viernes, 22 de octubre de 2021

VENOM: HABRÁ MATANZA (Venom: Let There Be Carnage)



En varias críticas anteriores he puesto de manifiesto la decadencia de las películas basadas en los superhéroes de cómic. Tras una fase muy lúcida y lucida, encabezada por los “Spiderman” de Sam Raimi, los “Batman” de Christopher Nolan, los “X-Men” de los jóvenes “Magneto” y “Charles Xavier” o las primeras entregas de “Capitán América”, se produjo la inevitable consecuencia asociada a todo gran éxito de taquilla: la sobreexplotación de esa gallina de los huevos de oro, a la que se añadió la errónea idea de que la mejor forma de avanzar en una historia es sobredimensionar el tamaño y la espectacularidad de cada escena. Desde ese momento me saturé y comencé a observar con recelo lo que al principio esperaba con afán. A mi juicio, tal empeño por rodar la explosión más grande, crear la criatura más deforme, filmar la hecatombe más descomunal o diseñar la escena más aparatosa con el principal objetivo de superar en gasto, envergadura y ostentosidad a las cintas antecesoras, no es sino una vía de trasladar al Séptimo Arte la máxima de “cuanto peor, mejor”.

En mi opinión, resultó un error rodar de nuevo la misma historia del “hombre araña”, primero con Andrew Garfield y después con Tom Holland, de la misma manera que ahora me llena de desconfianza el próximo “hombre murciélago” protagonizado por Robert Pattinson. No se trata en absoluto de un problema achacable a los actores. Empieza por los productores y su modo de entender el cine basado en la reiteración. Paralelamente a este fenómeno, figura el de los “Spin-off”, consistente en escindir de la trama principal a personajes de las sagas para encabezar un largometraje con sustantividad propia, pasando de secundario a protagonista. Así, “Venom” era un villano de los cómics de “Spiderman” del que disfruté cuando acompañaba a Peter Parker. Pero, al decidir estrenar un film sobre dicha criatura, lo consideré ya un producto artificial y carente de sentido. La razón de ser de “Venom” estriba en su contraposición a “Spiderman” pero, si sacamos a este de la ecuación, la incógnita no se despeja.

Además, “Venom: Habrá matanza” (no voy a cebarme con el título) responde a la perfección a esa tendencia definida de gestar una producción cinematográfica sobre la base de la multiplicación de las desproporciones que siempre lleva implícitas este tipo de cine, así como de la división o la resta en la enjundia del guion, sin duda una muy mala política desde el punto de vista artístico. Lo que se gana en superficialidad, aparatosidad y deformidad, se pierde en historia, personajes y esencia cinematográfica. Evidentemente, no es cierto que cuanto peor, mejor.

Dicho lo cual, no se puede negar el éxito de la fórmula desde la perspectiva de los ingresos de taquilla. En apenas diez días, este título rozó los doscientos millones de dólares de recaudación a nivel mundial lo que, casi con total seguridad, derivará en un “Venom 3” gracias al que las productoras se seguirán frotando las manos y maquinando opciones para agrandar el producto todavía más.

Encabezan el reparto tres buenos actores. Tom Hardy repite como “Eddie Brock” y su alter ego “Venom”, no teniendo aquí otra opción que la de dejarse llevar por la sobreactuación. Intérprete habitual del cine de Nolan (“Origen”, “Dunkerque”, “El caballero oscuro: La leyenda renace”), destacó en “Locke” y ha realizado interesantes aportaciones en, por ejemplo, “El topo” o “El renacido”. Crecerá profesionalmente a través de otros papeles. Woody Harrelson disfruta llevando a su personaje al extremo. Muy excesivo en esta actuación, es probable que se haya limitado a seguir las instrucciones del realizador Andy Serkis, que posee también un pasado en la interpretación. Recordado por “El escándalo de Larry Flynt”, “Tres anuncios en las afueras” y “El mensajero” (sus tres nominaciones al Oscar), cumple con la recreación asimétrica e imperfecta de su perfil. Por su parte, Michelle Williams demostró sobradamente su talento como actriz en “Manchester frente al mar”, “Mi semana con Marilyn” o “Blue Valentine”. No obstante, esta clase de apariciones en nada le ayudan a consolidar su carrera profesional.



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