscar por “Brokeback Mountain” y a cargo de interpretaciones tan diversas como las de “Animales nocturnos”, “Nightcrawler”, “Zodiac”, “Prisioneros” o “El amor y otras drogas”, brinda una recreación efectiva de su personaje y ayuda al empuje de la cinta. Menos conocido es Dar Salim, si bien ha intervenido en la célebre serie de televisión “Juego de tronos”.

Como curiosidad, el rodaje tuvo lugar en localizaciones de Alicante, que representaron los parajes afganos. De hecho, “El pacto” se trata de una coproducción española de Fresco Film Services S.L., empresa con sede en Málaga, junto a Inglaterra y Estados Unidos.



viernes, 22 de abril de 2022

UNA CITA CON EL PASADO (All the Old Knives)



El género de espías es uno de los más prolíficos y fructíferos de la industria del cine, y sus historias resultan aptas para el entretenimiento y la intriga. La plataforma Amazon Prime ha estrenado un largometraje de su propia productora (Amazon Studios) titulado “Una cita con el pasado”, otra nueva apuesta por el pasatiempo basado en el “thriller” y el suspense. Con una duración razonable de apenas cien minutos, logra trazar una historia correcta. Cierto es que refleja algún giro de guion un tanto abrupto, pero consigue alcanzar un nivel de distracción aceptable. Sin llegar a aproximarse a los grandes títulos del género, tampoco desentona. En cierta medida recuerda a la destacada “El topo”, aunque en esta ocasión la relación existente entre la pareja protagonista posee una relevancia ausente en la película de Tomas Alfredson.

Con cierto aire a los libros de John le Carré, se trata de un proyecto no pensado para un público adolescente o que busque una acción desmedida. A día de hoy ya no se puede asegurar qué escenas de este tipo de filmes pecan de exageración. Es muy posible que la realidad supere a la ficción y que las imágenes ofrecidas hasta se queden cortas en relación a la verdadera labor de los Servicios Secretos y de los agentes que se dedican al espionaje y a la contrainteligencia. Sea como fuere, esta trama no se torna descabellada y, tal y como está contada, resulta creíble.

La CIA (siglas de Central Intelligence Agency, servicio de información de los Estados Unidos encargado de la seguridad interna de su nación recopilando datos en el exterior y actuando fuera de sus fronteras) descubre que uno de sus agentes filtró una información clasificada que costó la vida a muchas personas. A partir de ese momento, se asigna a otro agente para descubrir quién de sus antiguos compañeros de oficina en la agencia de Viena es el topo. Durante su investigación se reencuentra con una ex amante y antigua colega. Ambos se verán obligados a difuminar los límites entre la profesión y la pasión, mientras reexaminan una misión en la que participaron seis años atrás.

Sin demasiadas pretensiones, la cinta logra captar la atención del público con una sutil mezcla de elegancia, misterio y atracción sexual. La mujer y el hombre se complementan bien en la pantalla ante una narración hábil. Se producen constantes saltos en el tiempo y la fotografía deviene especialmente atractiva. Quizá se ralentiza un poco la tensión a causa de un interrogatorio demasiado prolongado. Janus Metz, un danés que ya dirigió algún episodio de la serie televisiva “True Detective” y “Borg McEnroe” para la pantalla grande, sobre la rivalidad entre las dos leyendas del tenis, se sitúa detrás de la cámara. No cae en estereotipos demasiados manidos, pese a responder a los cánones clásicos de esta modalidad cinematográfica. A mi juicio, supera la prueba. Dentro del equipo de productores se encuentran Matt Jackson (“El juicio de los 7 de Chicago”, “Molly's Game”, “Secretos de Estado”) y el trío formado por Paula Mae Schwartz, Nick Wechsler y Steve Schwartz (con labores conjuntas en “La carretera” y “El consejero”).

