Jonah
Hill es un conocido intérprete norteamericano que ha destacado principalmente
en el género de la comedia. Incluso cuando las películas en las que interviene
reflejan una vertiente dramática, sus personajes constituyen una vía de escape
para que el público acabe sonriendo. Nominado a dos Oscars como mejor actor de
reparto por “Moneyball: Rompiendo las reglas” y “El lobo de Wall Street”, cabe
mencionar entre sus títulos más destacados “No mires arriba” y “Juego de
armas”, a los que se unen otras propuestas más prescindibles que le foguearon
como cómico, entre ellas “Infiltrados en clase” y su continuación, “Infiltrados
en la Universidad”.
En
su faceta como director, sin embargo, ha contado con peor fortuna. Tras rodar
algunos documentales, episodios de series de televisión y videoclips musicales,
debutó en la pantalla grande en 2018 con el largometraje de ficción “En los 90”.
Ahora estrena en la plataforma Apple TV su segundo trabajo, “Outcome”,
pretendida reflexión sobre la fama construida desde la parodia, aunque con
ciertos toques propios de la intriga. A mi juicio, tal combinación resulta
fallida, pese a que secuencias puntuales capten algo de atención en virtud de
la figura que aparezca en escena. El estilo cómico deviene demasiado basto,
simplón y, para mi particular sentido del humor, muy poco divertido,
arrastrando al resto de la trama cuando aspira a introducir alguna pincelada
más propia del “thriller”.
Reef
Hawk, una gran celebridad de Hollywood, ve peligrar su carrera tras la
aparición de un misterioso vídeo con el que quieren chantajearle. Con ayuda de
sus amigos y de su abogado, trata de descubrir al responsable, mientras reflexiona
y afronta sus errores del pasado. En este laberinto, a medio camino entre la
investigación y la redención, se replantea su culpa, la reparación del daño
causado y su verdadera personalidad, lo que puede terminar por destruir o por
salvar su imagen pública.
Hill
busca engatusar a los espectadores ofreciéndoles un elenco de celebridades. Sin
embargo, el guion flojea y la capacidad narrativa queda en evidencia, incluso
hasta dar un poco de vergüenza ajena. No descarto que haya quienes rían con
naturalidad ante las situaciones supuestamente hilarantes que propone el
realizador, habida cuenta de que el humor un aspecto tan sumamente personal.
Pero, por lo que a mí respecta, califico su ofrecimiento como tontería sin
gracia. Además, tampoco atina con el cambio aleatorio de registro entre el drama
y el enredo.
Keanu
Reeves da vida a la estrella de cine en apuros. Mantiene una sólida posición en
la industria, ganada a pulso desde hace décadas gracias a sus participaciones
en “Le llaman Bodhi”, “Drácula de Bram Stoker”, “Speed” o las sagas de “Matrix”
y “John Wick”. Aquí actúa con corrección, pero la endeblez de su papel le
impide un mayor lucimiento. Además del propio Jonah Hill, le acompañan de modo
secundario Cameron Diaz (“La boda de mi mejor amigo”, “Gangs of New York”), el
célebre director Martin Scorsese -quien ya había intervenido en “Quiz Show”,
“El dilema” o “Los sueños de Akira Kurosawa”)-, Matt Bomer (“In Time”) o Ivy
Wolk (“Anora”, “Si pudiera, te daría una patada”).
Tal
vez la secuencia que mejor resume el film sea la de Reeves pidiendo perdón a
Scorsese y soportando el sermón de este sobre cómo se siente ante los
desplantes que ha sufrido. El impacto de ver a dos pesos pesados del Séptimo
Arte tan dispares interactuando llama la atención. Incluso se percibe el esfuerzo
de ambos por sacar adelante la escena de manera óptima. Lástima que los diálogos
y la narración se manifiesten postizos y sin alma. Y ese problema, desde luego,
no es atribuible a ninguno de ellos.
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