Comencé a
ver “Song Sung Blue: Canción para dos” sin demasiadas expectativas y, en
ocasiones, eso puede ser determinante porque, al final, me terminó
sorprendiendo agradablemente. En otras circunstancias, esta propuesta me
hubiera pasado desapercibida, pero confieso que la notable química entre los protagonistas,
unida a una curiosa trama y a una atmósfera capaz de contagiar optimismo y
vitalidad, al tiempo que recalca situaciones deprimentes, me ganó.
“Song
Sung Blue” es el título de una conocidísima canción de Neil Diamond. De hecho,
el largometraje cuenta la historia, al parecer real, de dos músicos de escasa
fortuna que deciden impulsar sus carreras a través de espectáculos musicales en
tributo al famoso cantante norteamericano. La pareja, tanto artística como sentimental,
empieza a saborear el éxito, aunque esa fama sobrevenida afecta a su relación.
Seguramente el tema más popular de Diamond sea “Sweet Caroline”, convertido ya
en icono mundial. Tal es así que en 2019 fue seleccionado por la Biblioteca del
Congreso de los Estados Unidos para su preservación en el Registro Nacional de
Grabaciones, calificándolo de "cultural, histórica o estéticamente
significativo".
Asume la
realización de la cinta Craig Brewer, cineasta irregular que tan pronto filma
una innecesaria y prescindible nueva versión de “Footloose” en 2011 (teniendo
en cuenta que la original de 1984 continúa emitiéndose por televisión con gran
repercusión) como estrena “Hustle & Flow”, por la que Terrence Howard logró
una nominación al Oscar al mejor actor principal. Y lo mismo rueda una endeble y
descartable continuación de “El príncipe de Zamunda” como dirige esta “Song
Sung Blue”, con la que evidencia mayor profundidad y sensibilidad.
Ese
comportamiento irregular se aprecia en determinados tramos del metraje, pero,
vista en su conjunto, la película reconforta y nutre al espectador gracias al
ánimo que otorga la música, incluso adentrándose en la miseria humana. Y, sobre
todo, sorprende la capacidad de concatenar momentos emotivos y sentimentales,
que generan una destacada aura de nostalgia, con otros más propios del
melodrama.
Como
suele suceder en el ámbito de los imitadores, se destila un tufillo cutre, de
feria de segunda, aunque, contra todo pronóstico, aporta más que resta al
resultado final, reflejando el devenir de dos bellas personas atraídas por el
infortunio.
Hasta
ahora, el film ha recibido una candidatura a los Globos de Oro en la categoría
de mejor actriz protagonista en comedia o musical. Asimismo, en los “Gotham
Independent Film Award” recibió un premio honorífico en el apartado de musical.
Desconozco si hallará cabida en el resto de certámenes cinematográficos, pero
se trata de un proyecto que, como mínimo, me ha sorprendido, lo cual resulta
cada vez menos habitual.
Hugh
Jackman y Kate Hudson encabezan el reparto y constituyen, sin duda, el punto
fuerte de esta producción. Él ya ha triunfado en otros musicales (“Los
miserables”, “El gran showman”) y ha acreditado su condición de estrella todo
terreno que se desenvuelve con soltura tanto en las sagas asociadas al cómic (ha
interpretado a “Lobezno” en multitud de ocasiones) como en retos más dramáticos
(“Prisioneros”, “El truco final”). Aquí lleva a cabo un trabajo efectivo y relevante.
Ella, ganadora de la estatuilla dorada de Hollywood por su actuación en la
deliciosa “Casi famosos”, se ha especializado en comedias románticas (sirva
como ejemplo “Cómo perder a un chico en 10 días”) y también desempeña una
magnífica labor.
En
papeles secundarios les acompañan Jim Belushi (“Danko: Calor rojo”, “¿Qué pasó
anoche?”), Ella Anderson (“Suncoast”) y Michael Imperioli (“Uno de los
nuestros”, “The Lovely Bones”).
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