viernes, 30 de octubre de 2026

SENTIDO Y SENSIBILIDAD (Sense and Sensibility)



¿Había alguna necesidad de rodar una nueva versión de “Sentido y sensibilidad” tras la película de 1995 que ya adaptó la célebre novela de Jane Austen? Yo me decanto por responder negativamente. El tema de los “remakes” resulta recurrente y polémico, sobre todo cuando se pretende volver a rodar después de excelentes cintas previas, incluso de obras maestras. Este debate ya se generó cuando en 2021 Steven Spielberg estrenó “West Side Story”. Personalmente, varias escenas del musical de Spielberg me parecieron claramente mejores con respecto al original de los años sesenta, pero en esa ocasión también respondí a la pregunta de la misma manera. Hemos tenido que tolerar el retorno a la gran pantalla de clásicos tan impecables como “Rebeca” o “Psicosis”, y el mero hecho de pensar en idénticos proyectos con, por ejemplo, “Casablanca” o “Memorias de África” me produce verdadero espanto. 

Vaya por delante que juzgo correcta esta versión de “Sentido y sensibilidad” que llega a las salas de proyección, puesto que queda libre de grandes errores. Una buena ambientación, unas efectivas actuaciones y una adecuada dirección se unen para acreditar que las tramas de la joven e imperecedera escritora británica nacida en el siglo XVIII mantienen su vigencia al cabo de los siglos. Sin embargo, no procede obviar las comparaciones con el trabajo del realizador taiwanés Ang Lee ni, como consecuencia, esquivar la consabida interrogación: ¿era necesario? Por lo que a mí se refiere, volveré a ver el largometraje de la década de los noventa más veces, pero éste no lo creo, si bien insisto en no calificarlo negativamente, habida cuenta de que la emoción y el apego que sentí entonces no los he sentido ahora.

Ambientada en la Inglaterra de la época georgiana, narra la historia de un acaudalado caballero que fallece dejando a su segunda esposa y a sus tres hijas en una situación económica bastante precaria, debido a las estrictas leyes de herencia vigentes. Obligadas a abandonar su hogar, las damas se mudan a una modesta cabaña en el campo. Allí las dos hijas mayores, enfrentando el choque entre la necesidad económica y sus propios sentimientos, compiten por la atención de diversos pretendientes en una búsqueda constante por encontrar el amor verdadero.

Doy por descontado que algunos espectadores acudirán al cine sin haber visto la anterior adaptación y, en tal caso, supongo que su impresión inicial será positiva. Lo que me cuesta un mundo comprender es la incapacidad de un elevado porcentaje de jóvenes para disfrutar de filmes antiguos, y limitarse a los actuales. En primer lugar, porque apenas existen novedades. Y, en segundo, porque, ni siquiera en esta concreta propuesta, la adaptación implica una apuesta diferente a las tratadas con antelación, provocando así (al menos a mí) una molesta impresión de “déjà vu”. 

Dirige Georgia Oakley, quien recibió en 2023 una nominación al BAFTA al mejor debut por “Blue Jean”. Se trata de su segunda incursión en la gran pantalla y muestra, en términos generales, sus aptitudes detrás de la cámara. Cabe confiar en que en su futura carrera opte por títulos más innovadores. 

Forman parte del equipo artístico Daisy Edgar-Jones (vista en la serie “Normal People”), George MacKay (“Captain Fantastic”, “1917”, “Peter Pan” de 2003), Esmé Creed-Miles (de la televisiva “Hanna”), Bodhi Rae Breathnach (“Hamnet”), Herbert Nordrum (“La peor persona del mundo”) o Caitriona Balfe (“Belfast”, “Ford vs Ferrari”). Todos realizan en conjunto una labor aceptable, aunque los odiosos contrastes con Emma Thompson, Kate Winslet, Hugh Grant y Alan Rickman se tornen inevitables. 





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