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viernes, 28 de noviembre de 2025

THE RUNNING MAN



La casualidad, el destino o la fatalidad, han hecho que coincida en la misma semana el estreno del “trailer” de la nueva película de la saga “Los juegos del hambre”, prevista para 2026, con el de “The Running Man”. Desconozco si pretende ser una versión masculina del célebre serial protagonizado por Jennifer Lawrence, pero me ha dado esa impresión. En realidad, la futura “The Hunger Games: Sunrise on the Reaping” será una precuela, pues se desarrolla varias décadas antes de los acontecimientos vividos por el personaje de Katniss Everdeen. Ya sin Lawrence, Elle Fanning se baraja para recoger su testigo. Comienzo así esta crítica porque, mientras veía “The Running Man” (a su vez, remake de la cinta de 1987 del mismo título interpretada por Arnold Schwarzenegger, pero que llegó a las salas de proyección españolas con la traducción “Perseguido”), no podía evitar pensar que estaba influenciada por el éxito cosechado con los cinco largometrajes de “Los juegos del hambre”. Y es que la industria de Hollywood se mueve en un eterno bucle de remakes y reiteraciones del que no demuestra voluntad alguna de salir.

Su director, el británico Edgar Wright, responsable de filmes como “Scott Pilgrim contra el mundo”, “Baby Driver” o “Última noche en el Soho”, ha querido rodar una cinta crítica y reivindicativa y, al mismo tiempo, desenfadada y entretenida.  Consigue su objetivo a medias, pero, en todo caso, se debe reconocer su habilidad para pulsar el ritmo de la narración y ofrecer un espectáculo visual impactante. Tal vez resulte un tanto vacío y de poca consistencia, pero esa aura de intrascendencia propicia la sencilla digestión de su contenido. Sea como fuere, el hecho de que se presente como una nueva versión de la obra de finales de los ochenta me provoca cierta pereza a la hora de verla.

En un futuro cercano, “The Running Man” se convertirá en el programa de mayor audiencia de la televisión. Se trata de una competición mortal donde los concursantes, conocidos como Runners, tendrán que sobrevivir treinta días mientras son perseguidos por asesinos profesionales. Se retransmite para un público sediento de sangre y, con cada jornada superada, la recompensa en metálico se incrementa. Desesperado por salvar a su hija enferma, un pobre obrero, convencido por el productor del espacio, participa en el juego como último recurso. Contra todo pronóstico, su rebeldía y sus ansias de victoria le convierten en el inesperado favorito de los aficionados y en una amenaza para todo el sistema, de modo que, a medida que se disparan los índices de audiencia, también lo hace el peligro.

Ciertamente, el “Perseguido” de Arnold Schwarzenegger ha envejecido mal y, con el paso de los años, su visionado desentona. En ese aspecto, el actual proyecto dispone de mejor producción y realización, circunstancia lógica en atención a la evolución de la técnica, los efectos especiales y el dinero invertido. A mi juicio, sin embargo, Wright da un paso atrás en su carrera, siendo más original, arriesgado y fresco en sus anteriores producciones. Aquí se subraya en exceso el mensaje, y prevalece un toque exagerado y desproporcionado que me impide interactuar en mayor medida con las imágenes. 

“The Running Man” se estrenó en la taquilla de los Estados Unidos con un segundo puesto que supo a poco a sus productores. Con un presupuesto superior a los cien millones de dólares, los apenas dieciséis que ingresó el fin de semana de su estreno desinflaron las previsiones iniciales.

Encabeza el reparto Glen Powell, que ha intervenido en muestras del género de acción como “Top Gun: Maverick”, en comedias como “Cualquiera menos tú” o, de modo más secundario, en dramas históricos como “La sociedad literaria y el pastel de patata” o “Figuras ocultas”. No termina de obtener un papel a la altura de su potencial, aunque tampoco está fuera de lugar.  

