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viernes, 9 de mayo de 2025

THUNDERBOLTS* (Thunderbolts*)



Desde la factoría Marvel han decidido añadir un asterisco a su último título, “Thunderbolts*”, como cuando un escritor desea explicar o matizar a sus lectores algún aspecto de un texto, más allá de la frase que están leyendo. Al parecer pretenden -medio en serio, medio en broma- aclarar que recurren a este grupo de personajes porque “Los vengadores” ya no están disponibles. Tras haber exprimido hasta el límite a dichos superhéroes, y ante la imposibilidad de explorar opciones más originales, echan mano de estos “antihéroes” alternativos para seguir produciendo películas.  Utilizando un símil deportivo, encarnarían a ese equipo de suplentes que saltan al campo en ausencia de los titulares.

Casi plagiando a su competidora “DC Comics” y a la saga de “Escuadrón suicida”, Marvel apuesta por reunir a un grupo de villanos para conformar un comando que proteja a la humanidad del mismo modo que aquellos anteriores “vengadores”. Dentro de tan pintoresco colectivo de repudiados malhechores, encontramos a Yelena Belova, hermana de la “Viuda Negra” (interpretada por Scarlett Johansson), Bucky Barnes -alias “El soldado de invierno”- (quien apareció en las cintas de “Capitán América”) o Taskmaster (el malvado de la citada “Viuda negra”).

No obstante, y aunque intente retrasar lo inevitable, Marvel habrá de enfrentarse más tarde o más temprano al dilema de cómo plantear su futuro en la industria del cine. El manifiesto declive de sus últimas propuestas requiere, o bien de una reinvención, o bien de una certificación de esa decadencia. La copia y la reiteración resultan ya tan acusadas que me siento incapaz de abordarlas con un ápice de interés, hasta el punto de sumirme en el aburrimiento. Y no tanto por falta de intensidad narrativa, ya que la acción existe, como por desidia ante la evidente escasez de ideas novedosas. 

Dirige Jake Schreier, con dilatada experiencia en el mundo de los videoclips musicales y las series televisivas, pero con exigua en la gran pantalla. En 2015 estrenó “Ciudades de papel”, protagonizada por Cara Delevingne, habiendo debutado tres años antes con “Un amigo para Frank”, junto a Frank Langella. Aquí da la sensación de haber dejado en manos del equipo técnico de los efectos especiales la mayor parte de su labor como realizador.

Este conjunto de malvados, algunos reconvertidos en salvadores, se halla encabezado por Florence Pugh, actriz que me impresionó en “Lady Macbeth” y, en la pequeña pantalla, en “La chica del tambor”.  Posteriormente, ha intervenido en la excelente “Oppenheimer” y en la notable “Dune: parte 2”. Ya interpretó a Yelena Belova en “Viuda negra”. Cabe confiar en que no la mantengan atada al personaje en un sinfín de secuelas sin sentido.

Otra intérprete que repite papel es Olga Kurylenko, dando vida a Antonia Dreykov (“Taskmaster”). La ucraniana ejerció como chica Bond en “Quantum of Solace” y participó en “La conspiración de noviembre” o “El maestro del agua”. Hannah John-Kamen, por su parte, continúa encarnando su perfil en “Ant Man” y Julia Louis-Dreyfus (famosa gracias a la televisión por “Seinfeld” y “Veep”) con el suyo en “Black Panther”. Todo un refrito de secundarias convertidas en protagonistas.

En el apartado masculino figuran Lewis Pullman (Top Gun: Maverick”), Sebastian Stan (recientemente nominado al Oscar representando a Donald Trump en “The Apprentice”), David Harbour (“Tyler Rake”) o Wyatt Russell (“Infiltrados en la universidad”).




viernes, 12 de marzo de 2021

CENTINELA (Sentinelle)