Los actores llevan a cabo una labor apropiada y dotan de verosimilitud al relato. Encabeza el reparto Chris Pine, partícipe de los “Star Trek” de J.J. Abrams,  las dos entregas de “Wonder Woman” y “Comanchería”. Reconozco que su trabajo aquí me ha agradado. Le da la réplica la actriz Thandie Newton (“RocknRolla”, “En busca de la felicidad”, “Crash” de Paul Haggis). Les acompañan el siempre vigoroso Laurence Fishburne (de las sagas “Matrix” y “John Wick”, y con apariciones muy destacadas en “Contagio” o “Mystic River”) y Jonathan Pryce (nominado a la estatuilla de Hollywood por “Los dos Papas” y recordado por “Glengarry Glen Ross: Éxito a cualquier precio” y “La edad de la inocencia”).



viernes, 14 de enero de 2022

THE TENDER BAR



Hace ya varios años leí la novela “El bar de las grandes esperanzas” y me encantó. Pasó a formar parte de mis libros de referencia y su autor, J. R. Moehringer, se convirtió en un nombre reconocible. Su título original es “The Tender Bar”, se publicó en 2005 y alcanzó un gran éxito de ventas. En ella el autor describe sus recuerdos de infancia y juventud con cercanía y sorprendente ternura, sobre todo porque refleja las numerosas facetas de una realidad familiar desestructurada y repleta de carencias. Supongo que se trata de uno de esos ejemplos del sueño americano por los que una persona de origen humilde, infancia problemática y situación económica precaria termina triunfando pese a todo. Porque J. R. Moehringer ganó el prestigioso premio Pulitzer de Periodismo, escribió para el “The New York Times” y ha continuado cosechando relevantes triunfos editoriales con, por ejemplo, “Open, mi historia”, la biografía del tenista estadounidense Andre Agassi.

El siempre polifacético George Clooney ha decidido dirigir la adaptación cinematográfica, reflejando correctamente esa ternura de la versión literaria, así como la curiosa y atrayente historia que une a su protagonista con la literatura y con el bar de su tío. En esta ocasión también me he dejado atrapar por el modo en que se describen los vacíos del padre ausente, los dramas en el seno del hogar y la compensación de todo ello con lecturas y conversaciones en la barra de un pub. No obstante, se evidencia cierta falta de garra en el ritmo narrativo y en la puesta en escena, que quedan muy lejos de la excelencia de “Los idus de marzo” o de la profundidad de “Buenas noches, y buena suerte”, si bien Clooney consigue aquí remontar el traspié cometido con “Cielo de medianoche”.

Entrelazando momentos de las épocas infantil y juvenil del personaje principal, construye un relato agradable, creíble y honesto que se desarrolla durante un comedido metraje, que apenas supera la hora y media de proyección. Tal vez resulte demasiado edulcorado, pues hasta los momentos más dolorosos en la vida del escritor se reflejan a través de algunas escenas delicadas y con un marcado tono sensible pero, en todo caso, nos sitúa ante una historia interesante, bien contada y con méritos más que suficientes para disfrutar de esos recuerdos que se esfuerzan por resultar afectivos. Puede que ese grado de afabilidad del largometraje lo haga resultar un tanto endeble para parte de los espectadores, habida cuenta que no incluye una trama de gran intensidad ni una recreación potente de la historia de una generación. Supone, sencilla y llanamente, una reconfortante y amable radiografía interior que pretende, con toda la intención, acariciar y nunca golpear.

A cargo de un acertado acompañamiento musical, el film se centra en la importancia de la familia y en la capacidad de madurar de las personas durante ese complicado tránsito de la niñez a la edad adulta, a menudo marcado por circunstancias involuntarias o aleatorias. Esta no es la primera relación de J.R. Moehringer con el cine. En 2007 se estrenó “El último asalto”, cinta dirigida por Rod Lurie y protagonizada por Samuel L. Jackson y Josh Hartnett, basada en un artículo suyo para “Los Angeles Times Magazine” que versaba sobre la figura y la carrera del boxeador profesional Bob Satterfield.

