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viernes, 24 de abril de 2026

OUTCOME



Jonah Hill es un conocido intérprete norteamericano que ha destacado principalmente en el género de la comedia. Incluso cuando las películas en las que interviene reflejan una vertiente dramática, sus personajes constituyen una vía de escape para que el público acabe sonriendo. Nominado a dos Oscars como mejor actor de reparto por “Moneyball: Rompiendo las reglas” y “El lobo de Wall Street”, cabe mencionar entre sus títulos más destacados “No mires arriba” y “Juego de armas”, a los que se unen otras propuestas más prescindibles que le foguearon como cómico, entre ellas “Infiltrados en clase” y su continuación, “Infiltrados en la Universidad”.

En su faceta como director, sin embargo, ha contado con peor fortuna. Tras rodar algunos documentales, episodios de series de televisión y videoclips musicales, debutó en la pantalla grande en 2018 con el largometraje de ficción “En los 90”. Ahora estrena en la plataforma Apple TV su segundo trabajo, “Outcome”, pretendida reflexión sobre la fama construida desde la parodia, aunque con ciertos toques propios de la intriga. A mi juicio, tal combinación resulta fallida, pese a que secuencias puntuales capten algo de atención en virtud de la figura que aparezca en escena. El estilo cómico deviene demasiado basto, simplón y, para mi particular sentido del humor, muy poco divertido, arrastrando al resto de la trama cuando aspira a introducir alguna pincelada más propia del “thriller”.     

Reef Hawk, una gran celebridad de Hollywood, ve peligrar su carrera tras la aparición de un misterioso vídeo con el que quieren chantajearle. Con ayuda de sus amigos y de su abogado, trata de descubrir al responsable, mientras reflexiona y afronta sus errores del pasado. En este laberinto, a medio camino entre la investigación y la redención, se replantea su culpa, la reparación del daño causado y su verdadera personalidad, lo que puede terminar por destruir o por salvar su imagen pública.

Hill busca engatusar a los espectadores ofreciéndoles un elenco de celebridades. Sin embargo, el guion flojea y la capacidad narrativa queda en evidencia, incluso hasta dar un poco de vergüenza ajena. No descarto que haya quienes rían con naturalidad ante las situaciones supuestamente hilarantes que propone el realizador, habida cuenta de que el humor un aspecto tan sumamente personal. Pero, por lo que a mí respecta, califico su ofrecimiento como tontería sin gracia. Además, tampoco atina con el cambio aleatorio de registro entre el drama y el enredo.    

Keanu Reeves da vida a la estrella de cine en apuros. Mantiene una sólida posición en la industria, ganada a pulso desde hace décadas gracias a sus participaciones en “Le llaman Bodhi”, “Drácula de Bram Stoker”, “Speed” o las sagas de “Matrix” y “John Wick”. Aquí actúa con corrección, pero la endeblez de su papel le impide un mayor lucimiento. Además del propio Jonah Hill, le acompañan de modo secundario Cameron Diaz (“La boda de mi mejor amigo”, “Gangs of New York”), el célebre director Martin Scorsese -quien ya había intervenido en “Quiz Show”, “El dilema” o “Los sueños de Akira Kurosawa”)-, Matt Bomer (“In Time”) o Ivy Wolk (“Anora”, “Si pudiera, te daría una patada”).

Tal vez la secuencia que mejor resume el film sea la de Reeves pidiendo perdón a Scorsese y soportando el sermón de este sobre cómo se siente ante los desplantes que ha sufrido. El impacto de ver a dos pesos pesados del Séptimo Arte tan dispares interactuando llama la atención. Incluso se percibe el esfuerzo de ambos por sacar adelante la escena de manera óptima. Lástima que los diálogos y la narración se manifiesten postizos y sin alma. Y ese problema, desde luego, no es atribuible a ninguno de ellos.




viernes, 17 de diciembre de 2021

NO MIRES ARRIBA (Don't Look Up)



Al terminar de ver la película “No mires arriba” me surgió la duda de si se trataba de una alocada y cómica exageración o, por el contrario, de un preocupante y reflejo de la actual deriva de esta sociedad tan desnortada e imbuida por la mediocridad. Desde luego, los primeros minutos de proyección me parecieron una mera bobada con cierta gracia, en consonancia con su condición de comedia de tono jocoso e hilarante. Aun así, algunas escenas consiguen con más fortuna que otras un propósito que va más allá de dicho género. Numerosas secuencias presentan una esencia humorística simplona y, a la hora de contar la historia, se hilvanan de una forma torpe. Pero otras aciertan de lleno con su toque sarcástico y ofrecen un entretenimiento muy divertido. En otras palabras, la impresión inicial la acerca a una propuesta chistosa y burda, más propia de un “sketch” televisivo que de un largometraje con contenido.

