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viernes, 17 de octubre de 2025

UNA CASA LLENA DE DINAMITA (A House of Dynamite)



Kathryn Bigelow es una sobresaliente cineasta cuya filmografía se compone de largometrajes muy destacados, caracterizados por su elevado nivel de ritmo e intensidad. Única mujer que ha obtenido un Oscar en la categoría a la mejor dirección, cuenta también con otra estatuilla como productora. Títulos como “Le llaman Bodhi”, “Días extraños”, “En tierra hostil” o “La noche más oscura” demuestran su habilidad para rodar temáticas plenas de potencia y actividad. Su presencia detrás de los focos resulta una garantía, tanto en la guía de actores como en las puestas en escena. Maneja muy bien la cámara y algunas secuencias de sus películas constituyen verdaderas lecciones de cine, sobre todo en los géneros del thriller y la acción.

Ahora estrena “Una casa llena de dinamita”, en mi opinión, la mejor cinta que he visto hasta la fecha entre las propuestas que aspiran a ocupar las listas de nominaciones y premios en la próxima temporada de ceremonias cinematográficas. Un gran suspense y una rigurosa narración conducen durante algo menos de dos horas a un viaje vibrante e hipnótico. Se trata de una de esas proyecciones que se hacen cortas, sensación cada vez menos frecuente, al menos en mi caso. En definitiva, puro cine y pura intensidad narrativa, pese a su estética documental.

Cuando un misil de origen desconocido es lanzado contra Estados Unidos, la Casa Blanca entra en estado de emergencia. Se activa una carrera contrarreloj en las altas esferas del Gobierno para identificar al autor del ataque, evitar una escalada global y decidir la respuesta adecuada. En medio de tensiones políticas, presiones militares y temor a una guerra inminente, cada decisión puede conllevar consecuencias irreversibles. La amenaza invisible pone a prueba el liderazgo, la diplomacia y la estabilidad mundial.

Más allá de las lecciones susceptibles de extraerse y de la actualidad de la temática abordada, el film ofrece un enorme grado de entretenimiento, revestido de una escenografía y de una narración vigorosas. Original y creíble, reinventa un género que reúne varios títulos de corte similar. Obviamente, atraerá en mayor medida a los aficionados a la intriga política, el suspense y el realismo como vías para transmitir el relato. En ese caso, esta es, sin duda, su película.

Se proyectó por vez primera en el pasado Festival de Cine de Venecia, recibiendo una entusiasta acogida, y ya emprende su exhibición en salas. En breve, podrá verse también en la plataforma Netflix, aunque las sensaciones de los espectadores se multiplicarán en la pantalla grande. Por lo que a mí respecta, llevaba largo tiempo sin salir tan satisfecho de un visionado y considero que Kathryn Bigelow y su equipo merecen reconocimiento y aplauso de modo incuestionable.

Tanto el director de fotografía Barry Ackroyd (candidato al premio dorado de la Academia de Hollywood por “En tierra hostil”) como el editor Kirk Baxter (ganador de dos de ellos por “La red social” y “Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres”) llevan a cabo, asimismo, un gran trabajo.

Figuran dentro del equipo artístico Idris Elba (“Beasts of No Nation”, “Molly´s Game”, “Mandela: del mito al hombre”), Rebecca Ferguson (participante en la saga “Misión Imposible”, “Dune” de Denis Villeneuve y “El gran showman”), Gabriel Basso (“Super 8”; Hillbilly, una elegía rural”), Tracy Letts (“Lady Bird”, “Le Mans ´66”, “Los archivos del Pentágono”) o Jason Clarke (“La noche más oscura”, “Oppenheimer”, “El día que vendrá”). Todos encajan a la perfección en este reparto coral.

