Jason Statham es un actor especial. Él no se amolda a sus personajes. Sus personajes se amoldan a él. Su propio nombre constituye una marca personal. Cuando la gente se refiere a “una película de Jason Statham”, esa mera afirmación basta para describir el film. Se trata de una definición más que suficiente para saber de qué se habla. Su filmografía, en sí misma, conforma una saga. Con independencia de los papeles, las tramas y las circunstancias, su impronta de hombre rudo, resolutivo, violento e irónico le define en apariciones como las de “Transporter”, “Fast & Furious”, “Megalodon” o “Los mercenarios”. El hecho de que se enfrente a un gran tiburón o a un grupo de delincuentes resulta irrelevante. Su incipiente barba de dos días, su cabeza casi rapada y su rictus serio, antes de liarse a dar golpes, suponen un sello o copyright que caracteriza a cada uno de sus trabajos, al margen del realizador que filme cada título. Su condición de estrella lo eclipsa todo y a todos.
Yo sostengo la singular teoría de que el éxito del género protagonizado por superhéroes y vengadores justicieros radica en la frustración que el sistema judicial genera en esa numerosa ciudadanía que ansía una justicia rápida, efectiva e implacable, habida cuenta de que la Administración encargada de impartirla sólo puede ofrecer lentitud, burocracia y resquicios de escape para los malvados. Comprobar cómo Spiderman frustra el atraco a un banco y detiene a los malhechores al instante, o cómo Superman salva a la Tierra impidiendo siniestros planes para destruirla, o cómo Jason Statham le baja los humos al villano chulo y prepotente de turno, no tiene precio. Y, en esa satisfactoria misión justiciera, Statham ha generado un gran séquito de seguidores. Por lo tanto, si les gusta él, les gustará “A Working Man”. Así de simple. Va tan sobrado que ni siquiera necesita traducción.
Levon Cade ha dejado atrás un conflictivo pasado para convertirse en un honrado y pacífico trabajador. Desea llevar una vida sencilla y ejercer adecuadamente de padre. Pero cuando la hija adolescente de su jefe desaparece, se ve obligado a retomar las habilidades que hicieron de él una figura legendaria en el oscuro mundo de las operaciones encubiertas. Su búsqueda de la joven universitaria le lleva al corazón de una siniestra conspiración criminal, cuya reacción en cadena amenazará su nueva existencia.
Dirige David Ayer, un habitual de cintas de acción (“Dueños de la calle”, “Sabotaje”, “Corazones de acero”, “Escuadrón suicida”). Ambos coincidieron ya en el largometraje anterior (“Beekeeper: El protector”) y aquí coescribe también el guion junto a otra leyenda del Séptimo Arte: Sylvester Stallone. A la vista de semejantes datos, no creo que ningún espectador pueda sentirse engañado con la oferta final. Deleitará a sus incondicionales y horrorizará al resto, conclusión prevista desde el primer momento en que se gestó esta producción.
Existen otros intérpretes que forman parte del elenco, como Michael Peña (“Shooter: El tirador”, “Crash: Colisión”, “La gran estafa americana”), David Harbour (“Viuda negra”, “The Equalizer. El protector”), Jason Flemyng (“El curioso caso de Benjamin Button”, “Lock & Stock”), Merab Ninidze (“Cónclave”, “El espía inglés”), Noemí González (“Cuenta pendiente”) o Arianna Rivas (“The Harvest”). Pero nadie se acordará de ellos, porque “A Working Man” es una película de Jason Statham.