viernes, 27 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD



La última película de Pedro Almodóvar es un puzle de muchas piezas que, inicialmente, se me antojó deslucido y poco interesante. Sin embargo, reconozco que, a medida que avanzaba la proyección y dichas piezas encajaban, terminó por formar un todo más lustroso y, por momentos, incluso brillante. Se entremezclan dos historias, una supuestamente real y otra supuestamente ficticia -la que escribe su protagonista, cineasta y narrador, a modo de guion para su próximo proyecto-. Y lo que plasma sobre el papel este alter ego de Almodóvar y, acto seguido, recrea en la pantalla, domina el relato de la primera parte del metraje durante más de una hora. Este inicio me pareció artificial, poco creíble y de un dramatismo tan intenso como trucado. El realizador se empeña en dar fe de sus señas de identidad en diversas escenas, tanto si proceden en el desarrollo de la acción como si rechinan y lo distorsionan. Por ello, mis sensaciones me llevaban a considerar que se trataba de otra propuesta fallida del manchego.

Pero, a partir de entonces, el film remontó y la ficción dio el relevo a la realidad como motor de la trama. Lo que me resultaba poco creíble se tornó en verosímil. Lo artificial, en auténtico. Y el dramatismo trucado, en la antesala de un clímax final apoteósico que da sentido a aquellos primeros minutos insulsos. Cabe destacar una concreta secuencia en la que el personaje del cineasta discute con sinceridad, elocuencia y acierto con una antigua asistente. Mientras ella le recriminaba la endeblez de su guion y la mediocridad de su trabajo más reciente, parecía que hablaba por mi boca sobre mi impresión del largometraje hasta ese momento. Y fue entonces cuando reparé en que todo encajaba y que esa especie de “auto ficción” supone, en realidad, una “auto crítica” del propio Almodóvar hacia sí mismo, regalándome a partir de ese instante su mejor cine desde “Hable con ella”.

El protagonista constituye un calco del cineasta, si bien siempre quedará la duda sobre el porcentaje de dramatización y de realismo empleados.  En torno a él gira el sector “verdadero” de la trama, en el que cuenta el desarrollo del argumento de su siguiente obra: ficción dentro de la ficción. Se centra en Elsa, una publicista cuya madre fallece en el largo puente que da comienzo al mes de diciembre. Encuentra refugio en su actividad profesional, una suerte de huida hacia adelante. Trabaja sin parar y no se concede el tiempo necesario para guardar el duelo por la ausencia de su progenitora, hasta que una crisis de pánico le obliga a imponerse un descanso. Su pareja, Bonifacio, se erige como tabla de salvación en esa etapa de crisis. Llegada a este punto, decide viajar a la isla de Lanzarote junto a varias amigas necesitadas, asimismo, de consuelo.

Gracias a esa remontada final, “Amarga Navidad” me dejó un buen sabor de boca. En el desenlace de la cinta me reencuentro con el cine de Almodóvar que a mí me gusta y que evidencia esa regla no escrita de que la calidad de una obra es directamente proporcional a su conexión con el artista. Aquí el autor ha sido valiente y honesto. Y, francamente, se agradece.

En consonancia con mi exposición anterior, observo una mayor excelencia en los actores que intervienen en esa parte “real”: Leonardo Sbaraglia (ganador de un Goya por “Intacto”, de Juan Carlos Fresnadillo y participante en “Dolor y gloria” o “Relatos Salvajes”), Aitana Sánchez Gijón (Goya de Honor y vista en “El maquinista” o “La camarera del Titanic”) o Quim Gutiérrez (“La niebla y la doncella”, “Azuloscurocasinegro”).

En la “ficción dentro de la ficción” figuran Bárbara Lennie (Goya por “Magical Girl”), Milena Smit (“Madres paralelas”) o Patrick Criado (“Bajo cero”).




viernes, 20 de marzo de 2026

PREMIOS SATELLITE 2026 (Satellite Awards 2026)


La 30ª edición de los Premios Satellite coronó a "Hamnet "y "Marty Supreme" como las grandes triunfadoras del año. Estos premios están otorgados por la International Press Academy.


LISTADO COMPLETO DE GANADORES


Cine: Películas y Dirección

Mejor película (Drama): Hamnet

Mejor película (Comedia o Musical): Marty Supreme

Mejor director: Chloé Zhao – Hamnet

Mejor película internacional: O Agente Secreto (Brasil)

Mejor película animada o Mix Media: Elio

Mejor película documental: Becoming Led Zeppelin


Cine: Actuaciones

Mejor actor (Drama): Wagner Moura – O Agente Secreto

Mejor actriz (Drama): Jessie Buckley – Hamnet

Mejor actor (Comedia o Musical): Timothée Chalamet – Marty Supreme

Mejor actriz (Comedia o Musical): Rose Byrne – If I Had Legs I'd Kick You

Mejor actor de reparto: Stellan Skarsgård – Sentimental Value

Mejor actriz de reparto: Teyana Taylor – One Battle After Another

Mejor reparto en conjunto: Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery


