viernes, 30 de junio de 2023

SIN MALOS ROLLOS (No Hard Feelings)



La comedia norteamericana siempre ha presentado una marcada tendencia hacia la explotación de la vulgaridad como forma de diversión. Pese a notables excepciones, desde un punto de vista cuantitativo el número de películas del género donde las situaciones chabacanas y los chistes ordinarios se alzan como el vehículo sobre el que centrar la vis cómica resulta mayoritario. Por decirlo de otra manera, la frase atribuida a Peter Ustinov "lo cómico es simplemente una forma divertida de ser serios" no ha contado con un seguimiento en la industria cinematográfica estadounidense.

Cada persona posee su propio sentido del humor y lo que a una le hace gracia a otra le provoca una sensación de vergüenza ajena. Para gustos, colores. En mi caso particular, la propuesta de “Sin malos rollos” ni me atrae ni me invita a la risa. Le reconozco cierta inventiva y, sobre todo, aprecio el esfuerzo interpretativo de su elenco por situarse a la altura de las expectativas y del objetivo jocoso, pero las secuencias supuestamente graciosas me parecen poco elaboradas, simplonas y bastas.

Su director, Gene Stupnitsky, que ostenta un merecido reconocimiento gracias a su labor en la serie televisiva “The Office”, ha perdido frescura cuando ha dado el salto a la gran pantalla ejerciendo como guionista, y se ha encasillado en los tópicos (“Bad Teacher” o “Año Uno” dan fe de ello).

Basada, al parecer, en un hecho real, cuenta la historia de una joven desesperada a causa de sus problemas económicos que descubre un curioso anuncio de trabajo: unos padres adinerados buscan a alguien para entablar una cita con su introvertido hijo antes de que ingrese en la Universidad. Ante la posibilidad de conseguir dinero fácil acepta la oferta, aunque pronto se percatará de que ni el trabajo es tan sencillo ni el muchacho, tan torpe.  

Muy destinada al universo adolescente y juvenil, se publicita como una propuesta picante y guasona. Y si, ciertamente, la trama refleja ambos aspectos, no da para mucho más. Determinadas fases de la proyección presentan unas altibajos considerables y, aun introduciendo instantes emotivos, no deja de ser un largometraje que, proporcionando quizá buenos ratos al público de risa fácil, no destaca en ningún sentido.

Jennifer Lawrence asume el peso del film y se emplea en darlo todo por el personaje. Ganadora de un Oscar por su actuación en “El lado bueno de las cosas”, ha demostrado su capacidad interpretativa en títulos como “La gran estafa americana”, “Joy” o “Winter´s Bone”. Por lo visto, pretende dar ahora un giro profesional a las órdenes de dos realizadores italianos en sus tres próximos rodajes: dos junto a Paolo Sorrentino y uno con Luca Guadagnino. Dispone de presencia y de valía ante las cámaras, por lo que confío en su versatilidad y apuesta de futuro.  

La acompañan Andrew Barth Feldman (al que vimos en la pedante e inclasificable “Ruido de fondo”), Laura Benanti (“Worth”) y figuras más conocidas como Matthew Broderick, célebre en la década de los ochenta merced a “Juegos de guerra”, “Lady Halcón” o “La loca aventura del matrimonio”. “Sin malos rollos” constituye una opción válida para esa juventud que quiera acudir al cine una tarde de verano en busca del aire acondicionado, y tal vez hasta se ría con determinadas escenas que no perdurarán demasiado tiempo en su memoria.



viernes, 23 de junio de 2023

TYLER RAKE 2 (Extraction II)



En el fatídico año 2020 se estrenó en Netflix la cinta de acción protagonizada por Chris Hemsworth “Tyler Rake” (de título original, “Extraction”), con la que pretendía seguir un línea profesional marcada por los filmes de superhéroes y personajes musculados. Contenía algunas secuencias bien rodadas que otorgaban un clímax de tensión del agrado de los aficionados al género, si bien los límites entre lo creíble y lo increíble, de por sí muy desdibujados cinematográficamente hablando, se traspasaban con frecuencia sin rubor.  Sin embargo, el éxito acompañó a la propuesta. Y ya se sabe qué ocurre cuando un largometraje de estas características supera las previsiones: se impone rodar una segunda parte lo más similar posible.  

