Mostrando entradas con la etiqueta Penélope Cruz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Penélope Cruz. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de febrero de 2024

FERRARI



Desde que en mi adolescencia me enganché a la serie “Corrupción en Miami” he seguido con enorme interés la trayectoria de Michael Mann. Su tránsito de la televisión al cine resultó brillante. “Hunter”, la primera aparición en la pantalla grande del Doctor Hannibal Lecter, interpretado por Brian Cox, me agradó. Posteriormente, concatenó una serie de películas, algunas sublimes, que lo encumbraron como cineasta de culto. “El último mohicano”, “Heat”, “El dilema (The Insider)”, “Alí”, “Collateral”, la propia versión cinematográfica de “Corrupción en Miami” o “Enemigos públicos” reflejan una carrera versátil, honesta y rigurosa. Pocos profesionales ruedan las secuencias nocturnas como él y, en general, su forma de contar las historias, narrar visualmente y presentar y tratar a los personajes me gustan sobremanera. Se trata, sin duda, de uno de mis directores y productores preferidos. Ahora mismo acaba de estrenar la segunda temporada de otra serie para HBO que lleva su firma (“Tokio Vice”) y su último largometraje “Ferrari”, por lo que me he dispuesto rápidamente a su visionado.  

No obstante, considero que “Ferrari” se sitúa varios peldaños por debajo de las principales obras de Mann. Obviamente, no deja de ser una cinta cuidada, formalmente impecable, con una producción técnica precisa y unas interpretaciones destacadas. Sin embargo, le falta el alma, la intensidad y el brío de sus otros filmes. Esperaba más y mi regusto a decepción no desapareció tras la proyección. En el fondo, los contratiempos y las extravagancias del fundador de la popular marca italiana no me terminan de atraer, tal y como me sucedió con “La casa Gucci”, de Ridley Scott, similar repaso a las crisis de unos millonarios que observé con distancia e indiferencia y que también afectó a mi valoración sobre la propuesta.

La acción se desarrolla en la década de los cincuenta. Enzo Ferrari, expiloto y fundador de su empresa, tiene problemas. La quiebra acecha a su negocio y afecta a su familia. Como las dificultades no suelen presentarse solas, su matrimonio empieza asimismo a desmoronarse y uno de sus hijos fallece. En esta crucial etapa, el empresario tomará varias decisiones arriesgadas, apostando su futuro a una única carrera que atraviesa 1.000 millas a lo largo de toda Italia: “la Mille Miglia”.

Reconozco estar acostumbrado a un estilo de Mann donde el ritmo, la tensión y los diálogos se elevan sobre cualquier otro recurso convencional de rodaje. “Ferrari”, por el contrario, se arrastra sobre sus más de dos horas de duración, transmitiendo cierta desgana a los espectadores. Si se pretendía repasar en imágenes la vida real de un hombre tan vinculado a la velocidad,  no se debería recurrir a un utilitario con tan pocos caballos. El envoltorio luce atrayente e, incluso por momentos, el colorido se vuelve llamativo, pero el conjunto adolece de un punto de riesgo y audacia. El hecho de poseer una trayectoria artística tan admirable acarrea unas expectativas muy altas que detectan cualquier trabajo por debajo de ese nivel.

El magnífico equipo interpretativo sí constituye una de las fortalezas de este título. El excelente actor Adam Driver ya ha demostrado sobradamente su valía, tal y como acredita una filmografía envidiable. Nominado a dos Oscars por sus actuaciones en “Historia de un matrimonio” e “Infiltrado en el KKKlan”, ha realizado asimismo relevantes intervenciones en “The Report” y “Paterson”, y puede presumir de figurar en los créditos de “Lincoln”, de Steven Spielberg, “Silencio”, de Martin Scorsese o la última trilogía de “Star Wars”. Aquí despliega un meticuloso esfuerzo.

Le acompaña Penélope Cruz, ganadora de una estatuilla de Hollywood por su papel en “Vicky Cristina Barcelona” y nominada por “Volver”, Nine” y “Madres paralelas”. Sobresale dando vida a Laura Ferrari. Su tesón y carácter quedan patentes en las imágenes y constituye una aportación muy meritoria. A Shailene Woodley, por su parte, la hemos visto en “El mauritano”, “Los descendientes” y la saga “Divergente”. En esta ocasión, progresa adecuadamente.