Existen numerosas formas de rodar una mala película, pero probablemente una de las peores sea limitarse a recurrir a clichés muy desgastados y enlazarlos sin conexión coherente sobre una base de secuencias que recuerdan de un modo patente a otros largometrajes mejores. De ahí que el director francés Julien Leclercq demuestre en “Centinela” sus escasos recursos cinematográficos y su incapacidad para contar una historia, no ya creíble, sino simplemente consistente. El único anzuelo con el que pretende que piquen los espectadores es esa carnaza asociada al primario, primitivo y humano sentimiento de venganza. Cabe indicar que hasta la fecha han pasado por las carteleras centenares de cintas sobre violentas revanchas, reflejo de una justicia ancestral basada en el “ojo por ojo” y generadas ante la incapacidad del sistema policial y judicial. En este caso, sin embargo, ni la construcción de los personajes, ni la elaboración de la intriga, ni las tomas de acción, ni la ligazón del guion consiguen el más mínimo resultado digno de atención.

La cuestión no es tanto imputar una falta absoluta de credibilidad al relato (en el cine, en función del género del que se trate, los límites entre lo creíble y lo increíble pueden resultar amplios y difusos) como una ausencia plena de originalidad, una torpeza narrativa a la hora de cambiar de planos y una carencia total de atmósfera de suspense sobre la que sustentar el entretenimiento. Todo aquí desentona y presenta un tratamiento artificial, desde el uso de la cámara lenta en algunas tomas a la combinación del drama con la acción, pasando por la coreografía de las peleas. En ocasiones, el desenlace de las escenas y la suspensión temporal de la narración se tornan sonrojantes, y su constante referencia a otros títulos de superior calidad lo convierten en un proyecto fallido.

Después de participar en una traumática misión de combate en una zona de conflicto, una soldado regresa a su país natal para realizar funciones de control y vigilancia más rutinarias. En su intento de adaptarse a ese nuevo entorno, recurre a un peligroso hábito de ingesta de pastillas para controlar sus angustias y desorientaciones. Cuando, después de un encuentro fortuito en una discoteca, un magnate ruso ataca y deja en coma a su hermana, la militar iniciará su caza particular para acabar con el agresor.

La cinta se estrenó la pasada semana en Netflix y su único punto positivo estriba en la corta duración de apenas una hora y veinte minutos,  todo un milagro habida cuenta que ni siquiera reúne material para un cortometraje, si bien las plataformas casi monopolizan la actual actividad cinematográfica, por lo que propuestas como la de “Centinela” ocupan cada vez más espacio. Con un presupuesto muy reducido (seis millones de euros) en comparación con el coste medio de este tipo de producciones, se rentabilizará a buen seguro fuera de las salas de proyección, por lo que es previsible que repitan la fórmula en el futuro. Es una lástima, dado que existen infinitas vías de emplear mejor el dinero e, incluso, de perder el tiempo. Sea como fuere, quienes deseen dejarse llevar por la adrenalina que provocan los films sobre vendettas, encontrarán otras opciones muchísimo más recomendables.

La modelo y actriz Olga Kurylenko encabeza el reparto. Con una filmografía muy vinculada al género de acción, saltó a la fama gracias a su papel de Chica Bond en “Quantum of Solace” y ha intervenido también en “Oblivion”, junto a Tom Cruise, “La conspiración de noviembre”, en compañía de Pierce Brosnan, “Max Payne”, dando la réplica a Mark Wahlberg o “Hitman”, con Timothy Olyphant. No obstante, sus participaciones más relevantes van en otra dirección, como se demuestra en la obra coral “Paris, je t'aime”, en la excéntrica “Siete psicópatas” o en la celebrada “La muerte de Stalin”. Esta actuación en nada le ayudará a reconducir su ya de por sí irregular trayectoria profesional. Le acompañan una serie de intérpretes desconocidos para el gran público, que tampoco pueden evitar el desastre de este centinela que se ha dormido por completo.



viernes, 21 de septiembre de 2018

JOHNNY ENGLISH: DE NUEVO EN ACCIÓN (Johnny English Strikes Again)