Con una estética casi documental, pero un espíritu del mejor cine de ficción, “Una casa llena de dinamita” logra con holgura sus propósitos. Desde luego, mantener al público en constante tensión y resultar de su agrado, ya es de por sí importante. Pero, yendo más allá, sirve para tomar conciencia del mundo en el que vivimos y de la línea cada día más difusa que separa realidad y fantasía.  




viernes, 8 de marzo de 2024

DUNE: PARTE DOS (Dune: Part Two)



Reconozco que “Dune: Parte Dos” me ha gustado más que su primera entrega. Pese al dilatado metraje, me mantuvo entretenido e interesado hasta el final. Su recreación formal resulta excepcional, desde la fotografía de Greig Fraser hasta la banda sonora de Hans Zimmer, pasando por el diseño de producción de Patrice Vermette y la labor del resto de técnicos de sonido y efectos especiales, pues conforman un espectáculo visual muy atrayente y embaucador. De hecho, algunos personajes se encuentran tratados y definidos de modo superior al de la anterior cinta. Me sugestionó la puesta en escena y me enganchó la intensidad sonora. No cabe duda de que hay que apreciar en gran medida la ciencia ficción para sentirse atraído por este tipo de cintas porque, de lo contrario, casi tres horas de duración pueden llegar a desesperar. Solventado este aspecto, se trata de una producción bien cuidada y narrada con sentido.

Además, siempre me he manifestado un devoto seguidor de Denis Villeneuve. Me llamó la atención con “Prisioneros” y “Enemy”, pero me maravilló por completo con los sobresalientes largometrajes “Sicario” y “La llegada”. Tras asumir el arriesgado propósito de rodar una secuela de la obra maestra “Blade Runner”, se involucró en el proyecto de llevar a la gran pantalla una saga sobre “Dune”. Desde luego, no se puede decir que se asuste ante retos complicados. Posee una innata habilidad para la narración visual de las historias, junto a una marcada tendencia hacia aspectos artísticos que se encuadran en lo poético, y con una notable capacidad para trascender a través de mensajes más allá de las propias tramas. Por lo tanto, vale la pena prestarle atención en cada nuevo trabajo.

Arrakis es un planeta desértico, y también el único lugar donde puede recolectarse la especia, clave para el comercio y la estabilidad del Imperio. Dado por muerto por sus enemigos, Paul Atreides se une a un pueblo de feroces guerreros que vive en el desierto, con ojos de color azul brillante debido al constante contacto con dicha especia. Allí adoptará el nombre de Muad'Dib y comenzará su entrenamiento, queriendo demostrar la capacidad de convertirse en su líder. Atormentado por las visiones y los sueños proféticos que le persiguen, deberá hacer frente a la previsión de un terrible futuro, liderando una rebelión contra el emperador implicado en la muerte de su padre.

Pese a mi buena valoración general, considero de justicia resaltar varios puntos débiles. Objetivamente, el personaje de Christopher Walken, dando vida al mandatario que atemoriza y controla a los villanos de esta distopía envolvente, no refleja credibilidad ni en su recreación, ni en sus diálogos. Algunas batallas cuerpo a cuerpo cobran más sentido en títulos como “Gladiator”, localizadas en el siglo II, en vez de en un futuro lejano. El maquillaje empleado en la caracterización de Feyd-Rautha Harkonnen se asemeja demasiado al de “Prometheus”, de Ridley Scott. Pero, pese a todo ello, califico el resultado final como más que apto.

Integran el reparto un grupo de conocidos actores y actrices. Timothée Chalamet encarna al héroe. De entrada, no responde a la apariencia habitual de un guerrero y, aun así, realiza una labor efectiva y ajustada a las necesidades del relato. A sus veintiocho años cuenta ya con una solvente filmografía, en la que destacan “Call Me by Your Name”, “Lady Bird” o “Interstellar”. Sin duda, le aguarda una prometedora carrera. Le acompaña la joven Zendaya, a cargo de, en mi opinión, el mejor papel del film. Lleva a cabo una relevante interpretación y arrasa en sus planos. La hemos visto en los “Spiderman” de Tom Holland y ha acreditado su talento en “Malcolm & Marie” o la serie televisiva “Euphoria”.