La nominación de Ben Affleck como mejor actor secundario ha sido la única candidatura a los Globos de Oro para “The Tender Bar”. Acreditado como buen director, tal y como lo demuestran “Argo”, “The Town. Ciudad de ladrones” y “Adiós pequeña, adiós”, puede también ser un intérprete notable cuando se le controla con tino. Y, aunque suele tender a la exageración y a la caricaturización de sus personajes, de vez en cuando ofrece una actuación como la que realiza aquí, efectiva y certera. Daniel Ranieri debuta encarnando a Moehringer de niño, mientras que Tye Sheridan (“Mud”,“El contador de cartas”, “Ready Player One”) lo representa de joven. Completan el reparto un envejecido Christopher Lloyd (el mítico Dr. Emmett Brown de “Regreso al futuro”) y Lily Rabe (“Sin reservas”, “Todas las cosas buenas”).



viernes, 31 de julio de 2020

MANHATTAN SIN SALIDA (21 Bridges)

El actual panorama cinematográfico se sitúa en consonancia con el fatídico año 2020. Con numerosos estrenos postergados hasta la temporada navideña o directamente suspendidos sin fecha prevista de proyección, la cartelera se nutre de reestrenos antiguos y de cintas a las que no se dio cabida en su momento. La incertidumbre y el miedo a no recuperar las inversiones multimillonarias de los proyectos por la imposibilidad de que el público acuda masivamente a las salas hace que se torne cada vez más difícil escribir una crítica semanal de opinión. Ante esta tesitura, una de las alternativas consiste en recurrir a las plataformas digitales donde, a mi juicio, se acentúa aún más si cabe la tendencia de las productoras a ofrecer largometrajes como si fueran piezas idénticas de una cadena de montaje y en su mayoría se trata de propuestas cinematográficas bastante mediocres. 
En esta ocasión es “Manhattan sin salida”, film del año 2019, el que puede verse en Amazon Prime. Tras su visionado se me ocurrió darle como título “El cine, sin salida”, ya que refleja perfectamente esta situación que ahora mismo padece el Séptimo Arte y que merece superar cuanto antes. Supone el debut en la gran pantalla del irlandés Brian Kirk, sin embargo con un bagaje muy considerable en series de televisión como “Juego de tronos” o “Los Tudor”. Más allá de una mera corrección técnica, nada aporta de original, artístico o creativo, calcando un sinfín de propuestas de acción basada en la corrupción policial y recordando casi en cada plano a cientos de títulos de temática similar, interpretaciones incluidas. 
Cuenta la historia de un policía de Nueva york a quien encargan la investigación del asesinato de varios de sus compañeros. Durante la búsqueda a contrarreloj de los responsables (lo que requiere el cierre por vez primera de todos los puentes de acceso al barrio neoyorkino de Manhattan), el detective descubrirá una conspiración en cuyo trasfondo deberá discernir entre aquellos a los que tiene que cazar y aquellos que están tratando de cazarle a él, constatando finalmente que los verdaderos responsables se encuentran a su lado. 
Las escenas de tiroteos con decenas de coches de policía agujereados por las balas, la facilidad con la que los agentes de la ley caen en los enfrentamientos mientras los delincuentes consiguen milagrosamente esquivar los disparos que les dirigen desde tierra y aire, las persecuciones por las calles, incluso el discurso moralista establecido entre el “poli” bueno y el “poli” malo, constituyen un plagio de otras ofertas ya presenciadas en infinidad de ocasiones. Siendo muy generoso, podría calificarla de copia disfrazada. Absolutamente convencional y sin salirse un milímetro de lo esperado, la intriga queda anulada por una patente falta de creatividad. 
Formando parte del elenco figuran los actores Chadwick Boseman (Black Panther), Sienna Miller (“El francotirador”, “Z, la ciudad perdida”) y el gran J. K. Simmons -ganador del Oscar por la fantástica “Whiplash” e intérprete de excelentes títulos como “La, La Land” y “Las normas de la casa de la sidra”, y que cuenta con un extenso currículum en el que destacan la saga de “Spiderman” o “Juno”-. Les acompañan Stephan James (“El blues de Beale Street”, “El héroe de Berlín”) y Taylor Kitsch (“X-Men orígenes: Lobezno”).

