Gabriel Yared nació en Beirut el 6 de octubre de 1949.
Compositor franco-libanés, conocido principalmente por sus trabajos en el cine
francés y estadounidense, posee un Oscar por la banda sonora de “El
paciente inglés” y ha estado nominado en otras dos ocasiones al máximo galardón de la
Academia de Cine de Hollywood (“Cold Mountain” y “El talento de Mr. Rippley”). Por dichos largometrajes recibió también premios y candidaturas a los Globos de
Oro.
Igualmente ha ganado el César, que otorga la Academia de Cine de Francia, por la música de “El amante”.
Destacan asimismo sus composiciones para “Betty Blue”
(1986), “La pasión de Camille Claudel” (1988), “City of Angels” (1998), “Mensaje
en una botella” (1999), “Un asunto real” (2012) o “Judy” (2019).
Bill Conti nació en Rhode Island el 13 de abril de 1942.
Compositor estadounidense de origen italiano y especializado en la música cinematográfica, ha estado tres veces nominado al Oscar, por sus bandas sonoras para “Rocky”, “Sólo para sus ojos” y “Elegidos para la gloria” (con la que finalmente ganó la preciada estatuilla de la Academia de Cine de Hollywood).
Comenzó a estudiar piano a los siete años, para ingresar posteriormente en la Universidad Estatal de Luisiana y en la Juilliard School of Music.
Aparte de para las películas ya mencionadas y la saga completa de “Rocky”, ha compuesto las partituras de “Harry y Tonto” (1974), “Una mujer descasada” (1978), “Gloria” (1980), “Evasión o victoria” (1981), “Karate Kid” (1984), “FX, Efectos mortales” (1985) o “Al filo de la noticia” (1987).
Asimismo, ha sido el director musical de las ceremonias de entrega de los Oscars durante varios años.
Resulta
lógico que la tormentosa realidad que vive nuestro planeta se cuele de alguna
manera en las manifestaciones artísticas. El cine, en consecuencia, tampoco
permanece ajeno a los conflictos políticos, migratorios y sociales que reflejan
a diario los medios de comunicación. Por ello, la tensa relación entre México y
Estados Unidos en plena segunda era del Ejecutivo de Donald Trump, así como los
cada vez más irresolubles problemas relativos a la inmigración, afloran en
“Dreams”, a veces de modo subliminal y a veces, explícito.
El
cineasta mejicano Michel Franco ya sorprendió por medio de su peculiar visión
de las disputas colectivas con la cinta “Nuevo orden”, ganadora del Festival de
Cine de Venecia en 2020. Posee una marcada preferencia por la descripción de
las desigualdades o, al menos, de las diferencias entre estratos sociales e
individuos que se interrelacionan.
En
ese sentido, “Dreams” aborda los mismos temas, pero desde otras perspectivas,
incidiendo en mayor medida en el ámbito sexual de los personajes y con una
disección más fría y distante en cuanto al aspecto político de su discurso. Se
subrayan numerosas metáforas y contradicciones, si bien esta trama se asemeja a
las tradicionales propuestas de parejas con entornos sociales alejados y
círculos que apenas se tocan.
Un
joven bailarín de ballet mexicano sueña con obtener el reconocimiento internacional
y vivir en EE.UU. Convencido de que su amante estadounidense, una filántropa de
la alta sociedad, lo apoyará, decide dejar todo atrás para cumplir su sueño.
Sin embargo, la pareja se halla mediatizada por los estereotipos que le imponen
a ella su familia y sus amigos, empezando a cuestionarse la compatibilidad
entre su estilo de vida y su relación amorosa.
Una
ajustada duración de apenas hora y media evita que el metraje resulte largo,
aunque, por momentos, la historia narrada no da para más, bien porque estar ya descrita,
bien por su similitud con otras que plantean idénticos temas, aun desde
distintos prismas. La deriva de ambos protagonistas y el escenario común en el
que se mueven sostienen al guion durante un tramo de la proyección, pero sin
impedir que se noten ciertas flaquezas narrativas.
“Dreams”
se estrenó en 2025 en el Festival de Cine de Berlín y, sin poder ser calificada
como una mala película, se sitúa claramente por debajo de otros títulos de su
realizador. Además de la mencionada “Nuevo orden”, sus trabajos en “Sundown”, “Después
de Lucía” o “Memory” dejan a este último largometraje un tanto desangelado ante
la comparación.
Jessica
Chastain encarna a la millonaria norteamericana. Ganadora de un Oscar por su
papel en “Los ojos de Tammy Faye”, prefiero sus actuaciones en “La noche más oscura”
y “Molly's Game”. En su currículum destacan filmes como “Interstellar”, la
curiosa trilogía de “La desaparición de Eleanor Rigby” y “Criadas y señoras”. Actriz
excelente, perfila a la perfección este personaje, dotándolo de solvencia y
credibilidad y convirtiéndolo en lo mejor de “Dreams”. El bailarín Isaac
Hernández debuta como actor con una interpretación correcta.
En
intervenciones secundarias les acompañan Rupert Friend (famoso por dar vida a Peter
Quinn en la magnífica serie de televisión “Homeland” y visto asimismo en
“Orgullo y Prejuicio”, de Joe Wright o “Asteroid City), y el menos conocido Marshall
Bell (“Desafío Total”, “Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto”).
Basil Poledouris fue un compositor de música de cine de origen griego, nacido en Estados Unidos el 21 de agosto de 1945 y fallecido el 8 de noviembre de 2006.
En los International Film Music Critics Award (IFMCA) estuvo nominado en cuatro ocasiones.
