viernes, 10 de octubre de 2008

ASESINATO JUSTO

El director y productor norteamericano Jon Avnet cosechó sus mayores éxitos en la década de los noventa y, después de rodar algunos títulos notables como Íntimo y personal (con Robert Redford y Michelle Pfeiffer) y, sobre todo, Tomates verdes fritos (con Kathy Bates y Jessica Tandy), abrió un largo paréntesis en su faceta de realizador de casi diez años y se dedicó a la producción y al medio televisivo. Hasta el año pasado no volvió a colocarse detrás de la cámara para filmar la cinta 88 minutos que, a pesar de estar protagonizada por Al Pacino, fue vapuleada por la crítica y pasó desapercibida para el público. Ahora estrena Asesinato justo, largometraje cuya promoción se centra exclusivamente en el reclamo de ver juntos en la gran pantalla a dos monstruos de la interpretación como son Robert de Niro y el ya citado Pacino. Ambos actores, pese a integrar el reparto de la obra maestra El padrino II de Francis Ford Coppola, no coincidieron en ninguna de sus escenas y tuvieron que esperar veinte años para que el brillante Michael Mann les reuniera en la interesante Heat, donde sí compartieron plano.
Viendo este film se comprende el intento de publicitarlo sobre la base de sus dos protagonistas, ya que es el único aliciente que reviste un mínimo de interés para el espectador. Su problema principal estriba en que una de las temáticas más tratadas en la historia del séptimo arte es la policiaca y, por lo tanto, películas sobre policías y asesinos en serie hay centenares. Para que un proyecto de estas características interese de verdad debe añadir un toque de originalidad merced a personajes intensos, diálogos brillantes y puestas en escena alternativas. En definitiva, algo que le diferencie del resto. Sin embargo, Asesinato justo nos ofrece más de lo mismo: personas y situaciones que ya hemos visto en infinidad de ocasiones y una reiteración de tópicos y estereotipos que lastran el resultado final. Por todo ello, lo único que salva a la historia es la mera presencia del dúo Pacino-De Niro.
Es indudable que estamos ante los mejores. Entre ambos suman la nada despreciable cifra de catorce nominaciones a los Oscar y en sus respectivas filmografías sobresalen títulos inolvidables que van desde El padrino, Tarde de perros, El precio del poder o El dilema hasta Taxi Driver, El cazador o La misión. A esta interminable lista también se añaden unas notabilísimas aportaciones al oficio de realizadores. Tanto la meritoria Looking for Richard –hasta ahora la única cinta dirigida por Al Pacino- como las excelentes Una historia del Bronx y El buen pastor –las dos realizadas por Robert De Niro- demuestran su valía a ambos lados de la cámara. Lástima que, cada vez con mayor frecuencia, acepten trabajos que no están a la altura de su categoría y que perjudican en cierta medida a sus trayectorias profesionales.
En papeles más secundarios figuran John Leguizamo –Romeo y Julieta, Moulin Rouge, El incidente- y Brian Dennehy -Acorralado, Cocoon, Presunto inocente-.

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