Mostrando entradas con la etiqueta Ryan Reynolds. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ryan Reynolds. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de septiembre de 2026

MAYDAY


La semana pasada tuvo lugar a nivel mundial el estreno de la película “Mayday”, expresión inglesa que designa una señal internacional de petición de ayuda o socorro. Es posible que cuando los responsables del proyecto eligieron tal nombre implícitamente quisieran expresar algo más que el título del largometraje. “Mayday”, que se emite a través de la plataforma Apple Tv, debe encuadrarse dentro de la subcategoría de la parodia, una especie de comedia con reglas propias que recurre al absurdo como vehículo para provocar la risa. A mi juicio, sin embargo, se trata de un peligroso camino. El sentido del humor resulta siempre muy subjetivo y cada persona se divierte a su manera, por lo que, al bordear dicho absurdo, se corre el riesgo de cruzar la delgada línea entre la comicidad y la extravagancia carente de gracia. A mí me ocurre, por ejemplo, con la saga “Agárralo como puedas”, protagonizada por Leslie Nielsen, donde algunas concretas escenas contempladas individualmente provocan hilaridad, pero dentro de una proyección de dos horas terminan por indigestarme.  

En ese sentido, “Mayday” cuenta con un elenco de actores conocidos, una realización técnica correcta y varias secuencias de innegable agudeza capaces de hacer sonreír al público, si bien esos recursos no sostienen los ciento diez minutos de duración, además de que, en determinados momentos, se introducen determinados elementos más propios del género de acción e intriga y que no acaban de combinar adecuadamente con el resto del guion. Se trata de una cinta de espías con numerosas referencias burlescas a “Top Gun” y que se presenta como una “bromance”, concepto que desconocía por completo hasta que me topé con la promoción del film y que, al parecer, se refiere a una relación afectiva intensa, muy cercana y de apoyo mutuo entre dos o más hombres, y que trasciende la amistad tradicional, aunque prescindiendo del carácter sexual. Acudir a esta clase de palabras prefabricadas ya supone, en mi opinión, otra parodia.

John Francis Daley y Jonathan M. Goldstein, responsables de “Noche de juegos” y “Dungeons & Dragons: Honor entre ladrones” comparten la labor de dirección y guion. Se nota que se divierten y que poseen un estilo desenfadado y disparatado. Incluso logran, al menos por lo que a mí respecta, transmitir esa sensación de entretenimiento jocoso en algunas partes del metraje. Sin embargo, se torna demasiado infantil y facilón en su conjunto.

Un teniente de la Marina estadounidense es enviado a una misión secreta a territorio de Rusia en mitad de la Guerra Fría, pero la operación termina fracasando y queda atrapado tras las líneas enemigas. Un extraño hombre ruso, ex agente de la KGB, aunque enamorado en realidad de la cultura norteamericana, lo encuentra. Entre ellos surge una insólita alianza, al tiempo que los altos mandos soviéticos buscan al intruso.

Sorprende ver en este proyecto al actor y realizador Kenneth Branagh, quien se dio a conocer por medio de sus adaptaciones de obras de William Shakespeare y cuya filmografía se alza tan dispar como errática. Tan pronto dirige “Belfast” o “Hamlet” como una innecesaria versión de “Cenicienta” o sus recargadas y saturadas representaciones sobre el detective Hércules Poirot. Cabe esperar de él lo mejor y lo peor. En esta ocasión no se le puede atribuir ningún demérito, por mucho que a mí me cueste entender qué le interesó de esta propuesta.  Interpreta al individuo encandilado por el mismo personaje que encarnó Tom Cruise en “Top Gun”. Ryan Reynolds, muy alejado de mis preferencias artísticas si exceptúo las varias veces que he visionado “Definitivamente, quizás”, da vida al piloto perdido. Junto a ellos intervienen David Morse (“La milla verde”, “Contact”, “En tierra hostil”) y Maria Bakalova, quien se ponía en la piel de Ivana Trump en “The Apprentice (La historia de Trump)”.