Son muy conocidas sus bandas sonoras para películas de acción y aventuras, destacando “El lago azul” (1980), “Conan el Bárbaro” (1982), “Conan el Destructor” (1984), “Amanecer rojo” (1984), “RoboCop” (1987), “La caza del Octubre Rojo” (1990), “Liberad a Willy” (1993) y “Entre el amor y el juego” (1999).
Se matriculó en la Universidad del Sur de California para estudiar cine y música. Allí conoció a los directores John Milius y Randal Kleiser, con los que más tarde terminó colaborando. La de "Conan el Bárbaro" se considera una de las mejores composiciones en este género cinematográfico.
En 1985 llevó a cabo su trabajo en “Los señores del acero” (Flesh & Blood), de Paul Verhoeven, suponiendo el primer encuentro entre ambos, que se repitió en “Starship Troopers” (1997).
A
mi juicio, son numerosos los aspectos positivos a señalar en la última película
de Steven Spielberg. También cabe alguno negativo, pero prefiero comenzar esta
crítica resaltando el placer que me produjo revivir sensaciones de antaño
cuando acudía a las salas de proyección a ver sus largometrajes, cuya diversión
y entretenimiento me saciaban en aquella bendita década de los ochenta. Con “El
día de la revelación” parece concluir una trilogía no oficial, tras “Encuentros
en la tercera fase” y “E.T. El extraterrestre” y con un cierto aroma a la
famosa serie televisiva “Expediente X”, otra de las ofertas que me atraparon en
mi juventud.
El
sello del cineasta, del que sobran las presentaciones, se reconoce completamente.
Por todos conocido, yo lo asocio a mi propio crecimiento vital, pues su obra me
ha acompañado desde la infancia hasta el día de hoy. La utilización de la luz
en las imágenes, el movimiento de la cámara, el ritmo ágil (entre divertido e
intenso) y, sobre todo, el aire infantil, bienintencionado, jovial y distendido
que impregna, sobre todo, sus obras iniciales, me ha devuelto a otra época. Y
he disfrutado de nuevo con ese divertimento aventurero, imaginativo y un punto
iluso con el que asocio a aquellos tiempos. La fotografía de Janusz Kaminski y la
música de John Williams (que escucho de fondo mientras escribo estas líneas)
también contribuyen a dejarse llevar por esta iniciativa que aborda temas
relevantes, aunque por medio de un estilo desenfadado y excitante que convierte
en livianas las dos horas y media de proyección.
Como
apunte tal vez un tanto desfavorable, se evidencian en el guion diversos
recursos forzados y hasta pueriles que, cuando menos, chocan. El modo en el que
los “buenos” escapan de los “malos” tras persecuciones y encerronas
espectaculares se me antoja, en ocasiones, ridículo. Incluso la sorprendente
transición de algún protagonista, caracterizado al inicio como villano, hacia
el lado del bien, se torna demasiado utópica. Quizás ahí radique la parte más
infantil de la propuesta y lo que puede afear su resultado final.
Aun
así, Steven Spielberg, que cumplirá ochenta años en este 2026, sigue
desarrollando su manera de cine a través de ese toque ingenuo con el que rodó “E.T.
El Extraterrestre”, donde el espíritu candoroso encajaba como un guante,
permitiendo conectarnos a todos con ese niño interior que llevamos dentro.
Abundando en tal idea, el personaje encarnado por una monja le dice a una de las
protagonistas, que fue novicia y se salió del convento: “El problema no es que
perdieses la fe en Dios, es que perdiste la fe en la humanidad”. Se nota que Spielberg
no ha perdido la fe en la humanidad. Personalmente, me gustaría ser como él en
muchas cosas. También en esta.
El
empleado de una corporación que trabaja para el Gobierno de los Estados Unidos
ocultando la existencia de vida extraterrestre, decide fugarse con las pruebas
para sacarlas a la luz. Los máximos responsables de esa conspiración le persiguen
para evitarlo. Mientras tanto, la presentadora del tiempo de una cadena
televisiva comienza a experimentar una serie de poderes y capacidades que no
logra entender. Sin saberlo, el ex trabajador y la periodista acabarán
conectados en la aventura, decididos a comunicar la verdad.
Para
disfrutar de la proyección se requiere, como mínimo, interés por la ciencia
ficción y afición por los universos alienígenas.En la ya mencionada “Expediente X”, el agente
del F.B.I. Fox Mulder tenía en su despacho un cartel con la imagen de un ovni y
la frase “I Want to Believe” (Quiero creer). De lo contrario, la obra resulte
incluso pesada. Si no, el regocijo queda garantizado.
Integran
el reparto Emily Blunt (“Oppenheimer”, “El diablo viste de Prada”, “Destino
oculto”), Colin Firth (“El discurso del rey”, “Un hombre soltero”, “El diario
de Bridget Jones”), Colman Domingo (“Las vidas de Sing Sing”, “Selma”) y Josh
O'Connor (“Rivales”).
El compositor y director de orquesta británico John Powell nació en Londres el 18 de septiembre de 1963.
Conocido por sus bandas sonoras para películas de animación y de acción real para directores como Doug Liman y Paul Greengrass, ha compuesto también la música de la saga de Jason Bourne y de títulos como “United 93” o “Green Zone”.
Dos veces candidato al Oscar gracias a “Cómo entrenar a tu dragón” y “Wicked”, en los premios de la International Film Music Critics Award (IFMCA) ha recibido más de cuarenta nominaciones, habiendo sido galardonado en diez ocasiones.
Entre sus trabajos más conocidos destacan “Shrek” (2001), “El caso Bourne” (2002), “El mito de Bourne” (2004), “Sr. Y Sra. Smith” (2005), “X-Men: The Last Stand” (2006), “El ultimátum de Bourne” (2007) “Kung Fu Panda” (2008) “Caza a la espía” (2010), “Cómo entrenar a tu dragón” (2010), “Solo: Una historia de Star Wars” (2018) o “La llamada de lo salvaje” (2020).
