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viernes, 12 de julio de 2024

SUPERDETECTIVE EN HOLLYWOOD: AXEL F. (Beverly Hills Cop: Axel F)



Hace cuarenta años, en aquel 1984 en el que se estrenaron títulos como “Amadeus”, “Los cazafantasmas”, “Footloose”, “Cootton Club” o “Indiana Jones y el templo maldito”, también llegó a las pantallas una propuesta cómica que obtuvo gran éxito: “Superdetective en Hollywood”. Con una música pegadiza de Harold Faltermeyer, Eddie Murphy explotó su vertiente humorística y descarada en un largometraje divertido y desenfadado. Recaudó más de trescientos millones de dólares en todo el mundo (para aquella época, todo un logro) y catapultó a la figura del detective Axel Foley a ser una de las más recordadas de la década de los ochenta. Por supuesto, se rodó una segunda parte en 1987 (siendo el film más taquillero de entonces en los Estados Unidos) y una tercera en 1994 (en esta ocasión, con un fracaso de recaudación muy notable).

La saga parecía olvidada, más allá de sus reposiciones en televisión en las que, sobre todo la primera, sigue conservando su gancho, en especial para aquella generación que vivió entonces su juventud y que sigue aún hoy emocionándose con aquellas cintas. Ahora, en pleno 2024 y con un sesentón Eddie Murphy, alguien pensó que sería buena idea volver a hacer patrullar las calles a un ya veterano Foley, repescar sus chistes e, incluso, rodar algunas escenas parodiando las originales.

Desconozco si ha sido la nostalgia el motor de esta cuarta entrega, pero mejor hubiera sido saciar esa sed de añoranza volviendo a visionar las aventuras anteriores del simpático detective, porque aquellas antiguas secuencias todavía provocan sonrisas y hasta risas. Por el contrario, esos personajes que conocimos antaño (y no sólo el protagonista, sino Billy Rosewood, John Taggart o Serge) generan una sensación más bien negativa, en la que la melancolía da paso a la tristeza, y no por el paso del tiempo, sino por la degeneración de la saga.

La trama, más que similar, parece calcada a las de sus predecesoras: misma música, misma canción y mismos planos. A lo sumo, presenta escenas más aparatosas, pero el público no dejará de asociar lo filmado en esta última parte con lo filmado en la inicial: persecuciones con camiones, disparos, buenos, malos, el lujo de Beverly Hills y el peculiar estilo guasón de Axel.

Confieso que me apetece más volver a ver la primera parte que esta cuarta. A base de insistencia, se proyecta el mismo perfil de Murphy cuatro décadas atrás, con un aroma desenfadado que resulta atrayente. A la larga, sin embargo, todo se percibe forzado. Y, pese a superar a la tercera entrega (un auténtico horror de película), apenas sirve para pasar un rato.

El director Mark Molloy debuta detrás de la cámara con “Superdetective en Hollywood: Axel F.”. Jerry Bruckheimer,  peso pesado en el gremio de los productores, continúa impulsando este proyecto, estrenado recientemente en Netflix. Eddie Murphy (“El príncipe de Zamunda”, “Dreamgirls”) también se sitúa nuevamente al frente del reparto  y repiten Judge Reinhold, John Ashton y Bronson Pinchot. Todos ellos han cimentado sus carreras sobre tan singular franquicia. Como novedad figura Kevin Bacon, uno de los rostros más reconocibles de la cinematografía americana gracias a “Algunos hombres buenos”, “Apolo 13”, “El hombre sin sombra” o “Mystic River”, entre otras. También participa Joseph Gordon-Levitt (“Origen”, “Looper”, “500 días juntos”, “El caballero oscuro: La leyenda renace”), mientras que Taylour Paige da vida a la hija del célebre detective.



viernes, 8 de diciembre de 2023

NAVIDAD EN CANDY CANE LANE (Candy Cane Lane)