Entre los secundarios se encuentran Giuseppe Bonifati (“Todo el dinero del mundo”) y Valentina Bellè (“El amor en su lugar”).



viernes, 15 de octubre de 2021

MADRES PARALELAS



No hay duda de que Pedro Almodóvar es el director español más conocido y reconocido a nivel mundial.  Poseedor de un sello de identidad intransferible, dota a sus largometrajes de un colorido especial, una narrativa personal y una forma de condimentar los diálogos y las secuencias a base de mezclar su dramatismo y comicidad tan característicos. Ganador de un Oscar al mejor guion por “Hable con ella” (en mi opinión, su mejor película), pasea su cine por los principales festivales logrando levantar expectación con cada nuevo título. En “Madres paralelas” pueden hallarse buena parte de esas señas que le identifican, como los colores fuertes, los giros humorísticos, el retorno al pueblo o la participación de sus actrices más icónicas, por lo que es posible reconocer la mano del cineasta en los planos, la estética y el prototipo de drama.

Sin embargo, no consigue alcanzar los niveles de calidad de sus trabajos más sobresalientes, entre ellos sus últimos “Dolor y gloria” y “Julieta”. El principal problema de “Madres paralelas” estriba en que trata demasiados temas muy diferentes y con sustantividad propia, pero sin hilvanarlos bien entre sí. Más que madres paralelas, parecen tramas paralelas que, cuando pretenden confluir, lo hacen de modo un tanto torpe y artificial. Reivindicaciones transmitidas en un tono aleccionador que poco tiene que ver con el cinematográfico, unidas a una tragedia particular, una reflexión maternal, un posicionamiento sexual y una crítica política, resultan desacompasadas. En algunas secuencias, chirría la introducción de alguno de estos elementos entre los demás, como si se necesitase un calzador para meter a presión un zapato en un pie que quizá necesita otro número, lo que resta credibilidad al relato y afecta a la necesaria implicación emocional que requiere un argumento como este. Contar una historia no es lo mismo que pronunciar un discurso y, en este caso, “Madres paralelas” tiene más de discurso (del que, por otra parte, nada que objetar) que de historia y, desde un punto de vista estrictamente artístico, la obra se resiente.

En este proyecto se aprecia además un gran desnivel entre los personajes masculinos y femeninos. Dentro de la filmografía de Almodóvar el protagonismo femenino es innegable, aunque en general con notables contrapesos que dotan de cierto equilibrio a la parte interpretativa. Sin embargo, en “Madres paralelas”, Israel Elejalde no sitúa a su personaje a la altura de los de sus compañeras, quizá porque no está perfilado con la entidad suficiente y en cada plano aparece forzado y desubicado. Sea como fuere, y  pese a los reparos expuestos, el director refleja en varias escenas sus rasgos singulares a través de sus dosis habituales de drama y humor.

Dos mujeres solteras coinciden en una habitación del hospital donde van a dar a luz. Janis, la mayor, no se arrepiente de su maternidad y está exultante. La otra, Ana, es una adolescente asustada y arrepentida. A partir de ese momento, se inicia una relación entre ambas que perdurará a lo largo del tiempo. Los avatares de la vida las golpearán y, sin querer, terminarán golpeándose igualmente entre ellas, lo que afectará irremediablemente a sus respectivos futuros. Simultáneamente, Janis emprende una decidida lucha para poder desenterrar a un antepasado suyo de una fosa común de la época de la Guerra Civil.

Dentro del elenco sobresale la actriz Penélope Cruz, cuyo esfuerzo interpretativo queda plasmado en pantalla. Destaca asimismo la casi debutante Milena Smit. Las dos llevan sobre sus hombros el peso actoral y, en un notable porcentaje, constituyen el motor de la película. Cuando la acción se centra en ellas, el conjunto final gana enteros. En esta ocasión, tampoco faltan Rossy de Palma y Julieta Serrano, aunque sus apariciones evidencian más una manía o una superstición del realizador manchego que una necesidad en sí misma.