“Backrooms”
supone una de las sorpresas más recientes de la taquilla norteamericana. En su
primer fin de semana de exhibición, recaudó más de ochenta millones de dólares
sólo en los Estados Unidos y más de ciento cuarenta a nivel mundial. Constituye
todo un logro para su productora A24 (fundada en 2012 y todavía con esa aureola
de potenciar el denominado “cine independiente”) que, con un presupuesto de
apenas diez millones, la confirma como una de sus apuestas más rentables de
2026. A medio camino entre la ciencia ficción fantasiosa y el terror
psicológico, se basa en un cortometraje previo, ya estrenado en Internet con
visualizaciones millonarias y que, posteriormente, se alargó en forma de serie
de episodios. Por lo tanto, llega a las salas de proyección con una potente
legión de seguidores, lo que explicaría ese gran potencial recaudatorio durante
sus primeros tres días.
El
director de la adaptación y responsable de la difusión en la web es el joven Kane
Parsons, de apenas veinte años (cumple los veintiuno en breve), quien comenzó
como “youtuber” y que ahora, gracias al éxito de “Backrooms”, se ha ganado una
posición dentro de la industria. Aquí se estrena como realizador y, para ser un
debut, acredita cierta solvencia como narrador. Obviamente, se precisa tener
interés en este género encuadrado en el terror sobrenatural y en los fenómenos
inexplicables. Si uno se deja llevar por propuestas y ensoñaciones fantasiosas,
la propuesta fílmica se califica como correcta. En caso contrario, cuando este
tipo de dramas se atragantan, no se alzan como una opción a tener en cuenta.
El
dueño de una tienda de muebles lucha contra su alcoholismo y su reciente
divorcio. Visita regularmente a una terapeuta, quien también sufre un trauma
relacionado con su madre esquizofrénica y con la demolición de la casa de su
infancia. En el establecimiento empiezan a producirse extraños incidentes
eléctricos. A la búsqueda de explicaciones, descubre una puerta en el sótano, por
la que el protagonista se desplaza a una dimensión más allá de la realidad, de
donde la doctora intenta rescatarlo.
No
he visto publicaciones anteriores sobre esta historia, por lo que ignoro hasta
qué punto se trata de una nueva adaptación, de una continuación o de una creación
libre, pero parece claro que, como cinta de terror, cumple de sobra, incluso
con niveles de intensidad y entretenimiento superiores a otras muestras de
temática similar que recalan en nuestra cartelera. No obstante, me sorprende la
enorme precocidad de su creador, ya que hace dos décadas (su edad actual) la
repercusión de cualquier éxito en Internet era muchísimo menor que hoy.
Por
ello, llama la atención la gran originalidad que infunde a su relato. Conviene
apuntar el nombre de Parsons para seguirlo en futuros proyectos. En un metraje
ajustado de escasos cien minutos, logra un importante impacto visual y una
perturbadora sensación de intriga que se mantiene de modo bastante constante
durante toda la proyección.
Encabeza
el reparto Chiwetel Ejiofor, nominado al Oscar por su actuación en “12 años de
esclavitud” y visto en la saga del “Doctor Strange” y en largometrajes como
“Marte”, “American Gangster” o “Love Actually”. Aborda su personaje con
corrección y ayuda a dotar al filme de esa intensidad contagiosa. Junto a él
interviene Renate Reinsve, conocida por las obras de Joachim Trier “Valor sentimental”
y “La peor persona del mundo”. Como secundarios, les acompañan Mark Duplass
(“Tully”, “Bombshell”), Finn Bennett (de la serie “True Detective”) y Robert
Bobroczkyi (“Alien: Romulus”).
“El día de la revelación” (“Disclosure Day”) es el título de
la próxima película producida y dirigida por Steven Spielberg, a partir de un
guion de David Koepp basado en una historia del propio cineasta.
Se trata de uno de los pioneros de la era del “Nuevo
Hollywood” y uno de los realizadores más reconocidos y populares de la industria
cinematográfica mundial.
Títulos como “Tiburón” (1975), “Encuentros en la tercera
fase” (1977), la franquicia de “Indiana Jones” y “E.T., el extraterrestre”
(1982), revolucionaron en su momento el Séptimo Arte y mantienen su vigencia en la actualidad.
En años posteriores, comenzó a abordar temas humanistas como
el Holocausto, el comercio atlántico de esclavos, los derechos civiles y
políticos, la guerra y el terrorismo, en cintas como “El color púrpura”
(1985), “El imperio del sol” (1987), “La lista de Schindler” (1993), “Amistad”
(1997), “Savar al soldado Ryan” (1998), “Múnich” (2005), “War Horse” (2011), “Lincoln”
(2012) o “El puente de los espías” (2015).
Candidato veinticinco veces al Oscar, lo ha ganado en tres
ocasiones, además de recibir el Premio “Irving G. Thalberg”
“The
Drama” (estrenada en España con su título original) me ha sorprendido, lo que
ya es mucho más de lo que me suele suceder con la inmensa mayoría de las
películas que veo. Incluso en buena parte de su metraje, tal sorpresa me
resultó agradable. Hasta en sus momentos menos atrayentes, me convenció el tono
general de descaro y originalidad. Desde luego constituye una propuesta
diferente, todo un logro en estos tiempos de evidente reiteración, y su trama
demuestra un atrevimiento que el director aprovecha para adentrarse en zonas
incómodas y proponer alternativas interesantes.
Se
trata del realizador y guionista noruego Kristoffer Borgli, de quien carecía de
referencias hasta la fecha, pero que, sin duda, ha arriesgado con este trabajo
al redefinir el modelo clásico de comedia romántica para darle la vuelta
completamente.
