viernes, 10 de julio de 2026

LA MUERTE DE ROBIN HOOD (The Death of Robin Hood)




En la historia del Séptimo Arte, el personaje de Robin Hood ha sido uno de los más llevados a la pantalla grande. Recuerdo versiones para todos los gustos. Desde las más antiguas (con Douglas Fairbanks o Errol Flynn) a las más modernas (con Russell Crowe o Taron Egerton). Desde las más aventureras (como la de Kevin Costner en 1991) a las más melancólicas (como la de Sean Connery en 1976). Desde la más cómica (que dirigió Mel Brooks en 1993) hasta la versión femenina (protagonizada por una adolescente Keira Knightley en 2001). Esta medieval leyenda inglesa ha estado presente en las carteleras década tras década desde que existe el cine. Algo tendrá, pues, este Robin de Locksley, si tantas veces se recurre a él para abordar nuevos proyectos. Ahora, en concreto, se estrena la última propuesta: “La muerte de Robin Hood”, encarnado para la ocasión por el actor australiano Hugh Jackman.

En algunos pasajes del metraje, al verle interpretar a un cansado y ya casi anciano héroe venido a menos, me hizo recordar otra de sus actuaciones que más me ha impresionado: dando vida en “Logan” a un Lobezno agotado y desconsolado, curtido en demasiadas batallas y con ansias de dejarlo todo atrás. Porque esta nueva visión del personaje en nada se parece a las cintas aventureras que muestran a un jovial, ágil e intrépido forajido, amado por el pueblo y odiado por los gobernantes. Aquí queda patente su declive y su ocaso. Tal vez sorprenda (y hasta disguste) a quienes esperen disfrutar con peleas de espadachines y vertiginosas contiendas entre buenos y malos, máxime por presentar al héroe de tal manera que los espectadores duden de su honorabilidad y mérito.  

Por el contrario, se trata de un largometraje contemplativo e introspectivo que traslada el relato de un hombre extenuado de sí mismo y deseoso de liberarse del estigma de su pasado, por muy glorioso que lo consideren. En definitiva, el público ha de acercarse a esta obra como a un drama. 

Michael Sarnoski (conocido por la compleja “Pig”, con Nicolas Cage al frente del elenco en 2019, o por “Un lugar tranquilo: Día 1”, precuela de “Un lugar tranquilo” -con el matrimonio formado por John Krasinski y Emily Blunt encabezando el reparto-) se sitúa tras la cámara. A mi juicio, lleva a cabo una buena labor de realización, si bien determinadas visiones melancólicas y reflexiones crepusculares se antojan un tanto pesadas y difíciles de digerir. 
Robin Hood intenta lidiar con sus demonios tras una larga vida de crímenes y venganzas. Cuando en una sangrienta batalla resulta herido de gravedad, es enviado a un misterioso castillo para que curen sus heridas. Allí conocerá a una mujer que le ofrecerá una oportunidad de redención final y de descanso real. 

Intérprete todoterreno, Hugh Jackman destaca en el musical, la comedia, la aventura y el drama sin aparente dificultad. Nominado al Oscar por “Los Miserables”, en su filmografía figuran títulos como “Prisioneros”, “El gran Showman” o la saga de Lobezno. Ejecuta su actuación con solvencia y acierto, demostrando ser un seguro en cualquier equipo artístico.

Le acompaña Jodie Comer, vista en la televisiva “Killing Eve” y en “El último duelo” o “Star Wars: Episodio IX - El ascenso de Skywalker”. Junto a ellos, Bill Skarsgård (“It”, “Nosferatu”) y Clive Russell (“Sherlock Holmes” de 2009, “El Rey Arturo” de 2004). 




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