Completan el elenco Rebecca Ferguson (“Misión Imposible”), Javier Bardem (Oscar por su actuación en “No es país para viejos”), Josh Brolin (“Sicario”, “Valor de ley”), Florence Pugh (“Lady Macbeth”), Léa Seydoux (“La vida de Adèle”, “Sin tiempo para morir”), Charlotte Rampling (“Nunca me abandones”, “La duquesa”), Stellan Skarsgård (“El indomable Will Hunting”) y Dave Bautista (“Guardianes de la galaxia”).



viernes, 24 de septiembre de 2021

DUNE


Rodar una nueva versión de “Dune” resultaba un reto muy complejo, y no solamente por las dificultades que entraña una historia como la que cuenta Frank Herbert en su novela, sino porque la trama parecía perseguida por una especie de maldición en cuanto a su adaptación al cine. Hubo varios proyectos previos que terminaron por cancelarse y la película de David Lynch que sí llegó a las salas de proyección, cosechó un sonado fracaso. Por esa razón, al darse a conocer la noticia de la puesta en marcha de otro rodaje sobre el célebre libro, retornó la sensación de un nuevo infortunio asociado a su resultado final. Sin embargo, Denis Villeneuve ha logrado con su buen hacer erradicar cualquier mal augurio.

En mi opinión, el director canadiense se alza como uno de los mejores cineastas del panorama actual. Su labor en “Sicario” constituye un perfecto manual de aprendizaje sobre la narración cinematográfica y su trabajo en “La llegada” supone también otro ejemplo de su enorme capacidad para condensar en un mismo plano diversas emociones. Ya cuando se embarcó en el arriesgado (y casi sacrílego) objetivo de sacar adelante una segunda parte de “Blade Runner”, demostró que no le asustaban los desafíos elevados y que era capaz de no ensombrecer el buen nombre de la emblemática cinta dirigida por Ridley Scott en 1982. Fue, sin duda, un antecedente adecuado para afrontar años después un reto como el presente.

“Dune” se trata de un título especialmente destinado a los amantes de la ciencia ficción. Los aficionados a un cine más convencional, acostumbrados a las habituales reglas del drama y la comedia, tal vez se sientan sobrepasados por este torbellino visual cuyo extenso metraje (quizás excesivo) puede saturar a quienes no sientan especial predilección por la fantasía y la imaginación desbordada. Por el contrario, los defensores del género disfrutarán con su excelente puesta en escena, su notable intensidad narrativa durante casi toda la proyección y el cuidado y estudiado tratamiento de los personajes.  

Varias familias se disputan el dominio sobre Arrakis, un lugar rico en sustancias muy valiosas y codiciadas en todo el Universo. El duque Leto y los suyos llegan a dicho planeta para recuperar la tradicional posición de sus antepasados allí, pero pronto se verán envueltos en una trama de traiciones y engaños que les llevarán a cuestionar su confianza entre sus más allegados y a enfrentarse con duros enemigos.

El film combina con destreza la aventura más clásica con un estilo visual rompedor. Los aspectos técnicos se abordan con esmero y, lo que es más importante, sirven para apuntalar la consistencia del largometraje. A ratos parece querer descolocar al público, ofreciéndole por un lado una pausada alegoría filosófica, más cercana a los tradicionales temas universales de la literatura y por otro, un remolino de tensión y acción. Personalmente yo hubiese acortado la duración pero, más allá del tiempo necesario para trasladar el relato a imágenes, Villeneuve sale indemne de misiones imposibles y agranda su leyenda como cineasta con mayúsculas.

Dentro del elenco de actores destacan varios nombres. Oscar Isaac posee una filmografía muy interesante. Sus interpretaciones en “El año más violento” o “A propósito de Llewyn Davis” contienen muchos quilates. Versado ya en la ciencia ficción tras sus apariciones en la tercera trilogía de “Star Wars” y en “X-Men”, aporta presencia y solidez a la gran pantalla. Stellan Skarsgård, probablemente el actor sueco más prolífico de la industria norteamericana gracias a sus actuaciones desde “El indomable Will Hunting” hasta “Piratas del Caribe”, ha participado en un elevado número de superproducciones. Por el contrario, el joven Timothée Chalamet apenas comienza su carrera. Sus interpretaciones en “Call Me by Your Name” y “Lady Bird” son dignas de atención, aunque todavía le queda un gran recorrido por delante. Les acompañan algunas estrellas mediáticas, como Zendaya y Jason Momoa, además de figuras de renombre como Josh Brolin, Charlotte Rampling y Javier Bardem.