 


viernes, 26 de junio de 2020

LA RED AVISPA (Wasp Network)



Días después de la finalización del Estado de Alarma en España, y tras pocas semanas de reapertura con restricciones de algunas salas de cine, los largometrajes continúan sin llegar a nuestras carteleras. Con medio año ya transcurrido, el panorama cinematográfico actual resulta insólito e inédito. Sin festivales ni certámenes y con las productoras y distribuidoras retrasando hasta final de 2020 la mayor parte de los estrenos por miedo a las bajas recaudaciones, el denominado “cine de plataformas” se alza como el único capaz de ofrecer novedades a los espectadores. Ahora ha llegado a Netflix “La red avispa”, otra producción basada en hechos reales con la que llenar el vacío que este coronavirus está ocasionando a los amantes del Séptimo Arte. 
Se trata de una cinta correcta y aceptable, de las que ni destacan ni desentonan en ningún aspecto, y asume su realización el francés Olivier Assayas, un especialista en historias intimistas y arriesgadas como “Finales de agosto, principios de septiembre”, “Viaje a Sils Maria” o “Personal Shopper” (que en 2016 le proporcionó el premio al mejor director en el Festival de Cannes). Se trata de un cineasta que prometía imprimir a sus obras un sello personal y alejarse de convencionalismos y modas y aunque, a mi juicio, sus trabajos nunca han rebosado brillantez ni distracción, sí garantizaban al menos un trabajo honesto y una dirección de actores destacada. En cualquier caso, “La red avispa” se encuadra dentro de sus títulos menos lucidos. Sin poder achacarle ningún error de bulto, tampoco termina de ofrecer la intriga ni la emoción que presagiaba. 
En la década de los noventa un piloto cubano roba un avión y huye de Cuba, dejando atrás a su esposa e hija. Comienza así una nueva vida en Miami. Pronto otros compatriotas desertores le siguen y juntos forman la Red Avispa, una organización de élite cuya misión es infiltrarse en los grupos opositores a Fidel Castro que se han ido asentando en Florida, siendo los responsables de los ataques militares a la isla caribeña. 
El principal demérito del film radica en que abre demasiados frentes, pero no llega a cerrar ninguno. Contiene una parte de género de espionaje, otra de melodrama y, por momentos, otra de documental divulgativo, sembrando un ramillete de expectativas que no terminan de dar fruto. Sin embargo, dicha carencia se compensa notablemente gracias al interés de la trama y a una adecuada labor por parte de los actores. Por ello, las dos horas de proyección oscilan entre la esperanza de hallar entretenimiento y la decepción ante una mezcla coral que no siempre funciona. Aparecen demasiados personajes con posibilidades de protagonizar por sí mismos la historia y también en este punto el film abarca más de lo que puede. 
Aun así, el apartado interpretativo es sin duda uno de los más destacados. Una efectiva Penélope Cruz aporta credibilidad al proyecto, acompañada en esta ocasión por Edgar Ramírez, quien ya trabajó a las órdenes de Assayas en la mini serie televisiva “Carlos” y que ha participado en “La noche más oscura”, “El ultimátum de Bourne”, “La chica del tren” o la recientemente fallida “Los últimos días del crimen”. Su actuación aquí puede calificarse de discreta, a juego con el tono general de “La red avispa”. Junto a ellos figuran otros rostros conocidos como los de Gael García Bernal (“También la lluvia”, “Babel”, “Amores perros”) y Leonardo Sbaraglia (“Dolor y gloria”, “Intacto”, “Una pistola en cada mano”). 
Curiosamente, Ana de Armas y Wagner Moura (a quienes vimos hace escasas semanas en “Sergio”, biopic del diplomático Sergio Alfredo José de Mello) dan vida de nuevo a una pareja sentimental, si bien sus personajes quedan tristemente desaprovechados en este relato. De Armas, cada vez más activa profesionalmente, acumula varios trabajos en el último año. Entre ellos destaca “Sin tiempo para morir”, última aventura del agente 007 dirigida por Cary Joji Fukunaga que ha sido una de las damnificadas por el Covid-19. Su estreno, previsto para el pasado mes de abril, se ha pospuesto y todavía no tiene fecha para poder ser visionado en pantalla grande.

