viernes, 26 de mayo de 2023

NUNCA LLUEVE EN CALIFORNIA (Palm Trees and Power Lines)



Pese a que la cartelera se empeñe en demostrar lo contrario, el cine norteamericano actual se compone de algo más que sagas interminables y películas de superhéroes. Existen también al margen de las distribuidoras otras propuestas modestas que van a contracorriente y que ofrecen alternativas interesantes, aunque sin apenas opciones de llegar a un gran número de salas de proyección. El pasado fin de semana, coincidiendo con la décima entrega de “Fast & Furious” y la apuesta de Disney por “Ant-Man y la Avispa: Quantumanía”, la plataforma Filmin estrenaba “Nunca llueve en California”, traducción libre de “Palm Trees and Power Lines”, que logró cuatro nominaciones en los últimos “Film Independent Spirit Awards” (ópera prima, guion, actriz revelación y actor secundario) y que, además, arrancó numerosos aplausos en el Festival de Cine de Sundance, donde se alzó con el premio a la mejor dirección.

La cinta comienza de forma pausada, presentando a una adolescente desubicada que pierde el tiempo junto a un grupo de supuestos amigos con los que, en el fondo, no conecta. Vive con su madre, con quien mantiene una relación similar a la de cualquier compañera de piso, y termina liada con un hombre bastante mayor que ella, el único individuo que, al parecer, le presta atención y le trata bien. A medida que avanza el metraje, este, en principio, típico relato de realidades adolescentes, comienza a ahondar en los peligros de las relaciones dañinas y tóxicas para, posteriormente y de manera sorpresiva, tratar de modo certero el fenómeno de la explotación sexual.

El relato demuestra que no resulta necesario ser raptada en un país extranjero para terminar inmersa en una espiral nociva y autodestructiva y cómo, en ocasiones, por la vía más inocente e insospechada, es posible caer en redes que utilizan los cuerpos de las mujeres para lograr un rendimiento económico. Unas interpretaciones creíbles, unidas a diálogos y situaciones verosímiles reflejados a través de una narración honesta y con no pocos valores cinematográficos, dan como resultado un film que podría utilizarse como herramienta didáctica y educativa.

Su realizadora, Jamie Dack, debuta detrás de la cámara con este trabajo, si bien ya había rodado un cortometraje con el mismo título e idéntico argumento, de donde se deduce su interés por profundizar en el tema y convertirlo en largometraje. Los reconocimientos obtenidos en Sundance y en los Independent Spirit Awards evidencian su esperanzador comienzo en la profesión, confirmando que en el futuro de la industria norteamericana hay cantera y relevo, siempre y cuando las productoras se animen a darles una oportunidad.

Todas las actuaciones se desarrollan a un gran nivel y apuntalan notablemente los perfiles a su cargo. La actriz más conocida del reparto es Gretchen Mol, vista en la versión de James Mangold de “El tren de las 3:10”, “Rounders” de John Dahl o “Celebrity” y “Acordes y desacuerdos”, ambas de Woody Allen. Asume un papel secundario, pero efectivo.

No obstante, el verdadero peso de la historia recae en la debutante Lily McInerny, quien lleva a cabo una destacada labor. Gracias a la buena dirección de Dack, aporta a su personaje el necesario grado de profundidad y realismo. Desde ahora aguardo con interés sus nuevos proyectos. Encarna a su pareja en la ficción Jonathan Tucker (“Las vírgenes suicidas”, “Hostage”, “Los próximos tres días”). Confío en que finalmente se revierta la tendencia y no se releguen estas obras independientes a las plataformas, por el hecho de que el monopolio de exhibidoras y distribuidoras veten su estreno en las salas. El futuro del Séptimo Arte depende de ello. 



viernes, 19 de mayo de 2023

MARLOWE



La relación de Philip Marlowe con el Séptimo Arte resulta muy profusa y su reflejo más icónico se encuentra en la versión de “El sueño eterno”, dirigida por Howard Hawks e interpretada por Humphrey Bogart y Lauren Bacall, y que posee una emblemática escena final. No obstante, el listado es largo y se inicia en 1944 con “Historia de un detective”. La década de los cuarenta reunió el mayor número de películas sobre este investigador salido de la mente del escritor Raymond Chandler, pero se extendió en adelante. En los años sesenta James Garner asumió dicho perfil en “Marlowe, detective muy privado”. En los setenta, Elliott Gould a las órdenes de Robert Altman y Robert Mitchum bajo la batuta de Dick Richards hicieron lo propio. Ya en los noventa, James Caan retomó el testigo de la mano de Bob Rafelson, situado detrás de la cámara. Por lo tanto, no parece extraño que en la actualidad se estrene otra nueva aventura de tan singular personaje, si bien mi reflexión tras visionar la cinta sea que se trata de una propuesta desubicada en el tiempo. Su propio cartel da fe de ello, pues pretende trasladar aquella imagen clásica pero, al final, anuncia un producto artificial que no termina de encajar ni con el estilo tradicional ni con una readaptación más moderna.

Asume la realización Neil Jordan, responsable de la notable “Juego de lágrimas”, que le reportó un Oscar como guionista. Este irlandés cuenta con una filmografía algo inconexa y, en mi opinión, hay que remontarse varios lustros para encontrar sus trabajos más notables. Además, al escoger una figura adaptada ya tantas veces, las comparaciones se tornan inevitables y, en este caso, encima desfavorables. No sólo la imagen de Humphrey Bogart se alza demasiado alargada e inolvidable, sino que el ritmo y la intensidad visual y narrativa de “El sueño eterno” resulta claramente superior, pese a haberse rodado hace casi ochenta años.