El
largometraje se construye sobre la base de un par de figuras emergentes, muy
exitosas entre el público juvenil, pero, a la par, se percibe un empeño de
provocación valiéndose de una pizca de inteligencia y un gran cinismo, lo que
termina por descolocar al espectador.
He
de confesar que no se insertará en mi listado de cintas preferidas, ni tampoco
la revisaré una y otra vez, como hago con las obras maestras o las que,
sencillamente, me tocan el corazón. Pero, aun así, valoro sus méritos y la
labor de sus intérpretes.
A
pocos días de su boda, una joven pareja debe enfrentarse a una crisis
inesperada, cuando algunos secretos ocultos salen a la luz. Lo que parecía un
amor inquebrantable se tambalea, al descubrir que no se conocen tanto como
creían. Mientras lidian con dudas, miedos y revelaciones que amenazan con
separarlos, tendrán que decidir si su amor alberga la fuerza suficiente como para
resistir a la verdad o si su historia sentimental acabará antes de iniciarse. A
caballo entre la incertidumbre y la esperanza, cada elección personal podría
cambiarlo todo.
A
cargo de la productora “A24” y con un presupuesto de unos veintiocho millones
de dólares, lleva recaudados más de ciento veinte a nivel mundial. Todavía
mantiene el cartel de “productora independiente” y, a decir verdad, se expone y
se compromete con un tipo de cine que, sea o no comercial, marca diferencias. “Midsommar”,
de Ari Aster; “Enemy”, de Denis Villeneuve; “The Witch”, de Robert Eggers; “The
Florida Project”, de Sean Baker; “Minari”, de Lee Isaac Chung; “Moonlight”, de Barry
Jenkins; “El año más violento”, de J.C. Chandor; “Ex Machina”, de Alex Garland;
“Past Lives”, de Celine Song o “Lady Bird”, de Greta Gerwig ejemplifican las apuestas
de “A24” y, con independencia de que otros de sus proyectos me horroricen, se
trata de una compañía a la que agradezco su tendencia de ir a contracorriente. El
grueso del film reposa sobre los hombros de sus dos protagonistas: Zendaya y Robert
Pattinson. Ella, ya una estrella antes de verla yo por vez primera en “El gran Showman”,
me llamó realmente la atención en “Malcolm & Marie”. Ha encarnado a la
novia de Spiderman e intervenido en la saga “Dune”, de Denis Villeneuve. Habiendo
triunfado asimismo en la serie televisiva “Euphoria”, la considero una actriz
notable que, de conducir su carrera profesional con acierto, llegará lejos.
Él,
por su parte, debutó con “Harry Potter”, aunque obtuvo su mayor éxito gracias a
la saga “Crepúsculo”. Ha participado en “La ciudad perdida de Z”, de James Gray;
“Tenet”, de Christopher Nolan y “The Batman”, de Matt Reeves. Pese a contar con
menor desparpajo y soltura que su compañera de reparto, resiste a su empuje. Les
acompañan en papeles secundarios Alana Haim (“Licorice Pizza” y “Una batalla
tras otra”, ambas de Paul Thomas Anderson) y Mamoudou Athie (“Jurassic World:
Dominion”).
El compositor James Newton Howard nació en Los Ángeles, el 9 de junio de 1951.
Ha sido nueve veces nominado al Oscar, gracias a sus composiciones de “El príncipe de las mareas”, “El fugitivo”, “Junior”, “One Fine Day” (en el apartado de mejor canción original), “La boda de mi mejor amigo”, “The Village”, “Michael Clayton”, “Defiance” y “Noticias del gran mundo”.
Durante los años ochenta y principios de los noventa fue teclista para Elton John, pero finalmente se dedicó a la música cinematográfica.
Además de las citas bandas sonoras, también ha firmado las partituras de “Los juegos del hambre”, “Agua para elefantes”, “El caballero oscuro” (junto con Hans Zimmer), “La guerra de Charlie Wilson”, “Diamante de sangre”, “Lady in the Water” o “King Kong” (la versión de Peter Jackson).
Resulta difícil valorar y explicar la enorme repercusión e influencia que, tanto para la industria del cine como para sus millones de espectadores y aficionados, supone la saga de “Star Wars” creada bajo la mano de George Lucas. Tras las primera y segunda trilogías (Episodios IV, V, y VI -de 1977 a 1983- y Episodios I, II, y III -de 1999 a 2005-), el devenir de los personajes y sus aventuras se multiplicaron y, en cierta medida, se desnaturalizaron. A mi juicio, el punto de inflexión se produjo cuando Lucas vendió en 2012 a “The Walt Disney Company” su productora, “Lucas Film”, incluyendo los derechos de “Star Wars” e “Indiana Jones”.
A partir de ese momento, la explotación comercial se llevó al extremo, y la creación artística perdió parte de su esencia. En cualquier caso, la evolución se diversificó, tanto en la gran pantalla como en las series de televisión y en las plataformas. Se rodaron cinco películas más: otra trilogía (Episodios VII, VIII y IX -entre 2015 y 2019-) y dos “spin-off” (“Rogue One: una historia de Star Wars” -2016- y “Han Solo: una historia de Star Wars” -2018-). En formato de serie, se torna prácticamente imposible seguir tal proliferación de producciones entre animación e imagen real. Aun así, obtuvo una notable repercusión “The Mandalorian”, que ha estrenado hasta la fecha tres temporadas y que ahora se traslada de la pequeña pantalla a las salas de proyección.