Trailer 



Datos del filme

Título original: Wasp Network
Año: 2019
Duración: 123 min.
País: Francia
Dirección: Olivier Assayas
Guion: Olivier Assayas
Fotografía: Denis Lenoir
Reparto: Penélope Cruz, Edgar Ramirez, Wagner Moura, Gael García Bernal, Ana de Armas, Leonardo Sbaraglia, Harlys Becerra

viernes, 29 de marzo de 2019

DOLOR Y GLORIA

Yo clasifico a los directores de cine en dos grupos bien definidos: los que ruedan películas con la intención de dar a los espectadores lo que quieren ver y los que lo hacen para trasladar al público lo que ellos, como artistas y creadores, desean contar. Almodóvar, como todo gran cineasta, pertenece al segundo. A partir de ahí, su obra podrá gustar en mayor o menor medida, pero es incuestionable su condición de creador auténtico, honesto consigo mismo y, por ende, con los aficionados al Séptimo Arte. Reconozco que sus títulos más cómicos, extravagantes y rompedores no conectan conmigo. Sin embargo, cuando se torna más dramático y sensible, sí es capaz de conmoverme, generando ese vínculo mágico entre narrador y oyente, entre quien plasma emociones en imágenes y quien termina por hacerlas suyas y sintiéndolas como propias. 
“Dolor y gloria” constituye una especie de monólogo del realizador manchego ideado a modo de tratamiento para esas patologías que padece y que le atormentan. Se trata de una cinta sentida y sensible donde se concibe la melancolía tal y como la definió el escritor francés Víctor Hugo: la alegría de estar triste. O, para ser más preciso, se recrea en unos recuerdos de sentimientos ya perdidos con el fin de seguir conectado a un pasado de sufrimiento y gozo que nunca volverá a ser presente, por mucho que jamás abandone la mente de su protagonista. En esta suerte de terapia, Almodóvar nos regala varias secuencias sublimes en las que abunda la sensibilidad y que con las que consigue que asomen algunas lágrimas. Y, precisamente debido a esa esencia de soliloquio redentor más propio de un desahogo de diván que del guion de una historia con un comienzo y un final convencionales, algunas partes del metraje parecen desentonar o, cuanto menos, no encajar por completo. Todo se dispone al servicio de la curación espiritual del autor, más que a la construcción de una trama cinematográfica al uso. Si no se empatiza con el personaje, el largometraje puede resultar un tanto caótico e insulso pero, a poco que se participe del melodrama, el espectador acompañará de la mano al director por un trayecto que encandila y conmueve. 
Salvador Mallo es un aclamado director de cine en su ocaso y cuya memoria le transporta constantemente hacia su pasado, a su infancia en el pueblo valenciano de Paterna y al recuerdo de sus primeros amores. El dolor físico producido por las enfermedades que padece se engarzará en un coctel de sentimientos almacenados en su mente del que forman parte sus deseos, sus miedos y, de forma permanente, la figura de su madre. Atormentado por no poder seguir rodando, recurrirá a la escritura como vía de escape para superar sus obsesiones y, sobre todo, para no olvidar. 
Resulta imposible desvincular de la figura de Pedro Almodóvar cuanto acontece en la pantalla grande a lo largo de toda la proyección. Desde la similitud física del protagonista hasta el contenido del relato, cada palabra que sale de la boca del personaje principal conduce directamente a la fuente original, que no es otra que el propio realizador. El “sello Almodóvar” se refleja aquí de forma absoluta. Los colores, el tipo de encuadre de la cámara, las obsesiones, los gestos, el timbre de voz…, todo ello hunde sus raíces en el interior del cineasta más internacional y popular de la cinematografía española. Ganador de un Oscar al mejor guion por la magnífica “Hable con ella” y dos más en la categoría de mejor film de habla no inglesa, a los que hay que añadir un sinfín de galardones, es un artista que no tiene nada que demostrar y que únicamente se dedica a expresarse con entera libertad. 
Dentro del apartado interpretativo destaca sobremanera la actuación de Antonio Banderas, que lleva a cabo un viaje introspectivo creíble, efectivo y certero al alma de su alter ego. Pese al escaso parecido físico existente entre ambos, la comunión que se alcanza es tal que consigue obnubilar el ojo del espectador, quien termina por ver en imagen al propio Almodóvar. Forman parte del sobresaliente reparto coral los actores Asier Etxeandia (“La novia”), Leonardo Sbaraglia (“Relatos salvajes”, “Intacto”), Julieta Serrano (“Mujeres al borde de un ataque de nervios”) y Penélope Cruz (“Volver”, “Todos lo saben”).

Trailer


Datos del filme

Título original: Dolor y gloria
Año: 2019
Duración: 108 min.
País: España
Dirección: Pedro Almodóvar
Guion: Pedro Almodóvar
Música: Alberto Iglesias
Fotografía: José Luis Alcaine
Reparto: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, Julieta Serrano