En Los Ángeles a finales de los años treinta, el detective privado Philip Marlowe es contratado para encontrar al ex amante de una glamurosa heredera, hija de una conocida estrella de cine. La desaparición oculta numerosas mentiras y secretos, y el investigador se verá envuelto en una aventura peligrosa y mortal en la que todos los implicados parecen tener algo que ocultar.

Los aficionados al género negro comenzarán a ver este filme con una clara predisposición a disfrutarlo, ayudados por un magnífico elenco de actores y una meritoria ambientación de la época. Los sombreros, las gabardinas, las “femmes fatales” y el humo de los cigarrillos ayudarán a facilitar cierta conexión con la proyección. Pero conforme avanza el metraje, se apodera una sensación de inconsistencia y  vacío. En definitiva, de copia poco elaborada.

Liam Neeson, quien ya trabajara con Jordan en “Michael Collins” en 1998, encabeza el reparto. Alcanzó su cumbre profesional dando vida al empresario Oskar Schindler en la afamada cinta de Steven Spielberg, pero posteriormente se ha especializado de forma incomprensible en propuestas de acción, abandonando aquella loable trayectoria que se había labrado. Aunque aquí encaja con el perfil que requiere el papel, no dispone de un guion propicio para su lucimiento.

Junto a él figuran Jessica Lange y Diane Kruger, madre e hija en la ficción. La primera ha ganado dos estatuillas doradas a lo largo de su destacada carrera artística, mientras que la segunda se ha dado a conocer a gran escala por medio de cintas como “Troya”, “Malditos bastardos” o la saga de “La búsqueda”. Ambas actrices contribuye a enriquecer el largometraje. A cargo de intervenciones secundarias les acompañan rostros como los de Alan Cumming (“Eyes Wide Shut”, “X Men 2”), Ian Hart (“María, reina de Escocia”, “Descubriendo Nunca Jamás”) o Colm Meaney (“El inglés que subió una colina, pero bajó una montaña”, “La camioneta”).



viernes, 12 de mayo de 2023

THE LOST KING



Stephen Frears, responsable entre otros títulos de “Las amistades peligrosas” (1988) -probablemente su mejor obra- y “La reina” (2006),  se ha labrado hasta la fecha una sólida carrera como cineasta. No obstante, en la filmografía de este veterano británico abundan las películas de visión amable donde se estila un tono ligero y, en gran parte, cómico, aunque introduzca toques críticos y reflexivos. Sirvan como ejemplos “La reina Victoria y Abdul” (2017), “Philomena” (2013), “Tamara Drewe” (2010) o “Alta Fidelidad” (2000), trabajos nada transgresores y de formato convencional con los que el público empatiza con facilidad y en donde se mezclan, normalmente con acierto, el humor, el drama y, a veces, alguna pincelada reivindicativa.

En línea con esta trayectoria presenta ahora “The Lost King” (estrenada en España con su título original). Ignoro si la distribuidora ha esperado intencionadamente a la primera semana de mayo para llevarla a las carteleras, coincidiendo con la coronación en Londres del rey Carlos III y considerando que este actual fervor monárquico ayude a su éxito en la taquilla. Tras su visionado, la sensación que predomina es la de tratarse de una propuesta sencilla, afable e impulsada por un halo de comicidad que parece impregnarlo todo, por mucho que determinadas secuencias reflejen una textura más dramática. Es el estilo que Frears, sin duda, domina y en el que se siente más cómodo, ya que le favorece para abordar el relato con consistencia, pese a esa apariencia informal o, incluso, insustancial. Su moderado metraje, cercano a la hora y media, también contribuye a que la proyección resulte amena y agradable de modo que, aun siendo un film que se olvidará con cierta rapidez, tampoco contará con demasiados detractores.

Basado en hechos reales (en el doble sentido del término), relata cómo en 2012 fueron localizados en la ciudad inglesa de Leicester los restos del monarca Ricardo III, fallecido 500 años atrás en el campo de batalla. Gran parte del mérito de dicho hallazgo se debe a Philippa Langley, guionista de televisión y miembro de la Sociedad Ricardiana, que se embarcó en la descabellada aventura de localizar dichos restos. Para verificar su autenticidad, hubo que cotejar el ADN de los huesos con el de algún otro familiar y quien aportó la prueba científica definitiva fue un carpintero canadiense perteneciente a la decimoséptima generación de descendientes de Ana de York, hermana del difunto noble.

De tan rocambolesca historia, Steve Coogan y Jeff Pope (ambos, autores de los textos para “Philomena”) escribieron un guion efectivo, basado en un libro de la propia Langley, en el que presentan con naturalidad la perspectiva trágica y, al mismo tiempo, cómica de un suceso bastante inverosímil y que concluye con una dosis de optimismo vital muy del agrado de todos los públicos.

Desde el punto de vista interpretativo, el peso recae sobre Sally Hawkins, que encarna a Philippa. La actriz ha estado nominada al Oscar en dos ocasiones, gracias a sus actuaciones en “La forma del agua”, de Guillermo del Toro y “Blue Jasmine”, de Woody Allen. Participó asimismo en “Spencer”, otro proyecto sobre la familia real británica en el que su colega Kristen Stewart dio vida a Diana de Gales. Ha intervenido igualmente en “Happy, un cuento sobre la felicidad”, de Mike Leigh, “Nunca me abandones”, de Mark Romanek o la hipnotizadora versión de “Jane Eyre”, de Cary Joji Fukunaga. Aquí lleva a cabo una labor plausible, aportando el punto justo de hilaridad e intensidad. La acompañan en el elenco el propio Steve Coogan y Harry Lloyd (“La teoría del todo”, “La dama de hierro”).