De la misma forma que en Semana Santa siempre reponen películas de romanos, o en verano tienden a estrenar largometrajes de monstruosas criaturas marinas, también la Navidad arrastra su particular maldición cinematográfica. La cartelera se llena de casas con el tejado nevado, trineos, regalos y luces intermitentes para festejar dicha fiesta. Sin embargo, salvo honrosas excepciones, las cintas en cuestión suelen ser un horror, y no precisamente porque se encuadren dentro del género de terror (aunque, en ocasiones, podrían). Acaba de estrenarse “Navidad en Candy Cane Lane”, una insufrible propuesta sobre esas competiciones dirigidas a  ver quién decora y engalana su hogar de forma más recargada para celebrar tan entrañables fechas. Se trata de un fenómeno similar al que protagonizan algunos alcaldes en nuestro país al disputarse el trono de la iluminación de sus calles, pero en versión americana y desarrollándose la contienda entre los vecinos de un barrio.

El film pretende resultar cómico, navideño y entretenido e, incluso, aspira a la fantasía, pero fracasa estrepitosamente en todos y cada uno de sus objetivos. La ridiculez de la trama y la insignificancia de sus personajes impiden disfrutar de una historia excesiva y  carente de sentido. Y, aun reconociendo que mi concepto de comicidad dista notablemente del sentir mayoritario, me cuesta creer que alguien se ría con las propuestas simplonas sobre las que se asienta un guion redactado como quien enlaza ocurrencias durante una etílica tormenta de ideas.

Presentada como una propuesta familiar, dudo que semejante afirmación pueda defenderse, salvo que se reniegue de aquellos que comparten la misma sangre. Un hombre está decidido a ganar el concurso anual de decoración navideña de su localidad así que, para contar con más posibilidades de recibir el premio, decide hacer un trato con una “elfa” traviesa que, por medio de un hechizo, causará el caos en toda la ciudad. Para salvar las festividades de Navidad de semejante ruina, Chris y su familia deberán encontrar la manera de deshacer el encantamiento y enfrentarse a todo tipo de contratiempos y seres mágicos.

No procede insistir demasiado: “Navidad en Candy Cane Lane” es tan mala como indica su título y sus casi dos horas de proyección se tornan excesivas, si bien dudo de que ni siquiera funcionase como cortometraje. Tal vez en un inicio, cuando fue un germen de idea en alguna cabeza, pudo albergar cierto sentido. Sin embargo, convertida en realidad, ha demostrado ser una mala idea.

Encabeza el reparto el actor Eddie Murphy, quien a principios de los años ochenta transmitió una imagen graciosa y divertida en títulos como “Límite 48 horas” o “Superdetective en Hollywood”. Incluso su actuación en “Dreamgirls” merece en justicia ser destacada. Pero, más allá de estas excepciones, lleva demasiado tiempo exprimiendo su exagerada sonrisa y sus gestos histriónicos. Por más que en algunos de sus trabajos exhiba gancho y acierto, su balanza profesional se inclina hacia el lado negativo. Aquí da vida a otro nuevo perfil que vuelve a parecer el mismo, pero sin la frescura de antaño y, sobre todo, sin un guion solvente que lo sustente. Junto a él figura Jillian Bell, que con este papel de “elfa” insiste en su preferencia por las comedias absurdas. Sus apariciones en “La boda de mi mejor amiga”, “Fiesta de empresa”, “Pelea de profes” o “Una noche fuera de control” definen a las claras la trayectoria de esta joven actriz norteamericana. El realizador Paul Thomas Anderson la intenta rescatar de esta deriva de cuando en cuando (“The Master”, “Puro vicio”), pero no consigue enderezar el rumbo. Completan el reparto Tracee Ellis Ross (“Personal Assistant”), Thaddeus J. Mixson (“Creed III”) y Anjelah Johnson-Reyes (“Sobran las palabras”).