jueves, 17 de diciembre de 2009

EL ERIZO

El Festival Internacional de Valladolid, menos conocido y relevante que otros certámenes que se celebran en nuestro país es, sin embargo, el que año tras año proyecta el cine de mayor calidad. Gracias a él terminan por llegar a nuestras pantallas determinadas cintas que, de otro modo, tendrían muy difícil salida comercial, a pesar de contar con un nivel artístico meritorio. En la edición de 2007 se pudo visionar la película del director de Hong Kong Wong Kar-Wai My Blueberry Nights, que contaba con excelentes actores como Jude Law, Rachel Weisz, Natalie Portman o la cantante Norah Jones. Este año el largometraje El erizo ha obtenido tres premios: el del público, el de la juventud y el de la mejor banda sonora. Basado en la novela de Muriel Barbery “La elegancia del erizo”, un auténtico best-seller en Francia, está dirigido por la debutante Mona Achache, quien se ha encargado igualmente de la elaboración del guión.
En él se narra la historia de tres personajes. El primero es una niña de once años que vive en un hogar que no le gusta en absoluto y que, convencida de que le espera un futuro desolador, decide suicidarse el día de su duodécimo cumpleaños. Su familia, un arquetipo de la burguesía francesa producto de los turbulentos años sesenta en Europa, se ha aburguesado hasta tal punto que se limita exclusivamente a cuidar las apariencias, obsesionada por la imagen que proyecta. Un ocupado padre, político de profesión, y una madre depresiva adicta a los medicamentos, empujan a la menor a desarrollar una inteligencia y una madurez que apabullan a sus progenitores, quienes la tratan como a un ser extraño. El segundo es la portera del edificio familiar, uno de los más lujosos de París. Se trata de una viuda cercana a la vejez que sufre, entre la amargura y el desaliño, una existencia poco propicia. La situación comenzará a cambiar con la llegada del tercer personaje, un maduro japonés que se muda a uno de los apartamentos y que influirá en niña y adulta de forma definitiva. En El erizo se aprecia cierta fascinación por la cultura nipona, tendencia habitual en otras vertientes de la cultura en lengua francesa – como, por ejemplo, la muy recomendable obra literaria de la belga Amèlie Nothomb-.
Esta narración pausada combina con éxito una feroz crítica a la sociedad acomodada y elitista del actual mundo occidental y un relato intimista y conmovedor sobre el universo de tres seres aparentemente distintos pero que interconectan profundamente. Con constantes alusiones a la literatura y al cine, lo que en principio parecía un drama de personajes profundamente infelices termina derivando en un film salpicado por buenas dosis de emoción, aunque su impactante final les devuelva a la cruda realidad.
Los actores que conforman el reparto son poco conocidos para el gran público. Probablemente el más reconocible sea el japonés Togo Igawa, intérprete de algunos títulos relevantes de la industria norteamericana como Eyes Wide Shut, El último samurai o Memorias de una geisha. Por su parte, la polifacética Josiane Balasko goza de gran popularidad en el país vecino gracias a sus trabajos como actriz y realizadora (Felpudo maldito, No todo el mundo tiene la suerte de tener unos padres comunistas.). En definitiva, nos hallamos ante una muestra más del buen momento por el que atraviesa la cinematografía gala. Baste recordar que en los Premios del Cine Europeo que se acaban de entregar el pasado fin de semana la cinta más nominada ha sido Un profeta, cuyo cabeza de cartel Tahar Rahim se ha alzado con el premio al mejor actor en esta edición.

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