domingo, 10 de julio de 2011

SOLO UNA NOCHE (Last night)



Massy Tadjedin debuta en la dirección con Solo una noche puesto que, hasta la fecha, esta cineasta norteamericana de origen iraní se había dedicado a la redacción de algunos guiones y a la producción de filmes como el inclasificable The Jacket protagonizado por Adrien Brody o Leo, con la pareja formada por Joseph Fiennes y Elisabeth Shue al frente del reparto. En el año 2010 decide probar suerte detrás de la cámara por medio de una cinta que, pese a su aparente sencillez, esconde una complejidad superior de la que aparenta. Se trata de un drama sobre los recelos en las relaciones sentimentales y sobre las dudas ante posibles infidelidades. Así, Solo una noche se construye sobre los diálogos de sus personajes y, por esa razón, resulta muy teatral, puesto que la mayor parte de las escenas se desarrollan en recintos cerrados donde las conversaciones constituyen el punto fuerte de la narración.
Cuenta la historia de un matrimonio joven, Joanna y Michael Reed, que, debido a un viaje de negocios del marido, se ven obligados a pasar separados una noche. Entonces comienza a germinar en ambos la sospecha sobre los verdaderos sentimientos del otro, a la par que son conscientes de que también ellos son partícipes de relaciones paralelas incompatibles con la fidelidad y la clase de amor que exigen a su media naranja. De modo que asistimos a una especie de partida de ajedrez en la que los cónyuges se lanzan medias verdades, ocultan hechos y disfrazan situaciones para evitar que su compañero conozca la verdad y confirme sus recelos. Al mismo tiempo, se sirven de llamadas con el fin de averiguar si el otro miembro del matrimonio actúa del mismo modo que ella y él. La última escena, en la que ambos se abrazan y se declaran su amor mientras, con la mirada, el esposo analiza los zapatos de fiesta que, tirados por el suelo, contradicen la versión de su esposa al confesarle que no había salido la noche anterior, es fiel reflejo del contenido general de la película.
Tadjedin realiza una filmación correcta, aunque su ritmo pausado le impide destacar como debiera. Es probable que tan sólo guste a los amantes de los dramas intimista que rebuscan en la profundo de la personalidad de los individuos pero es justo reconocer que, sin ser un producto brillante, entretiene al espectador. Ahora bien, para quienes prefieren historias amenas, ágiles, divertidas y que no requieran un esfuerzo para interpretar los gestos y las palabras de los personajes no es la mejor opción.
Uno de los grandes alicientes es, sin duda, los actores que integran el equipo artístico. La actriz Keira Knightley ha destacado por sus interpretaciones en Love Actually, Expiación, Orgullo y prejuicio, La duquesa o, más recientemente, Nunca me abandones. Sam Worthington ha saltado a la fama gracias a algunis ejemplos de cine de acción como Terminator Salvation, Avatar o Furia de titanes. Ambos interpretan al matrimonio protagonista. A sus aventuras extramatrimoniales les ponen cara Eva Mendes y Guillaume Canet y tanto unos como otros desempeñan sus papeles de modo destacable.

viernes, 8 de julio de 2011

WIN WIN (Ganamos todos)



