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viernes, 8 de octubre de 2021

SIN TIEMPO PARA MORIR (No Time to Die)



Tras haber asistido a la proyección de “Sin tiempo para morir” puedo asegurar que, en mi opinión, lo mejor de la última película de James Bond es su tráiler, que he tenido oportunidad de ver numerosas veces a lo largo de estos meses de retraso de su estreno por culpa de la pandemia. En apenas dos minutos es posible disfrutar de unas escenas espectaculares y de la esencia de tan icónico, rudo, irónico y elegante personaje del Servicio Secreto británico, y la sensación que queda tras visionar dicho adelanto es que augura un entretenimiento divertido. Sin embargo, cuando se convierte en un metraje de ciento sesenta y dos minutos, deja al descubierto una serie de carencias que ensombrecen las expectativas generadas en el avance, entre ellas que no existe una trama coherente, capaz de engarzar las secuencias con un mínimo de rigor. La concatenación de planos atestados de tiroteos, explosiones, persecuciones e inventos ultramodernos se proyecta sin un hilo conductor lógico. De hecho, si en la sala de montaje hubieran intercalado por error al inicio de la cinta algunas escenas del final, la historia apenas se hubiese visto afectada.

Desde hace algún tiempo, la saga Bond encaja más en el género de ciencia ficción que en el de acción. Lo fundamental es rodar la escena más impresionante, la pelea más desmesurada en la localización más majestuosa y los tiroteos más impensables. Los villanos resultan cada vez más estrafalarios y sus interpretaciones, más teatrales y, hasta cierto punto, ridículas. Y, aunque personalmente puedo tolerar estos excesos, me cuesta mucho admitir ese plan tan patente del “más difícil todavía” sin un argumento trabajado y con un guion, no ya creíble, sino disparatado. A mi juicio, el resultado se torna decepcionante. Vaya por delante que algunas partes son muy buenas y, contempladas por separado, garantizan el aplauso, como sucede con el citado tráiler. Pero, al juntar las piezas (y hay mucho que juntar), se evidencia la decadencia de la saga. Considero que podrían recortarse sin problema tres cuartos de hora de proyección.

Por lo que se refiere a Daniel Craig, nada hay que objetar ni reprocharle a un papel que desarrolla a la perfección. A ratos galán y a ratos cínico, con momentos sensibles y con momentos de ira, tan impecable en esmoquin al pedir su Dry Martini como certero en el combate, chistoso cuando toca e intenso cuando procede, sin duda ha sido un gran James Bond. De hecho, su primera entrega, “Casino Royale”, es mi favorita. Aun así, pienso que acierta poniendo el punto final a su participación en la franquicia, pues debe explorar otros retos cinematográficos.

El director Cary Joji Fukunaga merece un apartado especial. Para mí ha supuesto la mayor desilusión de todas porque, a la pregunta de qué hay de él en este trabajo, mi respuesta es nada. Me resisto a pensar que el responsable de largometrajes como la versión de “Jane Eyre” protagonizada por Michael Fassbender y Mia Wasikowska, de “Beasts of No Nation” o de varios episodios de la serie televisiva “True Detective”, haya aportado un ápice de creatividad a “Sin tiempo para morir”. Más parece que, a modo de otro peón de esta cadena de montaje, ha colaborado en esta fábrica de “megaproducciones” que implica rodar un título de “007”.

Bond ha abandonado el Servicio Secreto y se encuentra disfrutando de una vida tranquila en Jamaica, pero ese período de retiro no va a durar demasiado, ya que su amigo de la CIA, Felix Leiter, reaparece para pedirle ayuda. La misión de rescatar a un científico secuestrado, que es clave para activar un arma que amenaza a la población mundial, entraña más riesgos de los previstos y coloca a 007 tras la pista de un misterioso y alocado villano.  

Christoph Waltz y Rami Malek (entre los dos suman tres Oscars) interpretan a los malvados de la historia. El primero realiza una recreación escueta y el segundo, otra excesivamente fingida y melodramática, provocando en ambos casos un efecto contrario al perseguido. Dentro del apartado reservado a las denominadas “chicas Bond”, figuran Léa Seydoux y Ana de Armas, quienes ya en otras ocasiones han demostrado sobradamente su valía y su versatilidad. Las dos encarnan sus roles con eficacia y siguen progresando profesionalmente en unas carreras que se presumen brillantes. Completan el reparto Ralph Fiennes, Jeffrey Wright y Lashana Lynch.



miércoles, 15 de mayo de 2019

PIERCE BROSNAN

Pierce Brosnan, Oficial de la Orden del Imperio Británico, nació el 16 de mayo de 1953. Actor irlandés, debutó en el cine con “El largo Viernes Santo” (1980), de John Mackenzie, para dar luego el salto a la televisión en series como “Remington Steele” (1982–1987) y “La vuelta al mundo en 80 días” (1989). Repitió a las órdenes de Mackenzie en “El cuarto protocolo” (1987). 

Su carrera despuntó definitivamente en la década de los noventa, protagonizando “Mister Johnson” (1990), de Bruce Beresford e interviniendo como secundario en “Señora Doubtfire, papá de por vida” (1993), de Chris Columbus y “Un asunto de amor” (1994), de Glenn Gordon Caron. 

Posteriormente comenzó a dar vida al personaje de James Bond. Primero lo hizo en “GoldenEye” (1995), de Martin Campbell, a la que seguirían “El mañana nunca muere” (1997), de Roger Spottiswoode, “El mundo nunca es suficiente” (1999), de Michael Apted y “Muere otro día” (2002), de Lee Tamahori. De esa etapa son asimismo otras cintas como “El amor tiene dos caras” (1996), de Barbra Streisand, “Mars Attacks!” (1996), de Tim Burton, “Un pueblo llamado Dante's Peak” (1997), de Roger Donaldson, “El secreto de Thomas Crown” (1999), de John McTiernan y “El sastre de Panamá” (2001), de John Boorman. 

Ajeno ya a la “etiqueta Bond”, intervino en “Evelyn” (2002), de Bruce Beresford, “El gran golpe” (2004), de Brett Ratner, “Mamma Mia! La película” (2008), de Phyllida Lloyd y “El escritor” (2010), de Roman Polanski, sin duda uno de sus mejores trabajos. 

De la última época resultan destacables “Bienvenidos al fin del mundo” (2013), de Edgar Wright, “La conspiración de noviembre” (2014), otra vez con Roger Donaldson y “El extranjero” (2017), nuevamente con Martin Campbell.


Escena de "El sastre de Panamá"




Escena de "El secreto de Thomas Crown"