“The Mandalorian and Grogu” se aprovecha de la historia genérica de “Star Wars”, si bien con personajes diferentes a los ya vistos en las trilogías cinematográficas. Dotada de ritmo y atractivo visual, logra entretener, aunque a ese público fiel de los primeros episodios le parecerá una propuesta más desangelada y sin el gancho de aquellos actores y sus tramas legendarias.
El director y también intérprete Jon Favreau, responsable como cineasta tanto de la serie en la que se basa el film como de franquicias como “Iron Man”, o de la versión en imagen no animada de “El rey león”, domina el espectáculo de las imágenes y la cadencia narrativa, si bien, en mi opinión, desatiende un tanto los personajes y el guion. Ello implica que, a buen seguro, gustará a los seguidores de la serie estrenada en “Disney +” y a los amantes del género de acción. Cumple con creces, desde la estricta pretensión del pasatiempo y a través de una cuidada recreación técnica. Sin embargo, no puede competir con las aventuras que le precedieron desde finales de la década de los setenta en adelante, incluso a partir del cambio de siglo.
En esta continuación de "The Mandalorian" como largometraje, el Imperio ha caído y los señores de la guerra continúan dispersos por toda la galaxia. Mientras, la incipiente Nueva República trabaja para proteger todo por lo que luchó la Rebelión, reclutando la ayuda del legendario caza recompensas mandaloriano Din Djarin y su joven aprendiz Grogu.
Dentro del elenco figura Pedro Pascal, muy de moda tras la innecesaria segunda parte de “Gladiator” y el desilusionante desembarco en la industria norteamericana de Celine Song con “Materialistas”. Ya protagonizó la versión televisiva y está acostumbrado a este tipo de franquicias, habiendo participado en “Los 4 Fantásticos: Primeros pasos” o en “Juego de tronos”. Le acompañan Sigourney Weaver (la legendaria teniente Ripley de la saga “Alien”, tres veces nominada al Oscar por sus actuaciones en “Gorilas en la niebla”, “Armas de mujer” y “Aliens, el regreso”) y Jeremy Allen White (The Bear). Asimismo, poniendo su voz sin aparecer en imagen, interviene el magnífico realizador Martin Scorsese.
Rachel Portman nació en Surrey (Reino Unido) el
11 de diciembre de 1960.
Compositora conocida principalmente
por sus trabajos para el cine, fue la primera mujer en ganar el Oscar a la
mejor banda sonora original por la película “Emma” (1996).
Posteriormente, recibió otras dos nominaciones gracias a sus composiciones para “The Cider House Rules”
(1999) y “Chocolat” (2000).
En 2010 le concedieron la Orden del Imperio Británico.
Además de sus partituras ya mencionadas, destacan las de “Belle”
(2013), “One Day" (Siempre el mismo día) (2011), “Nunca me abandones” (2010), “La
duquesa” (2008), “La mancha humana” (2003) o “La leyenda de Bagger Vance”
(2000).
‘Fjord’, protagonizada por Sebastian Stan y Renate Reinsve, se ha alzado con el premio a la mejor película del Festival de Cannes 2026, mientras que ‘Minotaur’, del ruso Andréi Zviáguintsev, ha obtenido el Gran Premio del Jurado.
Palmarés completo
Palma de Oro: 'Fjord', de Cristian Mungiu
Gran Premio del Jurado (Grand Prix): 'Minotauro', de Andréi Zvyaguintsev
Premio del Jurado: 'The Dreamed Adventure', de Valeska Grisebach
Mejor dirección: ex aequo para
Pawel Pawlikowski por 'Fatherland'
Javier Calvo y Javier Ambrossi por 'La bola negra'
Mejor actor: ex aequo para Emmanuel Macchia y Valentin Campagne por 'Coward', de Lukas Dhont
Mejor actriz: Virginie Efira y Tao Okamoto por 'All of a Sudden'
Mejor guion: Emmanuel Marre por 'Notre salut'
Otros premios
Palma de Oro al mejor cortometraje: 'Para los contrincantes', de Federico Luis
Cámara de Oro a la mejor ópera prima: 'Ben'Imana', de Marie Clementine Dusabejambo
Premio FIPRESCI en competición: 'Fjord', de Cristian Mungiu
Premio FIPRESCI de Una Cierta Mirada: 'Ben'Imana', de Marie Clementine Dusabejambo
Premio FIPRESCI a la mejor primera o segunda película de Quincena o Semana de la Crítica: 'La deuxième fille', de Jing Zou
Combinar
la comedia con una trama de supuesta intriga criminal supone un reto bastante
complicado. Por ello, numerosos proyectos que lo pretenden terminan por
resultar un desastre o por caer en la irrelevancia. Abundando en esta idea, se acaba de estrenar
“Jugada maestra” (con un título original, “How to Make a Killing”, bastante más
acertado) y, ciertamente, la maestría no aparece por ningún lado, aunque sí ciertos
toques de glamour y sarcasmo que aspiran a sustentar el film durante sus
escasos cien minutos de duración. Cuenta con varias secuencias divertidas y con
el gancho de algunos intérpretes, además de con un guion lo suficientemente
absurdo como para caricaturizar dicho suspense. Sin embargo, su vertiente humorística peca de
simpleza y carece del necesario mordiente, tal y como se demuestra en diálogos
y situaciones ausentes de genialidad e incapaces de provocar ni risas ni sonrisas.
John
Patton Ford, realizador que prácticamente debuta con este largometraje, se
inició con otro trabajo en 2022 (“Emily, la estafadora”), aunque apenas se distribuyó,
por lo que esta “Jugada maestra” constituye su desembarco inicial a las salas
de proyección. Firma también el guion, aspecto donde radica, precisamente, la
mayor parte de los problemas. Su punto cínico no llega nunca a ser rompedor ni
original y, al final, se percibe con excesiva nitidez la artificialidad de la
obra. La comedia negra ni siquiera alcanza un tono gris.