El norteamericano Thomas McCarthy cuenta con una amplia carrera en el mundo de la interpretación y, aunque ha participado en películas tan conocidas como Conspiración junto a Mel Gibson, Los padres de ella con Robert de Niro o Syriana, Buenas noches y buena suerte y Michael Clayton, en compañía de George Clooney, lo cierto es que sus papeles pueden ser calificados como secundarios y reducidos a pocos fotogramas, de tal manera que no le han permitido ser conocido por el gran público. Pero, aunque con los números en la mano su faceta de actor sea sin duda la más habitual en su carrera profesional, la verdad es que se trata de un artista muy prolífico que también produce, dirige y escribe, hasta el punto de que fue nominado al Oscar por su guión de Up, la deliciosa película de animación de la factoría Pixar cuya primera escena se puede calificar como una de las más emotivas y conmovedoras de los últimos años.
En 2003 debutó como realizador con la cinta The Station Agent que, al ser estrenada en España con el título Vidas cruzadas, generó la lógica confusión con el largometraje homónimo del veterano Robert Altman. Film muy destacado para ser una ópera prima, McCarthy se alzó con el BAFTA británico al mejor guión por este trabajo, además de varios galardones en los Independent Spirit Awards. Posteriormente rodó The Visitor y, aunque pasó tan desapercibida para los espectadores como su antecesora, la crítica la ensalzó y le otorgó numerosos reconocimientos, entre ellos una nominación al Oscar al mejor actor principal para Richard Jenkins. En ambos casos nos hallamos ante obras originales y emotivas en las que destaca la labor de unos actores que dan vida a personajes llenos de interés. Por todo ello, quien parecía un intérprete de segunda fila dio un salto cualitativo y comenzó a ganarse el respeto como cineasta.
En este momento llega a las pantallas su tercer proyecto que, como viene siendo habitual en él, se basa nuevamente en tramas sentimentales protagonizadas por individuos que, aunque puedan ser tildados de tipos corrientes, esconden en su interior un torbellino de problemas y de emociones plasmados con efectividad. Win Win cuenta la historia de un abogado de escaso éxito laboral que dedica su tiempo libre a entrenar a un equipo escolar de lucha libre. La aparición en su vida de un joven conflictivo va a provocar que todo su mundo se tambalee. Una película que contaría con todas las papeletas para ser resultar cursi, ejemplarizante y condenada a ser emitida en las sobremesas televisivas se convierte gracias al buen hacer de su director y sus actores en un título que, sin alcanzar la brillantez, merece la pena ser visto. La mezcla de buenos sentimientos, moraleja y final feliz con unos personajes que sufren, se equivocan, se arrepienten y se redimen termina siendo todo un acierto.
El entrañable Paul Giamatti se sitúa al frente del reparto. Excelente actor que ya fue nominado a una estatuilla de Hollywood a la mejor interpretación de reparto por Cinderella Man, fue asimismo el inolvidable protagonista de Entre copas, una de las comedias más frescas y divertidas de las últimas décadas.

domingo, 3 de julio de 2011

TRANSFORMERS 3: EL LADO OSCURO DE LA LUNA (Transformers: Dark of the Moon)



Las cifras que presentaron las anteriores entregas de Transformers no dejaban lugar a dudas. La primera costó ciento cincuenta millones y recaudó más de setecientos, mientras que la segunda contó con un presupuesto de doscientos e ingresó casi ochocientos cincuenta. Semejantes números auguraban que una tercera parte no tardaría en llegar, ya que su razón de ser es puramente económica. Obviamente, no se trata de una historia inacabada en busca de un final ni tampoco responde a un deseo de su director de expresar nuevas ideas o profundizar en los personajes. No existe nada de eso. En este caso, como en el de la mayoría de las secuelas de los grandes éxitos de taquilla, la finalidad no es otra que exprimir al máximo un rendimiento financiero y esta realidad no debe considerarse necesariamente negativa. En el ámbito de la economía de mercado nada hay tan lícito como hacer negocio de forma legal con la venta de un producto que el consumidor compra voluntariamente. Pero esta columna habla de cine, no de economía y, en ese sentido, la cinta no aporta nada nuevo. Ni siquiera mantiene el nivel de sus predecesoras. Se limita a explotar unos efectos especiales que ciertamente atraen a un gran número de espectadores que, en realidad, no acuden en masa a la sala con la pretensión de ver lo que se entiende por cine en sentido estricto. Más bien me inclino a que pretenden experimentar en el formato de pantalla grande las mismas sensaciones que les proporcionan en sus respectivos domicilios sus videojuegos favoritos ya que, en una inmensa mayoría, lucen en sus dedos las marcas del triángulo, el círculo, el cuadrado y la cruz del mando de la Play Station.
De hecho, el largometraje tan solo es visible de un tirón si se le da el tratamiento de videojuego en el que asistimos exclusivamente a un torbellino de efectos visuales y de sonido o a un prodigio de ingeniería. Nada más. El realizador Michael Bay, un experto en grandes superproducciones como Armageddon o Pearl Harbor trata de apabullar al público con una concatenación de imágenes sorprendentes y una escenificación constante de grandilocuencias para esconder las carencias de una historia reiterativa, con personajes planos y carentes de interés cuyos diálogos son absurdos y que es un vehículo propagandístico para que su rentable merchandising posterior acreciente unos rendimientos ya considerables de por sí.
Y, puesto que lo fundamental es disimular la mediocridad del producto en venta, recurren a una supermodelo de la firma Victoria´s Secret para adornar unas escenas trepidantes que no den respiro al espectador, sobre todo para que no se pare a pensar en lo vacío del proyecto. La triste realidad es que el cine como séptimo arte sale perdiendo con este tipo de producciones, por más que los productores estén en su perfecto derecho de buscar la rentabilidad de estas sagas sin fin.