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viernes, 9 de octubre de 2026

DIGGER



La parodia, por su propia naturaleza, tiende a la exageración. Su objetivo suele centrarse en la crítica, ya sea reflexiva o no, pero la vía utilizada para ello incluye una serie de excesos, aspavientos, caricaturas y extralimitaciones que, aun pudiendo provocar humor y divertimento, se arriesgan a caer en un absurdo y una insensatez que, al final, conducen al rechazo. Y, si bien en el trasfondo se pretende llamar la atención sobre la ilógica realidad de este mundo, protagonizada por líderes sacados de un irreverente episodio de serie televisiva, lo normal es dejarse arrastrar por la desmesura y la teatralidad más provocadoras.
En este contexto halla su origen “Digger”, la última película de Alejandro González Iñárritu que, como sucede ante cualquier exageración, contará con fieles defensores y con acérrimos detractores. Estas recreaciones extravagantes encantan o decepcionan, sin posibilidad de término medio. Algunas crónicas la han comparado con “¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú”, cinta de Stanley Kubrick del año 1964. Otras, en cambio, tan sólo subrayan la irracionalidad e incoherencia de su trama. En ese sentido, yo mismo he aludido en varias de mis críticas anteriores a una célebre cita del film “The International - Dinero en la sombra”: la diferencia entre la verdad y la ficción es que esta debe tener sentido. Aquí, sin embargo, la ausencia de sentido queda fuera de toda duda. 
Un hombre muy poderoso comete un error catastrófico que pone en riesgo a la humanidad en pleno. Avergonzado y decidido a redimirse, comienza una peligrosa misión para reparar el daño causado y demostrar que todavía puede convertirse en un verdadero héroe colectivo. Decidido a superar sus propios límites para salvar a los habitantes del planeta y recuperar su honor, se enfrentará a amenazas globales, dilemas morales y desconfianzas generalizadas. 
Una vez admitido ese tono desproporcionado y caricaturesco, el espectador tal vez se deje llevar por el despropósito propuesto y se recocije con la comicidad del relato.  Por lo que a mí respecta, asistí perplejo a la proyección. Pese a reconocer que, en ocasiones, conducir situaciones verídicas hasta el ridículo más absoluto genera risas y alcanza el propósito de una denuncia implícita, su metraje superior a dos horas me resultó claramente indigesto.  La reiteración en la exageración, en los gritos y en la superficialidad me saturó pronto, por lo que el deseado disfrute no tuvo lugar. 
No obstante, Alejandro González Iñárritu me parece un gran director y nada hacía presagiar que en su filmografía –que incluye títulos tan destacados como “21 gramos”, “Babel”, “El renacido” y “Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)”- figurase esta obra que hasta cuesta calificar de comedia. Cuestión distinta supone la defensa de propuestas de esta naturaleza como consecuencia necesaria para neutralizar esa constante superación del nivel de disparate de las noticias en los tiempos que corren. 
Tom Cruise encabeza el reparto, llevando a cabo un trabajo muy acertado, habida cuenta del personaje tan extravagante que representa. Se nota que se ajusta al guion y a las pretensiones del realizador, aun a riesgo de saturar con el permanente tono grotesco, burlón y repleto de aspavientos. Cuatro veces nominado al Oscar y poseedor de uno honorífico, en su carrera profesional atesora éxitos internacionales y actuaciones relevantes. Representa a la estrella de Hollywood por antonomasia y probablemente repetirá candidatura en próximas entregas de premios, pese a que la marca “Digger” no ayuda.  A cargo de papeles secundarios le acompañan Riz Ahmed (nominado a la estatuilla dorada por su actuación en “Sound of Metal”), John Goodman (“Argo”, “El gran Lebowski”), Sandra Hüller (“Anatomía de una caída”) o Jesse Plemons (“El vicio del poder”, “Bugonia”).