Un
joven inteligente y de carácter frío podría heredar una gran fortuna familiar
si no ocupara un alejado octavo puesto en la línea de sucesión del magnate
fallecido. Decidido a cambiar su destino, gesta un plan meticuloso y despiadado
para acabar con todos los candidatos que se interponen entre él y la herencia.
Al tiempo que su estrategia progresa, la ambición le envuelve en una espiral de
violencia donde cada movimiento puede delatarlo.
La
cinta se inspira en “Ocho sentencias de muerte” (“Kind Hearts and Coronets”),
rodada en 1949 por Robert Hamer y protagonizada por Alec Guinness y Dennis
Price, que obtuvo una nominación al BAFTA como mejor película británica del
año. En mi opinión, el original supera a esta adaptación moderna y hace
preferible su visionado.
Mi
impresión, aunque no soy capaz de confirmarla, se centra en que el realizador
no se atrevió a dar el paso al siguiente nivel, conformándose con una
recreación cómoda pero simplista, tanto en el aspecto cómico como en el
criminal, generando de ese modo un efecto placebo. Unir riqueza y opulencia a
belleza atrae momentáneamente, pero, a la larga, condena la propuesta a la
pobreza y a la indefinición respecto a sus posibilidades primarias.
Encabeza
el reparto Glen Powell, visto en notables éxitos de taquilla como “Top Gun:
Maverick”, comedias como “Cualquiera menos tú” o títulos como “Figuras ocultas”
o la encantadora “La sociedad literaria y el pastel de patata”. A mi juicio,
interpreta siempre el mismo papel, aunque en distintos géneros. Habrá que
seguir esperando su evolución futura. Le acompaña Margaret Qualley con un
perfil un tanto insulso, pero que saca adelante gracias a su mera presencia.
Partícipe de “La sustancia” o “Érase una vez en… Hollywood”, su potencial
artístico queda fuera de toda duda. Ojalá sepa escoger próximas actuaciones que
hagan justicia a su capacidad profesional. Entre los secundarios figuran
nombres tan ilustres como el respetadísimo Ed Harris (cuatro veces nominado al Oscar)
y Jessica Henwick (“Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion”).
Craig Armstrong nació en Glasgow el 29 de abril de 1959.
Músico y compositor de bandas sonoras, ha sido premiado con dos BAFTA por sus
trabajos para las películas “Moulin Rouge” (2002) y “Romeo y Julieta de William
Shakespeare” (1998).
Entre sus composiciones destacan, además de las ya mencionadas,
“El americano impasible” (2002), “Love Actually” (2003), “El gran Gatsby”
(2013) y “Antes de ti” (2016).
Se
ha estrenado en la plataforma Netflix “Criaturas luminosas”, adaptación
cinematográfica de la novela homónima y, desde el primer minuto, ya presagiaba
que iba a tratarse de un melodrama tierno y bienintencionado. Dicho así, no debería
sonar peyorativo en absoluto. Sin embargo, la línea que le acerca a la cursilería
y al empalago queda tan próxima que casi la cruza en cada escena, dando lugar a
un estilo que aletarga y, a ratos, aburre. Todo resulta suave, liviano y benévolo,
incluso cuando se pretende transmitir tristeza o amargura, provocando una
sensación uniforme, ya sea en una secuencia romántica, entrañable, triste o
melancólica.
Su
directora, Olivia Newman, me agradó con su anterior largometraje, “La chica
salvaje”, otra adaptación literaria con bastante más enjundia y contenido. En
este nuevo trabajo se deja llevar por unos personajes previsibles y planos,
pero, sobre todo, por una dinámica muy blanda en la forma y en el fondo que, aunque
le permite avanzar en la trama, nunca logra que despegue realmente y que
ofrezca nada interesante.
Una
viuda anciana entabla una insólita amistad con un pulpo gigante que vive en el
acuario donde ella trabaja. Poco a poco, comienza también a relacionarse y a
ayudar a un nuevo empleado, joven y desorientado. Sus vidas parecen atascadas,
pero, contra todo pronóstico, será el animal el que termine convirtiéndose en
el elemento que las cambiará para siempre.
Esta
especie de versión octópoda de “Liberad a Willy” contiene todos los elementos
del más tópico telefilme de sobremesa, apto para hacer la digestión entre
cabezada y cabezada entre planos tiernos y sentimentales. Se digiere fácil,
pero no deja una especial huella. Si le añadiéramos nieve, adornos y luces de
colores, podría asimilarse perfectamente a uno de esos títulos navideños que
inundan las televisiones en época invernal.
No
cabe duda de que contará con su público, pero, en mi opinión, representa una
propuesta excesivamente almidonada y de escaso ritmo. Desde
la música hasta la fotografía, pasando por los perfiles y los diálogos, la
ternura rezuma de tal manera que no es creíble ni interesante.
Sin
embargo, destaca el elenco de actores encabezado por Sally Field, veterana
actriz de Hollywood ganadora de dos Oscars por sus actuaciones en “Norma Rae” y
“En un lugar del corazón”. Ha participado asimismo en destacadas cintas como
“Ausencia de malicia”, “Magnolias de acero”, “Forrest Gump” o “Lincoln”. Nominada
once veces a los Globos de Oro y con dos de ellos en su haber, encarna a uno de
los rostros más amables del cine de las cinco últimas décadas. Sostiene el peso
de la acción y compone un papel absolutamente bondadoso.
