“Backrooms”
supone una de las sorpresas más recientes de la taquilla norteamericana. En su
primer fin de semana de exhibición, recaudó más de ochenta millones de dólares
sólo en los Estados Unidos y más de ciento cuarenta a nivel mundial. Constituye
todo un logro para su productora A24 (fundada en 2012 y todavía con esa aureola
de potenciar el denominado “cine independiente”) que, con un presupuesto de
apenas diez millones, la confirma como una de sus apuestas más rentables de
2026. A medio camino entre la ciencia ficción fantasiosa y el terror
psicológico, se basa en un cortometraje previo, ya estrenado en Internet con
visualizaciones millonarias y que, posteriormente, se alargó en forma de serie
de episodios. Por lo tanto, llega a las salas de proyección con una potente
legión de seguidores, lo que explicaría ese gran potencial recaudatorio durante
sus primeros tres días.
El
director de la adaptación y responsable de la difusión en la web es el joven Kane
Parsons, de apenas veinte años (cumple los veintiuno en breve), quien comenzó
como “youtuber” y que ahora, gracias al éxito de “Backrooms”, se ha ganado una
posición dentro de la industria. Aquí se estrena como realizador y, para ser un
debut, acredita cierta solvencia como narrador. Obviamente, se precisa tener
interés en este género encuadrado en el terror sobrenatural y en los fenómenos
inexplicables. Si uno se deja llevar por propuestas y ensoñaciones fantasiosas,
la propuesta fílmica se califica como correcta. En caso contrario, cuando este
tipo de dramas se atragantan, no se alzan como una opción a tener en cuenta.
El
dueño de una tienda de muebles lucha contra su alcoholismo y su reciente
divorcio. Visita regularmente a una terapeuta, quien también sufre un trauma
relacionado con su madre esquizofrénica y con la demolición de la casa de su
infancia. En el establecimiento empiezan a producirse extraños incidentes
eléctricos. A la búsqueda de explicaciones, descubre una puerta en el sótano, por
la que el protagonista se desplaza a una dimensión más allá de la realidad, de
donde la doctora intenta rescatarlo.
No
he visto publicaciones anteriores sobre esta historia, por lo que ignoro hasta
qué punto se trata de una nueva adaptación, de una continuación o de una creación
libre, pero parece claro que, como cinta de terror, cumple de sobra, incluso
con niveles de intensidad y entretenimiento superiores a otras muestras de
temática similar que recalan en nuestra cartelera. No obstante, me sorprende la
enorme precocidad de su creador, ya que hace dos décadas (su edad actual) la
repercusión de cualquier éxito en Internet era muchísimo menor que hoy.
Por
ello, llama la atención la gran originalidad que infunde a su relato. Conviene
apuntar el nombre de Parsons para seguirlo en futuros proyectos. En un metraje
ajustado de escasos cien minutos, logra un importante impacto visual y una
perturbadora sensación de intriga que se mantiene de modo bastante constante
durante toda la proyección.
Encabeza
el reparto Chiwetel Ejiofor, nominado al Oscar por su actuación en “12 años de
esclavitud” y visto en la saga del “Doctor Strange” y en largometrajes como
“Marte”, “American Gangster” o “Love Actually”. Aborda su personaje con
corrección y ayuda a dotar al filme de esa intensidad contagiosa. Junto a él
interviene Renate Reinsve, conocida por las obras de Joachim Trier “Valor sentimental”
y “La peor persona del mundo”. Como secundarios, les acompañan Mark Duplass
(“Tully”, “Bombshell”), Finn Bennett (de la serie “True Detective”) y Robert
Bobroczkyi (“Alien: Romulus”).
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