Participan otros rostros muy conocidos, como Josh Brolin (“No es país para viejos”, “Sicario”), William H. Macy (“Fargo”, “Magnolia”, “Boogie Nights”), Michael Cera (“Juno”, la ya citada “Scott Pilgrim contra el mundo”) y Emilia Jones (vista en la sorprendentemente oscarizada “CODA: Los sonidos del silencio”).




viernes, 6 de junio de 2025

LA TRAMA FENICIA (The Phoenician Scheme)



El cineasta Wes Anderson resulta muy reconocible por su obra, pues posee un estilo muy singular y diferenciado de sus colegas. El uso (y, en ocasiones, el abuso) de las tonalidades pastel y la marcada tendencia a la recreación del absurdo como forma de narración son sólo dos de sus principales características. Siempre me han merecido un gran respeto los directores de cine con un sello que les define y que mantienen con firmeza, al margen de si agradan o no a la industria o a un mayor número de espectadores. Anderson integra ese grupo, si bien sus películas no conectan con mis gustos. Aun así, reconozco su integridad como artista, por más que no me motiva lo que cuenta ni cómo lo cuenta.  

Mencionaría “Academia Rushmore” como su largometraje más valorado por mí, al que añadiría “Moonrise Kingdom” y, ya dentro del género de animación, “Fantástico Sr. Fox”. En cualquier caso, los nombro sin demasiado entusiasmo, aunque percibo en ellos una superior corrección en la recreación de los personajes y en las tramas que sustentan el hilo argumental de dichos trabajos. Por supuesto, se trata únicamente de una cuestión de preferencias sobre mi modo de entender la narración cinematográfica. La rebuscada manera en la que el realizador tejano recrea (y, a mi juicio, exagera) la absurdez para alcanzar la comicidad no casa con mi sentido del humor, por lo que asumo sus proyecciones desde una indiferencia que me impide disfrutarlas.

No niego que, aisladamente, alguna de sus escenas me haga gracia y, durante un tiempo, ese uso artificial de los colores me llame la atención. Pero, analizando el conjunto, su parte ilógica e irracional termina por impregnarlo todo y me deja un regusto a propuesta descabellada que no me satisface.  

Frente a un relato tan poco habitual (las aventuras de un rico empresario y su hija monja), intentar acertar en el planteamiento de su sinopsis a través de algunos párrafos carece también de sentido. Baste decir que el tono irónico, más bien satírico, inunda la totalidad de las imágenes, los diálogos y las actuaciones, llevándolos al borde del disparate. No descarto que en el fondo se hallen profundas moralejas, críticas sesudas y problemas de actualidad, pero yo dejé de buscar mensajes subliminales e intenciones ocultas a la media hora, cuando el cúmulo de situaciones surrealistas y exageraciones teatrales ya me habían saturado. Sea como fuere, no dudo de que Anderson disponga de numerosos admiradores que se deleitarán con su fabulaciones y excentricidades.

El equipo artístico puede distribuirse en dos grupos. Por un lado, quienes interpretan a los personajes principales. Por otro, quienes realizan pequeños cameos con el fin de engatusar el público, habida cuenta de que las celebridades abundan. Encabeza el reparto Benicio del Toro, Oscar por su labor en “Traffic”, de Steven Soderbergh y con icónicas actuaciones en títulos como “Sicario”, “21 gramos” o “Sospechosos habituales”. Le acompañan Mia Threapleton (“Un pequeño caos”), Michael Cera (“Juno”), Willem Dafoe (cuya extensa filmografía no procede resumirse en pocas líneas), F. Murray Abraham (estatuilla dorada por “Amadeus”), Tom Hanks (premiado doblemente por la Academia de Hollywood merced a sus papeles en “Forrest Gump” y “Philadelphia”), Jeffrey Wright (“American Fiction”), Scarlett Johansson (“Lost in Traslation”), Bill Murray (habitual de este cineasta) y Benedict Cumberbatch (“Descifrando enigma”, “Doctor Strange”).