Otras
figuras afamadas y de experimentadas trayectorias son el todo terreno Colm
Meaney (uno de los secundarios más prolíficos del Séptimo Arte, visto en “Dublineses”,
“Dick Tracy”, “La jungla 2”, “The Commitments”, “Un horizonte muy lejano”, “El
último mohicano”, “Alerta máxima” o “El inglés que subió una colina, pero bajó
una montaña”) y Kathy Baker, poco conocida por su nombre, pero que ha
intervenido en numerosos largometrajes como “Elegidos para la gloria”, “Eduardo
Manostijeras”, “Jennifer 8”, “Las normas de la casa de la sidra”, “Cold
Mountain” o “El secreto de Adeline”, entre otros.
Entre
los más jóvenes se encuentran Lewis Pullman (“Top Gun: Maverick”, “Malos
tiempos en El Royale”) y Sofia Black-D'Elia (“Ben-Hur”, versión de 2016).
Abel Korzeniowski es un compositor y músico polaco nacido
en 1972, nominado por sus bandas sonoras en dos ocasiones a los Globos de Oro y en una a los BAFTA.
En el año 2009 compuso la música para “Un hombre soltero”, de
Tom Ford. Con dicho realizador colaboró también en 2016, como responsable de la partitura de “Animales nocturnos”.
En 2011 fue el elegido por Madonna cuando la famosa cantante decidió dar el salto a la dirección con el rodaje “Wallis y Eduardo: El
romance del siglo”. Y, si bien la película cosechó malas críticas, su parte musical resultó muy elogiada, recibiendo Korzeniowski una nominación al Globo de Oro.
Circunstancia similar sucedió con “Romeo y Julieta” (2013), de Carlo Carlei.
Otras destacadas composiciones de su autoría son las de “Emily” (2022), de Frances
O'Connor y “El espía inglés” (2020), de Dominic Cooke.
La
película “El diablo viste de Prada” se estrenó hace ya veinte años, cosechando
un gran triunfo. Más allá de sus dos nominaciones al Oscar, cinco a los BAFTA y
tres a los Globos de Oro (en este caso, Meryl Streep se alzó con el galardón a
mejor actriz de comedia o musical -uno de sus ocho Globos-), recaudó más de
trescientos millones de dólares a nivel mundial, lo que, para un presupuesto de
apenas treinta y cinco, supuso una rentabilidad muy lucrativa. Además,
ciertamente se trataba de una comedia con chispa, bien interpretada y de
agradable visión, a cargo de algunos momentos destacados y de varios diálogos
contundentes. Se sigue proyectando con frecuencia en las plataformas y en la
pequeña pantalla, manteniendo todavía su gancho para entretener y convencer.
Ahora,
dos décadas después, se estrena una segunda parte que ni estaba prevista ni era
necesaria. La historia había terminado como debía, de manera correcta. Pero a
la industria de Hollywood le encantan las segundas, las terceras y hasta las
infinitas entregas, en su empeño por alargar los éxitos como forma de entender
el Séptimo Arte. Ahora, con una inversión cercana a los cien millones, vuelven
a reunirse sus estrellas para revisar el universo de las revistas de moda y su
evolución en los tiempos recientes.
Si
bien no sucumbe ante la desidia y la mediocridad habituales de las
continuaciones, la cinta pierde frescura, originalidad y, sobre todo, capacidad
para sorprender. Los personajes conservan parcialmente su tirón de conexión con
el público, pero, en general, la propuesta descansa mayoritariamente sobre el
recuerdo de su antecesora, más que sobre sus propias aportaciones.
Parafraseando al universo que le sirve como base, transita de la alta costura
al prêt-à-porter, salvando las distancias. Aun así, cumple con creces como mero
entretenimiento.
Miranda
Priestly, leyenda de la moda y directora de la emblemática publicación Runway,
se enfrenta de nuevo a Emily Charlton, su ex empleada y asistente, convertida
ahora en poderosa ejecutiva de una empresa rival. La realidad ha cambiado y los
medios de comunicación escritos se hallan en crisis, perdiendo terreno frente
al incontrolable sistema digital. Ambas mujeres entablan una intensa batalla
por los ingresos publicitarios, mientras Priestly, que ve más cercana la
jubilación, se empeña en salvaguardar su legado intacto.
Meryl
Streep permanece en la brecha. Su filmografía y su carrera profesional resultan
tan brillantes que no cabe resumirlas en las escasas líneas de esta crítica. A
mi juicio, se alza como la actriz por antonomasia, seguramente la más grande en
activo. Nos ha regalado actuaciones tan magistrales que sólo procede
dispensarle respeto y admiración profundos. También Anne Hathaway puede
presumir de contar con una estatuilla dorada gracias a su participación en “Los
miserables”, de integrar repartos de títulos tan legendarios como “Interstellar”
y de llevar a cabo notables interpretaciones como la de “La boda de Rachel”. Juntas
forman un tándem que sustenta el relato en un alto porcentaje.
Les
acompañan de nuevo Emily Blunt y Stanley Tucci. Una y otro apuntalan los
aspectos cómicos y dan pequeños empujones que consolidan el listón global del
proyecto. Como incorporaciones novedosas figuran Kenneth Branagh (“Hamlet”,
“Henry V”), Lucy Liu (“Chicago”, “Kill Bill, volumen 1”) o Lady Gaga (“La casa
Gucci”, “Ha nacido una estrella”).
Confío
en que esta iniciativa no se perpetúe, porque resultaría tristísimo asistir a
su tercera parte, con el riesgo de derivar en la enésima saga que añadiera
dígitos detrás del título. Sus elevados ingresos no deberían representar una
llamada a estirar más el chicle. Determinados filmes, por su esencia y naturaleza,
empiezan y acaban en sí mismos. Por lo tanto, se impone apostar por otras
narraciones y no empecinarse en revivir la que ya terminó.
Dave Grusin nació en
Colorado el 26 de junio de 1934. Músico y compositor estadounidense,
ganador de un Oscar y de diez premios Grammy, ha estado nominado a la estatuilla dorada en ocho ocasiones.