viernes, 18 de mayo de 2018

DEADPOOL 2

Reconozco que en varios momentos de “Deadpool 2” me reí con ganas, ya que mantiene esa irreverencia insolente recubierta con cierta genialidad para burlarse de todo. La combinación de vulgaridad casposa y humor corrosivo funciona en numerosas fases del metraje. Y es precisamente ese aire desenfadado el que salva la película, ya que la acción, los héroes y los villanos solo pueden digerirse porque están rebozados de una picante capa de comicidad. Sin embargo, desde un punto de vista cinematográfico, sus carencias resultan tan evidentes como la desproporción de esta segunda parte. El largometraje es una concatenación de “gags” que resultarían igual de efectivos si se hubiesen equivocado en la sala de montaje al ordenar las escenas. De la misma forma que el tráiler por sí solo ya arrancaba alguna sonrisa, o el famoso vídeo de promoción junto al ex futbolista David Beckham parecía muy divertido, lo mismo sucede con numerosas secuencias del film. En ese sentido, considerando que el divertimento es su principal (más bien, su único) objetivo, justo es reconocerle que lo alcanza. Cuestión distinta supone valorar la historia, la narración, el estilo, el ritmo, la puesta en escena, es decir, el producto cinematográfico. Y en ese ámbito los déficits son importantes. 
Como ya me sucediera con títulos como la primera parte de “Kick-Ass” o alguna de las entregas de “Austin Powers”, la descontrolada furia aderezada de gracia de la una y el desenfreno ocurrente de la otra me hicieron disfrutar durante varias tramos de la proyección, si bien su visión en conjunto me produjo mayor pereza. En el caso de “Deadpool 2”, su afán por la parodia -incluyendo la autoparodia- se agradece y, además, neutraliza el peligro de fomentar la grandilocuencia y el exceso. Explosiones, persecuciones, huidas y peleas se diluyen en su propia desproporción, dado que la sobredosis de chistes y gracias nos recuerda que nada de lo que se ve debe tomarse en serio y que todo está al servicio de una mofa, a veces ingeniosa, a veces chabacana, pero siempre irónica. 
Dirige David Leitch, un experimentado especialista que ha participado coreografiando secuencias de acción y sustituyendo en las escenas peligrosas a los protagonistas de títulos tan destacados como “El ultimátum de Bourne”, “V de Vendetta” o “Sr. y Sra. Smith”. Como realizador ha firmado la decepcionante “Atómica”, junto a Charlize Theron y la irregular “John Wick” (si bien su labor no aparezca reflejada en los títulos de crédito). Consigue adaptarse bien a un producto muy marcado por el descaro. Lo que cuenta, en realidad, da igual. No ofrece una trama convencional, pero tampoco lo pretende. En esta parodia desmesurada lo único que cuenta es la capacidad para provocar. El toque gamberro constituye la auténtica marca que define a una saga que, como ya era previsible, ha anunciado su tercera entrega. 
Ryan Reynolds vuelve a interpretar a la dualidad Wade Wilson/Deadpool. Se trata de un intérprete con muchos y sonoros desatinos en su carrera profesional, pero también con algunos trabajos interesantes (“Buried”, “Definitivamente, quizás”). Su intención de explotar el éxito de esta franquicia en “X-Force” y “Deadpool 3” y de reiterar errores pasados como participar en una segunda parte de “El otro guardaespaldas”, evidencia su errática trayectoria. Le acompañan Josh Brolin (“No es país para viejos”, “Mi nombre es Harvey Milk”, “Sicario”), Morena Baccarin (vista en la serie televisiva “Homeland”), Zazie Beetz (“Geostorm”) y Brianna Hildebrand (“First Girl I Loved”). Todos ellos se entregan a este descaro políticamente incorrecto y cinematográficamente discutible, pero humorísticamente efectivo.

Trailer en castellano


Trailer en versión original


Datos del film
Título original: Deadpool 2
Año: 2018
Duración: 111 min.
País: Estados Unidos
Dirección: David Leitch
Guion: Rhett Reese, Paul Wernick, Ryan Reynolds (Cómic: Rob Liefeld, Fabian Nicieza)
Música: Tyler Bates
Fotografía: Jonathan Sela
Reparto: Ryan Reynolds, Zazie Beetz, Josh Brolin, Morena Baccarin, T.J. Miller