viernes, 7 de julio de 2023

INDIANA JONES Y EL DIAL DEL DESTINO (Indiana Jones and the Dial of Destiny)


 

“En busca del arca perdida” e “Indiana Jones y la última cruzada” son dos de mis cintas favoritas. Las disfruté en su momento y lo sigo haciendo cada vez que vuelvo a verlas. Su mezcla de aventura, humor y narración cinematográfica me parece fantástica, aunque he de confesar que la cuarta entrega de la saga me decepcionó. Por eso, al enterarme de que iba a rodarse una quinta parte, no pude evitar presagiar la lenta agonía de un personaje tan querido por mí, víctima de la artificial prolongación de un serial que probablemente debió concluir en la propia década de los ochenta. Aun así, “Indiana Jones y el dial del destino” constituye, en mi opinión, una digna despedida para el más célebre arqueólogo de todos los tiempos. Y, pese a no superar el nivel de las primera y tercera entregas (misión casi imposible), sobrepasa ampliamente a “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal”.

En una de las escenas de la genial “Toy Story”, Buzz Lightyear intenta demostrar que puede volar, lanzándose para ello al vacío mientras simula un vuelo a través de diversas piruetas y golpes de fortuna. Y, ante su arriesgado gesto, su compañero Woody le aclara que “eso no es volar, es caer con estilo”. Pues bien, el Indiana Jones de 2023 tampoco vuela como el de 1981 ni el de 1989, pero también cae con estilo y nos ofrece un cúmulo de secuencias divertidas y entretenidas, con ese regusto de antaño que tanto satisface a quienes años atrás nos deleitamos con la misma fórmula. En cualquier caso, presenta algunos inconvenientes. Los efectos digitales, tan inevitables como evidentes, afectan al resultado final y se cae en la recurrente manía de, para captar la atención del público, incrementar la aparatosidad y la magnitud de las persecuciones y peleas anteriores, rebasando límites que, en ocasiones, desmerecen los planos secuencia.  

Asimismo, el notable director James Mangold no puede considerarse Steven Spielberg, cuya mano se muestra más efectiva en este género de películas.

Sea como fuere, cabe resaltar los innegables aciertos del film. Además de contar con una figura atrayente, buena parte del metraje se ve impulsado por una intensa vitalidad. Igualmente, el espíritu aventurero clásico permanece, de modo que los ciento cincuenta minutos de proyección se tornan bastante ligeros y, al menos en mi caso, generan diversión, lo que ya de por sí entraña un logro considerable.

Teniendo en cuenta el sabor agridulce que comporta, me parece más discutible el hecho de incluir la melancolía entre los méritos o los deméritos del largometraje. Y es que la empatía hacia “Indiana Jones y el dial del destino” se cimienta en la nostalgia que provoca en los espectadores rememorar la franquicia al completo. Existen constantes guiños a los títulos precedentes, trasladándonos la sensación de que fuimos felices en otra época y que el paso del tiempo pone un total e irremediable punto final. Cuesta contemplar a su octogenario protagonista portando el mismo sombrero y agitando idéntico látigo. Por mucho que los avances de la técnica atenúen sus arrugas, nos indican que ya ha pasado media vida desde que le descubrimos esquivando aquella gran bola que amenazaba con aplastarle.

Harrison Ford es, sin duda, una estrella del Séptimo Arte. Más allá de su participación en las sagas de “Star Wars”, “Indiana Jones” y “Jack Ryan”, reúne en su filmografía joyas como “Blade Runner”, “Único testigo”, “Armas de mujer” o “El fugitivo” que le convierten en una leyenda digna de reverencia.

Junto a él intervienen Phoebe Waller-Bridge (célebre gracias a la serie televisiva “Fleabag”), Mads Mikkelsen (“La caza”, “Casino Royale”, “Otra ronda”), Toby Jones (“El topo”, “El velo pintado”, “Capitan América”) y, a cargo de un corto cameo, Antonio Banderas.