En estos casos, el único plan trazado para preparar la secuela consiste en apostar por la exageración, agrandando el producto y su resultado. Más presupuesto, más explosiones, más armas descomunales, más peleas coreografiadas y más situaciones extremas. Un más y más constante. El problema radica en que, para alcanzar su objetivo, la aludida credibilidad (rebasada, por otra parte, en su primera entrega), queda definitivamente atrás, en un horizonte muy lejano, pasando de la acción a la fantasía y, en virtud de las imágenes, incluso a la ciencia ficción. A partir de ahí, cada espectador decidirá el grado de despropósito capaz de asumir. Un célebre anuncio televisivo emitido hace décadas nos proponía, a modo de parodia, aceptar o no el pulpo como animal de compañía. Quienes lo hagan, disfrutarán de un espectáculo visual repleto de enfrentamientos, luchas cuerpo a cuerpo, disparos por doquier e infinidad de vehículos destruidos, desde trenes hasta helicópteros (obviamente, la típica persecución de coches ya resulta a estas alturas demasiado trillada y menor).

Tras sobrevivir milagrosamente a sus anteriores vicisitudes, el valiente mercenario Tyler Rake regresa a las operaciones encubiertas y a las misiones suicidas. En principio, estaba dispuesto a retirarse a una alejada y solitaria cabaña, pero un misterioso hombre que dice hablar en nombre de su ex mujer le solicita colaboración para rescatar a su cuñada y sus sobrinos de una cárcel controlada por un grupo paramilitar georgiano.

Según la circense regla del “más difícil todavía”, se podría afirmar que supera a su predecesora. Desde un punto de vista cinematográfico, en absoluto. Personalmente, me resultó muy artificial el reiterado y cuasi cansino empeño de ofrecer el combate más grandilocuente y el tiroteo más duradero. Mi nivel de saturación se desbordó y hubo un momento en el que perdí el interés por la narración. Además, la pretensión por parte del director de entrelazar planos emotivos y dramáticos da lugar a un rotundo fracaso. En otras palabras, un cambio excesivamente brusco que deriva en un injerto postizo entre tanta sangre y detonación.

Chris Hemsworth lleva a cabo una correcta labor. Encaja en el perfil de ex soldado físicamente portentoso que continúa combatiendo por encargo y, en cierta medida, sostiene con sus músculos la película. Popular gracias al personaje de “Thor” en las franquicias de la factoría Marvel, a veces se ha alejado del estereotipo de rudo hombre de acción, como ocurrió en “En el corazón del mar” o “Rush”, ambas a las órdenes de Ron Howard. El desenlace de “Tyler Rake 2” presagia una tercera parte, así que volveremos a verle en tesituras semejantes, aunque sería deseable que apostara también por otro tipo de proyectos.

Junto a él forma parte del elenco la interesante Golshifteh Farahani, cuya rica y variada filmografía incluye la destacada “Red de mentiras”, de Ridley Scott, si bien ha demostrado asimismo su versatilidad y potencial en títulos como “Paterson”, de Jim Jarmusch o “A propósito de Elly”, del oscarizado “Asghar Farhadi”. Actualmente interviene a través de la plataforma Filmin en “Asuntos familiares”, junto a Marion Cotillard.  Les acompañan de modo secundario Olga Kurylenko (“Quantum of Solace”, “La muerte de Stalin”) e Idris Elba (“Molly's Game”, “Beasts of No Nation”).



viernes, 16 de junio de 2023

EL MAESTRO JARDINERO (Master Gardener)



En una de las escenas de la excelente cinta de Isabel Coixet “Mi vida sin mí”, la madre de la protagonista le recrimina sus gustos y comportamientos, y le recomienda que se conduzca como la gente normal. Entonces, la hija le contesta: “Nadie es normal, mamá. No existe la gente normal” (en versión original, “No one's normal, mom. No such thing as normal people”). Yo, que constantemente relaciono sucesos de la vida diaria con diálogos y escenas de películas de ficción, a menudo suelo pensar en esta secuencia que, viendo el último trabajo de Paul Schrader, volvió a venir a mi mente.

El citado guionista y director norteamericano comenzó su carrera escribiendo nada menos que para Sydney Pollack (“Yakuza”, en 1974) y Martin Scorsese (“Taxi Driver”, en 1976 y “Toro salvaje”, en 1980). Aquellos inicios ya evidenciaban la enrevesada creación de sus personajes y su propensión hacia escenarios sórdidos, mentes oscuras y personalidades complejas. Su paso a la realización tampoco supuso un gran cambio. “Mishima” (1985), “El placer de los extraños” (1990) o “Aflicción” (1997) consolidaron su fama de creador singular que envolvía sus obras en un cierto halo de tormento. Lo cierto es que yo le había perdido la pista durante largo tiempo, hasta que en 2017 estrenó “El reverendo (First Reformed)” -por la que recibió una nominación al Oscar- y más tarde, en 2021, “El contador de cartas”. Retornó el sobrio y contundente Schrader con historias que, leídas en una breve sinopsis, parecen normales y corrientes pero que, ya en medio de la proyección, reflejan todos los recurrentes traumas de su artífice.

