En
la última edición de los premios BAFTA, otorgados por la Academia de Cine
Británico, “Incontrolable” (cuyo título original es “I Swear”) se alzó con dos
galardones: mejor actor protagonista y mejor casting. Comencé a verla sabiendo
que se basa en una historia real y que su trama se centra en un personaje que
sufre el denominado Síndrome de Tourette, trastorno neurológico caracterizado por
movimientos repetitivos y sonidos indeseados que no se pueden controlar. Por
ello, los afectados generan tics involuntarios y emiten ruidos o palabras
ofensivas sin control alguno. De entrada, este tipo de producciones me causan
cierto reparo, pues se exponen a caer en una sensiblería empalagosa –incluso,
manipuladora- o en una dramatización que supere la propia capacidad del
espectador. No obstante, la película transita con soltura y hasta encanto por
esta tragedia personal.
No
parece adecuado tildar de comedia a este largometraje, si bien los recursos
humorísticos y cómicos funcionan como un motor más de la narración. De hecho,
en algunos momentos conmueve de un modo espontáneo, provocando una sensación
placentera que constituye, a mi juicio, el principal mérito del film. Más allá
de la posible labor divulgativa sobre esta enfermedad (que no todo el mundo
considera como tal) y de la peligrosa deriva dramática sobre la que estos
relatos tienden a deambular, la proyección mantiene unos niveles de ritmo y
emoción sostenida que agradan.
Se
trata de una propuesta acerca de los buenos sentimientos y del esfuerzo por
superar las adversidades que, afortunadamente, no subraya con insistencia
ninguna moraleja ni pretende manipular al público para llevarlo a su terreno.
Refleja, además, ese regusto clásico que responde en gran medida a las señas de
identidad del cine británico.
Kirk
Jones asume la dirección y la elaboración del guión. Debutó como cineasta en
1998 con la comedia un tanto extravagante “Despertando a Ned”, para
posteriormente rodar “La niñera mágica” (2005), “Todos están bien” (2008) y la
segunda parte de “Mi gran boda griega” (2016). Con “Incontrolable” firma su
mejor obra.
Cuenta
la vida de John Davidson, una existencia marcada por el rechazo, la lucha y el
afán de superación. Diagnosticado con el Síndrome de Tourette a los 15 años,
sufrió el estigma y el repudio de sus compañeros, que lo tachaban de loco por
culpa de un trastorno poco conocido en aquellos tiempos. Ya de adulto,
transformó su sufrimiento en batalla para cambiar la percepción sobre las víctimas
como él, dedicándose a visibilizar su padecimiento y a concienciar al resto de
la sociedad.
Con
una duración cercana a las dos horas, la cinta no resulta larga y, sobre todo,
contagia optimismo, vitalidad y humanidad. Lástima que, al salir de la sala, esas
emociones se evaporen al contemplar en los informativos la penosa deriva de
nuestro planeta.
El joven actor Robert Aramayo, protagonista absoluto, y responsable gracias a su magnífica interpretación de sostener este complejo trabajo, ha recibido, además del citado BAFTA, los reconocimientos del British Independent Film Awards y del London Critics Circle Film Awards. Le acompañan Maxine Peake (“La teoría del todo”) y Shirley Henderson (“Un gran día para ellas”).
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