Incuestionable reconocimiento merecen Steven Spielberg y George Lucas, creadores de Indiana Jones, así como los miembros de sus equipos, por los extraordinarios ratos que nos han hecho pasar. Ha sido un honor asistir en primera persona tanto al nacimiento como a la defunción de uno de los personajes más míticos de la Historia del cine.



viernes, 30 de junio de 2023

SIN MALOS ROLLOS (No Hard Feelings)



La comedia norteamericana siempre ha presentado una marcada tendencia hacia la explotación de la vulgaridad como forma de diversión. Pese a notables excepciones, desde un punto de vista cuantitativo el número de películas del género donde las situaciones chabacanas y los chistes ordinarios se alzan como el vehículo sobre el que centrar la vis cómica resulta mayoritario. Por decirlo de otra manera, la frase atribuida a Peter Ustinov "lo cómico es simplemente una forma divertida de ser serios" no ha contado con un seguimiento en la industria cinematográfica estadounidense.

Cada persona posee su propio sentido del humor y lo que a una le hace gracia a otra le provoca una sensación de vergüenza ajena. Para gustos, colores. En mi caso particular, la propuesta de “Sin malos rollos” ni me atrae ni me invita a la risa. Le reconozco cierta inventiva y, sobre todo, aprecio el esfuerzo interpretativo de su elenco por situarse a la altura de las expectativas y del objetivo jocoso, pero las secuencias supuestamente graciosas me parecen poco elaboradas, simplonas y bastas.

Su director, Gene Stupnitsky, que ostenta un merecido reconocimiento gracias a su labor en la serie televisiva “The Office”, ha perdido frescura cuando ha dado el salto a la gran pantalla ejerciendo como guionista, y se ha encasillado en los tópicos (“Bad Teacher” o “Año Uno” dan fe de ello).

Basada, al parecer, en un hecho real, cuenta la historia de una joven desesperada a causa de sus problemas económicos que descubre un curioso anuncio de trabajo: unos padres adinerados buscan a alguien para entablar una cita con su introvertido hijo antes de que ingrese en la Universidad. Ante la posibilidad de conseguir dinero fácil acepta la oferta, aunque pronto se percatará de que ni el trabajo es tan sencillo ni el muchacho, tan torpe.  

Muy destinada al universo adolescente y juvenil, se publicita como una propuesta picante y guasona. Y si, ciertamente, la trama refleja ambos aspectos, no da para mucho más. Determinadas fases de la proyección presentan unas altibajos considerables y, aun introduciendo instantes emotivos, no deja de ser un largometraje que, proporcionando quizá buenos ratos al público de risa fácil, no destaca en ningún sentido.

Jennifer Lawrence asume el peso del film y se emplea en darlo todo por el personaje. Ganadora de un Oscar por su actuación en “El lado bueno de las cosas”, ha demostrado su capacidad interpretativa en títulos como “La gran estafa americana”, “Joy” o “Winter´s Bone”. Por lo visto, pretende dar ahora un giro profesional a las órdenes de dos realizadores italianos en sus tres próximos rodajes: dos junto a Paolo Sorrentino y uno con Luca Guadagnino. Dispone de presencia y de valía ante las cámaras, por lo que confío en su versatilidad y apuesta de futuro.  

La acompañan Andrew Barth Feldman (al que vimos en la pedante e inclasificable “Ruido de fondo”), Laura Benanti (“Worth”) y figuras más conocidas como Matthew Broderick, célebre en la década de los ochenta merced a “Juegos de guerra”, “Lady Halcón” o “La loca aventura del matrimonio”. “Sin malos rollos” constituye una opción válida para esa juventud que quiera acudir al cine una tarde de verano en busca del aire acondicionado, y tal vez hasta se ría con determinadas escenas que no perdurarán demasiado tiempo en su memoria.



viernes, 23 de junio de 2023

TYLER RAKE 2 (Extraction II)



En el fatídico año 2020 se estrenó en Netflix la cinta de acción protagonizada por Chris Hemsworth “Tyler Rake” (de título original, “Extraction”), con la que pretendía seguir un línea profesional marcada por los filmes de superhéroes y personajes musculados. Contenía algunas secuencias bien rodadas que otorgaban un clímax de tensión del agrado de los aficionados al género, si bien los límites entre lo creíble y lo increíble, de por sí muy desdibujados cinematográficamente hablando, se traspasaban con frecuencia sin rubor.  Sin embargo, el éxito acompañó a la propuesta. Y ya se sabe qué ocurre cuando un largometraje de estas características supera las previsiones: se impone rodar una segunda parte lo más similar posible.  