El cineasta logra un frágil equilibrio entre el suspense propio del thriller y el tono asociado al drama, en ocasiones melancólico e intimista. Se nota que detrás se halla un profesional que se siente libre y al que no le asusta remarcar sus señas de identidad. A sus casi setenta y siete años, da la impresión de estar en plena forma y, en los tiempos que corren, sus largometrajes no se confunden con esos encargos creados artificialmente para saciar modas o alentar corrientes políticamente correctas. Sin duda, destacan.

Un jardinero se dedica a revitalizar los jardines de la finca de una mujer millonaria, así como a complacerla. Sus rutinas cotidianas comenzarán a trastocarse con la llegada de una joven sobrina nieta de la acaudalada propietaria. A partir de ese momento, se establece una relación paralela entre el horticultor y su sobrevenida aprendiz, sacando aquel a relucir nuevos sentimientos y manifestando la violencia de un pasado que trataba de ocultar.

Los problemas relacionados con la redención y la furia humana conforman el mensaje del film. Determinadas partes del metraje presentan cierto estancamiento, pero la trama resulta sólida y los perfiles acreditan una buena construcción. Al no encajar en el modelo de director de masas, Schrader desarrolla siempre unas filmaciones alejadas de virtuales éxitos de taquilla. Sin embargo, sus propuestas contienen brío y honestidad.

El actor Joel Edgerton, conocido por sus actuaciones en “Loving”, “Gorrión rojo” o “Identidad robada”, consigue transmitir con su mirada esa sensación de calma tensa y, en términos generales, aborda su papel correctamente. Le acompaña la célebre actriz Sigourney Weaver, en cuya filmografía reúne interpretaciones tan señaladas como las de “Alien, el octavo pasajero” y sus secuelas, “El año que vivimos peligrosamente”, “Gorilas en la niebla” o “Armas de mujer”. Debutó en el cine a las órdenes de Woody Allen en “Annie Hall” y cuenta en su haber con dos Globos de Oro y un BAFTA. Junto a ellos aparecen Quintessa Swindell (“Black Adam” y la serie de televisión “Euphoria”) y Esai Morales (“Mi familia”, “La bamba”).



viernes, 9 de junio de 2023

EL PACTO (The Covenant)



Como reflexión inicial he de indicar que, para desesperación de sus admiradores pero por fortuna para mí, “El pacto (The Covenant)” no parece una película de Guy Ritchie. El director británico se había especializado hasta la fecha en largometrajes casposos en los que pretendía compaginar la acción con el humor. Sin embargo, la total falta de credibilidad en sus tramas y personajes me impedía apreciar una mínima intriga e intensidad en sus títulos, pesa a las numerosas explosiones y persecuciones que rodara. Sus chistes básicos e irreverentes tampoco me resultaban graciosos, así que desde el estreno de la aceptable “RocknRolla” en 2008, he considerado su filmografía como un compendio de burdos tópicos. En consecuencia, comencé este visionado con nulas expectativas y, tal vez por ello, me terminó gustando.

En esta ocasión, el cineasta parte de una narración más verosímil y sensata, en la que ni existe una chulería macarra y artificial ni un constante empeño por provocar la hilaridad. Ritchie se ha tomado este trabajo en serio, no tanto en el sentido de ceñirse al drama, cuanto en el de abordar la historia con rigor. En ese sentido, la mejora es evidente y supera el nivel de gran parte de su obra. Rodada como una cinta bélica (habida cuenta de que no pocas escenas reflejan los enfrentamientos en zona de conflicto entre dos bandos armados), su primera mitad se torna bastante convencional en comparación con otros filmes que recrean situaciones similares. No desentona, pero tampoco destaca. Sin embargo, conforme se acerca el desenlace, gana en potencia y emoción, terminando con un final que deja muy buen sabor de boca.

Durante una misión en Afganistán, un sargento del ejército norteamericano entabla relación con un intérprete local que ayuda a su pelotón a comunicarse con la población de la zona. El afgano es calificado de traidor por la mayoría de sus compatriotas, pues se comporta con inusitada lealtad hacia el mando estadounidense. Mientras se involucran en buscar explosivos y reductos talibanes, sufren una emboscada y todo el destacamento cae abatido, a excepción del sargento y el intérprete en cuestión. Viendo al militar herido, el lugareño realiza un esfuerzo sobrehumano por salvarle, recorriendo para ello un territorio repleto de enemigos. Cuando el combatiente recobra el sentido en un hospital de Estados Unidos, comprueba desesperado que su salvador se ha quedado en su país con su familia, buscado y amenazado por los líderes guerrilleros. Comienza entonces una cruzada para conseguirles un visado y repatriarles junto a él, debiendo retornar en persona al territorio en combate para localizarles.

Pese a no basarse en hechos reales, el guion se escribió atendiendo a las experiencias de decenas de soldados e intérpretes que padecieron aquella guerra y, sin duda, el último tramo de la proyección alcanza unas elevadas cotas de fuerza y sentimiento.

