lunes, 20 de octubre de 2008

QUEMAR DESPUÉS DE LEER

Los hermanos Joel y Ethan Coen constituyen el máximo exponente del cine independiente norteamericano en la actualidad, habiendo alcanzado gracias a sus obras el éxito comercial, el aplauso de la crítica y el respeto de la industria cinematográfica. Hace ya más de una década lograron el Oscar al mejor guión por la magnífica Fargo y, en la última edición de los premios de la Academia de Hollywood, obtuvieron tres más como productores, directores y guionistas de No es país para viejos, cinta por la que nuestro compatriota Javier Bardem también se alzó con la estatuilla al mejor actor secundario. Esta pareja oriunda de Minnesota siempre ha trabajado conjuntamente y toda su filmografía está marcada por una clase de humor negro muy característico. A lo largo de una carrera profesional de más de veinte años han sabido combinar con acierto cintas de corte dramático como Muerte entre las flores, Barton Fink o las ya mencionadas Fargo y No es país para viejos con comedias alocadas como El gran Lebowski, O brother!, o Crueldad intolerable. Pero, reconociendo que en ambos géneros han rodado títulos muy destacados, lo cierto es que han sido sus trabajos más “serios” los que les han encumbrado a la cima del cine contemporáneo.
Con Quemar después de leer se lanzan una vez más al humor más puro y desenfrenado merced a una historia protagonizada por unos personajes hilarantes que se desenvuelven en unas situaciones tan divertidas como absurdas. El guión se sostiene sobre la conexión de dichos personajes: un ex agente de la C.I.A. despedido que decide escribir sus memorias; otro agente federal que mantiene una relación sentimental con la mujer del anterior; y dos empleados de un gimnasio que, por casualidad, encuentran el borrador de las citadas memorias en un archivo informático y quieren obtener provecho económico de esta circunstancia. Con todo este material los Coen consiguen arrancar las carcajadas con facilidad. Algunas escenas como la del chantaje al agente secreto son antológicas, lo mismo que determinadas interpretaciones destinadas al lucimiento cómico del reparto. Por lo tanto, el largometraje es muy recomendable tanto para los fans incondicionales de estos realizadores como para los amantes de la comedia en general, que no se sentirán defraudados en lo más mínimo. De hecho, los espectadores ya han respaldado este proyecto, que ha recaudado en cuatro semanas más de cincuenta millones de dólares exclusivamente en las taquillas norteamericanas.
El espectacular elenco de intérpretes está integrado, entre otros, por George Clooney –Oscar al mejor actor secundario por Syriana-, Tilda Swinton –Oscar a la mejor actriz secundaria por Michael Clayton- o Frances McDormand –Oscar a la mejor actriz por Fargo-. Todos ellos brillan a un gran nivel pero merecen mención especial un sensacional Brad Pitt y, de modo especial, el extraordinario actor John Malkovich - Los gritos del silencio, Las amistades peligrosas, El imperio del sol, En la línea de fuego- quien, tras sufrir una profunda crisis profesional, por fin retoma el mejor camino que emprendiera en los años ochenta. De hecho, tiene pendiente de estreno el último film del imprescindible Clint Eastwood, Changeling, que protagoniza junto a la actriz Angelina Jolie.
Por su parte, los incansables hermanos Coen están en pleno rodaje de su próxima comedia que, con el título provisional de A serious man, atraerá a buen seguro a sus numerosos fieles.