En estos casos, el único plan trazado para preparar la secuela consiste en apostar por la exageración, agrandando el producto y su resultado. Más presupuesto, más explosiones, más armas descomunales, más peleas coreografiadas y más situaciones extremas. Un más y más constante. El problema radica en que, para alcanzar su objetivo, la aludida credibilidad (rebasada, por otra parte, en su primera entrega), queda definitivamente atrás, en un horizonte muy lejano, pasando de la acción a la fantasía y, en virtud de las imágenes, incluso a la ciencia ficción. A partir de ahí, cada espectador decidirá el grado de despropósito capaz de asumir. Un célebre anuncio televisivo emitido hace décadas nos proponía, a modo de parodia, aceptar o no el pulpo como animal de compañía. Quienes lo hagan, disfrutarán de un espectáculo visual repleto de enfrentamientos, luchas cuerpo a cuerpo, disparos por doquier e infinidad de vehículos destruidos, desde trenes hasta helicópteros (obviamente, la típica persecución de coches ya resulta a estas alturas demasiado trillada y menor).

Tras sobrevivir milagrosamente a sus anteriores vicisitudes, el valiente mercenario Tyler Rake regresa a las operaciones encubiertas y a las misiones suicidas. En principio, estaba dispuesto a retirarse a una alejada y solitaria cabaña, pero un misterioso hombre que dice hablar en nombre de su ex mujer le solicita colaboración para rescatar a su cuñada y sus sobrinos de una cárcel controlada por un grupo paramilitar georgiano.

Según la circense regla del “más difícil todavía”, se podría afirmar que supera a su predecesora. Desde un punto de vista cinematográfico, en absoluto. Personalmente, me resultó muy artificial el reiterado y cuasi cansino empeño de ofrecer el combate más grandilocuente y el tiroteo más duradero. Mi nivel de saturación se desbordó y hubo un momento en el que perdí el interés por la narración. Además, la pretensión por parte del director de entrelazar planos emotivos y dramáticos da lugar a un rotundo fracaso. En otras palabras, un cambio excesivamente brusco que deriva en un injerto postizo entre tanta sangre y detonación.

Chris Hemsworth lleva a cabo una correcta labor. Encaja en el perfil de ex soldado físicamente portentoso que continúa combatiendo por encargo y, en cierta medida, sostiene con sus músculos la película. Popular gracias al personaje de “Thor” en las franquicias de la factoría Marvel, a veces se ha alejado del estereotipo de rudo hombre de acción, como ocurrió en “En el corazón del mar” o “Rush”, ambas a las órdenes de Ron Howard. El desenlace de “Tyler Rake 2” presagia una tercera parte, así que volveremos a verle en tesituras semejantes, aunque sería deseable que apostara también por otro tipo de proyectos.

Junto a él forma parte del elenco la interesante Golshifteh Farahani, cuya rica y variada filmografía incluye la destacada “Red de mentiras”, de Ridley Scott, si bien ha demostrado asimismo su versatilidad y potencial en títulos como “Paterson”, de Jim Jarmusch o “A propósito de Elly”, del oscarizado “Asghar Farhadi”. Actualmente interviene a través de la plataforma Filmin en “Asuntos familiares”, junto a Marion Cotillard.  Les acompañan de modo secundario Olga Kurylenko (“Quantum of Solace”, “La muerte de Stalin”) e Idris Elba (“Molly's Game”, “Beasts of No Nation”).