LA PELÍCULA DE LA SEMANA

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martes, 8 de noviembre de 2011

FOOTLOOSE (2011)



Decía el poeta y ensayista británico Samuel Johnson que nadie podía llegar a ser grande copiando o imitando. Otra célebre cita, en este caso del norteamericano Robert Frost y mencionada por el actor Robin Williams en la estupenda película El club de los poetas muertos, afirma “tenía la oportunidad de ir por dos caminos y elegí el menos transitado”. Desgraciadamente, el rumbo que están tomando buena parte de las productoras estadounidenses se aleja ostensiblemente de esas ideas. Se limitan a copiar, a imitar lo que han hecho otros, a transitar por caminos ya recorridos, como si el miedo a explorar nuevas ideas, nuevos personajes, nuevos planteamientos les petrificara. Se limitan, en la mayoría de los casos, a repetir fórmulas usadas con anterioridad y que han tenido éxito, exprimiéndolas tanto que terminan por esquilmarlo todo. Quieren la seguridad del triunfo en la taquilla, olvidando que, como dijo el militar Douglas MacArthur, “en este mundo no hay seguridad, solo oportunidad” y quienes toman las decisiones desaprovechan esas oportunidades buscando la tranquilidad que proporciona el seguir los pasos de otros.
Bajo excusas de lo más variopintas, se limitan a filmar lo que otros profesionales ya han rodado. Desde justificarse manifestando que es un homenaje al director copiado, hasta intentar convencer de que, en realidad, es un modo de celebrar el veinticinco o el treinta aniversario de su estreno.
Ahora le ha tocado el turno a Footloose, película que en el año 1984 fue un éxito sorpresa (costó ocho millones de dólares y recaudó solo en Estados Unidos más de ochenta) y que fue dirigida en aquel entonces por Herbert Ross, realizador que poseía una nominación al Oscar por su trabajo en Paso decisivo. Se trataba de un film bastante simple pero que logró conectar con buena parte de público adolescente de la época, lanzando al estrellato a un joven Kevin Bacon. Su pegadiza canción, que a día de hoy aún suele escucharse en las radios, optó a la estatuilla de Hollywood. Si la cinta tuvo alguna razón de ser en los ochenta, es obvio que en la actualidad no tenía sentido alguno hacer un remake, ya que es prescindible, vulgar, repetitiva y no aporta nada nuevo a la historia. En todo caso, los nostálgicos de primer Footloose disfrutarán mucho más alquilando el original que viendo esta versión actual.
Craig Brewer, que sorprendió en 2006 con el largometraje Hustle & Flow, obteniendo un Oscar de dos nominaciones, es el responsable de la dirección, aunque aquellas expectativas de hallarnos ante un realizador valiente y original no se han cumplido, dado que con este producto mediocre, sin trama ni personajes de interés, da un gigantesco paso atrás. El psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung defendía que los seres humanos nacemos originales y morimos copias. El séptimo arte también nació original pero, a este paso, morirá convertido en una interminable copia. Es la vía por la que optado la industria hollywoodiense, la de las secuelas, precuelas y remakes. Y es una auténtica pena.

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