Televisión

Mejor serie dramática: Pluribus

Mejor serie de comedia o musical: Platonic

Mejor serie de género: Andor

Mejor miniserie o telefilme: Adolescence (Adolescencia)

Mejor actor (Drama): Diego Luna – Andor

Mejor actriz (Drama): Rhea Seehorn – Pluribus

Mejor actor (Comedia o Musical): Seth Rogen – The Studio

Mejor actriz (Comedia o Musical): Kristen Bell – Nobody Wants This

Mejor actor (Miniserie o Telefilme): Jacob Elordi – The Narrow Road to the Deep North

Mejor actriz (Miniserie o Telefilme): Robin Wright – First Ladies

Mejor reparto de televisión: Landman


Categorías Técnicas y Guión

Mejor guión original: Sinners (Ryan Coogler)

Mejor guión adaptado: One Battle After Another (Paul Thomas Anderson)

Mejor banda sonora original: Sinners (Ludwig Göransson)

Mejor canción original: "Dream as One" – Avatar: Fire and Ash

Mejor fotografía: Train Dreams (Adolpho Veloso)

Mejor edición: One Battle After Another (Andy Jurgensen)

Mejores efectos visuales: Avatar: Fire and Ash

Mejor diseño de producción: Frankenstein

Mejor diseño de vestuario: Frankenstein


Premios Especiales

Premio Mary Pickford: James Woods

Premio Nikola Tesla: Simon Hayes

Premio Auteur: F. Javier Gutiérrez


EL TESTAMENTO DE ANN LEE (The Testament of Ann Lee)



Es un misterio lo que mueve a un artista, en este caso a una cineasta, a fijarse en un concreto episodio histórico o en un determinado personaje para elaborar su relato y construir una película en torno a ello. La complejidad que implica rodar un largometraje debe presuponer que existe una conexión especial, de la naturaleza que sea, con esos contenidos. “El testamento de Ann Lee” se presenta como una recreación de hechos reales sucedidos a finales del siglo XVIII, con el fervor religioso de fondo y transitando por esa línea, en ocasiones difusa, que separa una religión de una secta. Visto así, tal vez suscite un cierto afán profundizar en tales episodios del pasado pero, al menos en mi caso, asistí a la proyección sin percibir el enlace entre los protagonistas y la trama, de modo que visioné con distancia y escaso interés la narrativa visual y sonora ideada por su directora, Mona Fastvold.

Fastvold, actriz, realizadora y productora noruega, empezó a resultar conocida tras participar en la producción de “The Brutalist”. Como intérprete, ha intervenido brevemente en “El amor y otras cosas imposibles”. Detrás de las cámaras, aprecié su trabajo en “El mundo que viene”, una cinta también de ambientación histórica que me recomendaron y que plasmaba un atrayente y emotivo triángulo compuesto con acierto por Vanessa Kirby, Casey Affleck y Katherine Waterston. Sin embargo, en “El testamento de Ann Lee” ha optado por una deriva musical y dramática algo confusa. Ciertamente, el musical constituye un género complejo para construir sobre él un drama. Funciona mejor frente a la comedia, el romance o los relatos desenfadados y ágiles.

Más allá de la corrección técnica y la optimización visual, lo que cuenta y cómo lo cuenta me genera extrañeza y, sobre todo, lejanía. Más allá de su originalidad formal, se apoderó de mí la apatía ante una propuesta que se enreda y se pierde en el propio laberinto creado por la cineasta.

Ann Lee, líder religiosa fundadora del movimiento “Shaker” a finales de 1770, erigió una especie de comunidad utópica. Venerada por sus seguidores como una figura divina, considerada incluso el Jesucristo femenino, Ann inspiró una forma de devoción única basada en la música, la danza y la vida colectiva. La narración explora su visión espiritual, el fervor de sus fieles y los ideales que marcaron aquel movimiento a la búsqueda de pureza, igualdad y trascendencia en plena era colonial.

Quizás algunos espectadores logren esa conexión mágica con la obra, disfruten con ella y se sientan compelidos por los bailes, las melodías y el mensaje. Pero, incluso en ese caso, las dos horas y cuarto de metraje se tornan, a mi juicio, excesivas. La patente falta de alicientes me supuso un obstáculo insalvable. No hablo de su rigor histórico, pues lo desconozco. Me basta con comprobar que la vertiente musical desentona y que el meollo central tampoco alcanza la intensidad requerida.

El film participó en el último Festival de Cine de Venecia con discreta fortuna. El papel principal corre a cargo de Amanda Seyfried, candidata al Oscar por “Mank” y participante en otros musicales como “Mamma mia!” o “Los miserables”. Se percibe su esfuerzo y desarrolla una buena labor, gracias a la que este año ha recibido una nominación a los Globos de Oro como mejor actriz de comedia o musical. Le acompañan Lewis Pullman (“Top Gun: Maverick”, “Malos tiempos en El Royale”), Thomasin McKenzie (“Jojo Rabbit”, “Última noche en el Soho”), Matthew Beard (“The Imitation Game”, “One Day”) y Tim Blake Nelson (“Lincoln”, “El increíble Hulk”).