viernes, 10 de octubre de 2008

ASESINATO JUSTO

El director y productor norteamericano Jon Avnet cosechó sus mayores éxitos en la década de los noventa y, después de rodar algunos títulos notables como Íntimo y personal (con Robert Redford y Michelle Pfeiffer) y, sobre todo, Tomates verdes fritos (con Kathy Bates y Jessica Tandy), abrió un largo paréntesis en su faceta de realizador de casi diez años y se dedicó a la producción y al medio televisivo. Hasta el año pasado no volvió a colocarse detrás de la cámara para filmar la cinta 88 minutos que, a pesar de estar protagonizada por Al Pacino, fue vapuleada por la crítica y pasó desapercibida para el público. Ahora estrena Asesinato justo, largometraje cuya promoción se centra exclusivamente en el reclamo de ver juntos en la gran pantalla a dos monstruos de la interpretación como son Robert de Niro y el ya citado Pacino. Ambos actores, pese a integrar el reparto de la obra maestra El padrino II de Francis Ford Coppola, no coincidieron en ninguna de sus escenas y tuvieron que esperar veinte años para que el brillante Michael Mann les reuniera en la interesante Heat, donde sí compartieron plano.
Viendo este film se comprende el intento de publicitarlo sobre la base de sus dos protagonistas, ya que es el único aliciente que reviste un mínimo de interés para el espectador. Su problema principal estriba en que una de las temáticas más tratadas en la historia del séptimo arte es la policiaca y, por lo tanto, películas sobre policías y asesinos en serie hay centenares. Para que un proyecto de estas características interese de verdad debe añadir un toque de originalidad merced a personajes intensos, diálogos brillantes y puestas en escena alternativas. En definitiva, algo que le diferencie del resto. Sin embargo, Asesinato justo nos ofrece más de lo mismo: personas y situaciones que ya hemos visto en infinidad de ocasiones y una reiteración de tópicos y estereotipos que lastran el resultado final. Por todo ello, lo único que salva a la historia es la mera presencia del dúo Pacino-De Niro.
Es indudable que estamos ante los mejores. Entre ambos suman la nada despreciable cifra de catorce nominaciones a los Oscar y en sus respectivas filmografías sobresalen títulos inolvidables que van desde El padrino, Tarde de perros, El precio del poder o El dilema hasta Taxi Driver, El cazador o La misión. A esta interminable lista también se añaden unas notabilísimas aportaciones al oficio de realizadores. Tanto la meritoria Looking for Richard –hasta ahora la única cinta dirigida por Al Pacino- como las excelentes Una historia del Bronx y El buen pastor –las dos realizadas por Robert De Niro- demuestran su valía a ambos lados de la cámara. Lástima que, cada vez con mayor frecuencia, acepten trabajos que no están a la altura de su categoría y que perjudican en cierta medida a sus trayectorias profesionales.
En papeles más secundarios figuran John Leguizamo –Romeo y Julieta, Moulin Rouge, El incidente- y Brian Dennehy -Acorralado, Cocoon, Presunto inocente-.

domingo, 5 de octubre de 2008

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS

El escritor irlandés John Boyne ha alcanzado fama mundial gracias a su libro “El niño con el pijama de rayas”, vendiendo más de un millón de ejemplares tan sólo en España y convirtiéndose en una de esas plumas que tienen asegurado el éxito futuro, logro muy difícil en el actual panorama literario.
En dicha novela se narra la historia de un niño, hijo de un alto mando del ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial, que tiene que trasladarse con el resto de su familia al ser su padre ascendido y destinado a dirigir un campo de exterminio. En ese nuevo hogar, y ante la ausencia de sus amigos, termina por trabar amistad con un pequeño judío que se encuentra preso en uno de los barracones.
El éxito literario de Boyne se tradujo desde un principio en un gran interés por su adaptación cinematográfica. Pero lo más sorprendente es que haya sido Mark Herman, un realizador británico prácticamente desconocido y cuya filmografía se reduce a comedias como Échale la culpa al botones -desapercibido film protagonizado por Dudley Moore y Patsy Kensit- el responsable del guión y de la dirección de este drama, en colaboración con David Heyman, productor de la saga de Harry Potter y de cintas de acción como Soy leyenda.
El intento de analizar el tema del Holocausto desde un prisma infantil convierte a la primera parte de la película en una conmovedora realización destinada a reflejar la perplejidad de un menor que no acierta a comprender lo que sucede a su alrededor. A partir de ese momento, lo que pudiera ser un largometraje educativo perfectamente recomendable para un público infantil, deriva en una tragedia intensa y desoladora, aunque desprovista de brillantez.
La inocencia infantil y el horror de la guerra son dos elementos de muy difícil combinación que, al mezclarse, multiplican los efectos desagradables que provocan determinados episodios lamentables de la Historia de la humanidad. Cada escena que refleja la injusticia termina por hacerse más insoportable por el mero hecho de estar protagonizada por un niño. Posiblemente estemos ante uno de los desenlaces más desgarradores vistos en una gran pantalla, apto bien para estómagos fuertes, bien para corazones desprovistos de piedad que no se conmuevan ante el sufrimiento ajeno.
El reparto lo integran intérpretes desconocidos, a excepción de los actores Vera Farmiga - Infiltrados, Otoño en Nueva York, El mensajero del miedo- y David Thewlis - el profesor Lupin de la saga de Harry Potter -, quienes asumen papeles de carácter secundario.
Merece la pena destacar la banda sonora del excelente compositor James Horner, ganador de dos Oscar por su música para la premiadísima Titanic y nominado hasta en siete ocasiones por sus composiciones para Casa de arena y niebla, Apolo 13, Braveheart o Una mente maravillosa. De hecho, la melodía de esta película recuerda en gran medida a las del film que contaba la historia del Premio Nobel de Economía John Nash, magistralmente interpretado por el australiano Russell Crowe en el año 2001.