Rowan Atkinson es un cómico curtido a base de atesorar una larga trayectoria televisiva y numerosos largometrajes. Su personaje de “Mr Bean”, como el de “Johnny English”, se encuadran dentro de ese tipo de humor construido sobre el absurdo más clásico y elemental. Ciertamente, posee una notable habilidad para provocar una sonrisa si bien, en mi opinión, es apto tan solo en pequeñas dosis. Funciona a la perfección en “sketches” breves y en secuencias puntuales. Sin embargo, ante el reto de mantener el nivel durante una película completa, salen a la luz las carencias de esta clase de comicidad, como demostraré con algunos ejemplos. Así, su participación en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012 me resultó muy graciosa y algunas de las escenas protagonizadas por él en títulos como “Love Actually” o “Cuatro bodas y un funeral” fueron efectivas y ayudaron a sostener el listón a lo largo de todo el metraje. Pero, en cualquier caso, apenas se trataba de unos minutos. Todo cambia cuando se deben alcanzar una hora y media o más de proyección, ya que su agudeza e ingenio se resienten y, como consecuencia, el resultado decae. 
La saga “Johnny English” cuenta hasta la fecha con tres entregas. Se inició en 2003 y Atkinson estuvo acompañado entonces por el prestigioso actor John Malkovich y por la también cantante y actriz Natalie Imbruglia. Continuó en 2011 junto a la actriz Rosamund Pike y ahora, en 2018, retorna de nuevo a las carteleras. Tres producciones en quince años supone una media muy aceptable si se aspira a no saturar al público así que, para sus incondicionales -que, sin duda, los tiene- acudir a ver “Johnny English: De nuevo en acción” será una forma sencilla de pasar un buen rato. El intérprete se mantiene fiel a su estilo, de modo que no existe la posibilidad de que los espectadores se sientan engañados. Quienes pasen por taquilla saben perfectamente cuál es la oferta pero, a título personal, confieso que los escasos ochenta y ocho minutos de duración se me hicieron largos. Admito que me reí en algún concreto momento, pero no deja de tratarse de un humor que, extendido más allá de un cuarto de hora, se torna cansino. 
Con la llegada de los nuevos tiempos, las batallas de los Servicios Secretos se libran en Internet. Cuando un ciberataque desvela la identidad de todos los agentes en activo del Reino Unido, el retirado Johnny English se convierte en su única esperanza. El peculiar espía vuelve a la acción para encontrar al peligroso “hacker” pero, a sus ya de por sí limitadas capacidades, se añade su inutilidad para manejar la tecnología más moderna. 
El largometraje nos sitúa ante una franquicia con claros signos de fatiga que deriva en la reiteración de unas fórmulas muy manidas y en el abuso de la gesticulación por parte del intérprete principal. Aun así, no presenta una notoria divergencia respecto de sus predecesoras. Aquellos que disfrutaron con las anteriores volverán a hacerlo en esta ocasión y a los que no les gustó entonces, tampoco les gustará ahora. 
La popular ex Chica Bond ucraniana Olga Kurylenko, su actual compañera de reparto, cuenta en su haber con varios títulos populares pero de baja relevancia cinematográfica, como “Quantum of Solace”, “La conspiración de noviembre” o “Hitman”, si bien ha tenido la oportunidad de destacar desde el punto de vista artístico en algún film como “El maestro del agua”. Mi sensación es que no acierta ni con un proyecto ni con una dirección capaces de extraer todo su potencial interpretativo. Les acompaña Emma Thompson, un peso pesado de la escena británica, ganadora de dos Oscars (como mejor actriz principal por “Regreso a Howards End” y como mejor guion adaptado por “Sentido y sensibilidad”) y con intervenciones memorables en “Lo que queda del día”, “En el nombre del padre” o “Al encuentro de Mr. Banks”.

Trailer en castellano


Trailer en versión original



Datos del film
Título original: Johnny English Strikes Again
Año: 2018
Duración: 88 min.
País: Reino Unido
Dirección: David Kerr
Guion: Robert Wade (Personaje: Neal Purvis)
Música: Howard Goodall
Fotografía: Florian Hoffmeister
Reparto: Rowan Atkinson, Olga Kurylenko, Emma Thompson, Jake Lacy, Ben Miller