LA PELÍCULA DE LA SEMANA

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viernes, 21 de enero de 2011

AMOR Y OTRAS DROGAS (Love and other drugs)


Hacía veinticinco años que Edward Zwick no rodaba una comedia. Este realizador norteamericano logró sus mayores éxitos gracias a cintas bélicas y de acción como Tiempos de gloria, Leyendas de pasión, Estado de sitio, El último samurái o la que, hasta ahora, ha sido su mejor película, Diamante de sangre. Su carrera profesional está estrechamente vinculada a la recreación de conflictos militares y de dramas que contienen cierto grado de violencia, así que pocos recuerdan su debut como director en el año 1986 con ¿Qué pasó anoche?, un desenfadado film protagonizado por unos jóvenes Demi Moore, Rob Lowe y James Belushi. Ha tenido que pasar un cuarto de siglo para que Zwick retorne a la pantalla grande con una comedia, aunque ya probó suerte con el género en la serie televisiva Treinta y tantos, de la que fue responsable.
Apostar por la comedia romántica tiene muchos inconvenientes, ya que se trata de una modalidad artística particularmente compleja y arriesgada. Las fronteras entre lo romántico y lo cursi, entre lo gracioso y lo grotesco, entre lo hábil y lo reiterativo, son en ocasiones demasiado finas. La fórmula que se emplea tiende a estar muy manida, de modo que la originalidad es un valor que escasea en este tipo de historias. Hechas estas previas consideraciones, hay que afirmar sin embargo que, a poco que se acierte, el éxito está asegurado. Y eso es lo que sucede con Amor y otras drogas, que, sin destacar en ningún aspecto, sortea hábilmente el riesgo de ser otra comedia prescindible y olvidable y mantiene un aceptable nivel de entretenimiento.
Desde un punto de vista estrictamente cómico resulta ácida y llama la atención su ausencia de reparos a la hora de enfrentarse a la todopoderosa industria farmacéutica norteamericana. Pero, sin duda, lo mejor de este largometraje es su pareja protagonista, formada por dos buenos actores en estado de gracia que saben enganchar la atención del público durante la mayor parte del metraje. Anne Hathaway, que ya demostró en El diablo viste de Prada su versatilidad para el género, logra encandilar a la cámara y realizar la transición de la comedia al drama con talento. Su compañero de reparto, Jake Gyllenhaal, que también cuenta en su currículum con títulos tan destacados como Brokeback Mountain o Zodiac, alcanza registros igualmente dignos. Ambos intérpretes han sido nominados a los Globos de Oro como mejor actriz y mejor actor principales en la categoría de comedia.
Aunque un gran porcentaje del guión resulte previsible y hasta chusco, y pese a que no todas las partes de la cinta susciten el mismo interés, lo cierto es que estamos ante un producto que se ve con agrado y que, cuando se emita en el futuro a través de la pequeña pantalla, los espectadores verán una y otra vez, aunque se lo sepan de memoria, por el simple hecho de disfrutar con algunas de sus concretas escenas. He ahí el secreto de las comedias románticas, que te mueven a repetir momentos de la proyección que tanto agradaron, aunque apenas duren unos breves minutos.

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