La
saga “Halloween” está compuesta por nada menos que trece películas, de las que
tan sólo la primera, estrenada en un ya lejano 1978, merece destacarse. Y no
precisamente porque se trate de una gran cinta, sino por ser la única que
presenta un mínimo de originalidad y arrojo. Las demás se han limitado a imitar
y prolongar artificialmente una historia que, a duras penas, daba para una
trilogía, pero que ha superado la docena de títulos estirando aquel impulso provocado
por el asesino Michael Myers en la generación de finales de los setenta. John
Carpenter, director que dio origen a este serial y que, posteriormente, realizó
“La niebla”, “Christine” o “El pueblo de los malditos”, manifestaba su
tendencia a los proyectos con alma de telefilme y cuerpo de terror visceral,
así que aquella experiencia inicial supuso un entretenimiento insustancial,
aunque efectivo, para los amantes del género, y pudo reducirse a ese único
trabajo.
Sin
embargo, tal y como ocurrió con “Pesadilla en Elm Street” (con nueve
largometrajes en total), “Scream” (con seis, si finalmente llega el año próximo
a las pantallas su última entrega) o “Muñeco diabólico” (con ocho proyectos
finalizados), la tentación de reincidir y tropezar en la misma piedra una y
otra vez resulta demasiado común en este tipo de cine. En la mayoría de los casos,
las sucesivas propuestas no superan a la original y, en general, se revelan
como una reiteración innecesaria desde el punto de vista cinematográfico.
Más
tarde llegaron “Halloween II: Sanguinario” (1981), “Halloween III: El día de la
bruja” (1983), “Halloween 4: El regreso de Michael Myers” (1988), “Halloween 5:
La venganza de Michael Myers” (1989), “Halloween: La maldición de Michael Myers”
(1995), “Halloween H20: Veinte años después” (1998), “Halloween: Resurrection”
(2002), “Halloween: El origen” (2007), “Halloween II” (2009), “La noche de
Halloween” (2018), “Halloween Kills” (2021) y “Halloween: El final” (2022). Esta
referencia a la finalización de la saga se alza como la única buena noticia, si
bien no conviene confiarse, puesto que siempre puede aparecer un productor
dispuesto a retorcer aún más si cabe el mismo relato. En esta ocasión se sitúa
detrás de la cámara David Gordon Green, responsable de las tres últimas obras de
“Halloween” y culpable de pretender llevar a cabo en breve una nueva versión de
“El exorcista”, sacrilegio que, en mi opinión, debería acarrear un maleficio en
toda regla.
Tiempo
después de los acontecimientos de “Halloween Kills”, Laurie, su protagonista, vive
con su nieta y se halla a punto de terminar de escribir sus memorias. Nadie ha
vuelto a ver a Michael Myers desde entonces, por lo que se ha decidido a dejar
atrás el miedo y la rabia para dedicarse a vivir. Lamentablemente, la tranquilidad
se vuelve a truncar cuando acusan a una persona de matar al niño al que
cuidaba, desencadenándose una cascada de violencia que obligará a la mujer a
enfrentarse de forma definitiva a una maldad imposible de controlar.
La
machacona insistencia que se transmite a través de las imágenes termina por
aburrir al espectador y en ella estriba uno de los graves pecados de este
subgénero. Hasta los aficionados más fieles de estos personajes se alegrarán de
asistir a su final, teniendo en cuenta lo inevitable de su claro y pronunciado
declive, que termina convirtiendo estas historias en epílogos eternos, redundantes
y superfluos destinados a rellenar las futuras programaciones televisivas de
madrugada.
La
actriz Jamie Lee Curtis repite su papel con una actuación tan agotada como la
prolífica marca “Halloween” y su esfuerzo por generar tensión (no diré siquiera
miedo) se torna estéril. Le acompañan por tercera vez en la saga Andi Matichak
y James Jude Courtney y también podemos ver junto a ellos a Rohan Campbell (de
la serie “Un lugar para soñar”) y Will Patton (“No hay salida”, “Armageddon”).
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