Sin embargo, a medida que avanza el metraje, resulta patente que los dardos envenenados lanzados desde la pantalla dan en el blanco. Su trasfondo crítico e hiriente sobre el declive de este mundo se torna, en ocasiones, en una certera y realista recreación de las miserias y absurdeces de nuestro tiempo. Sin duda toca infinidad de palos: la mezquindad de los grandes círculos de poder; la infantilización de los medios informativos; la banalización de cualquier asunto de tinte sexual como fórmula para ganar audiencia; la inconsistencia de la mayoría de “estrellas” o personajes célebres acerca de lo que debería ser el mundo cultural; la sencillez con la que se puede manipular y dirigir dócilmente a la masa ciudadana; o la endeblez de los mensajes que se difunden como lemas de nuestro tiempo. Y todo ello aliñado con chistes y burlas fáciles tendentes a una exageración que tal vez no es tanta como parece.

Una estudiante de posgrado de Astronomía y su profesor hacen un descubrimiento asombroso: existe un cometa en la órbita del sistema solar cuya trayectoria anuncia que colisionará con la Tierra. Inicialmente, nadie se toma en serio el hallazgo y el asunto se relega. La Casa Blanca está más preocupada por los escándalos sexuales del nominado por la Presidenta para formar parte del Tribunal Supremo o por ganar las próximas elecciones. Los medio de comunicación, a su vez, abren los informativos con la ruptura de la relación entre dos cantantes. A nadie parece importarle que se aproxime el fin de la vida en el planeta pero, como estrategia electoral, los asesores de la Primera Dama deciden dar prioridad al asunto para relanzar una popularidad en caída libre. Sin embargo, con cada paso dado para evitar el desastre, una sucesión de absurdas paradojas parecen hacer inevitable el trágico desenlace.

El director Adam McKay es especialista en abordar temas relevantes con un cinismo muy acusado. La crisis financiera en “La gran apuesta” (por la que ganó un Oscar al mejor guion adaptado) o la vida del vicepresidente Dick Cheney en “El vicio del poder” suponen dos ejemplos de buen cine destinado a poner el dedo en la llaga. A este cineasta le encanta plasmar escenarios descabellados para mostrar esas miserias que pasamos por alto, como si fuera el niño del cuento “El traje nuevo del emperador”, de Hans Christian Andersen. Él es el que grita que el rey está desnudo cuando todos los demás se empeñan en ver su vestido nuevo y “No mires arriba”, sin alcanzar el nivel de sus anteriores trabajos, no deja de constituir un necesario toque de atención.

El amplio elenco artístico reúne a grandes nombres de la interpretación, todos ellos sobreactuados obedeciendo a ese clima de exageración al que les somete McKay. Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence, Meryl Streep, Jonah Hill, Mark Rylance, Timothée Chalamet, Ron Perlman o Cate Blanchett engalanan un reparto de altura sobresaliente. Juntos suman ocho Oscars y cuarenta y tres nominaciones a la estatuilla de Hollywood, por lo que referirme a sus méritos profesionales eternizaría esta crítica. Les acompañan también otro estilo de celebridades, como la solista Ariana Grande. Sin realizar unas destacadas actuaciones, contribuyen en su conjunto a este festival de la insensatez cuya conclusión es que la Humanidad quizá merezca extinguirse.



martes, 19 de diciembre de 2017

JONAH HILL

Jonah Hill nació en Los Ángeles el 20 de diciembre de 1983. Actor y comediante estadounidense, ha estado nominado al Oscar en dos ocasiones. Tras graduarse en Secundaria en su ciudad natal, Hill, recaló en la New School University de Nueva York, donde estudió teatro y obtuvo algún pequeño papel. 

Logró debutar en la gran pantalla en 2004, después de que Dustin Hoffman le aceptara tras una breve audición en la película “Extrañas coincidencias”, de David O. Russell. Posteriormente, se especializó en comedias disparatadas como “Virgen a los 40” (2005), “Admitido” (2006), “Dame 10 razones” (2006), “Lío embarazoso” (2007), “Sigo como Dios” (2007) y “Supersalidos” (2007). 

En 2011 le llegó su mejor oportunidad de destacar gracias a “Moneyball: Rompiendo las reglas”, junto a Brad Pitt y Philip Seymour Hoffman. El film alcanzó un gran éxito y el propio Hill aspiró a la estatuilla dorada en la categoría de mejor actor secundario. Siguió explotando una vena cómica que, en cierto modo, le continuó encasillando, sobre todo en largometrajes menores como “Infiltrados en clase” (2012), “Juerga hasta el fin” (2013) o “Infiltrados en la Universidad” (2014). Sin embargo, ya comenzó a aparecer en títulos de mayor renombre, como “Django desencadenado” (2012), de Quentin Tarantino, “El lobo de Wall Street” (2013), de Martin Scorsese (siendo de nuevo candidato al Oscar como secundario), “¡Ave, César!” (2016), de los hermanos Coen y “Juego de armas” (2016), de Todd Phillips. 

Actualmente es uno de los intérpretes más populares de los Estados Unidos.


Escena de "Moneyball"





Escena de "Juego de armas"