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Datos del filme
Título original: 21 Bridges
Año: 2019
Duración: 99 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Brian Kirk
Guion: Matthew Carnahan, Adam Mervis
Música: Alex Belcher, Henry Jackman
Fotografía: Paul Cameron
Reparto: Chadwick Boseman, Sienna Miller, Taylor Kitsch, J.K. Simmons

viernes, 11 de enero de 2019

COMO LA VIDA MISMA (Life Itself)

El elenco de intérpretes de “Como la vida misma” ya es, de por sí, lo suficientemente llamativo como para atraer a los aficionados al Séptimo Arte. Abarca sin duda mucho talento acumulado y numerosos rostros populares. No obstante, sustentar un largometraje tan sólo sobre los hombros de sus actores y actrices puede resultar efectivo como anzuelo para los espectadores pero, si carece de una correcta dirección y un guion solvente, su resultado final siempre será decepcionante. Aunque aspire a ser una historia coral bien hilvanada y emotiva, lo cierto es que fallan las conexiones entre sus diferentes tramas, por lo que naufraga en cuanto al estilo narrativo -no terminan de encajar las piezas-y a una visión interesante de los personajes. 
Genera demasiadas expectativas que en gran medida quedan sin responder, limitándose a dejarse arrastrar por el efecto deslumbrante de su casting de lujo. El desarrollo se muestra demasiado obvio. La filmación, muy convencional. El estilo, excesivamente simplista. En consecuencia, se apodera de la pantalla un aura de incredulidad. Se adentra en exceso donde no debiera a través de mensajes subliminales de presunta profundidad filosófica y, por el contrario, no se involucra en cuestiones artísticas ni cinematográficas. No basta, pues, con tener una buena idea. Cómo llevarla a cabo y cómo contarla en el fondo y en la forma resultan indispensables para que cobre cuerpo. Pero aquí, a buen seguro sin mala fe, se difunde un planteamiento próximo a la trascendencia que peca de falsas ínfulas y adolece de consistencia real. 
Una pareja se conoce en el transcurso de una fiesta universitaria y termina enamorándose. Partiendo de dicho comienzo se van ramificando una serie de argumentos paralelos en el tiempo y el espacio. Varios continentes y diferentes épocas se entrecruzan, vinculando a las personas de forma sorprendente. 
Los diálogos desprenden artificialidad y las escenas, inconsistencia, de modo que prolongar este metraje durante casi dos horas termina por convertirse en una agonía innecesaria. El director, guionista y principal responsable de “Como la vida misma” es Dan Fogelman, cuyo anterior trabajo detrás de la cámara (“Nunca es tarde”, cinta protagonizada por Al Pacino, Annette Bening y Jennifer Garner) le concedía cierto crédito para proyectos futuros. Lamentablemente, ese crédito se le ha agotado de golpe. Algunos de sus anteriores guiones (“Un desmadre de viaje”, “Plan en Las Vegas”) ya mostraban su notable incapacidad para armar relatos con enjundia y esta apuesta de los estudios Amazon tampoco le ha salido bien. 
En todo caso, es justo reconocer que los intérpretes se salvan del desastre, eximidos del desaguisado a base de hacer lo que buenamente pueden. Oscar Isaac es uno de los actores más interesantes del panorama actual y sus actuaciones en “El año más violento” y “A propósito de Llewyn Davis” le sitúan a la altura de muy pocos profesionales de la interpretación. Por su parte, Olivia Wilde comienza a abrirse camino gracias a títulos como “Her” y “El ladrón de palabras”. Acompaña a ambos un ramillete de estrellas que incluye a Annette Bening (con cuatro nominaciones al Oscar y una envidiable filmografía donde destacan “American Beauty”, “Los timadores”, “Los chicos están bien” o “Bugsy”), Mandy Patinkin (mundialmente famoso por su papel en “La princesa prometida” y su intervención en la serie televisiva “Homeland”), Olivia Cooke (“Ouija”, “Ready Player One”), Antonio Banderas (candidato al Globo de Oro en cuatro ocasiones) o Samuel L. Jackson, que hace de Samuel L. Jackson porque él lo vale. Podría mencionar a otros muchos, pero sólo dan cumplida cuenta de un exceso de talento desaprovechado.

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Datos del filme

Título original: Life Itself
Año: 2018
Duración: 118 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Dan Fogelman
Guion: Dan Fogelman
Música: Federico Jusid
Fotografía: Brett Pawlak
Reparto: Oscar Isaac, Olivia Wilde, Annette Bening, Antonio Banderas, Samuel L. Jackson, Olivia Cooke, Mandy Patinkin