Sus protagonistas llevan a cabo unas actuaciones notables. Por un lado, Jake Gyllenhaal, nominado al Oscar por “Brokeback Mountain” y a cargo de interpretaciones tan diversas como las de “Animales nocturnos”, “Nightcrawler”, “Zodiac”, “Prisioneros” o “El amor y otras drogas”, brinda una recreación efectiva de su personaje y ayuda al empuje de la cinta. Menos conocido es Dar Salim, si bien ha intervenido en la célebre serie de televisión “Juego de tronos”.

Como curiosidad, el rodaje tuvo lugar en localizaciones de Alicante, que representaron los parajes afganos. De hecho, “El pacto” se trata de una coproducción española de Fresco Film Services S.L., empresa con sede en Málaga, junto a Inglaterra y Estados Unidos.



viernes, 2 de junio de 2023

LA SIRENITA (The Little Mermaid)




Me pregunto qué pensaría hoy en día Walt Disney, un creador nato que en su momento aportó nuevas formas de narración cinematográfica, de la productora que lleva su nombre. A su manera, innovó y puso en pie una compañía que se ha consolidado hasta la actualidad. Sin embargo, dicha etapa quedó atrás y Disney, ahora mismo, es una factoría empeñada en comprar franquicias de éxito para repetir y reiterar sus triunfos del pasado. Como ya ocurriera con “La bella y la bestia” (1991), “Aladino” (1992) o “El rey león” (1994), las versiones animadas han dado paso a producciones que prescinden de los dibujos, aportando en su lugar unas imágenes que, de tan alteradas, ni siquiera cabe calificarlas de reales. Siguiendo esta tendencia, le acaba de llegar el turno a “La sirenita” a través de una adaptación a la realidad cibermodificada del célebre film de los años ochenta aunque, en definitiva, para contar una historia idéntica. 
A quienes ya visionamos los títulos originarios e, incluso, los disfrutamos, estos nuevos estrenos nos transmiten una carencia absoluta de originalidad y creatividad, amén de una ausencia de riesgo y de apuesta por otros relatos alternativos. Con una tenue y artificial capa de barniz impuesta por lo “políticamente correcto”, asistimos a la desesperada decisión de recurrir a las victorias de antaño presentadas como novedad y convirtiéndolas en la vía escogida para asegurar unos elevados ingresos en taquilla. Junto a la también tediosa propensión a alargar artificialmente los proyectos por medio de segundas, terceras y enésimas partes, se trata de cocinar exactamente el mismo plato para servirlo como si fuera una innovación del menú. 
Por desgracia, al largometraje le falta lo esencial, ese ingrediente difícil de definir y explicar que torna interesante su visionado y que le aporta chispa y mordiente. Yo puedo revisionar la versión de “El rey león” de los años noventa, disfrutar con su vibrante música y con las aventuras de tan singulares personajes. Sin embargo, no volveré a ver la adaptación posterior, llevada a las salas de cine en 2019 por Jon Favreau. Ni contiene la misma fantasía ni produce las mismas sensaciones. Para quienes conocimos los originales, estas no dejan de ser más que copias, y ya sabemos el valor que tienen las copias respecto de los originales. Quizá sus promotores piensen exclusivamente en ese sector del público que, ya sea por su juventud o por cualquier otra circunstancia, no llegó a conocer las propuestas iniciales. En tal caso, no descarto que les pueda gustar esta opción. Pero, sea como fuere, la premisa de partida me parece pueril y decepcionante.  
Ariel, la más joven de las hijas del Rey Tritón y también la más rebelde, alberga una gran curiosidad hacia el mundo que existe fuera de los océanos. En una de sus visitas a la superficie, se enamora del apuesto Príncipe Eric. Las sirenas tienen prohibido interactuar con los seres humanos, pero Ariel decide seguir los dictados de su corazón y romper con el destino que se le ha impuesto. Por ello, lleva a cabo un trato con la malvada bruja del mar, Úrsula, que le da la oportunidad de experimentar la vida en la tierra, poniendo así en peligro su existencia y la corona de su padre.
Asume la realización el director Rob Marshall, nominado al Oscar por el excelente musical “Chicago”, aunque desde entonces no ha vuelto a alcanzar los niveles de su mejor trabajo. Aquí se pone al servicio de la industria, en el concepto literal del término, para abordar un  metraje excesivo y firmar una cinta que no destaca por ningún valor cinematográfico propio. Forman parte del elenco los escasamente conocidos actores Halle Bailey y Jonah Hauer-King, acompañados por otros secundarios más curtidos, como Melissa McCarthy y Javier Bardem. Ninguno de ellos pasará a la Historia del Séptimo Arte por sus respectivos papeles.