Así, ha optado a ella en 1979 por “El cielo puede esperar”, en 1980 por “Campeón”, en 1982 por “En
el estanque dorado”, en 1983 por “Tootsie”, en 1990 por “Los fabulosos Baker
Boys”, en 1991 por “Habana” y en 1994 por “La tapadera”.
Logró el preciado galardón en 1989 por “Un lugar llamado Milagro”.
Otras de sus bandas sonoras más relevantes son las de “Caprichos del
destino” (1999), “Una árida estación blanca” (1989), “Los Goonies” y “Enamorarse” (ambas de 1984), “Ausencia de malicia” (1981) o “La chica del adiós” (1977).
Se
acaba de estrenar en la plataforma Netflix “Depredador dominante”, dirigida por
el islandés Baltasar Kormákur, quien se dio a conocer en 2005 con “Verdades
ocultas” y que posteriormente logró que su film “The Deep” fuese seleccionado
para representar a su país en la categoría de mejor film de habla no inglesa en
la 85º edición de los Oscar de Hollywood. A partir de ese momento, logró cierta
fama con títulos como “Contraband”, protagonizado por Mark Wahlberg; “2 Guns”,
de nuevo con Wahlberg y Denzel Washington; “Everest”, con Jason Clarke y Jake
Gyllenhaal; o “A la deriva”, con Shailene Woodley. Su estilo está marcado por
la acción y, en gran medida, por la recreación de experiencias extremas en
parajes naturales. Tanto en las citadas “The Deep”, “Everest” y “A la deriva”
como en la actual “Depredador dominante”, la hostilidad que alberga la
naturaleza juega como un personaje más.
A
través de una larga introducción que refleja sus penurias, una pareja trata de
escalar un elevado risco en condiciones muy adversas para, a continuación,
adentrarse en unos enclaves australianos en los que la protagonista se
enfrentará también a la dificultad y a la hostilidad de ríos y montañas, haciendo
frente además a un maníaco decidido a darle caza. Al final, como escribiría Thomas
Hobbes en su obra “Leviatán” (1651), «el hombre es un lobo para el hombre»,
siendo aún más salvaje que los más inhóspitos mares y selvas.
La
filmación resulta correcta, así como el esfuerzo por recrear la intensidad de
las intrigas y tormentos que sufre el personaje principal, aunque nunca llega
alcanzar un nivel realmente brillante. Aceptable como pasatiempo, en modo
alguno supone una propuesta destacada en cuanto a su originalidad y fuerza. Con una ajustada duración de apenas hora y
media, logra mantener un ritmo constante durante toda la proyección. No
obstante, denota cierto tufillo a telefilme de sobremesa, intuyéndose las
herramientas para manipular al espectador con el fin de generarle angustia.
Sasha,
una mujer intrépida y amante de las aventuras, trata de superar una tragedia
personal adentrándose en el ecosistema de Australia para encontrar la paz
interior. Le gusta superar sus propios límites, por lo que inicia una expedición
extrema a lo largo de un río y de unas montañas salvajes. Sin embargo, su
iniciativa pronto se convierte en una lucha desesperada por sobrevivir, cuando
descubre que un peligroso y despiadado asesino la acecha tras haberla elegido
como presa.
La
cinta entretiene, pero sus expectativas se cumplen sólo en parte. En el fondo,
su trama repetitiva no ofrece novedades ni sorpresas, desarrollándose de manera
amena, pero previsible.
Charlize
Theron encarna a la intrépida sufridora. Ganadora de una estatuilla dorada por
“Monster” (primera sudafricana en recibirlo), ha intervenido de forma notable
en “Las normas de la casa de la sidra”, “El escándalo (Bombshell)”, “Tully” o “La
leyenda de Bagger Vance”. En “Depredador dominante” cumple tanto con el reto
físico como con el interpretativo, si bien no aparecerá en el listado de sus
mejores trabajos.
Le
acompaña Taron Egerton, que personificó al cantante Elton John en el biopic “Rocketman”
(2019), valiéndole el Globo de Oro como actor en comedia o musical. A cargo de
un papel secundario figura asimismo Eric Bana (“Black Hawk Down”, “Hulk”, “Múnich”).
Ryūichi Sakamoto nació en Tokio el 17 de enero de 1952 y falleció en la misma ciudad el 28 de marzo de 2023. Compositor, productor, pianista, cantante, escritor y actor japonés, compuso la banda sonora de "Feliz Navidad, Mr. Lawrence" (1983), que le reportó el BAFTA a la mejor música original, así como en la de “El último emperador” (1987), con la que consiguió un Oscar junto a sus compañeros David Byrne y Cong Su.
Otros filmes en los que Sakamoto se encargó de la música fueron "The Sheltering Sky" (1990), de Bernardo Bertolucci (premiada por la Asociación de Críticos de Los Ángeles); "Tacones lejanos" (1991), de Pedro Almodóvar; "Pequeño Buda" (1993), también de Bertolucci; "Wild Palms" (1993), de Oliver Stone; "Love is the Devil: Study for a Portrait of Francis Bacon" (1998), de John Maybury; "Snake Eyes" (1998) y "Femme Fatale" (2002), de Brian De Palma; "Gohatto" (1999), de Oshima; una canción para "Dhobi Ghat" (2011), de Kiran Rao; "Hara-kiri: Muerte de un samurai" (2011), de Takashi Miike; "El renacido" (2005), de Alejandro González Iñárritu; "El fotógrafo de Minamata" (2020), de Andrew Levitas; y "Monstruo" (2023), de Hirokazu Koreeda.
Fue también el responsable musical de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, evento transmitido a más de mil millones de espectadores.